Recuerdo cuando, con solo cinco años (años arriba, año abajo),mis padres alquilaron en aquellos habitáculos antes conocidos como video clubes, la película Alien. El octavo pasajero. Yo siempre fuí n niño muy fácil de atemorizar, con especial miedo a la oscuridad y, por supuesto, a las películas de terror. Obviamente, mis padres me avisaron que la película que iban a ver no era recomendable para mí. Obedecí y me fui a la habitación. Pero al poco tiempo la curiosidad pudo conmigo, y no puede evitar acercarme a la puerta del salón para, aunque malamente, poder ver de que iba la cosa. Dio la casualidad que justo en ese momento en el televisor estaba aconteciendo una de las más míticas escenas de la película, aquella en la que el xenofórmo hace estallar el cuerpo de uno de los personajes para salir al exterior. Tal imagen me impacto de tal forma, que me vi obligado a entrar al salón, ante la sorpresa de mis padres, y contarles lo mal que lo había pasado viendo aquellos minutos. La secuencia se quedo grabada en mi memoria durante los siguientes años, reafirmando mis miedos más profundos. Incluso llegue a estar en vela alguna noche.
Pasaron unos cuantos años que hasta que mi miedo por el cine de terror se calmó. Ya en la preadolescencia, me empecé a interesar (morbo más bien) por las películas de terror clásicas más comentadas. De todas ellas, El exorcista era sin duda alguna la más destacada. Por aquel entonces todos hablaban de ella. En el colegio, con los colegas, siempre se decía “esta noche echan en televisión El exorcista, esa es acojonante”. Y claro, de nuevo por curiosidad, me enfrente al visionado, en una época en la que nos entreteníamos por las noches en el parque del barrio contando leyendas urbanas, historias de fantasmas inventadas y similares. Además de quedar aterrorizado por la película (por aquel entonces, y un poco también ahora, era muy susceptible con los temas que trataba la película de William Friedkin), tuve una experiencia de esas que, probablemente fortuitas y fruto de coincidencia, me hicieron dejar los calzoncillos marrones. Puse el video a grabar (¿os acordáis de los VHS? ¡Yo aun tengo uno!), y al rato, cuando fui a cortar la grabación en los anuncios, me di cuenta que el video no solo no estaba grabando, si no que se había apagado. No había grabado nada, y eso que al principio, había dado al REC correspondiente, obviamente con el video encendido, y vi como empezaba a grabar. Cosa rara, ¿verdad?
Aunque ver El exorcista me había curtido sobremanera en cuantos a mis miedos (lo pase mal viéndola, pero curiosamente creo en mi más curiosidad por el género), tenia aun pendiente encontrarme con Freddy Krueger. Y es que Pesadilla en Elm Street, que hoy vista, sobretodo sus secuelas, por buenas (la primera, la tercera y la cuarta) o entretenidas (el resto), lo que se dice miedo, pavor, sudor frió, no provocan. Pero por aquellos tiempos, Freddy estaba de moda, y todo el mundo hablaba en colegio de la sexta entrega (aquella en la que te daban unas gafas 3d para ver el final). En las vacaciones de verano de aquel año, junto a mis padres en un apartamento, me entere por el periódico, en la sección de la programación diaria, que esa misma noche, a las tantas, iban a poner en televisión la cuarta entrega de la saga. Me arme de valor, y me quede despierto en el salón cuando se fueron a dormir ellos. Tenia esa sensación de nerviosismo tan ingenua y a la vez mágica que hoy día nos es imposible captar. Cuando terminó la película, me fui a la habitación tambaleante, mirando hacia atrás mientras meaba antes de acostarme. Y por supuesto, una vez en la cama, no podía abrir los ojos si no era con la sabana hasta subida hasta el flequillo.
Fue entonces cuando recordé que tenía otra cuenta pendiente, esta vez con Alien. El octavo pasajero. Eran tiempos en los que veía cada día en el video club el cartel de Alien 3, que acababa de salir, y me pico la curiosidad por saber algo más de aquellas películas. Sin posibilidad de conseguir la primera, y con ganas de ver la segunda antes de alquilar la tercera, encontré un compañero de clase que tenia el VHS de Aliens. El regreso. La secuela de Alien se convirtió rápidamente en una de mis películas de cabecera, junto a otras peliculas que veía una y otra vez en mi infancia y paso a la adolescencia como Los Goonies, Los Cazafantasmas, Gremlins, Contacto sangriento, Desafió total, Rocky o Terminator 2. El juicio final. Recuerdo que tal fue mi entusiasmo con la película, que no dudaba en verla, y acto seguido, rebobinarla y verla de nuevo. Posteriormente, me hice con la tercera, y me encantó (pese a las malas habladurías que siempre han girado en torno a ella), y por fin, conseguí la primera, enfrentándome a mis miedos de la infancia. Quien me iba a decir que actualmente iba a tener en mi estantería del salón la cuadrilogia de Alien en un lugar de honor.
Pero no fue hasta el visionado de las tres películas de cabecera que no varían en mi ranking; En la boca del miedo, La matanza de Texas, y Poltergeist, que de veras me convertí en el aficionado al género que soy ahora. Y más tarde ya vendrían los inicios en la serie Z, el exploit, el gore y demás. Pero todo esto lo contare en la segunda parte del post, que dentro de unos días rondara por aquí para quien le interese.
Continuará...

Recién salido del horno se encuentra el espectacular cartel de Terminator Salvation, que como ya sabéis, no es la cuarta entrega de la saga Terminator sino una nueva franquicia basada en la historia y personajes creados por el modelo original (o al menos de este modo la intentan vender sus responsables). En el cartel vemos el rostro bastante machacado de un Terminator. La película, al estar desarrollada en la guerra contra las maquinas que lidera en el futuro un John Connor que ya pasado los treinta tacos (interpretado por Christian Bale, que en estos momentos se encuentra en la cumbre de su carrera gracias el tremendo éxito a todos los niveles de El caballero oscuro), tendrá numerosa presencia de los robots malvados que ya conocimos en la primera entrega de la otra saga, y que en la segunda popularizó aun más James Cameron al darle el papel de héroe (bueno) de la función a Schwarzenegger. Por lo que se ha podido ver en el reciente teaser trailer, habrá todo tipo de maquinas, algunas de ellas de tamaños aterradores, en lucha contra los humanos. Solo espero que no la cague su director, McG, hasta ahora conocido por haber realizado las dos entregas para el cine de Los ángeles de Charlie.
Otra que tiene un cartel espectacular es Red Sonja, que definitivamente será la nueva película de Robert Rodríguez tras su magnifica Planet Terror. Lo malo es que Rodríguez no se sentara en la silla del director, sino en la de productor. No obstante, es más que probable que el director de Abierto hasta el amanecer se anime a rodar algunas escenas. El director para Red Sonja responde al nombre de Douglas Arniokoski, director hasta ahora de la última entrega de Los inmortales (¡!) y algún directo a formato domestico, pero con amplia experiencia como segunda unidad en películas como Resident Evil: Extinción, El cuervo: Ciudad de ángeles o Abierto hasta el amanecer, El mexicano y The Faculty, las tres dirigidas por Robert Rodríguez. La prota no es otra que Rose McGowan, que es a Rodríguez lo que Uma Thurman a Tarantino, y que me pone malo cada vez que recuerdo sus escenas en Planet Terror.


Martin es una película de vampiros. De acuerdo. Pero a la vez, en ella no hay ningún vampiro. El protagonista es (aunque cada uno puede sacar sus conclusiones), un joven enfermo a las puertas de la locura que experimenta el placer mundano durmiendo a sus victimas para después violarlas y chuparlas la sangre cual Nosferatu, pero usando en lugar de sus dientes para morder la carne directamente, una cuchilla con la que les corta las venas. Según dice el propio protagonista “es para no dejar pruebas”. Se trata de un asesino corriente, que cree tener 84 años y descender de una familia de vampiros. Cuando viaja a la casa de su tío, supersticioso en potencia y con la idea aferrada de que su sobrino es un chupasangre de verdad, lo que llevara al protagonista a un cumulo de complicaciones fatales. Martin es una película extraña, confusa en las formas. Uno nunca sabe al cien por cien las intenciones de Romero respecto a su historia. ¿Es Martin un vampiro o simplemente un loco?. Jugando con los tópicos del cine de vampiros (y dándoles la vuelta, obviándolos para hacer al persona cercano, y no algo sobrenatural), con formas de cuento sombrío y situaciones que recuerdan, por su atmósfera y la forma en que están rodadas, a los clásicos del cine mudo (Nosferatu a la cabeza, obviamente). La carga crítica recae en la religión y las supersticiones que crea en muchos de sus devotos más radicales. Dato que queda remarcado de forma definitiva en la última escena de la película, que a su vez es lo mejor de dos horas un tanto excesivas y más lentas de lo que deberían.
“Un hombre viaja con su coche para una desértica carretera. Al encontrarse con un camión y adelantarle, observa atónito como el camión, de forma violenta, accede a adelantar a su coche. Lo que parece ser una broma de mal gusto de un aburrido camionero, más tarde se convertirá en una pesadilla, cuando el conductor del camión no cese en su empeño de liquidar al viajero de la forma que sea en plena carretera”.
Steven Spielberg es de esos directores que parece que nunca hayan tenido una primera vez. Confirmado desde hace casi cuarenta años como el imbatible Rey Midas del panorama cinematográfico, su cine, pese a contar con detractores un tanto cerrados a raíz de su vena más sensiblera o política, ha entusiasmado a la gran mayoría de espectadores desde que con poco más de veinte años se pusiera por primera vez detrás de una cámara. Y esa primera vez, esa opera prima, no es otra que El diablo sobre ruedas, magnifico ejemplo de comer hacer de la imaginación un arma mucho más poderosa que los medios desbordados. A parte de la demostración de que, como bien diría el también grande Quentin Tarantino, “mucha gente hace películas y cortos para darse a conocer, pero unos pocos son los que hacen algo jodidamente bueno y con talento que se hace notar entre la mayoría de propuestas”. En el caso de Tarantino, Reservoir Dogs fue esa apuesta inesperadamente talentosa que descubrió a un nuevo genio del medio, y para Spielberg la prueba de fuego fue El diablo sobre ruedas.
Realizada inicialmente para televisión, El diablo sobre ruedas causó tanto impacto en los pases que sus responsables decidieron estrenarla en salas de cine en muchos países a lo largo del mundo, entre ellos España (hoy día, tal como están las cosas con los intelectuales de las distribuidoras, me da que la veríamos directamente en casa). En esta película ya podíamos vislumbrar al Spielberg que solo cuatro años más tarde arrasaría en las taquillas de todo el mundo con la obra maestra Tiburón, cambiando el cine por completo (a raíz de dicho éxito, comenzó la muy americana moda del blockbuster veraniego). Y es que en realidad El diablo sobre ruedas puede considerarse el anticipo de Tiburón. Algo así como el aperitivo de lujo de todo lo que vendría después en otra forma exterior, pero idénticas pretensiones estructurales y sentido del suspense. El camión de El diablo sobre ruedas, conducido por un psicópata al que nunca vemos la cara (gran acierto) es un intérprete con vida propia, un villano que no necesita rostro humano para ser identificable. Un tiburón de metal.
“Un grupo de jóvenes se junta de nuevo tras dos años para hacer un viaje. Antes de su anterior despedida, habían cometido una venganza mediante brujería hacia un profesor pervertido que se encargaba constantemente de joderles la vida. En su viaje se darán cuenta de que aquella venganza y algunas cosas más que no se han confesado, terminaran pasándoles factura.”
Hace cuatro años Art of the Devil se convirtió en éxito comercial del nuevo cine de terror tailandés. Aunque dicho éxito no pasó de sus fronteras (a España llegó directamente en formato domestico) fue el suficiente para dar luz verde a una inmediata secuela, que llegaría tan solo un año después. La cosa es que el primer Art of the Devil, lejos de proporcionar lo que prometía su trailer (gore a borbotones) se trataba de un aburrido thriller de terror tópico que explotaba el ya cansino esquema de los malvados espíritus orientales de largas melenas oscuras, y en el cual el gore brillaba por su ausencia salvo en los (magníficos) carteles promociónales, el ya citado trailer o, lejos del engaño, alguna que otra escena malsana de la propia película. Con todo, la tomadura de pelo no consiguió quitarme las ganas de hacerme con la secuela (que dudo si ha llegado de alguna forma a nuestro país). El trailer de Art of the Devil 2 desvelaba imágenes mucho más cruentas y bien realizadas que su predecesora, y varios comentarios positivos por la red me hicieron calmar el cabreo y depositar alguna expectativa en la propuesta.
Hoy, tras tanto tiempo, he podido ver de una vez la dichosa secuela. Y no se puede negar que mejora sin problemas lo visto en la primera entrega, a parte de tener algo más de gore. El problema es que, una vez más, por mucho que la cosa mejore, me siento engañado. Y es que ni la película es tan brutal como parece (salvo varios momentos donde ojos o uñas son apartados del cuerpo de las victimas, o una tortura bastante sádica durante el clímax final), ni la trama es tan entretenida y ágil como un horror porn/survival adolescente de este tipo necesita. Sin llegar a las cotas de sopor de la primera entrega, la acción de Art of the Devil 2 no comienza de verdad hasta pasado de largo la mitad del metraje. Mientras tanto, presenciamos una innecesariamente confusa trama de brujería y decepciones personales alineada con una sosa historia de amor teen que parece que no llevan a ninguna parte. Cuando la relativa calma desaparece, los treinta minutos que quedan contienen algunas secuencias que al menos justifican perder la hora y media total durante una tarde o noche aburrida. Por cierto, hay una tercera entrega, a modo de precuela, la cual supongo que terminare viendo.
Lo de Will Smith es increíble. No solo es la estrella cinematográfica de color con más éxito de la historia, sino que es también es la estrella más difícil de vencer por la taquilla en todo el mundo en lo que llevamos de siglo XXI. Y es que desde hace ocho años, el antes conocido como Príncipe de Bel Air, ha protagonizado seis películas que han conseguido, en mayor o menos medida, grandes recaudaciones (siete si contamos la película de animación Shark Tale, en la puso su voz a uno de los personajes principales). Pero el mejor momento de su carrera (comercialmente hablando, aunque artísticamente también ha mejorado notablemente) es el que atraviesa en estos momentos, pues su anterior película, Soy leyenda, consiguió una de las mejores recaudaciones de su filmografía, tras amasar en todo el mundo 584 millones de dólares. Y ahora, con la llegada de Hancock a la cartelera estadounidense, se confirma que el actor no tiene rival en la taquilla a fecha de hoy. Esta especie de comedia de acción con superhéroe alcohólico ha recaudado en sus cinco primeros días de exhibición algo más de 100 millones de dólares, lo que significa que, por mal que fueran las cosas en las próximas semanas, una recaudación superior a los 200 millones en su país la tiene asegurada.
Parece que el cine de artes marciales, y más en concreto de ninjas, está de enhorabuena. Los hermanos Wachowski, aun superando el tremendo fiasco comercial que ha supuesto su última película como directores, Speed Racer, serán los productores de Ninja Assasin, una vuelta de tuerca al género de accion enmarcado en el mundo de las luchas entre ninjas y yakuzas, y que según dicen los propios hermanos se trata de una propuesta innovadora e impactante que mezcla el rollo visual de 300 y Matrix. El director de la película será James McTeigue, amiguete de los Wachowski que ya dirigió para ellos V de Vendetta. Protagonizada por Jung Ji-hoon, actor y cantante coreano también conocido como Rain, Ninja Assasin está siendo rodada en Berlín, con vistas a estrenarse a principios del año que viene.
“Bruce Banner se encuentra escondido en Brasil, mientras el ejercito aun sigue su pista para cazarle y así dar con Hulk, el enorme gigante verdoso en el que se convierte cuando se excita. Tras localizarle y no poder hacerle frente, un veterano soldado se muestra voluntario para que experimenten con el un nuevo sistema de súper-soldado. En realidad, se terminará convirtiéndose en Abominación, una inmensa criatura que supondrá un reto para Hulk”.
Los inicios de Hulk en el mundo del cómic datan de 1.962, año en el cual Stan Lee y Jack Kirby crearon al personaje para el primer numero de las revistas de cómics The Incredible Hulk. Influenciado por el mito del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, Hulk (o La Masa, como también sería conocido en España) nos presentaba uno de los superhéroes más complejos y difíciles de ser nombrados como tal. En realidad, el gigante lleno de músculos en el que se convierte el personaje principal, Bruce Banner, cuando su estado de excitación supera unos niveles, es una especie de niño grande que solo desea que se le deje tranquilo. Por el contrario, siempre hay una serie de personajes maliciosos que lo llevan a usar su fuerza. Así mismo, el color verde del personaje cuando se convierte en Hulk, no ha sido el único con el que se ha podido ver al curioso superhéroe, sino que también fue gris (mas inteligente, aunque más débil), rojo (muy salvaje e incapaz de dominarse así mismo), o incluso fusiones como la del verde y el gris (en la que se manifiestan los dos Hulk y el propio Banner, aportando un razonamiento y una lógica que los otros no tienen).
Hulk no luchó siempre en solitario, sino que llegó a formar parte de Los Vengadores (entre los que se encuentran Iron Man o Capitán América), los Defensores (conducidos por el Dr. Extraño) o una sociedad secreta llamada Los Illuminati (en la que se encuentra el propio Dr. Extraño u otros como Iron Man y el Profesor X). En 1.977 Hulk llegaría a la pequeña pantalla con la popular serie que hizo famoso a Lou Ferrigno. Tras dos episodios pilotos, en 1.978 se puso por fin en marcha el rodaje de la serie, que duro en antena hasta 1.982. El éxito de la serie propicio la creación de otra, esta vez animada, ese mismo año, además de una serie animada más que llegaría a los televisores en 1.996. No sería hasta el 2.003 cuando Hulk tendría su versión cinematográfica, dirigida erróneamente por un autor más dado a lo poético que a lo comercial como Ang Lee y protagonizada por buenos intérpretes como Eric Bana, Jennifer Connely o Nick Nolte. Con todo, la película fue un relativo fracaso comercial, no cumplió las expectativas de numerosos fans del personaje y llevó a los ejecutivos a plantearse muy seriamente aquello de dar luz verde a una secuela.
En lugar de una secuela, cinco años después los estudios Marvel, ya independizados de otras majors para de ese modo tener más que ver en lo que concierne a los beneficios comerciales de las adaptaciones, decidió poner al día la historia de Hulk. Eso si, el nuevo Hulk no sería una secuela ni nada por el estilo, sino una nueva mirada al personaje con un enfoque diferente, algo que aportaría un equipo, tanto técnico como artístico, totalmente renovado. De este modo, la dirección pasó de Ang Lee a alguien con mucho más sentido del espectáculo y especialista en cine de acción como es el francés Louis LeTerrier, responsable de Transporter o Danny The Dog. Para los personajes principales de nuevo se eligieron estrellas conocidas y de calado artístico, como los grandes Edward Norton y Tim Roth, en los papeles de Bruce Banner/ Hulk y del nuevo villano de la función, Abominación, respectivamente. Para el papel de la novia de Bruce Banner, que en la otra película encarnó Jennifer Connely, tenemos a una actriz igualmente muy atractiva pero con menos talento como es Liv Tyler.
Una de las cosas por las que el Hulk de Ang Lee no gustó a muchos espectadores fue por la falta de acción y exceso de verborrea seudo poética. Aquella película, efectivamente, no se adentraba demasiado en los terrenos del cine espectáculo (y cuando lo hacia, no resultaba del todo efectiva). Uno podría pensar que eso no es inconveniente para que hubiera sido una buena película, pero el problema se agravó cuando las dosis de pretensiones artísticas se quedaban igualmente a medio camino de los resultados esperados. Todo esto derivó en un Hulk confuso, sin garra y demasiado irregular y aburrido. Cuando la gente de Marvel se hizo con las riendas del nuevo proyecto, sabían muy bien que no querían caer en los mismos errores y optaron por seguir la exitosa estela dejada por el reciente estreno de Iron Man, película que ha conseguido unir a publico, critica y fans de los cómic con una mezcla bien dosificada de carisma, espectáculo y cualidades artísticas. La respuesta al esfuerzo han sido cerca de seiscientos millones de dólares en la taquilla mundial hasta la fecha.
Todo hay que decirlo, el que esto escribe no vió en Iron Man tantas cualidades como se ha dicho hasta la saciedad en decenas de medios y foros. Es una película correcta, medianamente entretenida y con un indiscutible carisma de su protagonista, Robert Downey Jr, pero en conjunto queda la sensación de que falta algo. Es como si uno hubiese pagado por ver un episodio piloto de dos horas que no termina de estallar, a la espera de que las esperables secuelas vayan ofreciéndonos más y mejor. Con El increíble Hulk, tal como se ha titulado a la nueva aventura del gigantesco monstruo verde para diferenciarla de la película del 2.003, me recorrió durante sus algo menos de dos horas una sensación parecida. No porque sus responsables no se hayan dejado la piel en mostrar espectáculo bien realizado cada veinte minutos (cosa que si se echaba un poco de menos en Iron Man) sino porque uno piensa que todavía falta algo para que se llegué a entender, cinematográficamente hablando, cien por cien la esencia del personaje.
Hay una loable intención de Louis LeTerrier (confeso fan del cómic) de no decepcionar a nadie (aquí entran los que despreciaron la anterior película como aquellos que la consideran infravalorada), pero cuando se intenta caer bien a todo el mundo, siempre pueden surgir problemas. Y es que El increíble Hulk se resiente de los problemas de montaje que surgieron en la pos producción, según se dice por culpa de la manía autoritaria de Edward Norton, que quería que la versión final durase más de dos horas y reescribio el guión. Al final los productores no le hicieron caso, y estrenaron en su lugar una versión recortada donde los personajes están dibujados de forma rapida, y dejando paso al puro vehiculo de entretenimiento. No es una mala elección, si se tiene en cuenta que el anterior Hulk fracasó precisamente por no tener en cuenta al publico masivo, pero la propuesta queda en un continuo estado de golosina visual (como ya lo eran los anteriores trabajos del director) sin demasiada trascendencia. Vamos, en una película de acción tan eficazmente realizada como fácil de olvidar cuando uno sale del cine. Se pasa un buen rato, pero la que se anunciaba como versión definitiva del mítico personaje de la Marvel no ha sido para tanto.