lunes, 21 de julio de 2008

Martin (1977)


“Un joven cree ser un vampiro de 84 años, descendiente de una familia de iguales. Para conseguir sangre, duerme a sus victimas y les raja las venas con una cuchilla. En el viaje al hogar de su tío, un viejo devoto de la religión y lleno de supersticiones, contempla como en esa casa aun no se ha perdido el miedo por los antepasados. Un cúmulo de situaciones violentas en las que Martin se vera obligado a buscar nueva sangre, hará que las cosas en su entorno, y para el mismo, se compliquen”.

Cuando George A. Romero impactó al mundo con La noche de los muertos vivientes hace justo ahora cuarenta años, muchos aficionados al género vieron en él un director que posiblemente daría mucho de que hablar en su carrera venidera. Lo cierto es que Romero, al igual que otro gurú del terror más violento de la época, Tobe Hooper, no consiguió posteriormente separar su carrera de lo que seria su popular y magnifica trilogía zombi, que comenzó con la citada La noche de los muertos vivientes, y tendría continuidad en Dawn of the Dead (aka Zombie, aka El crepúsculo de los muertos vivientes), El día de los muertos y La tierra de los muertos vivientes. Pero entre tanto muerto viviente, Romero realizó algunas películas convertidas en pequeñas cult movies que, aunque sea dentro de un marco minoritario, dieron que hablar en su día y aun lo hacen hoy. Quizás sea Martín, con un Romero aun saboreando el éxito de La noche de los muertos vivientes y haciendo lo que le daba la gana, la que más culto se ha creado dentro su carrera. Algo claramente reflejado en las desconcertantes imágenes de esta odisea vampirica hiperrealista, no exenta de la feroz critica social que el director imprime a varios de sus trabajos.

Martin es una película de vampiros. De acuerdo. Pero a la vez, en ella no hay ningún vampiro. El protagonista es (aunque cada uno puede sacar sus conclusiones), un joven enfermo a las puertas de la locura que experimenta el placer mundano durmiendo a sus victimas para después violarlas y chuparlas la sangre cual Nosferatu, pero usando en lugar de sus dientes para morder la carne directamente, una cuchilla con la que les corta las venas. Según dice el propio protagonista “es para no dejar pruebas”. Se trata de un asesino corriente, que cree tener 84 años y descender de una familia de vampiros. Cuando viaja a la casa de su tío, supersticioso en potencia y con la idea aferrada de que su sobrino es un chupasangre de verdad, lo que llevara al protagonista a un cumulo de complicaciones fatales. Martin es una película extraña, confusa en las formas. Uno nunca sabe al cien por cien las intenciones de Romero respecto a su historia. ¿Es Martin un vampiro o simplemente un loco?. Jugando con los tópicos del cine de vampiros (y dándoles la vuelta, obviándolos para hacer al persona cercano, y no algo sobrenatural), con formas de cuento sombrío y situaciones que recuerdan, por su atmósfera y la forma en que están rodadas, a los clásicos del cine mudo (Nosferatu a la cabeza, obviamente). La carga crítica recae en la religión y las supersticiones que crea en muchos de sus devotos más radicales. Dato que queda remarcado de forma definitiva en la última escena de la película, que a su vez es lo mejor de dos horas un tanto excesivas y más lentas de lo que deberían.

Lo mejor: El original punto de vista que propone del mito vampirico, así como el debate muy terrena sobre si, en lugar de sobrenatural en su esencia, lo viven determinadas personas como una enfermedad que nadie entiende.

Lo peor: Dura treinta minutos más de la cuenta. La historia se vuelve aburrida en algunos momentos del nudo, más por el ritmo demasiado agarrotado en ocasiónes que por lo que cuenta, que no deja de ser interesante.

Valoración (0 a 10): 6

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