jueves, 21 de octubre de 2010

Grotesque (Gurotesuku, 2009)


Una joven pareja es secuestrada por un psicópata. Su intención es excitarse por medio de la tortura y que éstos se demuestren lo que son capaces de hacer por amor, aunque el sufrimiento sea atroz. 

Lo que recientemente ha ocurrido, y por aquí he comentado, con A Serbian Film (2010) y los moralistas de una cadena de televisión, viene a huevo para preguntarnos de nuevo, ¿debemos poner limites al cine? Para el aquí firmante, y como ya expresé en aquel momento, no es necesario. Tenemos libertad para elegir lo que queremos ver, y también para informarnos sobre lo que vamos a ver. Si uno es menor de edad la cosa cambia, pero para un adulto debe haber libertad de decisión. Tengamos en cuenta siempre que hablamos de cine; una ficción con actores, maquillaje y efectos especiales. Por tanto, no se puede comparar en ningún caso (como si hacían los personajes del “debate” sobre A Serbian Film) con la realidad. Sepamos diferenciar ambas cosas.

Grotesque es, antes de leer entre líneas, pues tiene varias, una película snuff de ficción. Sobre el papel no es más que eso. En el Dvd que sacaron en Estados Unidos la promocionaban con una frase con dosis de verdad y engaño por igual:Saw y Hostel son sólo aperitivos”. Si bien es cierto que, en lo básico, las películas de la saga Saw (2003-¿?) o las de Hostel (2005-¿?) proporcionan algo similar, un torture porn en el cual la violencia y el sadismo son los principales reclamos, la línea que separa lo accesible, lo visible para un gran número de espectadores, queda traspasada con la que nos ocupa. Resumiendo, que al lado de esta pequeña obra perversa, cualquier producto comercial estadounidense, por fuete que parezcan al espectador medio, queda como un juego de niños.

No exagero si digo que, en el ámbito cinematográfico, Grotesque es lo más cruel, sucio y malsano que he visto. Y no lo dice alguien que ha visto poco. Es de esas películas que te cuesta, o más bien se te hace imposible, recomendar a alguien. La degradación moral que propone en determinados momentos (la vejación sexual bastante alargada) pone a prueba al más habituado a estos derroteros. En cuanto al gore, también es bastante dura en su explicitud, y sobretodo gracias a unos magníficos trucajes de maquillaje. La cuidada producción, fotografía, estética en general y buenas interpretaciones hacen el resto para crear el mayor impacto posible. Indiferente no dejará a nadie.

Pese a que, como ya comenté más arriba, no deja de ser un torture porn con apología de la violencia (dentro del cine, entendamos), su director y guionista, Kôji Shiraishi, habitual de estos menesteres, se las apaña para meter una historia de amor más emotiva y cargada de sustancia de lo que puede parecer. Al fin y al cabo, la debacle de torturas y humillaciones que se extienden a lo largo de unos cortos (pero muy largos) setenta minutos, se deben a la resistencia por amor de sus protagonistas. Y por otro lado, a la falta de amor y el exceso de soledad en el psicópata.

Grotesque, ante todo, consigue su propósito. Lejos de considerarla buena o mala, de decidir si nos parece moralmente aceptable o no, se llega al final exhausto, un poco más sucio que antes de comenzar el visionado. No solo por la dureza de las imágenes explicitas, sino también por la mala hostia que desprende Shirasishi, llevándonos, a mitad de la película, a un estado de relax repentino, para minutos después devolvernos a una pesadilla aún más cruenta. Psicológicamente, por tanto, también funciona. No es plato de buen gusto para todos, desde luego, pero para los seguidores del ultragore y las emociones fuertes podría llegar a ser obra de cabecera. Avisados quedan el resto.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

buena peli

Sir Laguna dijo...

No creo que me la vea jamas (bueno, lo mismo decia de The Human Centipede y ya ven).

John Trent dijo...

Sir Laguna, esto no tiene nada que ver con The Human Centipede. Es bastante más chunga. Aunque como película, en conjunto, me gustó más aquella.

Javi dijo...

Cada uno que vea lo que le salga de las narices, eso está claro, mientras no haga algo que incumpla leyes criminales. Hay quien tiene más estómago para ver ciertas cosas y hay quien tiene menos estómago y es más sensible. Chaito