miércoles, 3 de febrero de 2010

John Rambo: tres décadas librando su propia batalla


El cine de acción de los ochenta. Una simple frase que trae multitud de gratos recuerdos a todo aficionado al género que se precie. Esa década en la que los action hero musculosos tomaron protagonismo. Por supuesto, con Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger a la cabeza. La diferencia entre ambos, o al menos una de ellas, es que mientras el actual gobernador de California nunca ha sido muy amigo de las franquicias, Stallone se creo así mismo con dos de ellas. Hablo, obvio, de Rocky (1975-2007) y la que nos ocupa. El personaje de John James Rambo, popularmente conocido como Rambo, a secas, salió de una novela de David Morell, titulada First Blood, a su vez titulo original de la primera película. No obstante, para la adaptación se cambiaron dos aspectos importantes. Por un lado, el personaje de Rambo, en la novela era descrito como un frío asesino, o más bien un tipo que, ante la amenaza de su persecución, no duda en matar a todo el que se cruza en su camino. La otra diferencia se encuentra en el final, en el que Rambo terminaba muriendo a manos de su amigo, el coronel Trautman. No corro riesgo de spoilear a nadie a estas alturas, creo, hablando claro de lo que realmente sucede en Acorralado (First Blood, 1982). En ésta, Rambo sigue siendo un hombre que vuelve de la terrible guerra de Vietnan, y que se encuentra con que su país no le ve, tal como creía, como un héroe, sino todo lo contrario. En realidad, es confundido con un vagabundo sospechoso, y perseguido por el sheriff de un pueblo después de hacerle pasar mil perrerías en comisaría. Pero Rambo no tiene ninguna intención de matar a nadie, aunque sea capaz de acabar con todos sus perseguidores sin pestañear, sino que las únicas muertes que acontecen en el desarrollo se deben a efectos colaterales en su huida. Durante el clímax final, nos muestran una larga conversación entre Trautman y un desesperado Rambo, en la que se nos descubre los ideales del protagonista, lo confundido y decepcionado que se encuentra con la situación que le ha tocado vivir, y finalmente accede, sin violencia, a ser encarcelado.


Aunque conocida como un clásico del cine de acción, Acorralado bien podría considerarse un drama, con más elementos de suspense que de acción propiamente dicha. Fue la mirada más intima del personaje en la franquicia. Y es que el ¿inesperado? éxito que obtuvo, derivó en dos secuelas (más tarde hablaré de la tercera) en las que el tono cambió de forma drástica. Así, en Rambo (Frist Blood: Part II, 1985), el hombre que huía de una inesperada cacería, y que aún no tenía suficientes connotaciones de héroe de acción, pasa a ser un súper hombre (más músculos incluidos) con la misión de adentrarse de nuevo en la guerra y sacar fotografías en caso de que haya prisioneros americanos. Obvio que las órdenes rápido pasarán a importarle un carajo, y armado hasta los dientes se enfrentará prácticamente solo a un ejército. El guión de Rambo, aunque seguro que muchos lo desconocen, pertenece a James Cameron (junto al propio Stallone). No resulta raro, pues contiene la grandilocuencia y la tendencia al (súper) espectáculo y al más difícil todavía propios del megalómano cineasta. Todo en Rambo es igual de divertido que exagerado. Mención a parte merece la última media hora, con el protagonista a mandos de un helicóptero destrozando media selva. El comienzo, además, es toda una declaración de intenciones, cuando el coronel Trautman conversa con un Rambo encarcelado y le propone la difícil misión. Entonces, le pregunta “Coronel, ¿esta vez nos toca ganar?” (alusión a la derrota de Estados Unidos en Vietnan), a lo que Trautman le responde con un rotundo (y mítico) “esta vez depende de ti”. La película contó con un presupuesto de 44 millones de dólares, muy alto para la época, y supuso un autentico taquillazo en todo el mundo, siendo la segunda más taquillera en su año sólo por detrás de Regreso al futuro (Back to Future).


De este modo, Stallone nos hablaba en las dos primeras entregas sobre los veteranos que volvían de la guerra para ser repudiados por su país, y luego del polémico tema de los prisioneros que aún seguían en la guerra, y de los cuales el gobierno parecía olvidarse. La tercera es otra historia. La acción pasa a Afganistan, a la que acude en una nueva misión de “uno contra el barrio” el aún más musculoso John Rambo. Ha pasado tiempo, se ha retirado del combate, pero aún así, su instinto bélico no le permite dejar de luchar. Por ello, aunque al principio le diga a Trautman (otra vez enviado para reclutarle, y al que por primera vez se verá luchando junto a él) que por sus cojones no irá a acribillar gente de nuevo, al final se convence así mismo de que es su destino. Para la ocasión, el componente humorístico, chulesco, de chistes rápidos embutidos en frases, tan típico de la acción de los ochenta y parte de los noventa, aparece en el guión mucho más presente que las anteriores entregas. De hecho, Rambo ha terminado por convertirse en su propia caricatura. El dolor que sufría en la primera entrega, su decepción ante la mierda que se sucede ante él, se torna en un divertimento desenfadado, con un poco sutil mensaje “políticamente correcto” y, eso sí, un nuevo espectáculo pirotécnico a la altura de la primera secuela. Rambo III (Frist Blood: Part III, 1988), pese a ser la más floja, no puede evitar ser muy entretenida por su propia falta de pretensiones. El más difícil todavía toma nuevos niveles, y el espectáculo de pura acción está servido gracias a los 65 millones de dólares que obtuvo para su realización. No obstante, su éxito fue menor al esperado en Estados Unidos, aunque en el resto del mundo se convirtió en un gran éxito, lo que no sirvió para que, hasta la actualidad, las aventuras de Rambo se quedasen en dicha trilogía. Fue la última película de la saga en la que pudimos ver a Richard Crenna, pues falleció en el 2003.


En lo que llevamos de siglo XXI se ha experimentado una especie de revival de la vieja escuela. Agotadas las ideas con nuevas generaciones, fracasadas en algunos casos, el cine de acción parecía necesitado de un cambio de rumbo. El regreso a los clásicos, a modo de remake o simplemente el citado revival, se hacía cada vez más común. Stallone lo vio como la oportunidad, la única posiblemente, que le quedaba para volver a ser visible para los espectadores que actualmente llenan los cines. Casi todas sus películas protagonizadas durante los noventa habían fracasado o no dieron los resultados esperados, y las que realizó a principios de pasada década, corrieron todavía peor suerte. Fue a partir de mediados cuando empezó a sonar de nuevo su nombre. El motivo, no es una obra nueva, pero aún así un producto arriesgado. En mente tenía revivir sus dos franquicias. Nadie esperaba nada bueno. Es más, muchos se burlaban de la noticia de un Rocky a punto de la jubilación volviendo al cuadrilatero, o de un Rambo en plan “abuelo” regresando a su eterna guerra. Pero, fue con el estreno de Rocky Balboa (2006) cuando la mayoría de esas burlas llegaron a su fin. Stallone había creado, como director, protagonista y guionista, una película muy respetable. Ya no solo por su inesperada calidad, sino porque regresó a los inicios de su personaje sin insultar a los fans. Al contrario, significó una inyección de nostalgia, con un Rocky sabedor de sus limitaciones, un guión coherente, con la justa melancolía de la vejez, pero igual de disfrutable para los antiguos admiradores como para los nuevos, que aún no sabían que algún día aplaudirían un “montaje de entrenamiento” del popular boxeador en una sala de cine. Gracias al éxito, comercial y critico, de Rocky Balboa, el anuncio definitivo de la cuarta entrega de John Rambo se vio con ojos muy distintos. Stallone se había convertido en astro de culto para muchos, sorprendentemente, cuando había cumplido los sesenta años.


Claro que, el regreso de John Rambo en 2007, que además se tituló tal cual, no iba a ser tan “bienintencionado”, como el del siempre buenazo y optimista boxeador. Es la cruz de la moneda, y Stallone, que no es nada tonto, sabía como encarar de nuevo al personaje. El tiempo ha pasado, obvio, Rambo no tiene cuarenta años, sino sesenta. Aún así, al igual que en el ultimo Rocky, el trabajo físico del actor es incontestable. Sigue siendo una maquina de matar humana, con cuerpo hiper-musculado, pero al que las arrugas le van pesando en el rostro, y en su propia vida. Ha pasado por todo. Ha visto muerte, destrucción, traición, y por fin ha encontrado el descanso trabajando como cazador de serpientes en una tranquila zona cercana a Birmania. La llegada de unos misioneros con intención a viajar allá, en pleno genocidio comandado por un sanguinario ejercito, hará que John, aunque no quiera ni por lo más remoto volver al combate, se calcé su gran cuchillo, sus arco, sus explosivos, y se dedique a hacer lo que mejor sabe. El mismo lo dice en el ya mítico momento, previo al comienzo de su viaje hacia Birmania: “Llevas la guerra en la sangre. No mataste por tu país, mataste por ti. Dios nunca perdonará eso. Si te empujan, matar es tan fácil como respirar”. Declaración de intenciones que, minutos más tarde, es totalmente verificada. Y es que ésta ultima (hasta ahora, porque puede haber quinta) entrega es con diferencia la más violenta. Aquí la violencia se palpa, es cruda. La sangre de cada disparo, flechazo o desmembramiento, salpica la pantalla. Además, recupera el tono serio y de mayor “conciencia social” que había en Acorralado. El espectáculo no es tan arrollador como en Rambo o Rambo III. Los medios (sólo 40 millones de dólares de presupuesto) escaseaban, pero Stallone (al igual que en Rocky Balboa, guisándose prácticamente todo, desde la dirección al guión) demuestra ser un director eficaz, capaz de mostrar en pantalla una muy digna factura, calculando los gastos en todo momento. Así, los escasos ochenta minutos que dura la función, nos devuelven al Rambo primerizo, parte de su lado más personal, sin olvidar el buen cine de acción. Una nueva sorpresa en la revitalizada carrera del actor/director/guionista, que cierra (como dije, por el momento) la saga de una manera excepcional, con un ultimo plano de los que, a los fans de siempre, nos hizo salir del cine con una sonrisa de oreja a oreja.

Por la saga han pasado diversos directores. Como más recientemente he comentado, John Rambo fue dirigida por el propio Stallone. Aunque también trabajó de guionista, o co-guionista, en las anteriores películas, la labor de dirección cayó en otras manos. Así, Acorralado fue dirigida por Ted Kotcheff; Rambo por George P. Cosmatos, y Rambo III tuvo a Peter MacDonald. En los tres casos, tan dispares cineastas hicieron un trabajo más bien artesanal, dejando a la estrella (y a la segunda unidad) que hiciera el resto. La icónica banda sonora nos la regaló Jerry Goldsmith, con un tema central que, con pequeñas variaciones, ha aparecido a lo largo de la saga. La franquicia ha conocido cómics, videojuegos y mechandising vario, así como series de animación. El culto creado alrededor de ella, y su siempre vigente recuerdo en la memoria popular, la confirman como una de las series cinematográficas más emblemáticas, pese a quien pese, de la historia del género.