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domingo, 21 de noviembre de 2010

Cherry Tree Lane (2010)


Un matrimonio es atacado, en su propia casa, por un grupo de adolescentes con pocos escrúpulos. Su intención es esperar la llegada del hijo de la pareja, con el que tienen una cuenta pendiente por ser el culpable de la encarcelación del primo de uno de ellos.

Esto del torture porn tiene varias ramas. Efectivamente, incluso un género tan, a priori, simple, como el de las torturas puede dar de sí con variados cambios de registro. Uno de ellos es el que, creo, inventó Michael Haneke con su sensacional Funny Games (1997), que una década más tarde fue remakeada (y calcada) por él mismo. Hablamos de un torture porn de autor, pausado, con mayor interés en los tiempos muertos que en los cuerpos desmembrados. En cierto modo, al menos esas, dice, fueron sus intenciones, en un intento de devaluar la violencia haciendo al espectador responsable, al contrario de claras “apologías” de la (sana) diversión o (necesario) impacto, según el caso, con la violencia ficticia del celuloide. Ambos lados de la balanza pueden estar bien, pero el que nos ocupa, el de Cherry Tree Lane, sigue paso a paso a Haneke.

Cierto es que un caso, como el de Funny Games o en cierto modo el que nos ocupa, de dramatizar la violencia y la tortura de un modo tan realista y cercano, hace que pueda no ser calificable como torture porn. No obstante, creo que el fin sigue siendo el mismo; la violencia, física o psicológica, explicita o sugerida (aquí prima más lo segundo), viene a ser el centro del relato y posiblemente una de las motivaciones del espectador al enfrentarse a ella, aunque se da más importancia a los personajes.

Ya que estamos con las comparaciones con Funny Games, película que, seguro, gusta mucho al director de ésta, Paul Andrew Williams, director también de la entretenida The Cottage (2008), hablemos de sus diferencias; en realidad, lo que Haneke quería era hacer participe al espectador de la violencia cotidiana, mientras que aquí, Williams la muestra, la expone. Así mismo, se permite más (aunque pocas) concesiones. La principal, su descripción poco sutil y algo tópica de los verdugos. Estos son chavales inadaptados, “victimas” de una educación nula, sin ningún estudio (uno no sabe leer), con familias desestructuradas y todo eso. En la de Haneke, sin embargo, los psicópatas eran chicos normales, de buena vida, familias unidas. Al menos eso se intuía. No daba motivos para sus actos más allá del aburrimiento de una vida monótona no exenta de facilidades.

Cherry Tree Lane dura sólo setenta y cinco minutos, yendo al grano desde el comienzo. Aún así, se aprecia un desgaste a partir de la segunda mitad. La presentación de los personajes es correcta, algo a lo que ayudan unas interpretaciones muy decentes, y la puesta en escena está bastante calculada y resulta efectiva; pero llegados a la parte central, no hay un desarrollo claro. No hay situaciones que hagan crecer el interés y solo nos queda la espera, acompañando a los personajes y sus predecibles situaciones, hasta la llegada del rápido clímax final. En ese momento se opta por el camino de la venganza, como si de un rape & revenge se tratase.
Con sus errores y aciertos, Cherry Tree Lane es una propuesta interesante. No aporta nada novedoso a todo lo que ya hemos visto en estos derroteros ni será recordada dentro de unos años, pero es un decente trabajo minimalista, con medios cuasi nulos y gente entregada.

lunes, 8 de noviembre de 2010

The Tortured (2010)


Una joven pareja se encuentra, de la noche a la mañana, con el secuestro y cruel asesinato de su pequeño hijo. Pese a que la policía da con el asesino, no le dan más de veinticinco años de prisión, que podrían ser reducibles por buena conducta. Ante la injusticia de no verle para siempre en prisión, o directamente no  verle muerto igual que su hijo, los padres deciden llevar a cabo un plan para secuestrarlo y hacerlo sufrir hasta la muerte.

Películas que giran sobre el mismo eje que The Tortured hay unas cuantas. Luego, dentro de dicho eje, a veces se sacan de la manga alguna variante para hacerla distinta, o al menos, no tan obvia. No obstante, ni resultar obvia y lineal tiene porque ser malo (algunas de las mejores películas de justicieros están desarrolladas y resueltas de ese modo), así como tampoco el querer, el intentar, ser más original, es excusa para que todo salga bien. La propuesta que nos ocupa, en parte, hace honor a lo último.

Estamos ante un nuevo torture porn que se vende bajo la frase “De los productores de Saw”. De ellos también salió, e injustamente pasó desapercibida, la notable The Collector (2009). En aquel caso, pese a no escatimar en torturas varias y gore, hacía hincapié en un excelente suspense y una eficaz tensión sostenida. The Tortured es otra cosa. De primeras, pese a que se promocione como tal, no se trata de una película de terror; es, ni más ni menos, un filme de venganza justiciera de toda la vida, con los métodos truculentos actuales, todo aderezado con momentos de lagrimeo familiar y un poco de thriller.

El trío protagonista se ve algo descompensado por el lado del marido, un sobreactuado Jesse Metcalfe. Sin embargo, su mujer, una muy correcta Erika Christensen, y el psicópata, después victima de ellos, un genial Bill Moseley, le suben algunos puntos en cuanto a credibilidad a la historia. Una historia que, por otro lado, se va desmoronando sin remedio en el tercio final, cambiándonos (para mal) la percepción que teníamos hasta el momento de la brutal (y merecida) venganza.

The Tortured sólo dura setenta y cinco minutos sin contar los créditos finales. Con sus primeros sesenta minutos y un final mejor pensado o, aún siendo el que es, resuelto de forma menos chapucera, podría haber sido un muy interesante producto dentro de la temática. Desde el principio va al grano, no se anda con demasiadas moralidades baratas y refleja bien, en sus personajes, el dolor y el odio que les lleva a convertirse en torturadores.

Recientemente hemos visto propuestas similares, con sus variaciones, pero superiores a ésta; La última casa a la izquierda (The Last House of the Left, 2009), correcto remake de la cult movie de Wes Craven, y sobretodo la sorprendente 7 Days (Les 7 jours du tailon, 2010). The Tortured, por su efecticismo, es más parecida al estilo de la primera, pese a que, como ya apunté, termina andando por caminos diferentes y no precisamente, al menos para el que esto firma, satisfactorios en su forma de estar resueltos.

domingo, 24 de octubre de 2010

The Loved Ones (2009)


Se acerca la famosa noche de graduación. Una muchacha poco popular del instituto, Lola, está encaprichada de un muchacho, Brent, el cual no la hace caso. Tras ver como este no acepta la invitación para ser su compañera en el baile, lo secuestra junto a su padre para celebrar su particular noche de graduación casera.

The Loved Ones es otra de esas películas que, cada año, hacen furor en festivales especializados. Dentro de aquellas, pertenece a otro club, el de las películas que por mucho furor que causen en tales certámenes no consiguen distribución comercial en muchos países. En este caso se trata de una producción australiana, país que en los últimos años está dando alguna que otra agradable sorpresa en el género de terror. Más concretamente, en el subgénero de psicópatas, torturas y gore. Pero la que nos ocupa no es, o al menos no pretende ser, una más dentro de la temática. Con esto me refiero a que, según parece, su director y guionista, Sean Byrne, intenta, y a veces, consigue, desmarcarse un poco de los típicos torture porn que nos invaden mensualmente.

La primera variante es que la victima en esta ocasión es un chico a manos de una chica. Cierto que no es la primera vez que esto sucede, aunque hay muchos más ejemplos contrarios, o también otros en los que las victimas con chicas y chicos, hombres y mujeres, pero los verdugos exclusivamente hombres. Aquí la psicópata de marras es ayudada por su no menos sicótico padre, sin desviar las miradas hacia ella.

La segunda variante es la inyección de humor negro, a veces muy negro, incluso en los momentos más dramáticos. No obstante, cada cual puede tomarse dicho humor a su manera. Hay momentos de gran violencia y tortura, pese a que, dentro de lo que estamos acostumbrados, son bastante soportables.

Luego hay una tercera variante, o pseudo variante, que en este caso no funciona. Una vez comienza la acción en la casa de la lunática (previo secuestro del protagonista), ésta avanza mezclada con una subtrama un tanto innecesaria, o que al menos podría haberse resumido. Se trata de la otra “cita”, en la que los protagonistas son el amigo nerd del secuestrado y una heavy (o gótica, o lo que sea, pues hoy en día los términos y las apariencias se confunden demasiado) buenorra. En el tramo final tiene su sentido dentro de la trama, pero le resta impacto al conjunto y nos hace pensar que estamos ante una nueva comedia para frikis faltos de sexo como las del amigo Judd Appatow.

He de admitir que mis expectativas respecto a The Loved Ones eran altísimas. Esto es algo que siempre juega en contra de una película, por buena que sea. Estamos en la época de la (sobre) información, vaya. Pero, ya en frío, siendo coherentes y sin dejarnos llevar por las expectativas, hay que reconocer que funciona. Salvando los baches de ritmo que ocasiona la citada subtrama del amigo, el conjunto es potente; interpretaciones magnificas (muy por encima de la media en este tipo de productos), dirección dinámica y eficaz, puesta en escena y fotografía cuidadas, y varias escenas de violencia muy bien resueltas aunque no resulten originales.

jueves, 21 de octubre de 2010

Grotesque (Gurotesuku, 2009)


Una joven pareja es secuestrada por un psicópata. Su intención es excitarse por medio de la tortura y que éstos se demuestren lo que son capaces de hacer por amor, aunque el sufrimiento sea atroz. 

Lo que recientemente ha ocurrido, y por aquí he comentado, con A Serbian Film (2010) y los moralistas de una cadena de televisión, viene a huevo para preguntarnos de nuevo, ¿debemos poner limites al cine? Para el aquí firmante, y como ya expresé en aquel momento, no es necesario. Tenemos libertad para elegir lo que queremos ver, y también para informarnos sobre lo que vamos a ver. Si uno es menor de edad la cosa cambia, pero para un adulto debe haber libertad de decisión. Tengamos en cuenta siempre que hablamos de cine; una ficción con actores, maquillaje y efectos especiales. Por tanto, no se puede comparar en ningún caso (como si hacían los personajes del “debate” sobre A Serbian Film) con la realidad. Sepamos diferenciar ambas cosas.

Grotesque es, antes de leer entre líneas, pues tiene varias, una película snuff de ficción. Sobre el papel no es más que eso. En el Dvd que sacaron en Estados Unidos la promocionaban con una frase con dosis de verdad y engaño por igual: “Saw y Hostel son sólo aperitivos”. Si bien es cierto que, en lo básico, las películas de la saga Saw (2003-¿?) o las de Hostel (2005-¿?) proporcionan algo similar, un torture porn en el cual la violencia y el sadismo son los principales reclamos, la línea que separa lo accesible, lo visible para un gran número de espectadores, queda traspasada con la que nos ocupa. Resumiendo, que al lado de esta pequeña obra perversa, cualquier producto comercial estadounidense, por fuete que parezcan al espectador medio, queda como un juego de niños.

No exagero si digo que, en el ámbito cinematográfico, Grotesque es lo más cruel, sucio y malsano que he visto. Y no lo dice alguien que ha visto poco. Es de esas películas que te cuesta, o más bien se te hace imposible, recomendar a alguien. La degradación moral que propone en determinados momentos (la vejación sexual bastante alargada) pone a prueba al más habituado a estos derroteros. En cuanto al gore, también es bastante dura en su explicitud, y sobretodo gracias a unos magníficos trucajes de maquillaje. La cuidada producción, fotografía, estética en general y buenas interpretaciones hacen el resto para crear el mayor impacto posible. Indiferente no dejará a nadie.

Pese a que, como ya comenté más arriba, no deja de ser un torture porn con apología de la violencia (dentro del cine, entendamos), su director y guionista, Kôji Shiraishi, habitual de estos menesteres, se las apaña para meter una historia de amor más emotiva y cargada de sustancia de lo que puede parecer. Al fin y al cabo, la debacle de torturas y humillaciones que se extienden a lo largo de unos cortos (pero muy largos) setenta minutos, se deben a la resistencia por amor de sus protagonistas. Y por otro lado, a la falta de amor y el exceso de soledad en el psicópata.

Grotesque, ante todo, consigue su propósito. Lejos de considerarla buena o mala, de decidir si nos parece moralmente aceptable o no, se llega al final exhausto, un poco más sucio que antes de comenzar el visionado. No solo por la dureza de las imágenes explicitas, sino también por la mala hostia que desprende Shirasishi, llevándonos, a mitad de la película, a un estado de relax repentino, para minutos después devolvernos a una pesadilla aún más cruenta. Psicológicamente, por tanto, también funciona. No es plato de buen gusto para todos, desde luego, pero para los seguidores del ultragore y las emociones fuertes podría llegar a ser obra de cabecera. Avisados quedan el resto.

martes, 21 de septiembre de 2010

A Serbian Film (Srpski film, 2010)


Agobiado por no poder tener con su familia el nivel económico que poseía antes, una estrella porno retirada, Milos, accede a trabajar por una gran cantidad de dinero junto a un misterioso director del cual no sabe nada. Una vez dentro del proyecto, Milos descubre que no es una película porno común, sino que las intenciones de sus responsables son mucho más siniestras.

Como cada año, los festivales especializados en cine de género traen una película llamada a ser “la polémica”. Para ponernos en situación reciente: 2007 fue el año de A l ´ interieur; 2008 el de Martyrs; en 2009 Anticristo (Antichrist); y ahora, en 2010, la encargada de liarla en sus sesiones, hacer que la mitad de la sala se esfume durante la proyección y provocar ríos de tinta (y publicidad gratuita) es A Serbian Film. Con más razón si cable.  De echo, su andadura ya comenzó hace unos meses, llegando, sus responsables, a ser denunciados por asociaciones de esas que verán la guerra en los telediarios a la hora de comer. No solo denunciados, sino que se les intentó agredir físicamente. En el festival de Cannes causó aplausos por parte de los aficionados más valientes, pero también muchas (esperables) malas caras por aquellos que ya en su día escupían a Tarantino por su de cine de “violencia gratuita”. Y luego, pues las típicas historias que se repiten con cada nueva propuesta polémica por su crueldad: desmayos, vómitos, ambulancias situadas en las puertas de los cines, etc. No obstante, para el espectador curtido, aunque en éste caso más que las otras tres citadas, debe estar bastante curtido, A Serbian Film puede verse sin causar nauseas, ni creer que uno es un enfermo despojo de la sociedad por no abandonar la proyección. Más que nada, porque la propuesta si por algo crea tanto impacto es por meter menores de por medio. Pero si lo que pretenden es hablar (entre otras cosas) sobre la pedofilia, es necesario que haya niños que muestren el horror de esa practica y crueldad por parte de los que la llevan a cabo, así como para hablar de la crucifixión y torturas en La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), su director, Mel Gibson, no escatimó en litros de sangre, latigazos, gritos y agonías varias. Y el resultado fueron cerca de 700 millones de dólares de recaudación mundial. Aunque también hay que aceptar que la película que nos ocupa llega a alcanzar ciertos limites de lo extremo en celuloide.


Pero, mientras que el sufrimiento de las últimas horas (literarias) de Cristo, o el sufrimiento de los judíos durante el Holocausto, expuesto de forma bastante cruda y necesaria en películas y documentales, por poner dos ejemplos, son casos de violencia y sadismo extremos universales, aceptados, la pedofilia sigue siendo un tema tabú que el cine o la literatura deben tocar con pies de plomo. Ahí es donde, tal vez intencionadamente, el director y guionista de A Serbian Film, Srdjam Spasojevic, acompañado en los créditos del libreto por Aleksandar Radivojevic, ha llegado al punto necesario para que su película se haga notar. Porque no nos engañemos: está muy bien dirigida, su guión tiene ritmo y variados aciertos, la fotografía es esplendida, la banda sonora simple pero efectiva, las interpretaciones, en general, más que correctas. ¿Pero el verdadero propósito para Spasojevic era hacer una buena película o ésta le ha salido de chiripa mientras intentaba provocar el mayor impacto posible? En eso aún tengo dudas. Sea como sea, gracias a ese buen trabajo en todos los apartados, el devenir de la trama se siente realista, los personajes te provocan emociones, para bien o para mal, y la sensación de estar inmerso en una pesadilla va creciendo hasta estallar en un largo clímax final (con una previsible “sorpresa” argumental) que da rienda suelta a lo peor del ser humano. Y lo triste, lo realmente perturbador, es que el ser humano fuera de las películas puede llegar a ser mucho peor.


Una de las escenas que ha causado más revuelo, y aquí va un SPOILER, es la violación del recién nacido. Para mí, escena innecesaria, pues en éste caso si se nota, o eso creo, que la única intención es provocar por provocar. Y ojo, me gusta que me provoquen, pero dentro de un contexto narrativo, no por el simple hecho de meter la escena con calzador previo monologo político que para nada sirve de excusa FIN DE SPOILER. En las entrevistas, el director no ha parado de repetir que su intención con A Serbian Film era retratar la opresión del pequeño pueblo serbio y las injusticias de su gobierno durante muchos años. Si es este el cometido de su trabajo, dudo que sea algo que vean la mayoría de los espectadores. Aunque, en caso de haber querido retratar la oscuridad latente del ser humano mediante sexo macabro, mutilaciones varias y otras depravaciones, lo ha conseguido. La sensación que te queda después de sus noventa minutos es de agotamiento, suciedad y desazón.
El mes que viene podrá verse en el festival de Sitges, y al estar seleccionada para competición, supongo que tendrá pases en la enorme pantalla del Auditori. Los que vayan es muy probable que en los últimos treinta minutos sean testigos de huidas en masa de la sala. Objetivo cumplido.




viernes, 17 de septiembre de 2010

Macabre (Darah, 2009)


Un grupo de amigos se apiadan de una joven autoestopista que dice haber sido robada. La llevan a su casa y, en señal de agradecimiento, les invita a entrar para conocer a su familia y cenar con ellos. Durante la cena son drogados y secuestrados, a la espera de servir para unos fines poco pacíficos.

Anoche me dí una de esas sesiones que seguro le gustan mucho a nuestro ministerio de cultura. Bromas a parte, lo cierto es que encadenar una pareja tan cruenta formada por la que nos ocupa, Macabre, y una barbaridad de la que hablaré dentro de unos días, Grotesque (Grotesku, 2009) es como una inyección de insensibilización para esto de la violencia en el cine. El terror extremo oriental, en este caso de Tailandia, ha demostrado varias veces que cuando se desata no hay quien les gane. No obstante, no se puede hablar de Macabre sin nombrar sus dos obvias influencias que está constantemente batiendo en una coctelera: La mataza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) y el nuevo cine de terror francés denominado Novelle horreur vague. Y de éstas últimas, A´l intérieur (2007) y Frontiere (s) (2007) de cabecera. A grandes rasgos, no es más que eso: una mezcolanza de influencias extranjeras hechas propias a partir de una vibrante dirección de los Mo Brothers, que se inician en esto de reventar cabezas. Lo bueno es que dicha mezcolanza es bastante entretenida, potente y está construida con tanta seguridad que finalmente no tiene tanto que envidiar a sus modelos. Pese que a los directores (también guionistas) les da meter en escena, por la mitad del relato, a una patrulla de policías idiotas a modo de remedo cómico... que no hace gracia. O salvo que las connotaciones sobrenaturales están un poco metidas con calzador y se podría pasar sin ellas.


Pero si uno ve Macabre con los ojos de un aficionado del gore y las emociones fuertes, sin hacerse demasiadas preguntas e intentar disfrutar predispuesto, la experiencia es grata. Muy grata. Tanto que los últimos treinta minutos hablan por sí mismos: una carnicería non-stop e in crescendo donde no faltan disparos a bocajarro, cortes de cuchillo, gritos histéricos, decapitaciones y desmembramientos varios. Rodados con un magnifico tempo de la acción que, en la hora anterior, sufría de ciertos altibajos. De todos modos, a diferencia por ejemplo de Grotesque, el salvajismo de Macabre es perfectamente asumible y disfrutable como divertimento. Es, al fin y al cabo, puro desvarío festivalero. Lo que no quita para sea un producto igualmente extremo. Las interpretaciones no son nada del otro jueves, aunque cabe destacar a la villana, con el pérfido y a la vez bonito rostro Shareefa Daanish, emulando, a su modo, a la sensacional Béatrice Dalle de la citada A´l intérieur. Por cierto, la película está basada en un corto igualmente poco sutil que dirigieron los MO en 2007. En lo que a mí respecta, espero impaciente su próximo proyecto.



jueves, 9 de septiembre de 2010

Dread (2009)


Un estudiante de filosofía, Quaid, se une a dos estudiantes de cine, Stephen y Cherryl, para llevar a cabo una tesis que estudie la raíz y costumbres del miedo en el ser humano. Quaid sufrió en la niñez un hecho terrible: vio como un psicópata descuartizaba a sus padres y, sin saber como, consiguió escapar. Sufre de fuertes pesadillas y contempla la tesis como algo más importante que una simple nota. En el desarrollo de la actividad llega a un punto en el que se destapa su lado sicótico. Su intención es experimentar su miedo en las propias carnes de sus compañeros, aunque para ello tenga que desafiar algunos limites.

Dread es la tercera adaptación de los relatos cortos de Clive Barker (que se guarda crédito como productor) incluidos en su míticos “libros de sangre”. Anteriormente, y con idéntica suerte en distribución paupérrima, tuvimos la interesante Mignight Meat Train (2008) que en España tuvieron los huevos de re-titularla El vagón de la muerte, o la más irregular Book of Blood (2008), la cual, que yo sepa, no ha conocido edición alguna por aquí. Las adaptaciones de obras de Barker no suelen llegar más allá de la corrección, cuando no directamente al descalabro. Es por ello que se agradece que, aunque mejorables, se hayan trabajado estos nuevos traspasos con un mínimo de respeto por la pluma del autor, captando parte de su espíritu y sin renunciar (salvando las distancias) a sus constantes: degradación, sexo sucio y violencia explicita. Dread sigue esa línea. Su director y guionista, Anthony DiBlasi, se estrena en dichas labores, aunque ya había sido productor ejecutivo, sin ir más lejos, de las citadas Midnight Meat Train y Book of Blood. DiBlasi tenía la difícil labor de desarrollar un largo de noventa minutos a partir de un magistral relato corto que, en todo caso, solo daría para un corto o un mediometraje. Su decisión fue usar una estructura similar a la de Audition (Odishon, 1999), la magnifica película de Takashi Miike.


La primera hora, con aislados elementos truculentos mostrados mediante sueños o alucinaciones, corresponde más bien a un melodrama juvenil. Si uno desconoce la sinopsis y / o la obra en que se basa, es fácil que crea que toda esa maraña de diálogos entre jovencitos y jovencitas, escenas de discoteca y discusiones por desacuerdos no lleve a ningún sitio. Es solo una larga presentación de personajes para que el desenlace irrumpa con fuerza pasados los sesenta minutos. Los treinta que nos quedan animan la función con dosificados momentos de impacto. No tan extremo como cabría esperar por la promoción y determinados comentarios en festivales (eso, o que uno se está insensibilizando demasiado en estos menesteres), pero sin lugar a dudas efectivo. Es ahí cuando el relato de Barker toda verdadera forma y sentido dentro de varias limitaciones cinematográficas. Entre tanto, unas interpretaciones no espectaculares pero al menos decentes –curioso ver a Jackson Rathbone en tan truculentas lindes, más conocido por ser uno de los vampiros buenos de la saga Crepúsculo (The Twilight Saga, 2008-¿?) o uno de los chavales de Airbender, el ultimo guerrero (The Last Airbender, 2010)- y una interesante selección de canciones en la banda sonora.

Valoración (0 a 5): 3,25

martes, 7 de septiembre de 2010

7 Days (Les 7 jours du talion, 2010)


Lo normal sería acompañar a la pequeña Jasmine al colegio. Pero esta vez, acostumbrados a que en la zona nunca suceda nada extraño, sus padres, Bruno y Sylvie, deciden dejarla ir sola y aprovechar la ocasión para tener intimidad. Pasadas varias horas, una llamada a la puerta irrumpe en la tranquilidad. Un niño, compañero de Jasmine, la lleva a casa los deberes, pues ésta no se ha presentado en clase. Los padres acuden a la policía y tras una búsqueda en un bosque de los alrededores, descubren a la pequeña muerta, con signos de asfixia y violación. La policía encuentra al asesino, pero los abogados cifran su pena de cárcel en quince o veinticinco años. La desesperación y la irá que siente Bruno le harán ir más lejos de lo que jamás, como hombre pacifico, hubiese imaginado. Trazará un plan para secuestrar al asesino en su traslado y, durante siete días, torturarlo como venganza por sus actos.

Queda demostrado, una vez más, que los distribuidores, el gobierno o un ente malvado que quiere acabar con el cine, la tiene tomada con el cine de género de calidad. Al menos, en lo que respecta a que lo veamos los españoles. Si no fuese por Internet posiblemente nunca hubiese podido conocer la joya que nos ocupa. Y es que esta producción francesa, adaptación de la novela del muy popular por allá Patrick Senécal (que también se ha encargado de escribir el guión), es una de las mejores películas de este 2010. Lo es porque, tratando un tema tan usado como la venganza de un padre por el asesinato de su hija, llega mucho más lejos, tanto con nosotros, espectadores, como en lo puramente artístico. Su director, Daniel Grou, ha conseguido mezclar a la perfección lo macabro del torture porn extremo y el intimismo del cine de autor más reflexivo. El ritmo es siempre pausado. Obligadamente pausado. Grou no ha querido hacer de la venganza del padre un entretenimiento ni un espectáculo. No quiere que disfrutemos con ello, aunque estemos de acuerdo en que el asesino pedófilo debe pagar por lo que ha hecho. Lo que pretende, y consigue, es que la agonía de los personajes (todos, tanto el padre como la madre de la niña, el policía que lleva el caso y el propio pedófilo) sea nuestra durante casi dos horas. Hacernos, por ende, reflexionar con ella, hacernos preguntas. Al igual que el padre convertido en justiciero, contemplamos su causa con sentimientos cómplices, para, según avanza el relato, empezar a dudar sobre si sus actos hacen bien alguno a los que le rodean y siguen vivos. Y claro, a él mismo.


Grou se vale de silencios desesperanzadores para que nos hagamos esas y otras preguntas. Entre tanto, se recrea (algunos pensarán que de forma gratuita, aunque es totalmente necesario para comprender la violencia psíquica por la que pasa el personaje principal) en unas escenas de tortura bastante crudas y no aptas para cualquier espectador. Más extremas si cabe debido al hiperrealismo del conjunto y a la ausencia total de concesiones edulcoradas y “peliculeras”. En todo caso, mal hecho (a lo mejor no en el sentido comercial) por parte de la distribuidora el promocionarla con la mención de sagas como Saw (2004-¿?), pues esto no tiene absolutamente nada que ver. Es justo lo contrario, pues como ya comenté, aquí la violencia no es mostrada para disfrutar a modo de divertimento (que no es nada malo, pero siempre dentro de su contexto como obra) sino para sacar conclusiones. Y de paso, llevarte una buena patada en los huevos. Así es como se siente 7 days con la acertada ausencia de banda sonora, una dirección planeada al milímetro y unas brutales interpretaciones. Destacar a Claude Legault encarnando al padre (atención cuando descubre el cadáver de la hija o cuando se reencuentra con ella en una alucinación). Lo dicho, de lo mejor del año.

Valoración (0 a 5): 4,25

martes, 31 de agosto de 2010

Mini reseñas: Solomon Kane (2009), The Collector (2009), Miedos 3d (The Hole, 2009)


El género de espada y brujería no está siendo muy utilizado en los últimos años. Tal vez por ello, cuando una producción de cierta enjundia se aproxima a las pantallas, muchos aficionados se crean unas expectativas altas. Por las ganas de ver algo nuevo, supongo. Si la propuesta es, además, una adaptación de Solomon Kane, clásico de Robert E. Howard, creador nada menos que de Conan, pues ya está todo dicho. Dentro de esas expectativas es donde no funciona la película que nos ocupa. Y no lo hace porque no está concebida con el espero necesario, sino con el justo, correcto, para cumplir en lo mínimo y volver a casa. De este modo, Solomon Kane, la película, tiene una atmosfera cuidada, un buen protagonista (James Purefoy no lo hace nada mal como Solomon), pero ya está. El guión titubea de un lado a otro creando un conjunto irregular, pese a que en parte consigue captar la esencia de la obra de Howard, pero solo en parte. De ahí que haya momentos interesantes y visualmente muy conseguidos, y justo después otros más planos y aburridos. También habría que destacar, en lo malo, que a un villano tan llamativo como el enmascarado se le preste poca atención y su final se resuelva de forma tan precipitada. Supongo que el director, Michael J. Bassett, firmante de otra “medio entretenida”, Deathwatch (2002) no es John Millius, aunque dentro de lo que cabe tampoco lo haga mal, pues quedan escenas potentes como el citado prologo, el descubrimiento de los “zombis” en la cabaña o la crucifixión de Solomon. Pero no es suficiente para llegar a ser buena, y menos, tan buena como querrian los fans de Howard. Valoración (0 a 5): 2,5
 

The Collector es una de esas películas que veía colgadas en la red y nunca preste demasiada atención. Su estreno poco publicitado en Estados Unidos tuvo lugar el año pasado, y en España no se ha sabido nada de ella, como empieza a ser tristemente habitual con cierto tipo de cine de terror. Pero, como decía, gracias a la red podemos echarla un vistazo. Y una vez más, la red es nuestra amiga. Gracias a ella he podido sorprenderme con uno de los mejores body count de lo que llevamos de siglo XXI. Vale que el nivel no esté por las nubes, pero aquí hay calidad. Mirando los créditos, me encuentro con que el director, Marcus Dunstan, ha sido guionista de las ultimas cuatro entregas de la saga Saw (incluido en ellas que la que está a punto de estrenarse, es decir, la séptima), lo cual se deja entrever en el contenido de la que es su opera prima (juega de nuevo con personajes dentro de un entorno de trampas macabras y psicópata rondándoles) . Lo gracioso es que, de lejos, The Collector es mejor que cualquier entrega de tan popular y taquillera saga. Principalmente, porque sin prescindir del mismo gore que aquellas, se las han arreglado para crear un suspense de lo más efectivo durante sus noventa minutos. Siempre pasa algo que te hace estar pendiente, las trampas en lugar de estar dosificadas como único interés de la trama, son parte de ella, y las interpretaciones (sorprendente Josh Stewart en rol principal) cumplen por encima de la media en este tipo de productos. Así, The Collector se convierte en una de las mejores muestras del denominado toture porn moderno. Valoración (0 a 5): 3,5
 

Los buenos tiempos parecen haber pasado para los viejos del fantástico y el terror. George A. Romero, Wes Craven o Tobe Hooper (la única excepción, aunque no del todo, sería John Carpenter) no pasan por sus mejores momentos. Lo mismo se podría decir de Joe Dante tras ver este Miedos 3d. Pese a que el director de Aullidos (The Howling, 1981) o Gremlins (1984) fue de los que más salvo la papeleta en el irregular invento televisivo Maestros del terror (Masters of horror, 2005-¿?) , su regreso a la pantalla grande deja un sabor agridulce. Por un lado, recupera parte de la esencia de ese cine de terror infantil y juvenil que tanto nos gustaba de los ochenta. Aunque por momentos se pierde y recuerda más a los telefilmes de la Disney Channel. Tampoco hay que olvidar que Miedos 3d es un producto, desde su concepción, menor. Un encargo, vaya. Con todo, sus personajes adolescentes no caen mal y la trama, aunque no entusiasme en ningún momento, tampoco hace daño. Al fin y al cabo, es lo de siempre: unos chavales descubren una puerta a otro mundo (o algo) en el sótano de su casa, y ésta desencadena sus miedos personales, que terminan por ser un muñeco con mala leche (tal vez lo más destacable de la función, aunque se le podría haber dado más juego), una niña fantasma que quiere decir sus ultimas palabras y otra cosa que, como se supone que es “sorpresa final“, pues no lo cuento. Eso sí, hay que agradecer que, con pocos medios, hayan conseguido un uso efectivo del 3d, que sirve para meter en la historia (atención a los últimos quince minutos, o las escenas que nos sitúan en la perspectiva del “agujero” del sótano) más que para introducir aburridos efectismos. Valoración (0 a 5): 2,5

miércoles, 2 de junio de 2010

The Human Centipede (First Sequence) (2009)


Hay películas que, aunque te pareciesen una obra maestra, no puedes recomendar a nadie. Al menos, no a cualquiera. En la historia del cine ha habido muchas películas de esas de “la amas o la odias”, pero hay casos concretos en los que dicha cita tiene un transfondo realmente radical. Es decir, si estrenasen The Human Centipede en cualquier multicine de centro comercial, el aforo no tardaría en reducirse hasta el mínimo. A fin de cuentas, ese mínimo es el publico al que va dirigida. Su estreno limitado en Estados Unidos, así como su paso por diferentes festivales especializados, ha convertido esta singular obra de arte y ensayo en un objeto de culto para ese sector de espectadores aficionado a las emociones fuertes. Con razón. Y es que, sin necesidad convertirse en un producto gore (las escenas explicitas son bastante pocas, y siempre necesarias), el macabro juego psicológico que ofrece al espectador le reta a pasar de ella a los treinta minutos, o verla hasta el final y, posiblemente, quedar fascinado. La idea de The Human Centipede es realmente original. Al principio todo indica que asistimos a otro típico producto del llamado horror porn o torture porn. Dos amigas americanas, de viaje por Europa, se pierden en un bosque en plena noche al quedar su coche averiado. Llegan a una casa alejada de la civilización, en la que vive un tipo que, sin necesidad de hacer demasiados análisis, no tiene pinta de estar cuerdo. Ante su desesperada situación, acceden a entrar a su casa para llamar por teléfono a emergencias. Como es de esperar, las dos amigas son drogadas y amarradas a unas camillas de hospital, y por allá se encuentran, también secuestrados, dos tipos más. Ahora es cuando comienza a distanciarse de lo que ya hemos visto. El hombre que reside en esa casa es un experimentado cirujano ya retirado, y su especializad era separar bebes siameses. El plan que tiene para las incautas visitantes y sus compañeros es crear, como reza el titulo, un ciempiés humano.


El director del invento, Tom Six, del que poco se conocía hasta ahora, orquesta una sinfonía de horrores que no deja lugar a la complacencia con el espectador. Su puesta en escena es notable. El guión, firmado por el propio Six, aprovecha un logrado in crescendo que no llega a saturar gratuitamente, sino que, a partir de momentos más pausados y otros llenos de suspense, no te deja salir de allí hasta ver que narices piensan hacer con la siguiente escena. A menos que hayas decidido abandonar el visionado previamente, claro. Las buenas interpretaciones, en general, logran que lo surrealista siempre se sienta realista, pero la mención especial va para Dieter Laser, un actor de carácter alemán de amplia carrera en su país que borda su cirujano psicópata. De echo, recuerdo pocos mad doctors tan espeluznantes y bien interpretados como el de Laser. Podría hablar de algunos detalles del (magnifico) clímax final, pero lo mejor es mejor ver como se desarrolla la trama estando lo más virgen posible. The Human Centipede fue desde el principio un proyecto a completar en dos partes, por lo que The Human Centipede (Full Sequence) ya está anunciada para el año que viene. Si como suele pasar en estas películas, la secuela eleva el nivel de crudeza y mal rollo (sea cual sea la calidad del conjunto) habrá que esperar emociones muy fuertes.

Valoración (0 a 5): 4



Leer critica El ciempies humano en Muchocine.net

jueves, 25 de febrero de 2010

El juego del mal (Amusement, 2008)


En uno de mis viajes por la red encontré por casualidad éste directo a video. Por lo general, suelen ser subproductos sin demasiado interés, ni siquiera en el ámbito más cinéfago. Pero, masoca que es uno, y ya que es gratis, decidí hacerme con ella para verla con expectativa cero. Nada más comenzar, las vibraciones fueron mejor de lo esperado. Una sorpresa, vaya. Y es que El juego del mal posee una dirección y factura más solventes de lo habitual en éstas pequeñas producciones. A parte, según avanza la trama, su estructura resulta llamativa. Lo que en principio parece una película “de historias”, es decir, de esas de terror de toda la vida con varios segmentos y sus respectivas tramas, hacia la mitad va condensando dichos argumentos en uno único. A medio camino entre el slasher de los setenta y ochenta y el más de moda torture porn. No obstante, aunque en todo momento resulte entretenida y con alardes de razonable inventiva, son los primeros cuarenta minutos, realmente geniales, los que suben la nota al invento. Mantener la calidad de esos minutos, en un directo a video, ya sería pedir demasiado.


En unos curiosos títulos de crédito nos presentan a las tres jóvenes protagonistas, que tienen para ellas los tres segmentos titulados con sus respectivos nombres. Y también nos presentan a un tipo con conducta bastante sicótica que, como iremos viendo, tendrá bastante ver con todas ellas. No es que El juego del mal cuente nada nuevo, puesto que incluso su estructura recientemente la vimos, similar, en la magnifica Truco o trato (Trick r Treat, 2008), pero tiene un “algo” añadido a una serie de buenas ideas de resolución en el guión, que no desvelaré aquí, que hacen de ella un producto, no sobresaliente, tal vez tampoco notable, pero sí por encima de la media en su categoría. De hecho, el segundo segmento, en el que una de las jóvenes acude a cuidar a sus sobrinos en una casa plagada de muñecos, contiene momentos de tensión que ya quisieran muchas películas estrenadas en cine durante éste siglo XXI.

jueves, 16 de julio de 2009

La última casa a la izquierda (The Last House of the Left, 2009)


Dos adolescentes son torturadas, vejadas y asesinadas por un grupo de criminales. Una fuerte tormenta irrumpe en el bosque donde se encuentran, y deciden ir a pasar la noche a la casa más próxima. Lo que no saben es que la casa en donde amablemente les han hospedado es la de los padres de una de las jóvenes.

Los setenta eran otros tiempos. Ni mejores ni peores. Simplemente distintos. Digo esto porque una película tan sucia, surrealista (ese uso de una banda sonora extrañamente alegre en contraste con las cruentas imágenes, esos policías mongólicos) y amateur como La última casa a la izquierda (The Last House of the Left, 1972), una de las mejores aportaciones al celuloide de Wes Craven, es difícil repetir tal cual hoy en día. Es por ello que los fabricantes de remakes se pasan al “plan b”. La imagen sucia es sustituida por una estilizada, en ocasiones videoclipera, y la escasez de medios para el gore da relevo a escenas truculentas más explicitas. El mencionado tono surrealista da paso a una seriedad total, exceptuando algún que otro momento cómplice durante el último tercio. Todo esto es una nueva puesta en practica de lo que ya hicieron directores como Marcus Nispel o Alexandre Aja en los remakes de La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974 - 2003) y Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977 - 2006). Y al igual que en dihos casos, la jugada ha salido bien. No es una mala película, y lo que es más importante, es un digno remake que no empaña el recuerdo de la genial obra en que se basa.

La incipiente cantera de directores extranjeros fichados por Hollywood encuentra en David Iliadis un nuevo talento. Director de la también violenta y algo polémica Hardcore (2004), Iliadis sabe como mover la cámara, aunque aún dista de la personalidad de otros artífices de género modernos como Neil Marshall, Rob Zombie o el citado Alexandre Aja. En lo que si muestra similitudes es en su falta de complejos para abordar las imágenes más duras. Al igual que en la original, asistimos a un primer acto en el que las jóvenes son violadas y torturadas. En el segundo acto, el cine de justicieros cobra el protagonismo. En ambas partes, las torturas y las matanzas son mostradas sin miramientos (atención al apuñalamiento de una de las jóvenes, retratado casi a cámara lenta), y sin necesidad de remordimientos en los actos de venganza posteriores. Ahí es donde acierta de lleno este remake, como ya lo hacia la de Craven. Nos encontramos ante una oda a la venganza cuando es necesaria. No me vengan con aquello de que todos merecen una segunda oportunidad. Los criminales que aquí exponen, no la merecen. Esa es la razón por la que se disfruta sin complejos la media hora final, que incluye ajustes de cuentas tan sanguinarios como divertidos.

Lo mejor: La venganza.

Lo peor: Como suele ocurrir en estos casos, se trata de un remake, por lo que parte del éxito de la propuesta es relativo.

Valoración (0 a 10): 7

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sábado, 30 de mayo de 2009

Art of the Devil 3 (Long khong 2, 2008)


Precuela de la segunda entrega, en la que la joven adicta a la magia negra vuelve a torturar a ingenuos que se adentraron en ese oscuro mundo pidiendo un deseo mediante un ritual.

Debo ser masoca. Después de sufrir la terrible Art of the Devil (Khon Ien khong, 2004), me atreví con la segunda parte, Art of the Devil 2 (Long khong, 2005). Para mi sorpresa, sin ser nada del otro jueves, al menos resultaba correcta. Es por ello que decidí darle una oportunidad a Art of the Devil 3. Sin llegar a los extremos de aburrimiento e idiotez de la primera, lo que nos propone está especie de precuela de la segunda (¡!) es un bodriete con más verborrea sin interés que momentos de impacto. Al menos hasta llegados a unos últimos veinte minutos que, aunque no sean suficientes para hacernos olvidar el tedio anterior, al menos nos hacen sentirnos menos idiotas por perder el tiempo. Y es que esto del thai-horror más comercial es lo que tiene. La formula está agotada.

Cierto que la formula de, por ejemplo, el body count tipo Viernes 13 (Fridat the 13th, 1980) también lo está hace años. Pero, sin embargo, al menos esas películas, mejores o peores, suelen entretener al que guste del tema. El terror oriental, o parte de él, comete siempre el mismo error: el ritmo. Culturas distintas, supongo. Pero eso no quita que joyas como la japonesa Kairo (Kiyoshi Kurosawa, 2001) o la surcoreana Dos hermanas (Janghwa Hongryeon, 2003), pese a tener un ritmo más pausado que la que nos ocupa o tantas otras de dicha moda, sean siempre interesantes, sugestivas e incluso a veces terroríficas. De Art of the Devil 3 lo único que podemos sacar en claro son algunos momentos gore currados. En el clímax final se suceden varias torturas bastante crueles y explicitas, que superan a lo visto en la segunda entrega. Por lo demás, tedio, guión confuso y la sensación de que estoy tan loco que me tragare una cuarta si terminan haciéndola.

Lo mejor: Los últimos veinte minutos.

Lo peor: Lo anterior.

Valoración (0 a 10): 3,5

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martes, 19 de mayo de 2009

Funny Games (2008)


Una familia recibe la visita de dos jóvenes de la vecindad. Aunque en principio parezcan inofensivos, su intención no es otra que jugar a un macabro juego. Se trata de una apuesta ¿llegareis vivos a mañana?

Michael Haneke es uno de esos directores que, toque el género que toque, sabes que no ofrecerá algo convencional. Hace un tipo de películas de esas que se aman o se odian. Todo consiste en conectar desde el principio con lo que propone, o directamente desconectar. Cuando dirigió Juegos divertidos (Funny Games, 1997), hizo desconectar a muchos espectadores, pero también ganó numerosos incondicionales. Y es que aquella película, aparentemente una más de terror y torturas, lograba transmitir mediante una crueldad sugestiva (la violencia casi siempre es intuida, no mostrada), así como macabros e inteligentes guiños al espectador, una realidad cotidiana. Una realidad camuflada en celuloide, en arte u ocio. Sin embargo, antes, durante y después del visionado de la película, es algo que ocurre a diario a lo largo y ancho del planeta. La violencia gratuita, la violencia y el crimen por puro aburrimiento. Nosotros elegimos durante las dos horas que dura Funny Games si somos cómplices de dicha locura. Lo curioso es que, aunque cualquiera pueda detestar los actos de los asesinos que juegan con la familia, vemos una y otra vez películas que manejan cartas similares. Sean más o menos realistas que ésta. Se supone, por tanto, y lo afirma el propio director, que Funny Games utiliza la cruel situación que acontece para comprobar hasta que punto es falso el ser humano. ¿No es cierto que, como sucedía en la introducción de Tesis (1997), la mayoría de la gente se para, por puro morbo, para intentar ver al muerto de un accidente?

Ahora bien, el Funny Games que nos ocupa es difícil de evaluar. Haneke viaja a Hollywood para hacer un remake, plano por plano, de su propia película. Lo único que cambia son los intérpretes. Sin menospreciar las magnificas actuaciones de los anteriores protagonistas, hay que admitir que Naomi Watts (también productora ejecutiva), Tim Roth, Michael Pitt y Brady Corbet están inmensos. Tanto, que consiguen crear interés y angustiar del mismo modo que lo hacia la original, con la diferencia de que, los que la vimos, sabemos lo que va a suceder. Y hasta aquí los cambios. El resto, incluso la agresiva canción que abre y cierra los créditos, es lo mismo. Si estoy a favor de éste remake es por lo siguiente. Todos sabemos que tal como están las cosas terminarían haciéndolo, ya sea con Haneke o con cualquier otro. Él acepó el proyecto, por interés económico u otros motivos. Pero, al fin y al cabo, si la idea del remake es hacer llegar al publico americano (que no lee subtítulos) dicha obra, mejor que se la den calcada al original a que hagan un estropicio descafeinado y accesible a los adolescentes. De este modo, la obra queda intacta. Aún así, ya que Haneke está al mando, hubiera preferido que intentase mejorar ciertos aspectos (la media hora, excesivamente lenta, previa al clímax final), o que hubiese añadido algún que otro elemento novedoso que no afectase a lo ya conocido.

Lo mejor: Todos y cada uno de los protagonistas.

Lo peor: Según como se mire, que es lo mismo, plano por plano, de lo que ya conocemos.

Valoración (0 a 10): 8

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domingo, 17 de mayo de 2009

Martyrs (2008)


Una niña es cruelmente torturada. Quince años después, ayudada por su intima amiga, acude a la casa de una familia, aparentemente normal e inofensiva, que cree culpable. Acaba con todos sin piedad. Aunque parezca que todo ha terminado, el lugar, y su propia mente, guardan algunos secretos que sacaran a relucir un martirio que nunca hubieran imaginado.

Aún recuerdo cuando hicieron saltar la polémica por la excesiva violencia de Hostel (2005). Cuando se estrenó, pudimos comprobar que, ni de lejos, había para tanto. Algunas torturas y desmembramientos que cualquier adolescente puede asumir con facilidad hoy en día. Poca cosa, vaya. En ocasiones, este marketing no es más que eso, puro truco comercial destinado a polemizar para hacer taquilla. Sucedió algo parecido con La pasión de Cristo (The Passion of Christ, 2004). Carteles en las taquillas de los cines avisaban sobre el alto nivel de violencia en pantalla. En éste caso hay que admitir que tales advertencias eran más coherentes, sobretodo para la gente muy religiosa. Igualmente era un truco comercial. Con la llegada de Martyrs al festival de Sitges del pasado año, las multitudes se amontonaban en las puertas del cine para comprobar si era cierto todo lo que se decía sobre ella. Desmayos, mareos, vómitos, infartos y ambulancias situadas a las puertas de la sala. Todo eso estuvo de la mano de Martyrs durante su estancia en el certamen, rodeándola de un aura de película maldita. Algo que obtuvo su dimensión definitiva cuando se supo del suicidio de Benoit Lestang, responsable de los soberbios efectos de maquillaje y gore de la película.

Antes de meternos de lleno en la reseña, me gustaría hacer una aclaración. Los que ya nos hemos habituado a ver todo tipo de películas violentas, estamos, por así decirlo, curados de espanto en estos temas. Es por ello que después de conocer toda la polémica suscitada por Martyrs, más de uno se ha sentido decepcionado. No es que Martyrs no sea todo lo que han dicho de ella. Lo es. Y no dudo que haya determinadas personas que puedan marearse, angustiarse o incluso desmayarse viéndola. El problema es que ya no se trata de una película que se conoce siendo virgen. Conoces mucho de ella antes de verla, estas preparado. Gracias a la polémica habrá mucha más gente que sienta iteres hacia ella, aunque, jugando con un arma de doble filo, también conseguirá que no impacte del mismo modo una vez vista. Aún así, que a nadie le quepa duda que se trata de algo realmente malsano e impactante. Son noventa minutos que soportaremos los que, como dije, estamos curados de espanto, pero, y aviso, serán demasiado desagradables y ofensivos para otros, según su sensibilidad.

Martyrs está dirigida por un Pascal Laugier en estado de gracia. Afortunadamente, no consigo ver en ella al mismo director que se dio a conocer con la terrible El internado (Saint Ange, 2003). El guión, escrito por el propio Laugier, está estructurado de una forma original y adictiva. Siempre interesante, narra en la primera mitad la historia de venganza, incrustando flash backs de las torturas que le hicieron sufrir de pequeña a una de las protagonistas. Y a esto se le adhiere una subtrama supuestamente sobrenatural, que ira despejando su significado a medida que avance la acción. Estos, digamos cuarenta y cinco minutos, ya de por sí guardan momentos escalofriantes (la fría visión del asesinato de la familia, los macabros ataques de una monstruosa mujer aparentemente imaginaria). Avanzamos después a un segundo acto a partir de un giro de la historia, que tiene, probablemente, la escena más brutal en cuanto a gore de la película. No diré más. La cosa es que, cuando parece que lo visto en esa hora ya ha sido bastante, sabemos que aún queda la muy publicitada media hora final de tortura. Son treinta minutos rodados a base de fundidos en negro, prácticamente sin diálogos. Más duros por la violencia psicológica que por la grafica. Y es aquí donde descubriremos el verdadero porqué de Martyrs. Un mensaje que puede resultar confuso en cuanto a las intenciones de Laugier, pero que al fin y al cabo, logra estremecer.

Lo mejor: La interpretación de las dos protagonistas, así como la potencia de las imágenes y la inteligente estructura del guión. Se trata de una de esas pocas películas que dejan huella en el espectador, además varias imágenes grabadas en la retina por mucho tiempo.

Lo peor: Que tanta polémica y presencia en los medios provoque en muchos espectadores unas expectativas altísimas, que pueden no verse alcanzadas pese a la genialidad y contundencia de Martyrs a todos los niveles.

Valoración (0 a 10):
9

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viernes, 15 de mayo de 2009

A l ´intérieur (2007)


Debido a un accidente de coche, una mujer embarazada pierde a su marido. Meses más tarde, aun deprimida y a poco de dar a la luz, recibe una inquietante visita nocturna. Se trata de una mujer que parece conocer lo que la ha sucedido. Asustada, decide no abrirla la puerta. Esto no será impedimento para que consiga entrar e intente hacer realidad su siniestro plan: arrebatarla el niño que lleva dentro.

En el festival de Sitges de hace dos años se exhibieron un par de películas francesas que causaron sensación. Una, la genial Frontiere (s) (2007), la comenté hace unos días. Pero la que de verdad conquistó a un gran segmento del certamen fue A l ´intereieur, calificada por muchos como “la película más violenta de la historia”. Tal descripción también fue utilizada, un año después, para hablar de la también francesa (y magnifica) Martyrs (2008), película que todos querían ver en dicha edición. Esto nos lleva a la conclusión de que Francia se ha puesto las pilas con el cine de terror, y ha comenzado una carrera a gran velocidad y sin mirar atrás. No se si se tratan de las más violentas de la historia, tal como aseguran, pero crudas son un rato. Y esto lo dice alguien que ha visto todo tipo de salvajadas en celuloide. La violencia de A l ´interieur no es solo grafica, sino también psicológica, que en ocasiones es la que realmente duele. Y el mal rollo omnipresente de la propuesta no se encuentra en las labores matarifes de la psicópata de marras, sino en el verdadero propósito de ésta. Tocar un tema tabú y poco visto en el cine como el intento de sacar, por las malas, el feto de una embarazada, ya ofrece suficientes situaciones malsanas. Y esto sin citar las artimañas que emplea para llevar a cabo su propósito.

En su punto de partida, A´l interieur resulta similar a tantas otras. Tenemos a la protagonista en su casa. Tenemos a una psicópata que quiere entrar, y finalmente lo consigue. Se trata de quince pausados minutos de introducción que sirven para pillar al espectador por sorpresa con lo que viene a continuación. Los jóvenes y prometedores Alexander Bustillo y Julien Maury llenan la pantalla de ésta, su opera prima, con imágenes difíciles de digerir, no aptas para todo tipo de sensibilidades. La violencia va tomando un ritmo in crescendo hasta llegar a un clímax final de esos que llamo “vacía salas”. No voy a joder la película a nadie. Solo diré que se trata de los minutos más terribles y brutales que uno ha podido contemplar en una película. Avisados quedan los sensibles, y sobretodo las mujeres embarazadas.

Lo mejor: La dirección de los debutantes Alexander Bustillo y Julien Maury; la banda sonora machacona en los momentos crueles, que suma la inquietud y el nerviosismo a lo sanguinario de las imágenes; la interpretación de una inmensa Beatrice Dalle en su rol de psicópata; y por supuesto, esos últimos quince minutos tan sádicos como valientes, que han hecho, y harán, que más de uno aparte la vista de la pantalla.

Lo peor: Se podrían haber pulido ciertas cosas del guión. En él, encontramos situaciones y soluciones a las mismas demasiado rocambolescas, que contradicen la naturaleza hiperrealista de la película. Pero nada que perjudique demasiado a un conjunto tan notable.

Valoración (0 a 10): 8,5

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sábado, 25 de abril de 2009

Frontiere (s) (2007)


Un grupo de jóvenes antifascistas franceses huyen de la policía camino de Holanda. En el camino, deciden hospedarse en un hostal. Para su desgracia, los dueños son una extraña familia de criminales nazis caníbales (¡!). La intención de éstos es matar a todos menos a la chica que les acompaña, para la cual tienen otros planes relacionados con su embarazo.

Estados Unidos siempre ha mandado en esto del terror. En la década de los noventa, se comenzó a especular con que los orientales serían el futuro del género. Pero en el siglo XXI lo que esta claro es que no son ni los primeros ni los segundos, sino los europeos los que están poniendo las cosas en su sitio. Se nota en cada festival, en cada foro. En España ha impactado Rec (2007), de Suecia nos ha llegado Déjame entrar, de Inglaterra The Descent (2006) o Eden Lake (2008). Pero los que se han puesto las pilas de verdad en los últimos años son los franceses. A ellos les debemos, dentro del terror más brutal, Alta tension (Haute tension, 2003), Martyrs (2008), A L´ interieour (2008) o la que nos ocupa. Lo suyo parece ser el cine visceral, la violencia más sádica. Eso es lo que encontramos en cada fotograma de Frontiere (s). No se trata de algo original. Hemos visto el mismo esquema en mil ocasiones desde La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974). Pero lo que hace de ésta una película más destacable que muchas otras similares, es la decidida inmersión en el horror humano. La realización del prometedor Xavier Gens es tan dinámica como potente. El guión es ágil. Desde el primer minuto se convierte en un tour de force vertiginoso. La banda sonora, añadida inteligentemente a las duras imágenes, evoca a lo épico. Todo se une en un conjunto que, no por hasta cierto punto previsible, deja de interesar en algo más de noventa minutos.

Xavier Gens, al igual que otros directores europeos de la última hornada, ha sido fichado por Hollywood. Dirigió la entretenida Hitman (2007), aún en co-producción con Francia. Por ello parece determinado a unirse al selecto club que forman, entre otros, Alexander Aja, Pascal Laugier, Alexander Bustillo, Julien Maury, Neil Marshall o John Erick Dowdle. Y quién sabe si pronto se unirán nuestros Jaume Balagueró y Paco Plaza, como ya lo hizo en su día Juan Carlos Fresnadillo. Queda claro que Hollywood ha visto la fuente de talento en Europa, y la va a exprimir a conciencia.
Frontiere (s) fué exhibida en España dentro del festival de Sitges de hace dos años, conquistando a muchos espectadores, aunque también recogiendo las reacciones encontradas de otros tantos. En Estados Unidos fue calificada NC-17, algo que rara vez ocurre. Por ello, su distribución quedo limitada a los pases del cada vez más popular After Dark Horrorfest.

Lo mejor: La brutalidad y el mal rollo del conjunto, pero sobretodo de los últimos veinte minutos. Los interpretes están entregados en todo momento, la banda sonora imprime aun más poder a las imágenes y el rollo nazi del guión al menos garantiza algo de originalidad dentro del esquema que ya todos conocemos.

Lo peor: Que estas películas queden relegadas a pases en festivales o distribuciones limitadas para luego, en no pocas ocasiones, darse a conocer por medio del esperable remake americano.

Valoración (0 a 10): 8,5

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jueves, 12 de febrero de 2009

Eden Lake (2008)


La felicidad de una pareja a punto de casarse, que ha ido a pasar unas pequeñas vacaciones a un lago llamado Eden Lake, lejos de la ciudad, se vera truncada cuando conozcan a unos maleducados crios del pueblo cercano. Aunque en principio únicamente parezcan eso, niñatos sin educación, pronto la situación se pondrá mas tensa de lo esperado y comenzara una implacable persecución con el bosque como único testigo.

Impactante, sobrecogedora, tensa como pocas. Menuda sorpresa la que me he llevado con esta Eden Lake, aun inédita en España (salvo su presencia en el último festival de Sitges). A simple vista, es un survival más. De acuerdo. Pero conociendo ya el subgénero de todas las maneras, siendo difícil innovar, si que cabe encontrar la genialidad en el ritmo non-stop, la crudeza bien entendida de sus imágenes, la genial realización y unas interpretaciones arrolladoras. Películas de este tipo se pueden hacer a montones, pero otra cosa es como salgan (si no, que se lo digan a Koldo Serra y su infumable Bosque de sombras (ídem, 2006), por poner un ejemplo reciente). Cruzando sin temor ideas de peliculones como Funny Games o ¿Quien puede matar a un niño?, y aderezándolas con la sangrienta y potente visión del cine de terror de los nuevos directores europeos, Eden Lake supone uno de los ejercicios no solo terroríficos, sino también sociales (la polémica esta servida con el tema de la violencia juvenil, las grabaciones de palizas vía móvil tan de moda, la educación rastrera de muchos padres o la propia maldad innata en el ser humano) más recomendables en años.

Eden Lake dispara portentosas y crudas imágenes cada segundo. No engaña a nadie (solo miren en el cartel) y consigue remover conciencias (atención a la escena en la que uno de los chavales es quemado vivo por los mismos, o aquella en la que, la protagonista, transformada irreversiblemente en salvaje, clava un improvisado cuchillo, creado a partir de un cristal roto, en uno de los violentos púberes).
James Watkins se estrena en la dirección con Eden Lake, tras haber escrito algunos guiones para otras películas de terror como la fallida La cámara secreta (My Little Eye, 2002), y apunta maneras para su próximo proyecto tras las cámaras, sustituyendo a Neil Marshall en la secuela de The Descent (ídem, 2005), que llegará a los cines durante este año. Por lo demás, decir que Eden Lake, como dirán algunos, es más de lo mismo. De acuerdo, lo es. Pero bien hecho. Muy bien hecho.

Lo mejor: El ritmo vertiginoso que llena la pantalla de tensión, y todas y cada una de las interpretaciones.

Lo peor: Qué nuestros maravillosos distribuidores se olviden de estrenarla en cines.

Valoración (0 a 10): 8,5

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