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sábado, 30 de octubre de 2010

Piranha 3d (2010)


Tras una serie de temblores submarinos se han liberado cientos de pirañas prehistóricas con ganas de alimentarse. Su particular autoservicio se encuentra en el Lago Victoria, lugar en el que muchos jóvenes se han reunido para celebrar una fiesta.

La de Alexander Aja es una carrera extraña. Pese a haberse instalado en el fácil mundo del remake, ha mantenido casi siempre una serie de valores propios, una especie de autoria que lo diferencia y, a la vez, una inteligente aproximación para con las películas que "actializa". Más allá de revisar éxitos pasados para amasar dinero rápido, ha contribuido a aquello por lo que un remake podría ser necesario; mejorar la obra original. De este modo, tras darse a conocer con la excelente (pese a su discutido giro final) Alta tensión (Haute Tension, 2003), firmó, ya en Estados Unidos, Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 2006), que junto a aquella constituyen dos de las propuestas del género de terror más potentes de los últimos años. Por supuesto, superó a la bastante correcta obra original dirigida por Wes Craven en 1977.

Su siguiente película, la regulera Reflejos (Mirrors, 2008), remake de El otro lado del espejo (Geoul sokeuro, 2003), hizo pensar que había sucumbido a lo mainstream, cediendo gran parte del talento rompedor que le caracterizó en las dos anteriores. En realidad fue una niebla que no ha tardado en disiparse con Piranha 3d.

De nuevo un remake, en este caso de Piraña (Piranha, 1978), pequeña cult movie que en su día dirigió un jovencísimo Joe Dante. Pero esta vez el resultado se encuentra más en la línea de Las colinas tienen ojos. Sin llegar a las cotas de calidad de aquella, Aja vuelve a poner toda la carne (nunca mejor dicho) en el asador. A priori, después de ver el trailer y viendo los primeros, digamos cuarenta minutos de la película, podemos pensar que se ha vendido a los intereses del cine de palomitas de usar y tirar; pero hay más que eso.

Bajo la premisa de pirañas asesinas digitales, tías buenas en bikini (y sin él), fiestas playeras con música chunda chunda y el uso de las tres dimensiones para sacar un dinerillo extra de las taquillas, Aja se vuelve a reír del falsamente acomodado americano medio y de las propias convenciones de los géneros. Salvando ciertas distancias, me recuerda un poco a lo que Paul Verhoeven hizo en su infravalorada Starship Troopers (1997); pone en pantalla muchos cuerpos y rostros jóvenes sin demasiado cerebro, instalados en un estado de bienestar similar al de Sensación de vivir (Beberly Hills 90210, 1990-2000), aunque con más sexo y palabrotas, para, literalmente, desmembrarlos en situaciones posteriores. Si Las colinas tienen ojos descuartizaba a la familia norteamericana de clase media, aquí se hace lo mismo, desde un punto de vista más festivo, con la nueva generación de adolescentes y eternos adolescentes.

Tampoco creamos que hay que hacer muchas lecturas de Piranha 3d. Pese a que lo comentado está ahí, no es menos cierto que Aja ha buscado, sin más, divertirse y divertirnos. A partir de su segunda mitad pone en imágenes puro de cine de festival, peli-birrero y cafre como pocos, y aquí es donde llega lo bueno; alrededor de veinte minutos de escenas sanguinolentas que no se acostumbran a ver dentro del cine comercial estadounidense. Puede que sobren ciertos actos heroicos de los personajes principales, y puede también que el guión tarde más de la cuenta en arrancar y por momentos parezca un nudity de video club. No obstante, solo por el último tercio vale la pena la pena echarla un ojo y, de paso, comprobar que su director sigue siendo uno de los mejores a la hora de plasmar la violencia en pantalla.

Las comparaciones con el original quedan en segundo plano. Son películas diferentes, unidas por el enemigo en cuestión (las pirañas) y que parte de la acción se desarrolla en un lugar similar. Todo lo que sucede durante el comienzo, desarrollo y final es prácticamente nuevo; no se han dedicado a calcar escenas ni frases. Podría pasar perfectamente como una nueva serie B con estas pequeñas criaturas como protagonistas, pero supongo que ser un remake proporciona una mayor publicidad gratuita en estos tiempos. Aja consigue una película mucho más potente que la original, sin prescindir del humor negro que ya caracterizaba aquella ni de, como apunté, dosis de carga social contra el ciudadano medio (tan propias también de Dante). Los efectos de maquillaje actuales hacen el resto (cuerpos partidos en dos, caras arrancadas, mordiscos de todos los niveles, decapitaciones y un largo etcétera).

En España aún no ha salido fecha de estreno, y la sombra de Saw VI (2009) empieza a pesar entre los aficionados. En mi caso, puede ver Piranha 3d en una copia de gran calidad, en versión original, sin ningún tipo de cortes y en una pantalla de considerable tamaño. Eso sí, sin las dichosas tres dimensiones, que a buen seguro funcionan de maravilla en las escenas cumbre y eliminan los defectos de algunos efectos digitales baratos (las pirañas cantan opera, así como la escena que abre la película).

martes, 26 de octubre de 2010

Night of the Demons (2009)


Un grupo de jóvenes festejan Halloween en una vieja mansión de turbio pasado. La policía aparece para cerrarles el lugar, pero unos pocos de los invitados consiguen esconderse. Cuando, más tarde, intentan salir de la casa, se dan cuenta que están atrapados. En principio no le dan importancia y siguen con la diversión, pero uno a uno serán poseídos por demonios. Éstos tienen un plan; poseer a los siete jóvenes para escapar de la maldición que los tiene encerrados y poder despecharse a sus anchas fuera de los muros.

Algunos remakes tienen su justificación. En principio, el de La noche de los demonios (Night of the Demons, 1988) podría tenerla. Y es que, aunque aquella se conserve como una simpática y entretenida serie B ochentera, es muy mejorable. Por tanto, una actualización, a poco que se cuiden un poco las interpretaciones, el guión añada alguna cosa interesante manteniendo lo bueno de la anterior, y se utilicen mejorados efectos de maquillaje y gore, no tiene porque ser mala idea. Sin embargo, lo de Night of the Demons, remake, ya empezó a oler mal cuando decidieron lanzarla directamente en video, cuando escogieron como protagonista al demacrado Edward Furlong y cuando, una vez vista, la única mejora apreciable son los trucajes visuales, pero sin exagerar.

La elección de Edward Furlong no parece tan descabellada. El tipo en cuestión, que saltó a la fama prematuramente interpretando a John Connor en Terminator 2, juicio final (Terminator 2: Judgment Day, 1991) y años más tarde consiguió otro personaje de culto en American History X (1998), se ha dedicado la última década a beber, drogarse y comer bollos. Su presencia se siente siempre igualada a la película. Es decir, Night of the Demons es un reflejo de lo que pudo ser.

La historia es la misma que en la original. El desarrollo, muy parecido. Aquí también tenemos tías buenas, banda sonora llena de heavy metal, humor negro, algo de gore y demonios. Pero no resulta igual de entretenida ni fresca. Es más, sus noventa minutos se hacen largos. No deja de ser un producto de obvia prefabricación para video club.

Aunque hay cosas que funcionan (los flashbacks sobre el pasado de la mansión, la escena del pintalabios, la banda sonora) hay unas cuantas que la llevan a la mediocridad (los ataques de los demonios están montados de forma epiléptica y no se entiende un carajo, el ritmo se pierde cada dos por tres). Da la sensación que su director, Adam Gierach -que un año antes dirigió la más estimable Autopsy- quería terminar la película pronto y dedicarse a otros menesteres, como cortar el césped del jardín.

Sigo pensando que el verdadero remake (no oficial), y de calidad, fue la divertidísima Caballero del diablo (Tales from the Crypt Presents Demon Knight, 1995). Algo así, no tan bueno pero similar, esperaba de este Night of the Demons, o algo así es lo que pudo haber sido. Nada más lejos de la realidad. Más bien se queda a la altura de la insípida tercera entrega videoclubera de la saga original. Al menos le habrá servido a Furlong para pagar el centro de rehabilitación.

viernes, 1 de octubre de 2010

Pesadilla en Elm Street: El origen (Nightmare on Elm Street, 2010)



Años atrás, Freddy Krueger fue un pederasta que abusó de varios niños en el pueblo de Elm Street. Los padres de dichos niños acordaron tomarse la justicia por su mano y lo quemaron vivo. Pero Freddy ha vuelto, a través los sueños de sus ahora adolescentes victimas, para que éstos vivan una nueva pesadilla. Si mueren en sus sueños, mueren también fuera de ellos.

Hasta ahora, Wes Craven había tenido suerte. Los remakes de La última casa a la izquierda (The Last House of the Left, 1972) y Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977), dos de sus mejores películas, no estuvieron nada mal. Tanto, que Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 2006) superó sin inmutarse al original. Incluso la secuela de ésta, estrenada dos años después y ya sin su director, Alexander Aja, al frente del proyecto, siendo bastante floja no tuvo que hacer demasiado para ser más aceptable que la horripilante secuela que en su día (inexplicablemente) también dirigió Craven. Pero si dije hasta ahora, es por algo. Y es que con el remake de su obra más mítica, Pesadilla en Elm Street (Nightmare on Elm Street, 1984), nos hemos topado con la excepción.

Nada funciona en la nueva Pesadilla. Veamos, lo principal, lo más relevante de la saga original, siempre fueron el personaje de Freddy Krueger y las escenas oníricas. Siempre, por floja que fuese la entrega, Freddy (el imborrable Robert Englund) mantenía un carisma, una fuerte presencia que hacía suya la función. Aquí sus intervenciones son aburridas, repetitivas y ausentes tanto de gracia como, por otro lado, el impacto que pretendían proporcionarle al devolverle a sus orígenes más serios de la primera entrega. Tampoco funciona su maquillaje, que convierte a un gran actor (Jakie Earle Haley) en una careta sin expresión. Únicamente se salva por su particular e inquietante voz, en un emulo de su genial Rorschach para la no menos genial Watchmen (2009).

El principal problema ya se deja ver en los primeros minutos. Nos presentan al nuevo Freddy de sopetón, sin intriga alguna. Las escenas en las que participa atacando a sus jóvenes victimas carecen de originalidad o tensión. Tampoco estamos ante un remake propiamente dicho. De la original tan solo toma algunos nombres (recupera de algún modo el personaje de Nancy) y homenajea dos de sus momentos más recordados; la muerte de Tina levitando en la habitación y la garra de Freddy amenazando la entrepierna de Nancy en la bañera. Precisamente son esas dos situaciones “no originales” lo más apetecible y mejor rodado de la función. No obstante, si intentamos ver la nueva Pesadilla como lo que es, otra secuela que añadir a la saga, sigue sin funcionar. Incluso las más flojas- ¿la segunda?, ¿la sexta?- son, al menos, mucho más entretenidas.

El director del invento, Samuel Bayer –antes adscrito al mundo del videoclip- estuvo dando la brasa meses antes del estreno con la maravilla que estaban haciendo y lo que iba a sorprender a los fans del personaje. Si lo decía en serio y no era, como supongo, el típico bulo para vender la moto aún sabiendo que se está rodeado de mierda, produce más terror el tal Bayer que cada minuto de este infumable producto.

sábado, 28 de agosto de 2010

Mini reseñas: Predators (2010), Centurión (2010), Karate Kid (2010)

Que a Robert Rodríguez (aquí en labores de guión y producción) le apasiona Depredador (Predator, 1987) queda reflejado en muchos momentos de esta especie de secuela. Ahora bien ¿es eso suficiente para que la película funcione? No del todo. La intención con Predators es buena, y su director, el incipiente Nimrod Antal, no lo hace mal (al menos visualiza las escenas de acción y gore con un pulso menos dislocado que otros compis de profesión actuales). Hasta aquí todo bien. Según avanza, nos damos cuenta que se ha subido un escalón en calidad respecto a los mediocres spin off que contaban con el monstruo de marras y el también mítico Alien: Alien vs. Predator (2004) y Alien vs. Predator 2 (2007). Pero también nos damos cuenta de que acercarse a la obra maestra de McTiernan y Schwarzenneger es algo de lo que podemos ir olvidándonos. E incluso se le queda algo grande la resultona secuela que protagonizó Danny Glover en 1990. La acción esta vez se desarrolla en ¿el futuro?, dentro de una isla que se descubre como una reserva espacial de caza propiedad de los depredadores del titulo. Esta vez, en lugar de dar caza a un grupo de elite del ejercito se la darán a varios asesinos, que aunque no tengan los músculos de Arnie y los suyos, también se han cargado a unos cuantos en su vida en la Tierra. Que el protagonista sea Adrien Brody podía echar para atrás en un principio, por aquello del “no pega”. Pero el tipo de la nariz larga se las arregla para crear un buen personaje. Pese a ello, solamente Arnie tenía más carisma y presencia en pantalla que todo el grupo de criminales que vemos en ésta. El guión no es gran cosa, y a veces es fácil dejar de prestar atención en inservibles puntos muertos -la aparición de Laurence Fhisburne, que recuerda mucho a la de Tim Robbins en La guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005)- o aburridos paseos por la selva. Cuando deciden centrarse en la acción y la sangre, la cosa sube algunos puntos. Así como cuando escuchamos la banda sonora de John Debney, claro homenaje a la película original, o contémplanos los magníficos efectos de maquillaje (menos mal, no han tirado a penas de CGI) que guardan alguna que otra sorpresa, como un Predator de nuevo diseño, más salvaje que los de siempre. No está del todo mal, pero podría haber sido mucho mejor. Valoración (0 a 5): 2,5

Más de uno pensará, al ver el cartel de Centurión, que Neil Marshall ha dado un cambio de registro a su carrera. Pero nada más lejos de la realidad. El director de las notables Dog Soldiers (2002), The Descent (2005) y Doomsday (2008), ésta ultima, por cierto, muy infravalorada, se ha metido de lleno en el cine épico “de romanos”, pero lo ha hecho con sus mismas inquietudes narrativas. Pese a que Centurión no sea cine fantástico ni terror, la situación en la que pone a sus personajes es la misma que sus anteriores trabajos: una legión romana es masacrada por un pueblo bárbaro de las montañas, las cuales tenían intención de invadir los primeros. Un pequeño grupo de supervivientes buscará venganza en el poblado, pero el ataque llevará a su huída desesperada. De este modo, Marshall plantea el mismo dimela de siempre (personajes encerrados en un entorno salvaje, y presas de caza ya sea de seres humanos o monstruosos), aunque no le funciona igual de bien. Sin ser una mala película, puede considerarse la más floja. En realidad, la única floja hasta el momento. Y esto sucede porque no los personajes no llegan a tener nunca un interés claro, así como que resultan totalmente ambiguos en su moralidad, pero sobretodo porque no consigue crear un suspense igual de efectivo. Al menos no se ha olvidado de su desprejuiciado sentido de la violencia, y cada diez minutos nos pone en bandeja decapitaciones y desmembramientos varios. Valoración (0 a 5): 2,5

Esto del remake a veces depara sorpresas. Una de ellas, y poco esperada, es la del nuevo Karate Kid. Lo que parece (y en cierto modo, es) un juguete producido por papi Will Smith para que su retoño, Jaden, se de a conocer en la gran pantalla con un papel protagonista, se convierte en una de las películas más entretenidas y honestas de este verano. Y además, mejor que la original. Ya sé que hay muchos puristas de la película de 1984, cosa que tampoco termino de entender pues, más allá de la nostalgia de los ochenta, aquella Karate Kid era entretenida, pero siempre la he visto poco trabajada. Empezando por su protagonista, un Ralph Macchio un tanto soseras cuando tenía que repartir leña. No era creíble, vaya. Pat Morita es un clásico, eso es obvio. Al igual que el “dar cera, pulir cera”. Pero el remake, a parte de tomar camino libre salvando la premisa básica (y pese a que lo que aquí se practica es kung fu, y no karate) resulta ser un producto más trabajado, igualmente basado en el cine-formula, prefabricado dirán, pero lo que importa: bien hecho. El mayor acierto, sin duda, es el feeling entre Jaden (que no lo hace nada mal y resulta más creíble que Macchio) y un Jackie Chan esplendido, sorprendente. Tan comedido que por momentos no parece él. Además, las dos horas y cuarto que dura, a priori innecesarias, no se hacen largas en ningún momento, y el interés por el director en crear un conjunto más épico que su modelo se salda con éxito en determinados momentos. En esto ultimo ayuda bastante la genial partitura de James Horner. Pues eso, bastante mejor de lo esperado. Valoración (0 a 5): 3,5

domingo, 20 de junio de 2010

The Crazies (2010)


George A. Romero puede estar orgulloso. Aunque determinados especimenes han mancillado el nombre de alguna de sus mejores obras - ese putrefacto Day of the Dead (2008) - existe una persona, Zack Snyder, que logró no solo un remake a la altura, sino también superior, como fue Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, 2004), que ya de por sí contaba con un notable original a versionar. No era precisamente notable The Crazies (1973), una parcialmente interesante, pero también parcialmente mediocre, curiosidad de ciencia ficción y terror que Romero se sacó de la manga poco después de su gran éxito con La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), y que no consiguió colmar las expectativas depositadas en él. A decir verdad, muchas de sus películas posteriores no han colmado dichas expectativas. Sea como sea, hacer un remake de aquel The Crazies no era una de esas malas ideas que tanto rondan por Hollywood. Era un producto menor. Así, con un director eficiente, nuevas tecnologías y un guión un poco más pulido, podría ser mejorada sin problemas. El director elegido, a priori, no parecía ser la mejor opción. Y es que Breck Eisner solo era conocido, en cine, por haber dirigido una cosa como Sahara (2004), pese a que en televisión hizo sus pinitos en el género con un interesante episodio para Terror en estado puro (Fear Itself, 2008). Para sorpresa de muchos, Eisner ha sido un director no solo eficaz, sino que además ha aportado fuerza en su puesta en escena y un buen pulso narrativo que, pese a no se acrcarse a lo que Snyder hizo con la citada Amanecer de los muertos,  ha servido para ofrecernos una obra potente, digna y, salta a la vista, mejor que su modelo a “imitar”.



No es que el guión, firmado por Ray Wright y Scott Kosar, sea, ni de lejos, magistral. Tampoco hace falta. Cierto es que se abusa en ocasiones del recurso del susto fácil, aquel que juega con la subida del volumen. También es cierto que, aunque los personajes estén mejor dibujados que en la media de películas de este tipo, algunas situaciones y reacciones huelen a forzadas. Pero, valorando el conjunto, la cosa avanza fluida, dosificando bien las situaciones tensas y de impacto - que pena que en el trailer te muestren todas- y resultando siempre entretenido. Ayudan las buenas interpretaciones, no tanto de sus personajes principales, pero si de los secundarios infectados por la inquietante epidemia invisible que azota el pequeño pueblo. La historia es básicamente la misma que la original, pero se ha prestado menos atención a la crítica al ejercito y sus métodos dudosos para experimentar y llevar la situación. Es de sobra conocido que Romero, dentro de sus limitaciones, siempre ha sido un realizador comprometido con temas sociales en sus historias de terror. Su trilogía zombi es el ejemplo más claro, y The Crazies seguía una línea similar. Igual que en Amanecer de los muertos no fue necesario mantener, al cien por cien, el dedo en la yaga, en el nuevo The Crazies no supone inconveniente haber resumido tal carga critica. Al contrario, dentro de las pretensiones del producto -un filme con más terror y acción que su modelo, y también menos denso, pero no por ello menos gratificante- es un punto a favor. Tal vez no sea tan buena como muchos han querido ver, pero desde luego han conseguido crear un remake necesario, y ya es bastante.

Valoración (0 a 5): 3



Leer critica The crazies en Muchocine.net

martes, 1 de junio de 2010

Está vivo (It´s Alive, 2008)


Aunque de vez en cuando surjan buenas cosas en esto del remake, siempre hay que andar con cuidado. Si además el remake en cuestión es un producto para video club y con claros síntomas de terror salchichero, el cuidado debe ser mayor. Cuando en 1974 se estrenó la película original, que funcionara bien y se recuerde con nostalgia y simpatía responde a una serie de factores propios de la época. Es decir, no es que fuese gran cosa, pero en su día se trataba de una idea original, con una atmosfera malsana e incluso cierta crítica a determinados sectores. Una película así, con un bebe asesino que pega bocados a sus victimas y se mueve por ahí como si fuera el muñeco diabólico, hoy en día queda obsoleta si es tomada en serio. Hombre, si el guión es bueno y el director tiene talento, he visto cosas más rocambolescas tomadas en serio que han salido bien. Pero no es el caso. Hablamos de un producto salchicha (cartel sugerente con el UNRATED o UNCUT al lado del titulo, pensado para exhibición domestica) que no obstante ha sido dirigido por Josef Rusnak, el mismo tipo tras las cámaras de aquella interesante Nivel 13 (The Thirteenth Floor, 1999), aunque luego se especializó en estos derroteros. Pues eso, que Rusnak y el resto han decidido tomársela en serio, sin una gota de humor negro, ni de crítica acida (más allá de un flash back explicativo que convierte la película en un alegato anti-aborto) y con algunas escenas gore que cambian la artesanía de la original por la truculencia estilizada.


Pese a lo que parezca por mis anteriores líneas, Está vivo, versión 2008, no me ha parecido una aberración. De hecho, podría esperarse algo mucho peor. Que, pese a olvidable, no sea dañina durante el visionado, lo consiguen una serie de cosas decentes. Esto es, dirección, fotografía, banda sonora, interpretaciones, etc. Todo está correcto, decente. Más de lo que se suele ver en este tipo de subproductos. Aunque quizás de ser todo más cutre y casposo ahora estaríamos hablando de una disfrutable peli-birra en lugar de una película corta en sus pretensiones…aunque decentemente realizada. Por cierto, una cosa que no me ha gustado es que el bebe se ve muy mono en los momentos que no ataca. Su apariencia monstruosa es una transformación posterior y breve, al contrario que en la original. Precisamente el hecho de ver al bebe siempre con sus dientes afilados y su aspecto deforme conseguía transmitir una sensación de mal rollo constante. Aquí eso se ha perdido en beneficio del supuesto impacto de digitalizar la cara del bebe de vez en cuando, lo que queda un tanto ridículo. Otro por cierto, la protagonista es Bijou Phillips, a la que algunos recordareis como una de las bonitas victimas de Hostel: Part II (2007).

Valoración (0 a 5): 2

lunes, 10 de mayo de 2010

Alicia en el país de las maravillas (Alice in Wonderland, 2010)


Alicia en el país de las maravillas – de titulo original Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas- es un clásico imperecedero de la literatura universal. Su creador, el sacerdote anglicano y escritor británico Lewis Carroll. El particular e imaginativo universo que creó en su obra ha sido, desde su primera publicación en 1865, una montaña de ideas e influencias para literatura y el cine fantástico, e incluso para la música y la pintura. Su complejo entramado ha conseguido que fuese no solo pieza de lectura para niños, sino también objeto de estudio del mundo adulto en ámbitos profesionales (matemáticos, psicólogos, filósofos). La historia tuvo continuación en 1871 con la menos reconocida A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. El cine, desde sus primeros años de vida, puso en imágenes la obra de Carroll, contándose hasta la actualidad más de una decena de adaptaciones. La más popular, y posiblemente la mejor, siempre ha sido la que llevó a cabo Walt Disney en formato animado allá por 1951. De hecho, generalmente la obra es conocida a raíz de tal película, que sin embargo adaptaba también parte de la secuela literaria. Que ahora, en el 2010, se estrene una nueva versión con Tim Burton detrás de las cámaras era algo que, si no durante este año, alguno tendría que ocurrir. Y es que el universo de Alicia está totalmente casado con el imaginario y las inquietudes, incluso personales, del extraordinario cineasta.


Anticipando que los universos de Carroll y Burton se dan fácilmente la mano, así como que el talento de su director está fuera de toda duda, la espera ante la nueva Alicia no hacía más que crecer en expectativas. Precisamente, tales expectativas son las que pueden jugar una mala pasada durante el visionado. Me explico. Alicia en el país de las maravillas, versión Tim Burton, no es una mala película. Sin embargo, me ha resultado más funcional que magnifica, más eficaz que transcendente. Si la hubiese dirigido un Joe Johnston o un Cheris Weitz cualquiera, no sorprendería. Pero hablamos de la esperada puesta en imagen de un gran creador, autor, trabajando sobre un universo que le daba muchas y ricas posibilidades. Con esto en cuenta, hay que restarle algún que otro punto al resultado final. No obstante, avisar desde el principio que Burton no ha hecho un remake de la película de Walt Disney, ni una revisión de la obra literaria. En realidad, lo que ha pretendido es llevar los personajes de aquellas a su terreno, y a partir de ahí confeccionar una nueva historia (sin olvidar ciertas situaciones) que más bien parece una continuación cinematográfica. Alicia no es una niña, sino que ya ha pasado la mayoría de edad y está a punto de ser casada, sin ella quererlo, con un horrendo tipo con el titulo de Lord (no olvidemos que la acción se sitúa en el siglo XIX). Su salida a tan incomoda situación es perseguir a un conejo blanco, que la llevara hasta la entrada del nuevo mundo de las maravillas. Lo que ocurre es que, una vez dentro, sus habitantes ya parecen conocerla, pues es la Alicia que les visitó de niña, aunque ella al principio no lo tiene tan claro.


Pese a que se mantengan los personajes (Sombrerero, Gato de Cheshire, Reina de corazones, Conejo blanco, etc.), estamos ante otra cosa. La odisea pesadillesca que, en realidad, nos contaba la obra original, aquí sucumbe ante una aventura preciosista y digital en abundancia. El rodaje en las nuevas tres dimensiones es un acierto de cara a sumergir al espectador en las situaciones, pero éstas, pese a resultar casi siempre entretenidas y simpáticas, no destacan más allá de lo esquemático. Introducción, desarrollo y, sobretodo, desenlace, suceden de forma rápida y sin entrar en muchos detalles. Parece que importa más deslumbrar con algunos efectos y crear nostalgia con variados guiños que entusiasmar a un espectador algo más exigente. Un espectador que seguramente busca en un nuevo Burton algo más que un bonito y distraído juguete de 250 millones de dólares (¡!). El elenco de intérpretes es espectacular, y se nota que no han ido al rodaje con intención de ganar premios, sino de pasárselo bien junto a un colega. El caso más obvio es el de su inseparable Jhonny Depp, en otra de sus creaciones festivas y muy “liberales” en la línea del Jack Sparrow de la saga Piratas del Caribe (Pirates of the Caribbean, 2003 - ¿?) para reinventar al Sombrerero. Otros que se pasean por allí (algunos sólo con la voz) son Helena Bonhan Carter, Anne Hathaway, Christoper Lee, Crispin Glover o Alan Rickman. Todos bastante correctos salvo la que debería haber sido más creíble, la propia Alicia. Y es que la joven y primeriza Mia Wasikowka, aunque físicamente da el pego, como actriz no consigue transmitir a penas una emoción.


En todo caso, el mensaje sigue presente. Aquel viaje de Alicia la sirve para comprender que uno tiene que ser él mismo, y que pese a los problemas en nuestra vida diaria, la solución no se encuentra en viajar a mundos imaginarios, sino resolverlos en el nuestro. Un mensaje al que se llega después de contemplar buenos efectos especiales, un desfile de interpretes con talento pasándoselo bien, una dirección artística notable, correcta banda sonora (de Danny Elfman, como de costumbre), un guión flojo y, al fin y al cabo,  un director que sabe que ya no tiene que demostrar mucho y que en los últimos años parece haberse hecho mayor. Su sentido transgresor, su pasión por la fantasía gótica, oscura, plagada de humor negro (pese a todo, siempre accesible al gran publico), salvo alguna excepción (¿un barbero diabolico?), va transformándose en colorido, poca sutileza y, puede, una mayor desgana.  Aún así, sigue siendo una buena elección sentarse en un cine y ver cada daño lo que hace. Porque, aunque es cierto que su ultima película realmente destacable fue Sleepy Hollow (1999), tengo que admitir que derramé algunas (bastantes) lagrimas con el final de Big Fish (2003) o que ésta Alicia, aunque no sea ni de lejos un Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), tampoco es El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001).

Valoración (0 a 5): 3



Leer critica Alicia en el país de las maravillas en Muchocine.net

miércoles, 14 de abril de 2010

Furia de titanes (Clash of the Titans, 2010)



Recuerdo Furia de titanes (Clash of the Titans, 1981) como una película entretenida. La recuerdo dentro de un viaje nostálgico cuyo vehiculo es mi mente. Pero si de algo realmente me acuerdo, es de los efectos especiales en stop motion del gran Ray Harryhausen. Más aún, pues se trató de su última aportación al cine. Recuerdo los escorpiones de gran tamaño, a Medusa, al Kraken,  Pegaso, Cancerbero o al barquero de los muertos. Todas esas imágenes, que siguen sin perder su encanto y, sobretodo, su magia hoy en día, son las que hacen de Furia de titanes una obra de culto más allá de que, admitámoslo, se quede lejos de una obra maestra como Jason y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963) o aventuras varias de Simbad o Hércules. El verdadero punto fuerte de aquel Furia de titanes es la lucha contra la gorgona Medusa, que convertía en piedra a quien la mirase a los ojos. No solo podemos considerar dichos minutos lo mejor de la película, sino lo de lo mejor del cine de aventuras mitológicas (o no) en general. A parte, una vez más, brillante criatura creada por el citado Harryhausen. Y comento esto porque, precisamente, con la visión de la nueva Medusa creada para el remake que nos ocupa, generada por ordenador, sin pizca de alma y con una cara más bonita, nos hacemos una idea de lo que acontece en el conjunto. Eso es la nuevo Furia de titanes: generada por ordenador, sin alma y con un lavado de cara para hacerlo todo más espectacular y, en cierto modo, más bonito.


Pero, qué queréis que os diga. Los efectos especiales, salvo el clímax final en el cual vemos a un gigantesco Kraken, no son para tirar cohetes. La espectacularidad se basa en aumentar el tamaño de las criaturas (además del citado Kraken, prestar atención a los escorpiones, pues del tamaño de un león en la original pasan a ser una especie de Gozdilla con varias patas) y en hacer que los protagonistas y secundarios peguen más gritos, maldigan más a los dioses y suelten frases heroicas y concisas. Otros cambios más o menos destacables: el caballo alado Pegaso ya no es blanco, sino negro, y, o no estuve atento y no vi al perro diabólico Carcebero o es que realmente se olvidaron de él hasta para un cameo. Eso si, el barquero aparece, a modo Skeletor, y tenemos un pequeño guiño al búho metálico. Por lo demás, el nuevo Perseo, interpretado por el ascendente Sam Worthington –destinado, si todo va a bien, a ser la principal estrella taquillera de comienzos del siglo XXI) tiene menos carisma que las patatas fritas sin sal. Solo tiene dos gestos, y se repiten durante hora y media. No pienso que sea culpa del actor, ya que en Terminator Salvation (2009) y un poco en Avatar (2009) demostró tener algo de talento, pero creo que su director, el francés Louis Leterrier, no es el más indicado para sacar buenas interpretaciones de actores aún con mucho que demostrar. Eso y que, además, todo en Furia de titanes parece hecho de carrerilla, en una lucha contrarreloj por no pasarse de un "modesto" presupuesto (más tarde aumentado con el erróneo traspaso a tres dimensiones) y preocupándose más por el ruido que por las nueces.


No obstante, después de todo lo dicho, de todos los errores evidentes del remake, de haber esperado algo grande y haber encontrado algo pequeño, no puedo suspenderla. No soy capaz. No sé si es porque salen Liam Neeson y Ralph Fiennes pasándoselo pipa interpretando, sin mucha vergüenza, a los dioses Zeus y Hades, respectivamente. No sé si es porque, al fin y al cabo, sus cien minutos (quince menos que la original) se me pasaron volando aunque todo me importase un carajo. No sé si es porque algunos decorados, más clásicos de lo esperado, me remitían directamente a la antigua, o porque algunos efectos especiales me llevaron a mi época pre adolescente cuando flipaba con la peli de Mortal Kombat (1995). O puede que Gemma Arterton esté muy buena. La verdad es que, no salí cabreado del cine. No eche pestes tipo “sacrilegio”, “horror”, “insulto a la original”. Tal vez si pensé que Leterrier no es la persona indicada para encargarse de este tipo de superproducciones -aunque si de productos de serie B tan entretenidos como su Transporter 2 (2005)-, que espero que el remake que se avecina de Jason y los argonautas sea algo más que un divertimento tan olvidable, y que, si quieren hacer películas en 3d, las hagan así desde el principio de la filmación, y no, como es el caso, en post producción y con prisas. Yo no fui tonto, y no pagué los dos euros de más porque ya me informé sobre la chapuza (fotografía oscura, escenas de acción mareantes, nulo efecto de profundidad).

Valoración (0 a 5): 2,5


miércoles, 17 de febrero de 2010

El hombre lobo (The Wolfman, 2010)


El mito del hombre lobo lleva existiendo siglos dentro de la cultura popular. En general es una figura puramente fantástica, aunque hay unos cuantos que creen en su existencia. En ese sentido, más bien deberíamos hablar del licántropo. Se suelen confundir los términos, cuando éste último puede ser un hombre que no ha sufrido ningún cambio físico, encontrándose la condición en su propia psiquis trastornada. El hombre lobo, el mito fantástico, es un ser monstruoso cuya fuerza y agresividad superan las de cualquier ser humano, aunque en parte siga siéndolo. El cine empezó a tratar al personaje en Werewolf in London (1935), aunque no fue hasta El hombro lobo (The Wolf Man, 1941), producida por la Universal, cuando fuera visto en su perfil más reconocible actualmente. A partir de ahí, decenas de películas han puesto, mejor o mayormente peor, su granito de arena al tema. Desde clásicos como Aullidos (The Howling), Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London), curiosamente ambas estrenadas el mismo año, en 1981, hasta los blandengues (y digitales) referentes modernos de Van Helsing (2004) o Luna nueva (New Moon, 2009), pasando por el licántropo español encarnado en numerosas ocasiones por el recientemente fallecido Paul Naschy.


La película que nos ocupa viene a actualizar la obra de 1941. Su protagonista y productor, Benicio del Toro, se ha declarado incontables veces fan absoluto del personaje, su mitología y el cine de terror clásico. Ahora bien, Nicolas Cage también es un devorador de todo lo relacionado con el motorista fantasma, tatuaje incluido. Pese a ello, quien haya sido torturado con la adaptación que protagonizó para la gran pantalla sabrá que su afición no es motivo para que las cosas salgan bien. No os asustéis. El hombre lobo dista mucho, para bien, de tan magna obra de arte con un motorista diabólico que “bebe” vasos de lacasitos. Aún así, la sensación que deja éste moderno hombre lobo es la que muchos han descrito desde la primera sesión. No es una mala película, pero tampoco lo suficientemente buena. Es superior a varias de las cosas que hemos visto en años recientes dentro del subgénero, pero la falta un hervor, o varios, para ser el adecuado representante para nuevas generaciones de aficionados. Esa era la motivación de sus responsables si nos fiamos de sus entrevistas: crear para los jóvenes de hoy una película que significase lo mismo que la de 1941 para sus respectivos espectadores.



A decir verdad, no se puede negar que sea entretenida. Se ve sin problemas, aunque el problema, valga la redundancia, llega cuando al rato de salir de la sala a penas recuerdas dos o tres escenas. Una golosina visual que podría haber sido una gran película. Ahí están las buenas interpretaciones de su acertado casting, con Benicio del Toro, Hugo Weaving y un Anthony Hopkins esperando a cobrar el cheque y, pese a ello, dando otro recital de cómo actuar de forma convincente, a la cabeza. Tenemos también una atmosfera notable, unos efectos efectos especiales casi siempre correctos y buenas dosis de cuerpos desmembrados. Entonces, una de dos, o lo que falla es un guión poco desarrollado del otras veces muy eficiente Andrew Kevin Walker, o el problema ha sido su complicado rodaje y la aún más conflictiva post producción. Y es que, aunque lo hayan intentado camuflar, se nota en varias ocasiones que se les fue de las manos lo que tenían pensado. Aquí es donde podría entrar su director, el poco apropiado Joe Johnston, que ya demostró en Parque jurasico 3 (Jurassic Park 3, 2001) que lo suyo no es manejar presupuestos holgados (el de El hombre lobo ronda los 100 y 150 millones de dólares, según la fuente).


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lunes, 15 de febrero de 2010

El padrastro (The Stepfather, 2009)


Cuando vas a comprar el pan a una panadería normal y corriente, adquieres la barra y luego la pruebas de camino a casa, piensas “que crujiente, que rica”. En cambio, vas a un horno sofisticado de una pastelería profesional, adquieres tu barra y de camino a casa, al darle un bocado, piensas “esto si es pan”. Una película como la que nos ocupa lleva consigo, desde su concepción, el mal menor del primer ejemplo. Esto es, puede salir una película mucho mejor, y seguramente sus responsables lo saben, pero piensan que con hornearla lo justo, de forma más o menos rápida y ponerla a la venta lo antes posible, aunque nadie quede entusiasmado con su sabor, al menos muchos durante el primer fin de semana pasarán el rato y, de paso, les devolverán el dinero que ha costado su fabricación. Los ingredientes ya los conocemos: un director televisivo y/o de videos musicales, novato en la gran pantalla, que por un módico contrato pone en imágenes, de la forma más correcta y funcional posible, un guión que sirve como excusa para el condimento. Ese condimento es algún que otro momento de suspense, algún que otro de terror con violencia soft (cosas del PG13) y otro tanto de cuerpos jóvenes expuestos con poca ropa (pero sin enseñar nada, faltaría) aunque se encuentren estudiando o manteniendo una charla sobre el devenir del mundo.


Lo curioso es que, aunque la formula esté agotada desde hace décadas, aunque conozcamos la historia no sólo de su modelo a remakear (el pequeño clásico homónimo de 1987), sino de tantas otras imitaciones, aún así, coño, entretiene. Como aquel pan que no es nada del otro jueves, pero sin embargo cumple su cometido de acompañar bien cualquier almuerzo. Son un tipo de películas tan medidas, tan difíciles de cuestionar dentro de determinado nivel (bajo) de exigencia, que se hacen simpáticas. Da igual que todo pase tan rápido que no te de tiempo para hacer demasiadas preguntas (de ahí la táctica de estos guiones), que al minuto diez ya sepamos quien es el malo, que motivaciones tiene con la mujer que acaba de conocer (de la nada, en un súper, preguntándola sobre una salsa y al poco están pensando en casarse) y cual será el desenlace. Cierto es que un mayor desarrollo de los personajes hubiera conseguido que nos sintamos metidos en la trama, que la saboreásemos con el pan de horno profesional, pero lo que queda, sin saber mal, trasciende lo que dura el bocado. Luego, el olvido más profundo. Tal vez por eso, horas después de verla, no puedo contaros mucho más.




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sábado, 12 de diciembre de 2009

Hermandad de sangre (Sorority Row, 2009)



Aunque muy pocos se acuerden y muchos menos tengan noción de ello, en 1983 se estrenó Siete mujeres atrapadas (The House on Sorority Row), uno de los muchos slasher surgidos en aquella década y la posterior. Aunque se trata de un titulo de culto para algunos fans acérrimos del subgénero, no ha sido hasta ahora cuando los productores se han acordado de ella para hacer un remake. Tal vez se dieron cuenta de que habían terminado de remakear todos los slasher más populares y rebuscaron bien hasta llegar a ella. El caso es que Hermandad de sangre, pese a ser su remake, también podría serlo de Se lo que hicisteis el ultimo verano (I Know What You Did Last Summer, 1999). Un grupo de chicas, amigas de la hermandad universitaria, pretenden gastar una broma bastante cruel a un chico, y acaba con una accidental muerte, un cadáver escondido y dispares reacciones entre ellas. Unas piensan que es mejor avisar a la policía, pues no podrán soportar el peso de lo sucedido, pero otras creen que lo mejor es olvidarlo y seguir con sus vidas. Finalmente hacen un pacto de silencio.


Ocho meses después, en su graduación, reciben el típico mensaje de, efectivamente, “se lo que hicisteis”. ¿Quién más lo sabía? ¿Tal vez no murió y ahora busca venganza? Pues ya se sabe, un psicópata encapuchado irá mermando el grupo hasta despejar la incógnita. Lo bueno de Hermandad de sangre es que, a diferencia de bodrios pasteleros como Una noche morir (Prom Night, 2008) no ha tenido inconveniente en ser calificada R. De ahí que las muertes puedan ser más retorcidas y explicitas, dentro de lo esperable en un slasher creado, sobretodo, para adolescentes. No es que sea original en este apartado, pero al menos despacha algunos asesinatos curiosos. El resto lo forma la esperada dejadez de un producto de consumo rápido. Hermandad de sangre está diseñada para engullir y olvidar a partes iguales, por lo que el único logro esperable, y que más o menos consigue, es no resultar aburrida en sus noventa minutos.

En resumidas cuentas: Pasable



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martes, 15 de septiembre de 2009

San Valentín sangriento 3d (My Bloody Valentine 3d, 2009)

Un asesino masacra a varios jóvenes en unas viejas minas. Diez años después, uno de los jóvenes, el único que, aún quedándose en la mina logró salir con vida, vuelve al pueblo donde sucedió. Su intención es vender la mina, pues es propietario de acciones de la misma. El reencuentro con su ex pareja y otros conocidos que le acompañaron en el brutal suceso se une al comienzo de una nueva oleada de muertes, que tienen como sospechoso al mismo asesino de hace diez años.

Esto de las tres dimensiones tiene su lado nostálgico. Que tiempos aquellos en los que la ingenuidad nos hacia creer que El gran tiburón (Jaws 3d, 1983) o Pesadilla final, la muerte de Freddy (Freddy´s Dead: The Final Nightmare, 1991), con sus ramplones efectos tridimensionales, eran toda una experiencia cinematográfica. Desde entonces, la tecnología ha avanzado, y esas molestas gafas de colorines que se necesitaban para ver las escenas cumbre de dichas películas, se han perdido en el tiempo. Acudí al cine a ver San Valentín sangriento (My Bloody Valentine) con la única motivación de comprobar tan nostálgico efecto visual en una película de terror de las de ahora. Y obviamente, para comprobar, cines IMAX a parte, como ha avanzado realmente la tecnología del celuloide en este campo. No obstante, para comprender realmente el cambio, tenemos Up en cartelera, o habrá que esperar a otras como, sobretodo, la esperadísima Avatar, cuyo trailer, también en 3d, se puede disfrutar en el pase de la película que nos ocupa.

San Valentín sangriento es un remake de la película homónima de 1981. Aquella, pese a no ser gran cosa, es uno de los slashers más recordados de la época dorada del subgénero. Para los aficionados, claro. No obstante, aunque sea un remake, y aunque muchos de los espectadores que irán a verla no conocen el original, no hace la menor falta. Hablamos de un slasher calcado, determinados elementos a parte, a la mayoría de lo que hemos visto año tras año en la gran y en la pequeña pantalla. Cualquiera que se produce actualmente lleva consigo dicho parentesco, o más bien deja vu. Es por ello que hacer paralelismos y/o comparaciones con la obra original resulta tarea absurda, además de aburrida. Este remake mantiene la línea del reciente Viernes 13 (Friday the 13th, 2009), es decir, una vuelta a los tiempos hardcore del subgénero: asesinatos bastante sangrientos, pocos prejuicios a la hora de mostrar desnudos y sexo, etc. Lejos del tono soft y pastelazo posterior a Scream, vigila quien llama (Scream, 1996), pero contando con la misma estructura y (manoseadas) soluciones de guión.

Hablamos de una película que se puede ver de dos formas. Dentro de estas dos formas, puede pasar de ser curiosa, simpática, entretenida, a ser directamente prescindible. Si la vemos en 3d, el formato para el cual está ideada, resulta una experiencia, sino cien por cien gratificante, al menos interesante como golosina visual (ver, pasar el rato sin problemas, olvidar). Ahora bien, sin este detalle, se transforma en otro mediocre remake sin mayor aliciente que algunas rebuscadas muertes teñidas de gore. Más aún cuando el supuesto giro final inesperado no es más que el refrito del mismo giro que hemos visto una y otra vez de unas décadas a esta parte.

Lo mejor: Ver los sangrientos asesinatos en tres dimensiones.

Lo peor: Lo mediocre que es en realidad si dejamos pasar las artimañas visuales.

Valoración (0 a10): 5,5 (3d); 3,5 (2d)

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viernes, 5 de junio de 2009

Presencias extrañas (The Univited, 2009)


Una adolescente es testigo de la explosión de su casa, en la que se encontraba su madre. Varios meses después, tras pasar por un hospital psiquiátrico, obtiene el permiso para volver a su vida de antes, junto a su padre y su hermana. La convivencia se ve dañada por la nueva e inquietante novia de su padre. Dispuestas a conocer la verdad acerca de dicha mujer, ambas hermanas indagarán en su pasado, lo que las llevará a descubrir oscuros secretos.

Cuando Hollywood vio el filón del nuevo terror oriental no dudo en sacarle el máximo provecho. La formula funcionó sin problemas en La señal (The Ring, 2002) y El grito (The Grudge, 2004). Ambas cosecharon importantes éxitos comerciales, y también convencieron a la audiencia. El problema llegó justo después. Y es que la lista de remakes surgida posteriormente ha dado más penas que alegrías, en todos los sentidos. Sin ir más lejos, tanto La señal 2 (The Ring Twoo, 2005) como El grito 2 (The Grudge 2, 2006) no consiguieron acercarse al éxito de sus precedentes, ni tampoco a sus aciertos artísticos. Lo que no ha sido problema para que ya tengamos (en formato domestico) una tercera de El grito, y dicen que el año que viene una tercera de La señal, puede que en cines. Otros remakes han sido La huella (Dark Water, 2005), Llamada perdida (One Missed Call, 2008), Retratos del más allá (Shutter, 2008), Pulse (2006), The Eye (2008), o Reflejos (Mirrors, 2008). Estas nuevas versiones se caracterizan, casi siempre, por unos guiones calcados de los originales, pero añadiendo pequeñas variaciones para hacerlas más accesibles al publico occidental. En ocasiones es un acierto (pues algunas de las originales confunden complejidad con confusión), aunque en otras le quita toda la gracia al asunto.

Presencias extrañas, remake de la magnifica Dos hermanas (Janghwa, Hongryeon, 2003), se encuentra en la zona media de tan particular club. No deja de ser prescindible, pero al menos no es insultante. Si uno la ve sin conocer el original, se encontrará con un thriller de terror predecible, aunque siempre decente. Para el que ya conozca Dos hermanas, podrá ser un pasatiempo más o menos funcional, o un remake mediocre más. Lo cierto es que la dirección de los desconocidos hermanos Guard es plana y falta de garra, al contrario que la extraña y melancólica ralización de Ji-woon Kim. El guión observa de cerca lo ya contado, pero se distancia en cierto tono. A parte de, como era de esperar, hacer más sencillo el entramado, Presencias extrañas tira más hacia el thriller convencional que al terror puro y duro. Digamos, que es un producto elaborado plano por plano para el sector femenino (sobretodo adolescente) aficionado al terror multiplex. Pese a todo, no resulta tan desdeñable en su conjunto. Hay una buena fotografía, y una banda sonora bastante aceptable. Los intérpretes cumplen, en especial los adultos. Y sus ochenta minutos de duración se dejan ver con la misma facilidad con la que justo después se olvidan.

Lo mejor: Que dentro de lo malo, podría haber sido mucho peor.

Lo peor: Qué sigan dando la plasta con remakes de una moda de películas que ya de por sí perdió su interés hace años.

Valoración (0 a 10): 5

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jueves, 21 de mayo de 2009

Llamada perdida (One Missed Call, 2008)


Una chica recibe una llamada perdida a su teléfono móvil Al contestar, se escucha a ella misma en el momento de su muerte varios días después. Efectivamente, tal llamada no era una broma, sino un mensaje que anuncia su destino. La misteriosa melodía se ira apoderando de cada uno de los móviles de sus amigos.

Terrible. De todos modos, Llamada perdida era carne de cañón desde el anuncio de su rodaje. Los remakes del último terror oriental ya agotaron la formula hace años. Y si además coges como modelo una floja imitación de otras tantas, como fue Llamada perdida (Chakushin ari, 2003), es fácil caer en picado. Así ha sido. A penas recuerdo dos escenas de la original, que casualmente se repiten, más o menos, en el remake. Lo cierto es que Llamada perdida no se quedo en mi memoria más allá de la cena después del cine. Es por ello que hacer comparaciones entre ambas es tarea harto complicada. Por tanto, pasemos a hablar de la que nos concierne. Esta Llamada perdida, ya de partida resulta una gilipollez. Se trata de un fantasma modernete que caza a sus victimas a través de los móviles, mirando en su lista de contactos y metiéndoles un caramelo en la boca. Todo esto quedaría bien en una parodia, o una comedia de terror, pero se lo toman en serio. El problema no es que sea inverosímil. El género de terror nos ha ofrecido desde los inicios películas con historias increíbles, y no por ello hemos dejado de adentrarnos en ellas, pasar miedo e interesarnos por la siguiente escena.

Lo que ocurre con Llamada perdida es que está mal hecha. A partir de ahí, es muy difícil tragarse algo. Los intérpretes no se creen el guión, ni hacen por creérselo. La dirección es plana. Y lo peor de todo es que el guionista pretende dar sentido a la historia, utilizando de los típicos giros arguméntales. Luego cometen el error usual de meter a porrillo efectos especiales digitales que no vienen a cuento. ¿No serían las apariciones fantasmales más creíbles con un buen, y más barato, trabajo de maquillaje y proteicos varios?
Al menos, estos remakes ya parecen tener los días contados. Pero aún nos queda comprobar que han hecho en Presencias extrañas (The Univited, 2009) con la genial Dos hermanas (Janghwa, Hongryeron, 2003).

Lo mejor: Su duración no llega ni a los ochenta minutos.

Lo peor: Qué parezca una película diseñada con la idea de vender los dichosos politonos del conocido tono del móvil maldito, y no para inquietar un poco al espectador.

Valoración (0 a 10): 2,5

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martes, 19 de mayo de 2009

Funny Games (2008)


Una familia recibe la visita de dos jóvenes de la vecindad. Aunque en principio parezcan inofensivos, su intención no es otra que jugar a un macabro juego. Se trata de una apuesta ¿llegareis vivos a mañana?

Michael Haneke es uno de esos directores que, toque el género que toque, sabes que no ofrecerá algo convencional. Hace un tipo de películas de esas que se aman o se odian. Todo consiste en conectar desde el principio con lo que propone, o directamente desconectar. Cuando dirigió Juegos divertidos (Funny Games, 1997), hizo desconectar a muchos espectadores, pero también ganó numerosos incondicionales. Y es que aquella película, aparentemente una más de terror y torturas, lograba transmitir mediante una crueldad sugestiva (la violencia casi siempre es intuida, no mostrada), así como macabros e inteligentes guiños al espectador, una realidad cotidiana. Una realidad camuflada en celuloide, en arte u ocio. Sin embargo, antes, durante y después del visionado de la película, es algo que ocurre a diario a lo largo y ancho del planeta. La violencia gratuita, la violencia y el crimen por puro aburrimiento. Nosotros elegimos durante las dos horas que dura Funny Games si somos cómplices de dicha locura. Lo curioso es que, aunque cualquiera pueda detestar los actos de los asesinos que juegan con la familia, vemos una y otra vez películas que manejan cartas similares. Sean más o menos realistas que ésta. Se supone, por tanto, y lo afirma el propio director, que Funny Games utiliza la cruel situación que acontece para comprobar hasta que punto es falso el ser humano. ¿No es cierto que, como sucedía en la introducción de Tesis (1997), la mayoría de la gente se para, por puro morbo, para intentar ver al muerto de un accidente?

Ahora bien, el Funny Games que nos ocupa es difícil de evaluar. Haneke viaja a Hollywood para hacer un remake, plano por plano, de su propia película. Lo único que cambia son los intérpretes. Sin menospreciar las magnificas actuaciones de los anteriores protagonistas, hay que admitir que Naomi Watts (también productora ejecutiva), Tim Roth, Michael Pitt y Brady Corbet están inmensos. Tanto, que consiguen crear interés y angustiar del mismo modo que lo hacia la original, con la diferencia de que, los que la vimos, sabemos lo que va a suceder. Y hasta aquí los cambios. El resto, incluso la agresiva canción que abre y cierra los créditos, es lo mismo. Si estoy a favor de éste remake es por lo siguiente. Todos sabemos que tal como están las cosas terminarían haciéndolo, ya sea con Haneke o con cualquier otro. Él acepó el proyecto, por interés económico u otros motivos. Pero, al fin y al cabo, si la idea del remake es hacer llegar al publico americano (que no lee subtítulos) dicha obra, mejor que se la den calcada al original a que hagan un estropicio descafeinado y accesible a los adolescentes. De este modo, la obra queda intacta. Aún así, ya que Haneke está al mando, hubiera preferido que intentase mejorar ciertos aspectos (la media hora, excesivamente lenta, previa al clímax final), o que hubiese añadido algún que otro elemento novedoso que no afectase a lo ya conocido.

Lo mejor: Todos y cada uno de los protagonistas.

Lo peor: Según como se mire, que es lo mismo, plano por plano, de lo que ya conocemos.

Valoración (0 a 10): 8

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lunes, 16 de marzo de 2009

Quarantine (2008)


Una reportera y su cámara acompañan a dos bomberos durante la noche en su trabajo. Una llamada les llevará a un bloque de pisos en el que una anciana parece enferma. En realidad, esa anciana ha sido infectada con un virus que la convierte en una especie de zombi con ganas de carne humana. El bloque es puesto en cuarentena, y la infección se propaga rápidamente entre los que se encuentran dentro, sin posibilidad de salir.

Para evaluar con suficiente criterio una película como Quarantine, primero debemos posicionarnos en torno a la moral de cada uno en cuanto a este tipo de remakes. Hacer un remake en tan solo un año de una película de éxito, como en este caso es la española Rec, resulta a todas luces innecesario visto de un modo, digamos lógico. Pero si entendemos el remake como una forma de que en Estados Unidos (país donde no existe el doblaje y toda película extranjera suele pasar desapercibida) vean una película que, de otro modo, no sabrían de su existencia, pues puede tener algo de valor. En este caso, lo hay que valorar es que, como remake, se encuentre a la altura de las circunstancias y pueda ofrecer a dicho publico lo que, en su momento, la original nos ofreció a nosotros. Pero, aun así, conociendo ya su referente (al que copia, literalmente, en un setenta por ciento) es difícil sacar una conclusión. Y es que si Quarantine llegase a mis manos sin existir Rec, o al menos sin saber de la existencia de aquella, mi opinión sería de lo más favorable. Pero, desgraciadamente, ya he visto Rec unas cuantas veces.

Digamos entonces que Quarantine, aunque inferior a su original (los cambios que ofrece en varias ocasiones lo que hacen es perjudicar al conjunto, con una narración irregular y quince minutos más de duración que entorpecen el impacto) se puede considerar un digno producto para quien busque emociones fuertes en el cine de terror. La película coge cosas buenas del original (en la que prácticamente todo era magnifico) para adaptarlas, a veces de forma mimética (la primera victima, la caída del bombero desde lo alto de las escaleras, el susto de la niña, el clímax final) o variando ciertas cosas en el camino (la presentación en el cuartel de bomberos sobretodo), además de añadir algunas cosillas de cosecha propia (el perro rabioso, el ataque de la rata o ese genial momento del golpeo con la cámara a uno de los infectados). Sus interpretes no están tan espontáneos como en la original (y sobretodo, es imprescindible verla en versión original, pues una película de estas características doblada pierde todo su encanto), aunque Jennifer Carpenter hace un buen trabajo como Angela Vidal (ni el nombre han cambiado), la periodista que acompaña a los bomberos al particular infierno que les espera.

Lo mejor: Algunas novedades interesantes respecto al original.

Lo peor: Que para los que ya hemos visto la original hace tan solo un año, la sensación de deja vu es constante.

Valoración (0 a 10): 5

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