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sábado, 27 de noviembre de 2010

Vampire Girl vs. Frankenstein Girl (Kyuketsu Shojo tai Shojo Furanken, 2009)


Una vampiresa llamada Noami está enamorada de Mizushima, el chico popular de su clase. Sus intenciones de enamorarlo y quedarse con él para siempre se ven truncadas con la aparición de Keiko, hija del malvado doctor del instituto y que también desea a Mizushima. Se prepara una sangrienta batalla entre ambas.

Lo he dicho más de una vez, pero lo repetiré para los despistados: A los japos se les va mucho la pinza. Ojo, en lo personal me alegro de que así sea, al menos en lo que se refiere al cine. Si bien los franceses están demostrando en los últimos años que son los mejores a la hora de impactar y crear mal rollo mediante propuestas de terror serias y trascendentales, los japoneses hacen lo propio (cambiando el mal, por el buen rollo) con sus nuevos splatters bizarros.

El responsable de Vampire Girl vs. Frankenstein Girl es el gurú de esta “nueva” tendencia. Su nombre, Yoshihiro Nishimura. Un freak de tomo y lomo que recientemente acudió al festival de Sitges en pañales haciendo una surrealista performance con un monstruoso feto de plástico atado a un largo cordón umbilical (¡!). De entre sus joyitas hardcore destaca por derecho propio la potente Tokyo Gore Police (Tokyo zankoku keisatsu, 2008). La que nos ocupa, si bien en una línea parecida, se encuentra un escalón por debajo en su conjunto.

Nishimura es un hombre para todo. Dirige, escribe, actúa, produce y crea excelentes efectos especiales y de maquillaje. Haciendo buena la teoría de que los japoneses no paran, en su filmografía aparecen nuevas propuestas a cada rato, por lo que, al igual que sucede con, por ejemplo, Takashi Miike, es difícil seguirle la pista por completo. Es un tipo que, se nota, lo pasa en grande haciendo sus películas, algo que suele impregnar el resultado y se contagia al espectador cómplice de sus desvaríos.

Antes dije que Vampire Girl vs. Frankenstein Girl estaba un escalón por debajo de sus mejores trabajos. No quiere decir esto que sea decepcionante en lo que propone, sino que, con tanto trabajo, es normal que haya irregularidades. Aún así, se trata de un producto delirante, bruto, desquiciado y bastante original.

La formula es conocida; rodearse de jóvenes y espectaculares japonesitas, algún que otro joven con aspecto de estrella del pop, muchos freaks en estado de embriaguez y alargar una historia simple mediante set pieces ultragore donde todo tiene cabida. Así, en esta propuesta no faltan desmembramientos, pechos que disparan todo tipo de artilugios, interminables chorros de sangre e incluso penes en propulsión. Todo ello dentro de un argumento que, sobre el papel, podría recordar a romances adolescentes crepúsculocos. Obviamente, pasado por el filtro Nishimura.

El problema de esta misma, o de otras de la nueva ola del splatter japo, es su duración. A veces, ni siquiera una duración estándar resulta convincente para lo que se cuenta. El cúmulo de salvajadas funciona para mantener al espectador entretenido, pero puede terminar cansando. Hay en Vampire Girl vs. Frankenstein Girl algunos momentos que dejan de funcionar por acumulación, puesto que ya no sorprenden. Tal vez, aunque hay excepciones como la antes citada Tokyo Gore Police u alguna otra también con Nishimura en los créditos como Machine Girl (Kataude mashin garu, 2008), son un tipo de película que funcionarían mejor como mediometraje.

Nos quedan, entre frenéticas explosiones de gore, algunos personajes bastante divertidos como el club de chicas que quieren ser negras o, dentro de un humor realmente negro, otro club, el de las chicas con afición por cortarse las venas (ya se sabe que por allá es un método suicida muy utilizado). Por lo demás, no deja de ser una película curiosa de ver la primera vez y que, en posteriores visionados, puede ser utilizada para probar la selección escenas del Dvd.

domingo, 4 de julio de 2010

La saga Crepúsculo: Eclipse (The Twilight Saga: Elipse, 2010)


La saga Crepúsculo se ha convertido, sobretodo con sus, hasta le fecha, dos secuelas, en un poderoso fenómeno social. No obstante, el traspaso al celuloide de las exitosas novelas de Stephenie Meyer despierta tantas pasiones como odios. Pasiones que despierta, a fin de cuentas, en el publico mayoritario al que van dirigidas: adolescentes, preferiblemente del sexo femenino. Ellas han respondido de forma espectacular a las tres películas, dejando ingentes cantidades de dinero en las taquillas. Por mucho que en cualquier rincón de Internet se puedan leer muchas opiniones negativas sobre éstas adaptaciones (y también sobre los libros), la realidad es que Crepúsculo (Twilight, 2008) gustó bastante a sus fans. De ahí que los 392 millones de dólares que amasó, alrededor del mundo, la primera entrega, se pasó a los, atención, 709 millones de la segunda, La saga Crepúsculo: Luna Nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009). Lejos de agotarse el fenómeno, la nueva entrega que nos ocupa ya se ha hecho, en sólo cuatro días en Estados Unidos, con 171 millones. Y aún queda por estrenarse la ultima parte, que llegará dividida en dos volúmenes y que se estrenarán con varios meses de diferencia y, posiblemente, en tres dimensiones. El triunfo comercial es más grande aún si se compara con sus presupuestos. Y es que, pese a que sus responsables sabían que contaban con un éxito en potencia, decidieron invertir exiguas cantidades de dinero en su producción: La primera costó tan solo 35 millones, que subieron a 50 millones en la segunda y, se estima, cerca de 65 millones en la tercera.


Para el aficionado al cine de vampiros “de verdad”, está claro que la saga Crepúsculo no causa ninguna expectación. Ahora bien, hay que intentar ampliar las miras. Más allá de que el relato se centre en amoríos imposibles y un tanto cursis entre vampiros, humanos, y ahora también hombres lobo, es un fenómeno dentro del género fantástico, el que atañe en este blog, que merece al menos el visionado para poder opinar con criterio. Curiosidad, también. No deja de ser la enésima versión camuflada del Romeo y Julieta de William Shakespeare, añadiendo elementos de género soft y algunas variantes como un triangulo amoroso. El porqué ha causado tanto jaleo esta historia se debe al mismo interés que siempre han suscitado en el espectador las historias de amor imposible llevadas a entornos épicos, o más o menos épicos. Ahí están, a parte del citado Romeo y Julieta, películas como Titanic (1997) o Avatar (2009), ambas curiosamente de James Cameron, y ambas taquillazos casi sin precedentes. La historia de amor que nos cuentan en Crepúsculo es ñoña, por momentos demasiado cursi y empalagosa para el que tenga cierta alergia al edulcorante, pero funciona en su justa medida. Cuando vi, sin esperar casi nada, la primera entrega, no puedo decir que me sorprendiera por ser una buena película, pues no lo es, pero si me resultó más amena y funcional de lo que creía. Aguanté sus dos horas sin problemas, y no me pareció insultante como muchas comedias y / o dramas románticos con adolescentes cursis de hoy en día.


La segunda parte pecaba de no tener nada que contar. Tan solo se encargaba de presentar a los hombres lobo, intuidos en la primera, y al personaje principal que saldrá de ellos. Mientras, la joven Bella sigue enamorada del vampiro Edward, e intentando controlar sus hormonas cuando ve al cachas Jacob (el hombre lobo). La dirección pasó de la mediocre Catherine Hardwike al mediocre Chris Weitz, por lo que, en ese sentido, la puesta en escena no notó mejoría alguna, aunque los efectos especiales, sin ser gran cosa, si mejoraron debido al leve aumento de presupuesto. La tercera, sin salirse de los esquelas manidos planteados en las otras dos, es algo mejor. La elección de David Slade cómo director es un acierto, aunque el responsable de Hard Candy (2005) y 30 días de oscuridad (30 days of night, 2007) se ha visto cohibido por los productores a la hora de soltarse y dirigir libremente. Una lastima, pues Eclipse contiene momentos más violentos y oscuros que las otras dos, pero no terminan de explotar. Siempre son los suficientemente light para no “herir sensibilidades”. Un personaje nuevo, el vampiro neófito que lidera un ejercito de, valga la redundancia, vampiros neófitos, podría haber sido un personaje de gran interés, aunque debido a la delicadeza con que se presenta no causa temor alguno. No obstante, es más interesante que los tres personajes principales, o al menos que los sosos Bella y Edward. Esa sosez hace que los innecesariamente largos diálogos románticos que tienen entre ellos resulten intrascendentes por aburridos. Aunque a las fans de los libros supongo que les sabrán al mejor caviar. En lo que mejora Eclipse, a parte de una mayor agilidad en el tempo narrativo a causa de un guión más climático (y no anticlimático, que es lo que sucedía tanto en Crepúsculo como en Luna nueva), es en la aportación de un humor a veces auto parodico, en la mayor presencia de unos secundarios muy correctos, poco utilizados antes, y en la puesta en escena de Slade en escenas puntuales. Sigue siendo insuficiente para calificarla como una buena película, pero es un “comienzo” apropiado para ver que puede hacer el nuevo director, Bill Condon, con las dos que quedan por estrenarse.

Valoración (0 a 5): 2



Leer critica Eclipse en Muchocine.net

sábado, 27 de marzo de 2010

Daybreakers (2010)


Vivimos tiempos de riqueza para los vampiros. Ahora, con la saga Crepúsculo, millones de niñas chorrean de placer viendo vampiros románticos (y bastante sosos) con el torso descubierto. Por tanto, una película como Daybreakers viene a ser la alternativa para los machos, para que éstos chorreen de placer viendo gore y vampiros rudos high tech. Claro que la apuesta que nos ocupa ha salido un tanto sibarita y no será del agrado de todos los que solo busquen eso, y puede que tampoco lo sea de los que busquen mayor trascendencia. Y es que, lo que le sucede a Daybreakers es algo similar a lo que recientemente comentaba respecto a El hombre lobo (The Wolfman, 2010). A partir de una premisa que da para mayores lecturas, se opta por un desarrollo y desenlaces precipitados, ruidosos y a un paso de caer en el fast food, más nutritivo de lo que se podría esperar, pero fast food al fin y al cabo. No deja de ser un espectáculo tan económico en medios como entretenido si no nos ponemos en plan gafapasta. Cualidades tiene: los hermanos de marras -los Spierig, directores, que se dieron a conocer con la estimable Los no muertos (Undead, 2005)- se las apañan para crear decentes set pieces de acción, y el guión propone buenas ideas. Pese a ello, no deja de ser una vuelta de tuerca a lo que leímos en el Soy leyenda (I Am Legend) de Richard Matheson, o vimos en sus respectivas adaptaciones al cine. Pero esta vez la historia nos la cuentan desde el punto de vista de los vampiros y no el de los humanos (o el humano). A partir de ahí, comprobamos que, mande quien mande, se viva de día de noche, se beba whiski o sangre, la mierda sigue donde tiene que estar. Las diferencias entre ricos y pobres son latentes, los alimentos puros (la sangre humana, que va quedando poca) quiere ser ofrecida por elevados precios a la jet set muerde-cuellos, mientras que para los pobres una de dos: o se apañan con la mierda artificial que quieren inventar o se mueren de sed, se beben ellos mismos y se transforman en criaturas tan terribles como un maratón de Gran hermano.



Claro que el héroe deberá entrar en escena, y este no es otro que un vampiro bueno y de conciencia social con los rasgos de Ethan Hawke. Uniéndose a un grupo de humanos rebeldes, comandados por un divertido Willem Dafoe en plan secundario roba-escenas. Este le mostrará al vampiro bueno que tiene el método para que los vampiros vuelvan a ser humanos (una chapuza que básicamente consiste en quemarse hasta estar al borde de la muerte y así despertar como un vil mortal, lo que provoca un divertido juego: si no le gusta el nuevo estado siempre le puede pedir a un compi chupasangre que le de un bocao). Así, Dafoe, Hawke y una mujer que servirá el elemento pseudo romántico de la historia, se unen para dar por saco al jefazo del orden vampirico, Sam Neill. El problema es que, aunque tengan la cura, no parece que haya muchos decididos a volver a ser humanos, y de nuevo tener que pensar en que algún día palmarán. Como apunté en el párrafo anterior, los directores del invento, los hermanos Spierig, dirigen con pulso firme la acción, empapan el conjunto del mismo aire “azulado” que ya vimos en su opera prima, y básicamente, aunque en aquella la amenaza fueran zombis y en esta vampiros, podrían pasar por el mismo aro. Incluso el sangriento clímax final se pretende bastante Romeriano en cuanto a la actuación de los vampiros y el efecto de sus delirantes ataques. Más allá de las escenas de acción, algún que otro apunte de guión y el desprejuicio en mostrar gore por doquier, Daybreakers pasa por una película discreta en su conjunto. Visible, incluso disfrutable en su momento, pero muy fácil de olvidar nada más llegar a casa.

Valoración (0 a 5): 2,5
 

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La saga Crepúsculo: Luna nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009)




No sé si cuando hicieron Crepúsculo (Twilight, 2008) tenían idea de que iba a tratarse de tal fenómeno de masas. Y eso que los libros en los que se basa son auténticas maquinas de hacer dinero. El caso es que aquella película costó unos míseros 35 millones de dólares, algo que, en pantalla, se notó para mal. Aunque ojo, pese a ello, después de tragarme mis prejuicios, me resultó más entretenida y resultona de lo esperado. Es por ello que, dado el mayor fenómeno en el que se ha convertido la segunda entrega, lo mejor es ver para opinar con criterio sobre lo que empuja a tanta gente a seguir apasionadamente tanto los libros como las películas. La conclusión es obvia, pues, al igual que Titanic (1997) se convirtió en la película más taquillera de la historia (sin ajustar la inflación) gracias a su historia de amor imposible llevada a un entorno épico, ésta saga cumple, dentro del género fantástico, las mismas normas. Incluso si vamos más atrás, comprobaremos que la película que es realmente la más vista en cines de la historia, Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939), nos muestra otro amor de final incierto dentro de una situación extraordinaria. Extrapolando todo al contexto adolescente, con vampiros y licántropos de por medio, tenemos la enésima reencarnación de todos esos romances, convenientemente actualizada y con los suficientes añadidos para hacerla una obra “nueva”.

Luna nueva es igual de eficaz y, no buena sino, repito, resultona, que su antecesora. Se nota que hay un mayor trabajo en la fotografía, en la labor de algunos intérpretes, y sobretodo en los efectos especiales. Estos siguen sin ser nada del otro jueves, pero la recreación de los licántropos, la novedad de la secuela, al menos no daña a la vista. No obstante, el presupuesto sigue sin ser holgado (55 millones), por lo que, parece, sus responsables tienen claro que lo que los fans quieren ver, prioritariamente, es la relación entre los personajes principales, sus amores y desamores, y por ello dejan en un segundo plano los aspectos más técnicos. Los diálogos siguen siendo de novela rosa magnificada, pero hay una aproximación certera al “terror” de desamor en la adolescencia, a la locura que puede despertar, en algunos casos, perder ese amor que, por aquel entonces, se piensa eterno. La problemática directora de la primera, Catherine Hardwicke, ha sido sustituida por el más tranquilo Chris Weitz, uno de esos “artesanos” que te hace Un niño grande (About a Boy, 2002) como La brújula dorada (The Golden Compass, 2007). Como era de esperar, el toque indie de Hardwicke se pierde aquí en pro de una dirección más “clasica”. Todo puesto en escena de forma correcta, sin excesos pero de forma competente, sabiendo desde la concepción del proyecto de que está destinado a arrasar hagan lo que hagan.

En resumidas cuentas: Pasable

miércoles, 22 de abril de 2009

Déjame entrar (Lat den ratte komma in, 2008)


Una fuerte amistad surge entre un niño, acosado en la escuela por sus compañeros y cuyos padres están divorciados, y una niña de extraño carácter. De esa amistad surgirá un cariño especial, que se verá obstaculizado por la terrible verdad que ella oculta.

En el número de este mes de la revista Scifiworld, hay una entrevista al escritor y critico de cine Carlos Aguilar. Una de las preguntas viene a ser el porqué, en esto del cine, muchos, aunque no sean entendidos en la materia, hacen su juicio de valor sin ningún tipo de prejuicio. En cambio, en otras artes como la pintura o la arquitectura, son pocos los que se aventuran a opinar, con supuesto criterio, sin conocer el mundo que las rodea. Aguilar respondía “Fíjate que de cine toda la gente se atreve a opinar tajantemente, sea cual sea su nivel cultural o social. Vas en taxi, y el taxista habla de cine. Vas al medico y lo mismo. Vas al notario y lo mismo. Vas a la pescadería y lo mismo (…) todo el mundo se pronuncia, hasta quien menos entiende, y lo hace como si realmente supiera (…) nadie habla con esa contundencia de otras materias, que justamente reservan para los especialistas”. Esto viene a cuento porque Déjame entrar, aclamada en multitud de festivales dedicados al fantastique y que se ha creado un culto entre una legión de aficionados, sorprendentemente ha conocido estreno comercial en nuestro país. Lo que viene a ser que, gran parte del publico que abarrota cualquier multicine de centro comercial, saldrá echando pestes y haciendo valedor su criterio sobre la supuesta mierda que ha pagado por ver. Los mismos que, probablemente, hace poco babearon con una tontería como Crepúsculo (Twilight, 2008). Y es que Crepúsculo es a Déjame entrar lo que, por ejemplo, El efecto mariposa (The Butterfly Effect, 2004) es a Donnie Darko (ídem, 2001). Es decir, una historia, de base similar, pero accesibilidad complaciente y juvenil, contra otra netamente adulta y necesitada de una digestión más lenta, aunque también más sana y gratificante.

Centrándonos en la película y apartando la divagación para otro debate, decir que Déjame entrar es todo lo que se venia diciendo de ella. En muchas ocasiones sucede, que cuando algo es puesto por las nubes durante meses, crea unas expectativas desmesuradas, que difícilmente son igualadas o superadas cuando lo tenemos delante. Pero a veces también sucede que esa maravilla tan laureada corresponde a cualquier expectativa. Este es uno de esos casos. A cualquiera que le apasione el cine de vampiros, Déjame entrar le supondrá un chute del mejor cine visto en años. De no ser así, que obviamente es igual de respetable, es difícil de asumir que, gustos personales a parte, alguien pueda decir que se trata de una mala película. Estamos ante una bellísima, sutil y no por ello a ratos malsana historia de amor. No es terror. Tampoco presenciamos el erotismo y el gore característicos de parte del subgénero. Hayamos en Déjame entrar es un cuento de hadas sombrío, de inteligente tempo pausado e imágenes poéticas. De miradas y diálogos susurrados. Una rareza dentro del cine comercial, que por ello, además de sus muchos aciertos artísticos, destaca desde el primer momento.

Déjame entrar está basada en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist, quien también se ha encargado de escribir el guión. A partir del libreto, el director Tomas Alfredson, nuevo en esto del cine de género, construye una sinfonía de imágenes perturbadoras, algo a lo que ayuda la magnifica interpretación de los dos jóvenes protagonistas. Entre ellos hay una química brutal, que nos encierra desde su primer encuentro en una extraña historia de amor platónico. También se hace hincapié, no solo en la historia de amor y amistad que surge entre ambos, sino en el tristemente de moda tema del bullying, o acoso escolar. Todo concentrado en cerca de dos horas de cine visceral. Cine que no llegará igual a todo el mundo, pero que dejará huella a quienes conecten con él. De esas raras veces que, durante el visionado, te invade la sensación de desear que la función se alargué unas horas más.

Lo mejor: Prácticamente todo. La sutileza del guión, la maestría en la dirección, el poder visual del diseño artístico y la fotografía, las interpretaciones, la banda sonora…

Lo peor: Que propuestas difíciles y originales como ésta, de carácter minoritario, nos lleguen contadas a los cines españoles, por olvido o poco interés de las distribuidoras.

Valoración (0 a 10): 9

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viernes, 28 de noviembre de 2008

Jóvenes ocultos (The Lost Boys, 1987)


Dos hermanos se mudan con su madre a Santa Ana, una pequeña ciudad de California. El mayor, atraído por una chica, se dará de bruces con un grupo de jóvenes que son bastante más de lo que aparentan: por la noche salen a cazar personas con sus colmillos.

Ahora que los vampiros adolescentes se han puesto más de moda que nunca con el gran éxito de Crepúsculo (Twilight, 2008), es hora de recordar la que fue un icono popular en su tiempo (y en parte lo sigue siendo), y que también contaba con vampiros jovencitos, una historia de amor imposible entre humano y chupasangre, y problemas de por medio con los de su especie. Claro que, pese al razonable parecido de los ingredientes, Jóvenes ocultos es otra cosa. Y lo es, porque Jóvenes ocultos si se trata de una película de vampiros en toda regla, y no de un festival rosa para chavales. Y lo es también, porque tenemos en pantalla a un mítico Kiefer Sutherland como villano, en un papel que, en cierto modo, no dista mucho del macarra que interpretó para Cuenta conmigo (Stand By Me, 1986). Y no nos olvidemos del divertidísimo Corey Feldman, otrora rey del cine juvenil, formando un dúo cazavampiros con Jamison Newlander. Ambos, cada vez que aparecen, se comen la pantalla.

Jóvenes ocultos fue dirigida por irregular Joel Schumacher, un tipo al que muchos aun se la tenemos jurada por estar detrás de ese esperpento llamado Batman y Robin (Batman & Robin, 1997) y, en parte, también por Batman Forever (ídem, 1995), pero al que hay que agradecerle peliculones del calibre de Un día de furia (Falling Down, 1993) y Ultima llamada (Phone Booth, 2002) u otras tan interesantes como la infravalorada Asesinato en 8 milímetros (8mm, 1999) o Tigerland (ídem, 2000). En la producción tuvo a Richard Donner, que aunque ahora ande un poco perdido, antes era un valor seguro. Y que decir de su reparto; un montón de caras conocidas, por aquel entonces aun con acné, que, cual brat pack, nos traen recuerdos nostálgicos al ver la película. Ahí tenemos, además de los citados Sutherland y Feldman, a Jason Patric, Jamie Gertz o Corey Haim. Recientemente se ha estrenado, directa al formato domestico, Jóvenes ocultos 2. Los vampiros del surf (Lost Boys: The Trible, 2008).

Lo mejor: Los improvisados cazavampiros que interpretan Corey Feldman y Jamison Newlander. Suyos son los mejores momentos de la función.

Lo peor: No hay mucho por lo que quejarse, y más cuando a uno le invade la nostalgia ochentera. Algunos dirán que está un poco desfasada, o que los efectos y el maquillaje cantan un en varios momentos, pero precisamente esas cosas la hacen más entrañable.

Valoración (0 a 10): 8

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martes, 2 de septiembre de 2008

Underworld: Evolution (2006)


“En su lucha, la guerrera vampira Selene debe afrontar un nuevo enemigo, pues el que creía el primer inmortal verdadero no es Marcus, el rey de los vampiros, sino Alexander, padre de éste. Alexander planea liberal a su hermano William, un licántropo, para juntos dominar el mundo”.

Esto es otra cosa. Cuando hace ya cinco años se estrenó Underworld y entré en el cine con unas expectativas moderadamente altas para ver una espectacular lucha entre vampiros y hombres lobo, no me imaginaba que esa película me iba ocasionar pasar dos de las horas más aburridas que recuerdo en una sala de cine. Esa fue razón suficiente para que, tres años después, no se me pasase por la cabeza pagar de nuevo la entrada por ver Underworld: Evolution. Y no ha sido hasta ahora, en casita y debido a un repentino venazo, que me dio por ver dicha secuela, la cual estaba cogiendo polvo en la colección de descargas. Sin fiarme un pelo di al play y me reservé los prejuicios para comprobar si esta vez la cosa había cambiado y sus responsables se habían puesto las pilas para ofrecer lo que ya debía tener la primera: más acción (y mejor realizada), más enfrentamientos entre los dos mitos del cine de terror, y por supuesto, más ritmo y menos tedio. Para mi sorpresa, Underworld: Evolution es todo eso. El argumento vuelve a importar un carajo, algo que suponía, pero consigues olvidar ese detalle con un ritmo incesante, efectos visuales mucho más trabajados, y cinco o seis escenas de acción bastante dignas.

Al igual que en la primera, Len Wiseman se pone tras las cámaras, poco antes de saltar definitivamente al estrellato de los nuevos directores americanos con la entretenida cuarta entrega de Jungla de cristal. También tenemos a la guapísima Kate Beckinsale como vampira guerrera. No es buena actriz, pero su rostro en primer plano vale más en una película así que muchas grandes interpretaciones. Tampoco hace gran cosa artísticamente su compi de aventuras, el hibrido entre vampiro y hombre lobo Scott Speedman, y aquí ya no entro a debatir si su rostro en primer plano ofrece algún otro aliciente. También sigue Wiseman con la fotografía azulada que utilizó en la anterior entrega, y que en parte también añadió como prueba de autoría en La jungla 4.0. Lo demás, como dije antes, se completa con mucha acción (no me fije en el reloj, pero me da que a penas pasaban diez minutos entre una set piece y otra), efectos visuales notables (las transformaciones de los licántropos siguen resintiéndose de desasido CIG, pero a cambio, cuando estos ya están transformados, el diseño es muy potente) y cine de evasión que no engaña a nadie.

Lo mejor: Las escenas de acción, en su mayoría bien realizadas, algunos efectos visuales, y la presencia física de Kate Beckinsale.

Lo peor: Que el argumento no importa, por lo que, aunque sean pocos momentos, todo lo que no tiene que ver con el espectáculo resulta entupido y totalmente vacío.

Valoración (0 a 10): 7

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sábado, 30 de agosto de 2008

Lifeforce (Fuerza vital) (1985)


"La tripulación de una nave espacial encuentra otra nave aparentemente perdida en el espacio. Al adentrarse en ella, descubren una especie de ataúdes a modo capsula que guardan seres desnudos, de apariencia humana. Los cogen para ser estudiados en la Tierra, lo que pronto traerá graves consecuencias. Una de las humanoides, una joven de gran belleza, tiene el poder de succionar la fuerza vital de los seres humanos, para así poder vivir. Las victimas, no solo pierden su vida, sino que sus cuerpos son secuestrados por los humanoides, creando en ellos un aspecto monstruoso”.

Tras los grandes éxitos, tanto a nivel comercial como artístico, que supusieron La matanza de Texas y Poltergeist, Tobe Hooper se encontraba en la cima de los directores de terror. Los problemas vinieron después. No se si porque no supo elegir los proyectos, o si lo suyo fue flor de un día, pero la carrera de Hooper a partir de entonces comenzó a deteriorarse de manera alarmante. Salvando alguna que otra propuesta interesante que no fue bien recibida por el público, su fama paso a mejor vida, pero aun intentó quemar sus últimos cartuchos de la forma más arriesgada posible con la película que nos ocupa. Fuerza vital es sin lugar a dudas la película más ambiciosa del cineasta. Con un presupuesto demasiado abultado para su año de producción, y producida por la mítica Cannon, lo que Fuerza vital consiguió en todo caso fue convertirse en una película maldita, y probablemente por ello en pieza de culto para el aficionado. El fiasco comercial de Fuerza vital se sumó al de otras dos producciones que la Cannon le había financiado al otrora exitoso director. La matanza de Texas 2, secuela bastante libre del original, no consiguió ni de lejos los resultados a todos los niveles de su predecesora, pero no por ello fue menos interesante y divertida, además de brutal. Sea como sea, no contentó a casi nadie. La otra película que fracasó fue La casa de los horrores, curiosa variante de la propia La matanza de Texas, esta vez narrada desde el siempre inquietante universo de la feria ambulante.

Para Fuerza vital, Hooper contó con un libreto del mismísimo Dan O´Bannon, guionista de Alien. El octavo pasajero, adaptando la novela Los vampiros del espacio, de Colin Wilson . Viendo la película, sobretodo la primera media hora, queda muy claro que O´Bannon se encuentra en el teclado, pues los parecidos con el clásico citado son más que casuales. A partir de ese momento, Fuerza vital torna hacia otros derroteros, más cercanos a clásicos como La invasión de los ladrones de cuerpos, aderezados con una extraña música épica que parece hacer referencia a cualquier saga de aventuras al estilo Star Wars (¡!). Una mezcolanza arriesgada, irregular en su desarrollo, pero determinante en su delirio final, con un Londres puesto en cuarentena dominado por los seres humanos zombificados a los cuales se les ha absorbido su alma. En no pocas ocasiones da la sensación de que a Hooper (o quizas fue a O´Bannon) se le va la mano y no sabe como llevar la historia. Fuerza vital termina por ser interesante pero imperfecta. Espectacular, pero necesitada de más garra y determinación por parte de sus responsables. Con todo, siempre nos quedará la imagen de una joven Mathilda May desnuda en tres cuartas partes del metraje, y de unos efectos visuales realmente asombrosos, con animatronics que tienen poco que envidiar a muchos de los trucajes actuales.

Lo mejor: Los efectos visuales en lo referente a la creación de los, digamos, infestados. El delirante clímax final, y claro esta, la presencia física de Mathilda May.

Lo peor: El irregular desarrollo, marcado no solo por un montaje algo torpe, sino también por la duración, casi dos horas que podían haber sido perfectamente noventa minutos.

Valoración (0 a 10): 6,5

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lunes, 21 de julio de 2008

Martin (1977)


“Un joven cree ser un vampiro de 84 años, descendiente de una familia de iguales. Para conseguir sangre, duerme a sus victimas y les raja las venas con una cuchilla. En el viaje al hogar de su tío, un viejo devoto de la religión y lleno de supersticiones, contempla como en esa casa aun no se ha perdido el miedo por los antepasados. Un cúmulo de situaciones violentas en las que Martin se vera obligado a buscar nueva sangre, hará que las cosas en su entorno, y para el mismo, se compliquen”.

Cuando George A. Romero impactó al mundo con La noche de los muertos vivientes hace justo ahora cuarenta años, muchos aficionados al género vieron en él un director que posiblemente daría mucho de que hablar en su carrera venidera. Lo cierto es que Romero, al igual que otro gurú del terror más violento de la época, Tobe Hooper, no consiguió posteriormente separar su carrera de lo que seria su popular y magnifica trilogía zombi, que comenzó con la citada La noche de los muertos vivientes, y tendría continuidad en Dawn of the Dead (aka Zombie, aka El crepúsculo de los muertos vivientes), El día de los muertos y La tierra de los muertos vivientes. Pero entre tanto muerto viviente, Romero realizó algunas películas convertidas en pequeñas cult movies que, aunque sea dentro de un marco minoritario, dieron que hablar en su día y aun lo hacen hoy. Quizás sea Martín, con un Romero aun saboreando el éxito de La noche de los muertos vivientes y haciendo lo que le daba la gana, la que más culto se ha creado dentro su carrera. Algo claramente reflejado en las desconcertantes imágenes de esta odisea vampirica hiperrealista, no exenta de la feroz critica social que el director imprime a varios de sus trabajos.

Martin es una película de vampiros. De acuerdo. Pero a la vez, en ella no hay ningún vampiro. El protagonista es (aunque cada uno puede sacar sus conclusiones), un joven enfermo a las puertas de la locura que experimenta el placer mundano durmiendo a sus victimas para después violarlas y chuparlas la sangre cual Nosferatu, pero usando en lugar de sus dientes para morder la carne directamente, una cuchilla con la que les corta las venas. Según dice el propio protagonista “es para no dejar pruebas”. Se trata de un asesino corriente, que cree tener 84 años y descender de una familia de vampiros. Cuando viaja a la casa de su tío, supersticioso en potencia y con la idea aferrada de que su sobrino es un chupasangre de verdad, lo que llevara al protagonista a un cumulo de complicaciones fatales. Martin es una película extraña, confusa en las formas. Uno nunca sabe al cien por cien las intenciones de Romero respecto a su historia. ¿Es Martin un vampiro o simplemente un loco?. Jugando con los tópicos del cine de vampiros (y dándoles la vuelta, obviándolos para hacer al persona cercano, y no algo sobrenatural), con formas de cuento sombrío y situaciones que recuerdan, por su atmósfera y la forma en que están rodadas, a los clásicos del cine mudo (Nosferatu a la cabeza, obviamente). La carga crítica recae en la religión y las supersticiones que crea en muchos de sus devotos más radicales. Dato que queda remarcado de forma definitiva en la última escena de la película, que a su vez es lo mejor de dos horas un tanto excesivas y más lentas de lo que deberían.

Lo mejor: El original punto de vista que propone del mito vampirico, así como el debate muy terrena sobre si, en lugar de sobrenatural en su esencia, lo viven determinadas personas como una enfermedad que nadie entiende.

Lo peor: Dura treinta minutos más de la cuenta. La historia se vuelve aburrida en algunos momentos del nudo, más por el ritmo demasiado agarrotado en ocasiónes que por lo que cuenta, que no deja de ser interesante.

Valoración (0 a 10): 6

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