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sábado, 27 de noviembre de 2010

Vampire Girl vs. Frankenstein Girl (Kyuketsu Shojo tai Shojo Furanken, 2009)


Una vampiresa llamada Noami está enamorada de Mizushima, el chico popular de su clase. Sus intenciones de enamorarlo y quedarse con él para siempre se ven truncadas con la aparición de Keiko, hija del malvado doctor del instituto y que también desea a Mizushima. Se prepara una sangrienta batalla entre ambas.

Lo he dicho más de una vez, pero lo repetiré para los despistados: A los japos se les va mucho la pinza. Ojo, en lo personal me alegro de que así sea, al menos en lo que se refiere al cine. Si bien los franceses están demostrando en los últimos años que son los mejores a la hora de impactar y crear mal rollo mediante propuestas de terror serias y trascendentales, los japoneses hacen lo propio (cambiando el mal, por el buen rollo) con sus nuevos splatters bizarros.

El responsable de Vampire Girl vs. Frankenstein Girl es el gurú de esta “nueva” tendencia. Su nombre, Yoshihiro Nishimura. Un freak de tomo y lomo que recientemente acudió al festival de Sitges en pañales haciendo una surrealista performance con un monstruoso feto de plástico atado a un largo cordón umbilical (¡!). De entre sus joyitas hardcore destaca por derecho propio la potente Tokyo Gore Police (Tokyo zankoku keisatsu, 2008). La que nos ocupa, si bien en una línea parecida, se encuentra un escalón por debajo en su conjunto.

Nishimura es un hombre para todo. Dirige, escribe, actúa, produce y crea excelentes efectos especiales y de maquillaje. Haciendo buena la teoría de que los japoneses no paran, en su filmografía aparecen nuevas propuestas a cada rato, por lo que, al igual que sucede con, por ejemplo, Takashi Miike, es difícil seguirle la pista por completo. Es un tipo que, se nota, lo pasa en grande haciendo sus películas, algo que suele impregnar el resultado y se contagia al espectador cómplice de sus desvaríos.

Antes dije que Vampire Girl vs. Frankenstein Girl estaba un escalón por debajo de sus mejores trabajos. No quiere decir esto que sea decepcionante en lo que propone, sino que, con tanto trabajo, es normal que haya irregularidades. Aún así, se trata de un producto delirante, bruto, desquiciado y bastante original.

La formula es conocida; rodearse de jóvenes y espectaculares japonesitas, algún que otro joven con aspecto de estrella del pop, muchos freaks en estado de embriaguez y alargar una historia simple mediante set pieces ultragore donde todo tiene cabida. Así, en esta propuesta no faltan desmembramientos, pechos que disparan todo tipo de artilugios, interminables chorros de sangre e incluso penes en propulsión. Todo ello dentro de un argumento que, sobre el papel, podría recordar a romances adolescentes crepúsculocos. Obviamente, pasado por el filtro Nishimura.

El problema de esta misma, o de otras de la nueva ola del splatter japo, es su duración. A veces, ni siquiera una duración estándar resulta convincente para lo que se cuenta. El cúmulo de salvajadas funciona para mantener al espectador entretenido, pero puede terminar cansando. Hay en Vampire Girl vs. Frankenstein Girl algunos momentos que dejan de funcionar por acumulación, puesto que ya no sorprenden. Tal vez, aunque hay excepciones como la antes citada Tokyo Gore Police u alguna otra también con Nishimura en los créditos como Machine Girl (Kataude mashin garu, 2008), son un tipo de película que funcionarían mejor como mediometraje.

Nos quedan, entre frenéticas explosiones de gore, algunos personajes bastante divertidos como el club de chicas que quieren ser negras o, dentro de un humor realmente negro, otro club, el de las chicas con afición por cortarse las venas (ya se sabe que por allá es un método suicida muy utilizado). Por lo demás, no deja de ser una película curiosa de ver la primera vez y que, en posteriores visionados, puede ser utilizada para probar la selección escenas del Dvd.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Dance of the Dead (2008)


En la noche de graduación, los zombis empiezan a salir de sus tumbas y se dirigen al instituto. Un grupo de amigos fanáticos del cine de terror, un gamberro que los zurraba, una joven, su amiga y su ex novio y un grupo de rock se enfrentarán a la amenaza mientras el resto se divierten en la fiesta…mientras puedan.

Se dice que al mismismo Sam Raimi le gustó tanto esta película que decidió distribuirla a través de su compañía, Ghost House Pictures. Sin duda, un dato a tener en cuenta. Aunque cuidado, porque Spielberg, se dice, quedo tan asustado con Paranormal Activity (2007, estreno comercial en 2009) que la dio el bombo necesario para su lanzamiento, así como un tal David Lynch o un tal Quentin Tarantino hicieron de padrinos para Eli Roth en Cabin Fever (2003) y Hostel (2005), respectivamente. Pero, ¿tienen algo de especial tales películas para tanto bombo por parte de cineastas de excepción? Bajo mi punto de vista, no mucho. Sea como sea, siempre es una publicidad que ayuda a que el producto en cuestión genere más interés del que gozaría sin su nombre detrás. Dance of the Dead tampoco tiene nada especial.

Estamos ante uno de esos casos que se denomina, para bien o para mal, como “película simpática”. Se notan las buenas intenciones, el conocimiento del género -en este caso, concretamente el subgénero de zombis- y las ganas de los responsables. Al fin y al cabo, es un producto pequeño que se vale de eso, de la simpatía para con el aficionado cómplice. El mismo que disfruta con películas como, por ejemplo, La divertida noche de los zombis.

Dance of the Dead, no confundir con la aburridísima aportación de Tobe Hooper a la primera temporada de Maestros del terror (Masters of Horror, 2005-¿?), siempre opta por ser una comedia de terror, pese a que en ocasiones puntuales parece mostrar un toque más dramático que, justo después, acaba en broma. Todo incluido en una típica teen movie de instituto, con los típicos frikis que terminan por ser los heroes para las reinas del baile y demás.

Los personajes son, en ese sentido, estereotipos confeccionados a medida. Por momentos funcionan. Está la chica guapa y sensible, las chicas guapas fiesteras, los aficionados al cine de terror que se alejan de la fiesta de graduación, los chicos guapos populares, el macarra que pega a los frikis pero luego se une a ellos contra los zombis y resulta más bueno de lo que parecía, etc.

Curioso que lo mejor termina siendo el único personaje adulto importante en la trama; un profesor de gimnasia con instintos belicistas que a veces resulta muy gracioso. El resto cumplen más o menos. Hay alguna buena escena gore (los dos zombis enrollándose), pero en general es bastante soft para ser una pequeña producción de muertos vivientes “no mainstream”. Se puede ver sin problemas mientras te comes una hamburguesa del McDonalds.

martes, 26 de octubre de 2010

Night of the Demons (2009)


Un grupo de jóvenes festejan Halloween en una vieja mansión de turbio pasado. La policía aparece para cerrarles el lugar, pero unos pocos de los invitados consiguen esconderse. Cuando, más tarde, intentan salir de la casa, se dan cuenta que están atrapados. En principio no le dan importancia y siguen con la diversión, pero uno a uno serán poseídos por demonios. Éstos tienen un plan; poseer a los siete jóvenes para escapar de la maldición que los tiene encerrados y poder despecharse a sus anchas fuera de los muros.

Algunos remakes tienen su justificación. En principio, el de La noche de los demonios (Night of the Demons, 1988) podría tenerla. Y es que, aunque aquella se conserve como una simpática y entretenida serie B ochentera, es muy mejorable. Por tanto, una actualización, a poco que se cuiden un poco las interpretaciones, el guión añada alguna cosa interesante manteniendo lo bueno de la anterior, y se utilicen mejorados efectos de maquillaje y gore, no tiene porque ser mala idea. Sin embargo, lo de Night of the Demons, remake, ya empezó a oler mal cuando decidieron lanzarla directamente en video, cuando escogieron como protagonista al demacrado Edward Furlong y cuando, una vez vista, la única mejora apreciable son los trucajes visuales, pero sin exagerar.

La elección de Edward Furlong no parece tan descabellada. El tipo en cuestión, que saltó a la fama prematuramente interpretando a John Connor en Terminator 2, juicio final (Terminator 2: Judgment Day, 1991) y años más tarde consiguió otro personaje de culto en American History X (1998), se ha dedicado la última década a beber, drogarse y comer bollos. Su presencia se siente siempre igualada a la película. Es decir, Night of the Demons es un reflejo de lo que pudo ser.

La historia es la misma que en la original. El desarrollo, muy parecido. Aquí también tenemos tías buenas, banda sonora llena de heavy metal, humor negro, algo de gore y demonios. Pero no resulta igual de entretenida ni fresca. Es más, sus noventa minutos se hacen largos. No deja de ser un producto de obvia prefabricación para video club.

Aunque hay cosas que funcionan (los flashbacks sobre el pasado de la mansión, la escena del pintalabios, la banda sonora) hay unas cuantas que la llevan a la mediocridad (los ataques de los demonios están montados de forma epiléptica y no se entiende un carajo, el ritmo se pierde cada dos por tres). Da la sensación que su director, Adam Gierach -que un año antes dirigió la más estimable Autopsy- quería terminar la película pronto y dedicarse a otros menesteres, como cortar el césped del jardín.

Sigo pensando que el verdadero remake (no oficial), y de calidad, fue la divertidísima Caballero del diablo (Tales from the Crypt Presents Demon Knight, 1995). Algo así, no tan bueno pero similar, esperaba de este Night of the Demons, o algo así es lo que pudo haber sido. Nada más lejos de la realidad. Más bien se queda a la altura de la insípida tercera entrega videoclubera de la saga original. Al menos le habrá servido a Furlong para pagar el centro de rehabilitación.

lunes, 23 de agosto de 2010

Mini reseñas: El alimento de los dioses (The Food of the Goods, 1976), Candyman (1992), The Cottage (2008)

Uno de esos casos en los que el recuerdo pesa más que la propia película. Si amigos, seguro que muchos vimos en nuestra tierna infancia El alimento de los dioses, y seguro que muchos quedamos impactados y aterrados con los ataques de los animales agigantados que se presentaban. Había gusanos, ratas…¡incluso gallinas!. El tiempo pasa y no solo envejecemos nosotros, sino también las películas. Y si bien es cierto que hay películas que ganan con los años o se mantienen en su calidad, hay otras que, vistas con menor ingenuidad, se descubren como lo malas y absurdas que eran. No obstante, ese sentimiento nostálgico siempre irá con ellas. La que nos ocupa se publicitó como la adaptación de un texto de H.G Wells, aunque en realidad solo obedece a ciertas pautas del mismo para ir después a su rollo. Debido a un alimento alterado, los animales crecen hasta llegar a temibles tamaños. Y claro, no es lo mismo una ratita que sale de la tubería y hace que te subas a la silla, que una rata de dos metros de largo y con dientes como cuchillos. Los efectos especiales fueron muy buenos en su época. Aunque hoy en día queden desfasados, es obvio que hubo mucho trabajo, y se agradece ese toque artesanal que ya se ha perdido. Los personajes, pues absurdos. Pero completamente absurdos e hilarantes. Los diálogos lo mismo. La dirección es plana. Pero si uno ve algo como El alimento de los dioses en el 2010 sabe de sobra a que se enfrenta y, por tanto, con ver a los animalillos zampándose a varios personajes debería servir. Valoración (0 a 5): 2

Muy decente adaptación de un relato de Clive Barker. Como ocurre tantas veces, las mediocres secuelas desvirtuaron su calidad, pero no cabe duda que, vista actualmente, su interés se mantiene intacto. Ya que estamos con la nostalgia, ¿no jugasteis nunca a ver quien decía Candyman cinco veces delante del espejo? Lo cierto es que nunca conseguí llegar a la quinta. De acuerdo, de pequeño era un cagón, pero ¿para que arriesgarse? En Candyman, si uno repite su nombre, aparece un negro bastante grande (personaje que inmortalizó, y muy bien, Tony Tood) con un garfio en lugar de mano. Sus intenciones no son jugar a las cartas. La película, lejos de ser una de terror al uso, mantenía un ritmo pausado y jugaba mucho con la sugestión. Sin ir más lejos, las apariciones del villano son mínimas pero siempre eficaces. Afortunadamente, tratándose de adaptar a Barker, no se escatimó en alguna que otra escena gore bien realizada. La curiosidad que supone su visionado hoy es comprobar como se desenvolvía una joven Virginia Madsen escapando del verdugo. Además, la trama juega con muchos ingredientes psicológicos. Pero, repito, sus dos secuelas bajaron mucho el nivel. Por otro lado, no sé como andará la cosa, pero se dijo, como con tantas otras, que tendremos remake. Valoración (0 a 5): 3,5

Otra comedia de terror inglesa con sus escenas truculentas al estilo de la notable Desmembrados (Severenace, 2006), aunque algo más irregular. En realidad, si uno entra virgen al visionado (cosa que, si leéis esta reseña, veis al cartel o algún trailer, no haréis, así que ya estáis perdidos) la primera mitad parecerá que se ha equivocado de sala si buscaba algo de terror. Se trata, hasta ese momento, de una comedia muy negra sobre un secuestro a una tía buena por parte de dos idiotas. Los dos tipos no saben donde se han metido, puesto que, al parecer, la joven voluptuosa es la hija de un mafioso. Aunque uno pueda pensar que la trama se desenvolverá por ese cauce (el padre y sus verdugos contra los secuestradores, o la propia hija si se escapa, pues tiene muy mala hostia), en realidad en la segunda mitad se convierte en un body count tipico del American Ghotic, con psicópata paleto y desfigurado incluido. Las dos mitades tienen su aquel, sin ser en ningún momento redondas. Hay buenos puntos cómicos e ingeniosas ideas de guión (atención al momento del píe o, aunque no sea sorprendente, al desenlace). Gran parte de que el invento funcione de forma correcta se lo debemos a los actores, en especial a la pareja de secuestradores: Andy Serkis (más conocido por dar movimientos y voz a Gollum) y el televisivo Reece Shearsmith. Luego ya, pues tenemos a Jennifer Ellison, que tampoco lo hace mal, aunque su pretensión dentro de la función es otra. Al menos para el publico masculino. Valoración (0 a 5): 3

miércoles, 18 de agosto de 2010

Mini reseñas: Madman (1981), Anochecer rojo (Revenge of the Red Baron, 1984), La casa de la abuela (Grandma´s House, 1989)

Típico body count de los ochenta. Su peculiaridad consiste en una atmosfera sorprendentemente conseguida según sus pretensiones de subproducto. Un viejo le cuenta una historia de terror a unos jóvenes durante una noche en el bosque. Es la historia del hombre loco del titulo, al cual, si le llamas repetidas veces, aparecerá para hacerte trocitos nauseabundos. Pues, como siempre, hay un listillo en el grupo (como los canis actuales que van a los cines y se tiran un eructo para demostrar que no les da miedo la película) que se quiere hacer el guay repitiendo su nombre. Y claro, al poco aparecerá un tipo muy grande y melenudo con un hacha de considerable tamaño. No se sabe muy bien porque, el chaval listillo lo ve pero se queda en el bosque siguiéndole la pista con cara descompuesta. Los demás se van a la casa de campo para lo que suelen hacer los jóvenes en estas películas. El anciano que cuenta la historia se marcha insistiendo, con cara de interesante, “no tengais miedo de Madman”. El resto es historia. O al menos, historia serán los chavales a manos del susodicho. Pese a que, como dije, sorprende la cuidada ambientación, el resto es una sarta de tópicos mal expuestos. Además, se hace demasiado lenta y repetitiva. Lo peor es que nuestras ganas de que se carguen al futuro cani maleducado se truncan cuando no le vemos aparecer hasta el ultimo minuto y suelta una frase sobreactuada. Una lastima, podría haber sido mucho mejor. Valoración (0 a 5): 1

Si queréis saber que es lo que tienen que hacer antiguas estrellas cinematográficas para poder pagar las facturas, aquí tenéis una muestra. Un Mickey Rooney bastante quemado protagoniza junto a un jovencísimo Tobey Maguire (que por aquel entonces, rodando esta cosa, dudo que se imaginase que llegaría a ser el Spider-Man más taquillero) esta ¿comedia? ¿película de terror? ¿broma? ¿insulto? ¿obra maestra trash? sobre un muñeco asesino que viaja a lomos de una avioneta de juguete a la cual nunca se le acaban las balas. Y lo mejor es que la produjo Roger Corman, en plan ¿homenaje? de su mítica El barón rojo (The Red Baron, 1971). El muñeco es el citado barón rojo, un peligroso piloto de combate alemán que derribó muchos aviones de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Se supone que un chaval yankee (el personaje de Mickey Rooney décadas atrás) le consiguió vencer y acabar así con su maldición. Claro que, el barón dice que regresará como sea para vengarse, y como es un hombre de palabra, un día cae un rayo o algo y se reencarna en el muñeco en miniatura del barón junto a su avioneta que guarda el ya abuelo Ronney. Lo que viene después son muchos chistes malos, muertes de mentirijillas y resoluciones de momentos cumbre (atención al acto heroico final) que de tan ridículos y cutres nos lo hacen pasar muy bien si andamos etílicos. Valoración (0 a 5): 1,5

Extraño producto de finales los ochenta que no se sabe muy bien por donde quiere tirar. Al menos, hacernos la picha un lío durante su primera mitad es lo que mantiene el interés y no hace que cerremos los ojos. Lo que parece un slasher con asesinos de la tercera edad, va tomando ritmo de lo que parece ser un thriller sobrenatural, para más tarde convertirse en un correcalles con giro argumental curioso. Desde luego, dentro de lo mala que pueda ser, resulta gratificante la peculiaridad de la propuesta. Dos hermanos son acogidos por sus abuelos tras quedar huérfanos, pero los abuelos no dan ninguna confianza. Él porque parece que siempre va hasta las cejas de algo (¿viagra?) y ella porque…no sé, porque me daba mal rollo. El niño pronto descubre que su abuelo guarda en el frigorífico fruta, batidos, pescado y…una cabeza. Pero ¡esperar! Solo era una pesadilla del chaval. O no, porque luego vuelve a pasar, pero no se porque, hay una explicación (¿?), y entre tanto la figura de una mujer que se parece “misteriosamente” a la madre fallecida de los dos hermanos, va apareciéndose por ciertos lugares. Se que no os estáis enterando de nada, y lo cierto es que los agujeros del guión son tan grandes que interfieren en la sinopsis. No obstante, como dije, resulta curiosa de ver dentro de sus limitaciones, y tiene algún que momento de interes. Valoración (0 a 5): 1,5

viernes, 13 de agosto de 2010

Mini reseñas: Japón bajo el terror del monstruo (Gojira, 1954), Tekken (2010), Mis apetitosos vecinos (The Mad, 2007)

Para unos cuantos, la mejor monster movie de la historia. No le falta sobrevaloración a dichas afirmaciones. Tanto que, vamos a ver, Japón bajo el terror del monstruo, también conocida como Gozdilla, es (bastante) mejor que el putrefacto remake que se marcó Roland Emmerich en 1997. Hasta ahí todo bien. Pero, ya no es que no sea de las mejores monster movies de la historia, es que en sí la película no es nada del otro mundo. Su ritmo en la parte central es anestésico, los actores están totalmente sobreactuados y la trama política resulta mucho más pretenciosa que en simpáticas y más divertidas series b y z de la época, tanto orientales como occidentales. Sin embargo, su icónico monstruo, esplendidos efectos especiales de la época, hoy en día entrañables, y algún destello de calidad en la puesta en escena de Ishiro Honda, permiten llegar hasta el final sin que sea dañino el conjunto. A destacar las apariciones del monstruo (sobretodo su inquietante primera aparición explicita y su llegada a la ciudad) y el arriesgado anti clímax final, situado en el fondo del mar con un ritmo inesperadamente pausado y ausencia casi total de diálogos y banda sonora. Valoración (0 a 5): 2

Ya sabemos que la mayoría de las adaptaciones de videojuegos son una mierda. Incluso las mejores no pasan de entretenidas, sin mucho más que destacar. Por ello, enfrentarse al visionado de algo como Tekken, la película, no supone el culmen en lo que a expectativas se refiere. Más aún cuando se trata de un directo a video de poco presupuesto. Conociendo estos datos, pues decir que, efectivamente, Tekken no está a la altura de su saga de videojuegos, pero dentro de lo malo no es tan pésima como, yo que sé, Street Fighter (1994). Aunque tampoco tiene la simpatía de Mortal Kombat (1995). Se trata de un producto de evidente prefabricación y destino de usar y tirar. Actores malos, escenas de lucha aceptables y todo eso. En lo que respecta a la fidelidad de los personajes con sus modelos del juego, no está del todo mal. Se han tomado en serio, al menos, que éstos tengan su parecido y hablen lo menos posible para no cagarla. Y entre tanto, pues unas cuantas tías buenas y música bien alta. Se echa de menos más violencia grafica, pero ya se sabe que esto va dirigido, mayormente, al público adolescente. La citada Mortal Kombat, pese a adaptar uno de los juegos más sangrientos de la historia, ya fue un PG13 en toda regla. Así que, tampoco es algo que no se esperase. Valoración (0 a 5): 1,5

Una de las peores basuras que me he echado en cara en los últimos años. Ya lo sé, soy masoca, esto se veía venir… ¡ya lo sé! Pero estos subproductos de video club con zombis a veces deparan cosas divertidas. Nunca se sabe. Mi riesgo en esta ocasión me llevo hasta el pozo del hedor eterno, pues Mis apetitosos vecinos (sí, es mala hasta en la “traducción” española) compite con Zombie Nation (2004) para ser una de las peores películas con muertos vivientes de todos los tiempos. Y mira que hay morralla. Al principio parece que tendrá su gracia, pero ésta se acaba muy pronto. Los intentos de hacer una comedia gamberra se saldan con el ridículo. En su ultimo tercio se pasa al tedio más absoluto. Lo que si hace gracia es ver a Billy Zane, un actor que tuvo un papel relevante en una de las películas más taquilleras (y sobrevaloradas) de la historia, Titanic (1997), así como en un thriller tan interesante como Calma total (Dead Calm, 1989), junto a grandes estrellas, intervenir en estos montones de mierda para poder pagar las facturas. Así es imposible que haga gracia. Como suele ocurrir en estos casos, lo mejor de la película es el cartel. Valoración (0 a 5): 0,5

martes, 3 de agosto de 2010

Triloquist (2008)


Tengo que admitir que guardo a Leprechaun (1993) como uno de esos placeres culpables que todos tenemos. Aquella roñosa comedia de terror con un duende malvado persiguiendo a una adolescente Jennifer Aniston tiene, para mí, algo extraño, algo especial. Su director, Mark Jones, poco se ha prodigado después tras las cámaras. Volvió a esto de los duendes asesinos con otra carroña llamada Rupeltinskin (1995) y poca cosa más. Como guionista es otro asunto, pues ha participado en varias series de éxito y, bueno, también en secuelas de la citada Leprechaun. Pero vayamos al grano. El subgénero de muñecos asesinos siempre ha sido uno de mis predilectos, pese a que la cantidad de películas realmente decentes sea escasa. Por tanto, lo que uno intenta buscar en este tipo de, normalmente, subproductos, es algo que por lo menos salga de la media en cuanto a originalidad. Cuando empezó este Triloquist, que significa el regreso al cine, aunque sea directo a video club, de Mark Jones, pensé que podría sonar la campana. Tenía ganas de ver si me ofrecía otra basurilla tan simpática como su primera película. Lo cierto es que en los primeros minutos la cosa promete. Original parece.


Tenemos a dos hermanos que han quedado huérfanos tras el suicido de su madre, una famosa ventrílocua venida a menos. Lo único que llevan con ellos es el muñeco con el que trabajaba su madre. Un muñeco del que, ya desde el principio, conocemos que tiene vida e instinto criminal. Narrado con la voz en off del propio muñeco, vemos como los niños van a vivir con su tío, el cual abusa de la niña…hasta que el muñeco se lo carga. Despues de un fundido en negro, en el que se supone que han pasado los niños su vida en un orfanato o algo hasta ser mayores de edad, los vemos de nuevo acompañados, como no, de su muñeco. La niña ahora es una jovencita buenorra de pocos escrúpulos, y su hermano un tipo raro que, al parecer, no puede hablar. Y bueno, de lo que trata la historia es como, a modo a de road movie, matan gente, escapan de la policía y secuestran a una chica para que el hermanito tenga un hijo con ella y prosiga con el negocio familiar de ventriloquia. Hombre, como dije, algo original es. No la trama en sí, sino la forma de exponerla, la mezcla de géneros y lo ambiguo de las pretensiones.


Pero, ¿esto hace de Triloquist una película más remarcable que la media? Pues no. Al final, sigue siendo una tontería, y por la muestra indiscriminada de carnaza joven, me da que Mark Jones, que ya es un viejecito, quería grabar a chicas sin la parte de arriba más que centrarse en seguir con ritmo una historia, por cutre que sea. Las interpretaciones, pues no están mal para el producto que es, incluso el chaval está gracioso con sus andares y demás. Tampoco hay que buscar mucho gore. En ese sentido es una propuesta bastante soft (por mucho que produzca Dimension Extreme). Se tratan varios géneros pero ninguno queda claro. Como película de terror es ridícula, como comedia descafeinada, como road movie tonta, y como drama (si, a veces parece que Jones quería hacer un drama, o eso creo) aburrido. Así que, nada más, un intento perdido de haber hecho algo interesante en un subgénero tan devaluado como, mal que me pese, adictivo.

Valoración (0 a 5): 1,5

martes, 4 de mayo de 2010

Zombie Town (Wasting Away, 2007)


Mientras veía esta película no paraba de tener una extraña sensación. Algo así como impotencia. Me daba rabia ver como una idea que de haber caído en buenas manos podría haber dado mucho juego, y sin embargo lo que se sucede en pantalla viaja de simpático a tedioso, pasando por ridículo. Wasting Away, que en España les dio por titular Zombie Town (que es el titulo original de otra comedia de terror con zombis que salió en 2007), huele a amateur desde el comienzo. No quiero decir que ser amateur se trate de un punto negativo. Me refiero a que huele en el sentido cutre, de dirección mediocre, interpretaciones de aficionado, etc. En otro subproducto de zombis nacido para el mercado domestico me hubiese importado un carajo, pero, repito, la premisa e ideas varias de la película de marras dejan con sensación de un quiero y no puedo. La cosa es la siguiente: un grupo de amigos se hace un helado de cerveza (sic), utilizando uno de los barriles que están infectados por experimentos (que salen mal) del ejercito. Hasta aquí, lo de siempre. La gracia viene después, cuando, narrado entre el blanco y negro (la realidad que ven los no infectados) y en color (la realidad que ven los infectados) se pone en situación como los protagonistas, convertidos en mugrientos zombis pese a que entre ellos se sigan viendo bien, creen ser súper soldados que deben luchar contra los humanos infectados, que son en realidad los normales, porque piensan que éstos les atacan debido a un virus que les vuelve agresivos.


Como dije, la premisa tiene su gracia e interés. Pero, una vez expuesta, el desarrollo va desinflándola hasta terminar en un burdo chiste que a penas consigue dos o tres sonrisas. A parte de lo apuntado en torno al poco interés en la dirección o a unos actores que intentan ser graciosos y terminan resultando irritantes, encontramos una sucesión de chistes rancios y demasiado obvios (las típicas referencias-cómplices a las películas de Romero o al aspecto “zombi” de determinados famosos mal envejecidos), lo que produce aburrimiento. Y lo curioso es que, en su paso por determinados festivales especializados, Wasting Away tuvo una buena, o al menos decente, recepción por parte de crítica y aficionados. No sé si es que me hago mayor y cada vez mi cinégafia se vuelve más exigente, pero a mí no me hace ni puta gracia. Bueno, miento, hay una escena en la que uno de los infectados se pasea, para despistar, ante el ejército haciendo posturas de “karateka” que me me hizo un poco.

Valoración (0 a 5): 1,5

viernes, 30 de abril de 2010

Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009)


Cuando un género o subgénero es tan explotado, y muchas veces mal, como en este caso el de los zombis, las parodias no tardan en llegar. A lo largo de los años se han creado unas cuantas que han pasado al olvido, aunque siempre recordaremos los buenos momentos que aportaron El regreso de los muertos vivientes (Return of the Living the Dead, 1985) y su primera secuela, La divertida noche de los zombis (Return of the Living Dead: Part II, 1988), pero sobretodo esa obra maestra que es Braindead, tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992)  Hasta el nuevo siglo, éstas películas, al menos para el aficionado, estaban consideradas como los principales exponentes de parodia zombi. Pero, allá por 2004, un joven director ingles llamado Edgar Wright se sacó de la manga no solo la mejor parodia sobre zombis (con permiso de Braindead) que el aquí firmante conozca, sino también una de las mejores aportaciones al tema, ya sea en serio o en broma. Su (horripilante) titulo en España fue Zombis Party, aunque prefiero olvidarlo y quedarme con el original Shaun of the Dead. Parece que con Zombieland los americanos buscaron una respuesta, igual de talentosa y sin dejar de respetar al aficionado, a la de Wright. Si lo han conseguido o no, es cuestión de perspectivas personales. Y es que Zombieland ha sido aplaudida desde su estreno, y ya se ha creado un pequeño culto. En lo que a mí respecta, anticipo que, aún tratándose de una buena y digna aproximación, no hay comparación con la citada Shaun of the Dead. No obstante, tampoco hay que andar con odiosas comparativas.


Zombieland es una de esas películas con humor grueso que, sin embargo, siempre se siente como calculado e inteligente. Los diálogos funcionan. Es buena idea, y también es buena su plasmación en pantalla, lo de enumerar las reglas de supervivencia. En cierto modo recuerda al famoso libro Manual de supervivencia zombie. La dirección de Ruben Fleischer es fresca y dinámica, manejando a su antojo las imágenes sin por ello resultar pretencioso. Claro que el guión no sería igual de eficaz en pantalla si no fuese por el casting elegido. Un recuperado Woody Harrelson se encarga de un personaje ya de por si agradecido. Y bueno, Jesse Eisenberg no cae mal, y Emma Stone aporta el concepto “tía buena”, pero juntos tienen menos química que una patata asada con kétchup. También tenemos por ahí a la niñita Abigail Breslin, revelación de Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006). En cuanto al reparto, ninguno de ellos puede hacer nada ante la sublime aparición de un Bill Murray colosal. Su aparición especial deja claro que, no sé que coño tendrá este actor, pero sin apenas gesticular y soltando dos o tres frases, consigue los mejores minutos de la película.


El que Zombieland no sea redonda se debe a que funciona más como película de gags que en conjunto. Muchos momentos resultan simpáticos, entretenidos, pero solo hay tres que demuestran el potencial que tenía de base: la escena del supermercado, la citada aparición estelar y el loco clímax final en el parque de atracciones, valen por sí solos el visionado. El resto se ve con agrado pero, y vuelvo por un segundo a las comparaciones, con menos entusiasmo que los excepcionales noventa minutos de su rival más directo, Shaun of the Dead.
Asi que, mientras Fleischer y los suyos preparan la secuela, nos quedamos con los consejos de la primera en caso de que en 2012 los zombis se hagan con el mundo: hacer ejercicio, no seais racanos con las balas y nada de haceros el héroe…a no ser que la ocasión lo merezca.

Valoración (0 a 5): 3

domingo, 18 de octubre de 2009

Troll 2 (1990)


Una familia se muda, mediante un intercambio, a una granja situada en un pequeño pueblo. El hijo pequeño recibe visitas de su abuelo fallecido. En dichas visitas, es avisado del peligro que corren en el pueblo, pues sus habitantes son trolls camuflados bajo apariencia humana.

El fenómeno que acompaña tan casposa película para muchos es inexplicable. Para mí también. Troll 2, orgullosa de ostentar el titulo de “la peor película de la historia”, se ha convertido en Estados Unidos en un “espectáculo” de sesión golfa. Aunque hayan pasado unos cuantos años desde su estreno, es ahora cuando se la está dando tanta presunta importancia. Pero creerme, no hay para tanto, ni para bien ni para mal. Al igual que sucedió con una de las cult movies por excelencia, The Rocky Horror Picture Show (1975), grupos de frikis bastante extremos se unen, a modo de fiesta, para echarse unas risas y sentirse orgullos de su condición. Los acompañantes para la función son líquidos y alimentos verdosos, como los que vemos en la película, y también están los que se disfrazan de troll y tonterías similares. Lo que llevan haciendo los fanáticos de La guerra de las galaxias durante décadas, aunque en plan cutre.

Troll 2 es más mala que hacer tragar excrementos a tu mejor amigo, pero aún así, las hay peores, muchas. El fenómeno no ha surgido porque sea insufrible, sino porque es considerada una buena mala película como pocas. Aquí también discrepo. Precisamente, diversión no hay mucha. No tiene gracia. Incluso me atrevo a decir que, aunque también sea un cagarro, la primera es mejor y más divertida como mala película. No obstante, las cosas como son, Troll 2 tiene una de las escenas más míticas del trash. El momento en el que uno de los personajes grita, al saber que los trolls tienen intenciones de comérselo después de convertirle en planta (¡!). El gritito, largo y falso, es una de las cumbres del bochorno cinematográfico. Y lo es precisamente porque no está preparado, no es malo a posta. No es como las defecaciones para mongoles del también escaso de neuronas Pedro Temboury -el de Karate a muerte en Torremolinos (2003)-. Al menos en este sentido cabe tener cierta simpatía a la película. Bueno, ya puestos, reconozco que la macabra “sorpresa” final (en la que contemplamos otro risible grito sobreactuado) es cojonuda. La inesperada trascendencia de la película ha sido capaz de hacer que alguien dedique su tiempo a hacer un documental sobre ella. Se trata de Best Worst Movie (2009), en la que hacen acto de presencia muchos de los que tuvieron que ver con el engendro. Algunos se habrán dedicado al cine porno, otros recogerán cartones, y otros darán conferencias para esos fans que comen alimentos verdes. La verdad es que no dudo que tal documental sea más interesante, y posiblemente entretenide, que la película en cuestión. De hecho, escribiendo esto me han entrado ganas de verlo. Espero, si es que lo encuentro y me atrevo a verlo, no transformarme en una ladilla verdosa, o peor, en una planta dispuesta para ser devorada por los malvados enanos del bosque.

Mítico y bochornoso grito

domingo, 7 de junio de 2009

Feast 2: Sloopy Seconds (2008)


A continuación de la encarnizada lucha entre humanos y monstruos sucedida en el bar, uno de los supervivientes es encontrado por un grupo de moteras lesbianas. Una de ellas busca venganza por la muerte de su hermana, y obviamente no cree la extraña historia del superviviente. Le usará para que las lleve hasta otros supervivientes e intentar desvelar lo que pasó. Una vez en un pueblo aparentemente vacío, los monstruos volverán a hacer acto de presencia con intencion de alimentarse.

Atrapados (Feast, 2005) se convirtió en una sorpresa dentro de la serie b terrorífica. En ella estaban involucrados destacados nombres en la producción, como Wes Craven, Matt Dammon o Ben Affleck, además de los hermanitos Wenstein, a través de la filial Dimension Extreme. Con una vida limitada en cines, Atrapados se hizo grande en su posterior edición en dvd, cosechando un amplio numero de seguidores. Es por ello que sus responsables han decidido cerrar la historia a modo de trilogía. Esta segunda entrega eleva las dosis de todo lo bueno de la primera, hasta regalarnos una salvajada tan cafre como divertida. Gore en abundancia, tías buenas en moto, enanos de la lucha libre mexicana. Todo se da cita en noventa minutos de humor negro y terror festivalero, no exentos de incorrección política.

Como ya ocurría en la anterior, el truco se encuentra en dar la vuelta a los tópicos. No hay héroes, aunque alguno lo intente (atención a la escena del bebe). Los monstruos dejan a un lado la seriedad para convertirse en puro cartoon, escenas de pedos, fornicaciones de gatos o enormes eyaculaciones incluidas (¡!). Puro cachondeo sin olvidar una buena factura técnica utilizando los dos duros del presupuesto.
Según comentan por la red, la tercera entrega es aun más hilarante y sanguinolenta. Un probable broche de oro para una trilogía por encima de la media en este tipo de productos.

Lo mejor: El delirio constante sin ningún tipo de prejuicios.

Lo peor: La parte central, hasta llegados al largo y divertidísimo clímax final, pierde un poco de ritmo.

Valoración (0 a 10): 6,5

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martes, 19 de mayo de 2009

My Name is Bruce (2007)


El actor Bruce Campbell se encuentra en una mala situación. No le salen buenos papeles, su mujer le ha dejado, y se ha convertido en un malhumorado borracho que vive en una caravana. Un joven, fanático de sus películas, le llevará hasta su pueblo para que les libre de una terrible amenaza sobrenatural, creyendo que realmente es un héroe y podrá vencer a un malvado espíritu. Al principio, Bruce piensa que se trata de una broma, un regalo de cumpleaños por parte de su manager. Más tarde comprobará que su valentía en las películas le hará más falta que nunca en la realidad.

Bruce Campbell es un icono del género de terror y la serie b. Gran parte de este privilegio se lo debe a una genial trilogía: Posesión infernal (Evil Dead, 1979), Terroríficamente muertos (Evil Dead II, 1987) y El ejercito de las tinieblas (Army of Darkness, 1992). Dirigidas por su buen amigo Sam Raimi, le auparon a la cima, posters, y muñequitos de muchos fans. A parte de esto, su carrera está plagada de títulos menores, algunos entretenidos, otros no tanto. Hace unos años resucitó, convenciones de cine de terror a parte, gracias a (la sobrevalorada) Bubba Ho-Tep (2002). Pero no ha vuelto a protagonizar nada destacable. Con dicha situación juega My name is Bruce. Entre lo biográfico y lo puramente ficticio, siempre en referencia al propio Bruce Campbell, actor, persona e icono.

Cuando se dieron a conocer las primeras noticias sobre My Name is Bruce, todo parecía señalar que veríamos algo grande y realmente divertido. Lo cierto es que, aunque sirve para pasar el rato y tiene varios momentos graciosos, e incluso ingeniosos, My Name is Bruce se queda en intento fallido. La historia da para mucho más. Puede que ese sea el principal problema: las expectativas que genera su premisa, así como el interés de ver por fin a Bruce Campbell en un producto a la altura de las circunstancias. Sin embargo, lo que él mismo ha construido (protagoniza, dirige, produce y escribe) es más un pasatiempo inofensivo entre colegas. Una comedia de terror del montón, dirigida a un público que se presupone cómplice, y por tanto, fácil de complacer.

Lo mejor: El carisma siempre presente de Bruce Campbell, así como algunas situaciones y diálogos ingeniosos.

Lo peor: A la película le falta un hervor. Los ataques del espíritu asesino al principio molan, pero más tarde se hacen repetitivos. Algunas gracias son demasiado fáciles y previsibles.

Valoración (0 a 10): 5,5

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martes, 10 de marzo de 2009

Monster House (2006)



Una misteriosa casa se encuentra habitada por un viejo con mala leche que roba los juguetes a los niños cada vez que se cuelan en su césped. Tras la muerte del dueño, el niño de la casa de en frente se da cuenta de que la casa tiene vida, y que esta esperando la fiesta de Halloween para “comerse” a todos los niños que llamen pidiendo golosinas.

Lo que podríamos denominar como cine de terror infantil es algo que no se ha visto mucho en la historia del cine. Ahora mismo se me ocurren cosas como Una pandilla alucinante (The Monster Squad, 1987), El secreto de Joey (Joey, 1985) o, algo menos, Chicos Monsters (Little Monsters, 1989), eso si no nos dio suficiente pánico de crios la primera aparición de E.T. Pero si hablamos de dicho género dentro de la animación, la cosa esta aun más complicada, siendo Pesadilla antes de navidad (The Nightmare Before Christmas, 1993) o aquel curioso experimento español con cacahuetes llamado Gritos en el pasillo (2007), de las pocas representantes más o menos recientes. Es por ello que una propuesta de este tipo siempre es recibida al menos con curiosidad. Monster House, a medio camino entre algunas de las citadas y otras como Los Goonies (The Goonies, 1985), es una interesante prueba de que el cine de animación familiar puede mezclarse con elementos propios del cine de terror, en este caso del subgénero de casas encantadas e incluso las monster movies.

Producida por Robert Zemeckis y Steven Spielberg, y con un espectacular elenco de interpretes prestando su voz (en la versión original, claro), Monster House supone un entretenido, aunque muy inofensivo, cuento, más juvenil que infantil, con sorprendentes aires ochenteros. La animación cumple, sin llegar a los niveles de calidad de empresas como Pixar, y el guión tan solo es simpático, pero los personajes son lo suficientemente carismáticos y a veces entrañables para que el intento no haya sido en balde. Así mismo, hay momentos, algunos de ellos dentro de la casa, muy bien realizados (supongo que vistos en cines IMAX deben ser la hostia) y diálogos (esos policías absurdos o el noviete heavy de la niñera del protagonista) que proporcionan más de una sonrisa, e incluso alguna carcajada. Pero todo se queda en eso, en un entretenido intento de variar la formula del cine de animación 3d moderno, que, lastima, no consiguió demasiado éxito en su exhibición en cines.

Lo mejor: La propuesta, en cuanto a lo que se puede ver casi siempre en el cine de animación americano, es original. Además, es bastante entretenida y tiene momentos cómicos muy eficaces.

Lo peor: De cara a su comercialidad, se encuentra con que a los peques les puede resultar demasiado sombría, y a los adultos demasiado light. De ahí que su aceptación en el estreno fuera discreta.

Valoración (0 a 10): 6,5

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miércoles, 4 de febrero de 2009

Zombie Strippers (2008)


Un experimento del ejército para crear soldados perfectos da como resultado muertos vivientes de lo más hambrientos. En una batalla campal contra los no muertos, uno de los miembros del escuadrón enviado queda contagiado. Para evitar un tiro en la cabeza, se escapa, terminando en un club de striptease cercano. Una vez allí, infectara a una de las strippers, lo que llevara al local a hacer cambios drásticos en su espectáculo.

Muchas veces he utilizado la definición peli-birra para referirme a aquellas películas que, aunque pueden ser (y unas cuantas lo son) una defecación, si te pillan en determinados momentos, o con determinadas compañías tanto personales como alcohólicas, llegan a resultar grandiosas. Zombie Strippers entra de pleno en dicha definición. Lo cierto es que esperaba que la trama ándase por otros terrenos, y no centrase la acción únicamente en el sórdido local de striptease, pero una vez que has entrado en el juego, esta delirante propuesta se confirma como un divertimento tan cafre y rastrero como efectivo si te pilla de buen humor. Cine trash en estado puro, Zombie Strippers posee, curiosamente, unos efectos de maquillaje mucho mejores de lo que nos suelen regalar este tipo de caspas.

Como si de un cruce entre lo bueno de cintas como Evil Aliens (ídem, 2005) y lo malo de mojones como Zombie Nation (ídem, 2004) se tratase (todo ello con cierta estética grindhouse que, quizás no por casualidad, puede llevarnos al Planet Terror (ídem, 2007) de Robert Rodriguez), Zombie Strippers tiene entre sus bazas, además de las sorprendentes creaciones del equipo de maquillaje y trucajes visuales, un elenco espectacular de pivones comandado por la pornostar Jenna Jameson, que como no podía ser de otra forma luce en todo su integro esplendor en numerosas ocasiones. Y si a esto le sumamos la presencia de un Robert Endglund afincado en este tipo de producciones desde hace unos años (recordemos su presencia en la divertida 2001 maniacos (2001 Maniacs, 2005)) la cosa no puede resultar menos que curiosa.

Lo mejor: Los trucajes visuales, mucho gore y despiporre asegurado, además de la presencia femenina, obviamente.

Lo peor: Que se encasilla demasiado en un único escenario, recortado sus posibilidades de diversión pura y dura.

Valoración (0 a 10):
5

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sábado, 31 de enero de 2009

House. Una casa alucinante (House, 1986)


Un famoso escritor de novelas de terror se muda a una antigua mansión, propiedad de su tía, que he recientemente se ha suicidado en una de las habitaciones. Buscando un lugar que le ayude a escribir su última novela, lo que encontrará en esa casa son una serie de fenómenos paranormales que, en algunos casos, tendrán mucho que ver con su pasado.

Cuando allá por mediados de los noventa era solo un niño, ver películas de terror se convertía en una autentica experiencia. Todos hemos visto películas que nos hicieron mearnos en los calzoncillos de Barrio Sésamo, pero que vistas años más tarde reconocíamos como simpáticas, entretenidas, pero nunca terroríficas. Una de las que más simboliza todo esto en mi infancia es House: una casa alucinante. Ya sabemos hoy día que se trata de una comedia de terror que en ningún momento pretende asustar, sino más bien divertir y contagiar su cachondeo. Pero cuando la visioné a edad temprana, y fueron más de veinte veces, me cagaba en los pantalones. Revisada, por enésima vez, House parece más bien una especie de (simpático) episodio de series fantásticas familiares rollito Cuentos asombrosos (Amazing Histories, 1985-1987), con mucho de comedia, de fantasía, pero solo retazos de terror (siempre tendré grabada en la memoria la escena en la que el protagonista sale a un vacío oscuro a trabes de un espejo y se encuentra con un monstruo volador).


Dirigida eficazmente por ese artesano del género que es Steve Miner, House rezuma aires ochenteros en cada fotograma, lo que la da un valor añadido. Su éxito propicio tres secuelas, a cual más indigesta, que recientemente han editado (a excepción de la cuarta) en un único pack de dvd (mi consejo, para el que no las haya visto y tenga curiosidad, es que consiga la primera y pase totalmente del pack). Aunque hoy en día se vea más como una simpática cinta nostálgica, lo cierto es que House fue una de las imprescindibles de las sesiones de video club de barrio. De esos en los que en sus estanterias podíamos encontrar entre tantas otras piezas, previo rastreo y limpieza de polvo, vhs´s de películas de terror, muchas de ellas hoy desconocidas, que llamaban la atención por sus originales carátulas. La de House (cartel arriba) siempre la recordare.

Lo mejor: Es muy entretenida, que es lo único que se la puede (y debe) pedir. Además, ese toque de sano humor ochentero dentro de una película de terror nos trae tantos recuerdos a muchos de nosotros que es imposible no sentir simpatía por ella.

Lo peor: Que, obviamente, vista hoy es la mitad de buena de lo que creíamos hace años.

Valoración (0 a 10): 6,5

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viernes, 21 de noviembre de 2008

La divertida noche de los zombis (Return of the Living Dead Part II, 1988)


Unos vertidos químicos provocan que los muertos vuelvan a la vida con ganas de hincharse a cerebros humanos. Varios personajes, entre ellos una pareja de ladrones de tumbas, una joven con su hermano pequeño y el técnico de la televisión por cable, y un excéntrico doctor tendrán que enfrentarse a las consecuencias.

¡Cerebros, cerebros! Que recuerdos me trae esta película. Cuando aun no sabia ni lo que era el cine de zombis , y me hacia caca en la cama con las cuchillas de Freddy Krueger, vi en un pase televisivo La divertida noche de los zombis, y me acojonó lo suyo. Basta decir que, vista hoy, es obvio que la película no tiene ninguna intención de provocar terror, sino todo lo contrario. Su mismo titulo (al menos la traducción que hicieron en España) lo asegura. Y es que esta secuela de El regreso de los muertos vivientes (Return of the Living Dead, 1985), que ya de por sí contaba con bastante humor negro, es un despiporre general basado en los tópicos del cine de zombis. Pero no por ello deja de mostrar su aprecio por el mismo. Aquí los no muertos hablan (más que nada para pedir su alimento favorito, los cerebros humanos), se entretienen viendo videos de gimnasia, conducen coches, y se mueven como si se hubiese apoderado de ellos el espíritu del videoclip Thriller, de Michael Jackson.

Dan O´Bannon, director de la primera, deja aquí la labor para Ken Wiederhorn, conocido más que nada por dirigir, producir y escribir algunos episodios de la serie televisiva Las pesadillas de Freddy (Freddy´s Nightmares, 1988-1990). Esta claro que Wiederhorn no es O´Bannon, y la película se resiente un poco en la comparación. Con todo, y pese a la irregularidad en algunos momentos, La divertida noche de los zombis tiene momentos muy buenos, que se dan, sobretodo, en la primera media hora. Los dos ladrones de tumbas (encarnados, a modo de homenaje cómplice, por los protagonistas de la anterior entrega), la presencia del primer zombi (con la mítica frase “Quiero tu cerebro”), la cabeza rebanada de una zombi, que sigue con vida dentro de la bolsa, o la aparición de un delirante mad doctor. Aunque no sea nada del otro jueves, y aunque pese más su recuerdo nostálgico a fecha de hoy que su propia calidad, no hay duda de que estamos ante una comedia de terror entretenida y bastante simpática.

Lo mejor: Los primeros treinta minutos.

Lo peor: Algunos chistes prescindibles por repetitivos.

Valoración (0 a 10): 6,5

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martes, 4 de noviembre de 2008

Teeth (2007)


Una niña nace con el mal de la vagina dentada. Al crecer, ya en el instituto, se ha convertido en una conservadora radical, que proclama discursos sobre la pureza y aquello de llegar virgen al matrimonio. Es entonces cuando conoce a un chico con el que empieza a tener deseos nada puros. Aunque finalmente se raja, el chico continúa con intención, e intenta violarla. Intenta más que nada, porque su vagina le arranca el pene de un mordisco. Es entonces cuando la asustada joven comienza a investigar sobre lo que la sucede.

A la hora de escribir el guión de una película como Teeth, se pueden tirar por dos vías radicalmente opuestas. Por un lado, se puede escoger lo más obvio. Esto es, el gore, el cachondeo y, quizás, la típica película de adolescentes. Pero si los responsables le echan pelotas al asunto, y deciden, con mucho riesgo, meterse de lleno en el terreno dramático de la situación, la propuesta puede salir de lo más curiosa e inesperada. A vista de los resultados, Mitchell Lichtenstein, que además de escribir el libreto se ha encargado de dirigirlo en esta, su opera prima, ha tirado por ambos derroteros. Y la cosa es que no le ha salido mal el experimento. Cuando Teeth, en su primera mitad, muestra los componentes puramente dramáticos, nos resulta, por difícil que parezca, verosimil (algo a lo que ayuda la magnifica interpretación de su protagonista, Jess Weixler), mientras que, ya entrados en la segunda mitad, nos despacha con lo que todos estábamos esperando; humor negro, unas cuantas castraciones con ajustadas dosis de gore, y, finalmente, una conversión en cine de justicieros con reminiscencias, a su modo, de La violencia del sexo (I Spit your Grave, 1978).

Teeth parte del mito de la vagina dentada. En algunas culturas se cree que, algunas mujeres, poseen tal anomalía, y solo pueden tener relaciones sexuales con un hombre, llamémosle héroe, que sea él elegido para tan particular misión. Partiendo de dicho elemento mitológico, Lichtenstein confecciona una trama que tiene mucho más que ver con películas como May (May, 2002) que con otras tipo La lengua asesina (La lengua asesina, 1996). Y eso, obviamente, es un punto a su favor. Luego ya habría que pensar en porqué la trama tiene algunos altibajos o en porqué el tono, en ocasiones, se torna confuso (algo a lo que se arriesgaban al intentar mezclar el drama realista con el desmadre gore), dando la sensación de que el guión no sabe exactamente como avanzar. Por ultimo, añadir una apreciación personal. Sabemos que Tiburón (Jaws, 1975) puede crear (y creó) en muchos espectadores un terrible pánico al mar, que la reciente Reflejos (Mirrors, 2008) intenta causar ese miedo, pero trasladado a los espejos, o que Hostel (Hostel, 2005) ídem con las excursiones turísticas por la Europa del este…entonces ¿es Teeth la película definitiva para provocar miedo en cuanto a las relaciones sexuales?

Lo mejor
: Su actriz protagonista, Jess Weixler, magnifica en cada rol del personaje, y que haya alguna escena de castración que, inesperadamente, sorprende por su explicitud.

Lo peor: Cuando, en la segunda mitad, comienza el humor negro, las piezas no terminan de encajar, confundiendo sobre los verdaderos intereses de la propuesta.

Valoración (0 a 10): 6,5

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viernes, 17 de octubre de 2008

Atrapados (Feast) (2005)


“El inesperado ataque de unas criaturas monstruosas con planes de darse un buen festín hace que un grupo variopinto de personas intente defenderse encerrándose en un bar, que como suele ocurrir, no será más que su propia trampa mortal”.

Esto de las películas con monstruos devoradores de humanos es lo que tiene. Como ya está todo hecho desde hace muchos años, lo que queda para renovarse es hacer parodia (o seudo parodia) del mismo, aun con respeto al material. Por eso mismo, Atrapados lo que propone como novedad es avanzar, desde los primeros minutos, la esperanza de vida de cada inepto personaje que se reúne en el habitáculo cerrado esperando ser acribillado por las criaturas en cuestión. Pero la gracia está en que, una vez anunciados sus respectivos futuros más bien dudosos (o no), el guión va tomándonos el pelo quitando la vida a quienes en un principio se anunciaban como vencedores de la truculenta orgia carnívora, y viceversa. Así hasta el punto que no sabes que personaje tiene más papeletas de llegar al final, pues no queda claro ninguno como protagonista o elemento importante de la función. Más allá de esta graciosa premisa, Atrapados propone lo que otras tantas ya nos han ofrecido, pero metiéndose en el club de las que están realizadas con oficio y resultan en gran medida divertidas y sangrientas. Vamos, que no engaña a nadie.

Aunque realizada hace tres años, y también estrenada en Estados Unidos en circuitos limitados, Atrapados no ha llegado a España hasta el año que acontece. Y lo más curioso es que mientras nosotros por fin podemos verla, ya se encuentra lista para estreno la secuela, así como una tercera entrega en fase de post producción. A parte de lo macarra de la propuesta en no pocas ocasiones, lo más llamativo de Atrapados es su deseo constante de mostrar gore sucio, sin necesidad de hablarnos del origen de los monstruos ni centrarse demasiado en las relaciones entre los personajes. Vaya, que va al grano. Ochenta minutos de evasión cinéfaga que, como curiosidad, vienen producidos por Matt Dammon, Benn Affleck y Wes Craven.

Lo mejor: Los primeros treinta minutos, con la hilarante presentación de personajes y alguna que otra sorpresa argumental. Y obviamente la cantidad de hemoglobina derramada cada diez minutos.

Lo peor: Hacia la mitad, la cosa pierde un poco de ritmo hasta que llegamos al desenlace, y algunos ataques de los monstruos resultan un tanto confusos debido a un montaje epiléptico.

Valoración (0 a 10): 6,5

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viernes, 12 de septiembre de 2008

Severance (Desmembrados) (2006)


“Un grupo de trabajadores de una empresa armamentística viajan hasta un bosque para tomarse un retiros juntos y aprender del compañerismo en el trabajo. Una vez allí, unos locos les harán la vida imposible asesinándoles con las mismas armas que su empresa construye”.

Aquí en España vimos Desmembrados en cines en una sesión doble junto a la simpática Ovejas asesinas. El experimento no salió demasiado bien a juzgar por la semana que las tuvimos en cartelera por Madrid, pero al menos dio la oportunidad a un puñado de aficionados de ver dos películas en la gran pantalla que de otro modo se hubiesen estrenado directamente en las estanterías del video club. Yo no fui uno de esos afortunados que por seis euros se vio las dos películas de un tirón, pero ya en su edición en dvd las he echado el guante para saber si eran verdad las cosas tan buenas que se hablaban en determinados sitios. Ovejas asesinas ya tuvo su reseña en el blog hace unos meses, y ahora a Desmembrados, de la que, a priori, esperaba menos. Y una vez vista, la verdad es que la sensación ha sido justo la contraria. Mientras Ovejas asesinas tan solo es una comedia gore medianamente entretenida y con alguna escena sangrienta divertida, Desmembrados se confirma como una buena película, ágil e inteligente, que, sobretodo a partir de la segunda mitad, contiene algunos de los momentos más delirantemente efectivos del terror con humor negro y mucha mala leche (atención a la escena que tiene que ver con un bazoca y un avión).

Desde el punto de vista de la crítica social, el guionista y director Christopher Smith, que se dio a conocer hace cuatro años con la entretenida Creep, saca a relucir los males de la sociedad capitalista, y sobretodo de la industria armamentística. Pone a unos inútiles con trajes de diseño dentro de una pesadilla sanguinolenta en la que se convierten en presas de su propio trabajo. Para la mirada acida sobre el tema era inevitable el tono irónico en todo momento. Incluso en las escenas que parece que la seriedad se va a apoderar de la película, se sacan un as de la manga para volver al sano cachondeo. Con un único punto negativo referente a los primeros treinta minutos, en los cuales la presentación de situación y personajes carece del interés del resto, Desmembrados puede considerarse una de las más efectivas películas del terror ingles de los últimos años.

Lo mejor: El sentido del humor y la mala hostia que rodean casi todo el metraje, incluso en las escenas más truculentas.

Lo peor: Los primeros treinta minutos, que carecen del buen ritmo del desarrollo y el desenlace.

Valoración (0 a 10): 7,5

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