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miércoles, 11 de agosto de 2010

Airbender, el último guerrero (The Last Airbender, 2010)


Que Shyamalan estaba perdiendo el rumbo era algo que se veía venir desde La joven del agua (Lady in the Water, 2006). Aquella y, sobretodo, El incidente (The Happening, 2008), evidenciaban el desgaste del que, hasta ese momento, era uno de los autores más personales e interesantes del cine comercial moderno. La taquilla de ambas tampoco ayudó, por lo que el director de origen hindú decidió dar un vuelco a su carrera y pasarse al cine de aventuras familiar. Para ello, se asoció con la cadena televisiva Nickelodeon, dispuesto a adaptar a la gran pantalla una de sus series animadas de culto y gran éxito: Avatar, la leyenda de Aaang (Avatar: The Last Airbender, 2005-2008). Su búsqueda de nuevo público no parece haber sido del agrado de la crítica (un 92% de valoraciones negativas según Rottentomatoes) ni de los espectadores (4,3 de media en IMDB o 4,7 en Filmaffinity). Pese a los malos augurios, tenía esperanza en que los prejuicios de muchos sobre el director hubiesen hecho acto de presencia más de la cuenta, y que Airbender, el último guerrero fuese, al menos, una película entretenida y correctamente realizada. Pero no ha podido ser.

Involucionando


Cuando Shyamalan estrenó la magnifica El sexto sentido (The Six Thense, 1999) todo parecía indicar que se trataba de un nuevo “Rey Midas” del cine comercial. Algo así como un Spielberg en proyecto. En aquella historia de fantasmas se notaba un gusto por el detalle exquisito, dominio de los planos, del tempo narrativo, dirección de actores cuidada al milímetro. Sin necesidad de escapar de lo mainstream, su visión del cine, y del género de terror en particular, encajaba con la de un autor perfeccionista e intimo. Despues de aquella realizó su obra maestra, El protegido (Unbrekeable, 2000) y sorprendió de nuevo ofreciendo una historia sobre superhéroes en el mundo real muy arriesgada. El éxito se mantuvo de su lado, al igual que con sus dos siguientes propuestas, las notables Señales (Signs, 2002) y El bosque (The Village, 2004). No obstante, aunque las cifras en taquilla fuesen elevadas, no eran en ningún caso películas accesibles a la mayoría de espectadores. Su particular universo y forma de comprender los temas a tratar se dio de bruces con ciertos sectores de crítica y público. Las anteriormente citadas (y mucho más flojas) La joven del agua y El incidente fueron la excusa perfecta para hacer crecer la indiferencia / odio por Shyamalan en los que ya no estaban muy convencidos, y a su vez perder algunos adeptos. Tal vez por todo esto aceptó su primer encargo (pese a que vuelve a escribir el guión) con la adaptación de Avatar, la leyenda de Aaang.

Algo huele mal en las naciones

No puedo hacer comparaciones con la serie, pues, aunque la tengo en la lista de visionados pendientes, aún no he podido comprobar sus excelencias. Por lo tanto, tampoco sé si este Airbender es una adaptación fiel a su original, cosa que dudo en gran medida. Para los que anden tan perdidos como yo, aquí va un poco de la trama. La cosa, básicamente, es que el mundo está dividido en cuatro naciones: Aire, Agua, Tierra y Fuego. Un niño llamado Aang viene a ser el Avatar, que es una especie de guerrero entrenado para dominar todos los elementos. Por otro lado, el joven príncipe de la nación del fuego desea por todos los medios “cazar” al Avatar. Pero el chaval no es malo del todo, sino que su padre, el mandamás de la nación, tiene planes de conquista sobre las otras naciones y, por tanto, es mejor quitar del medio al tal Aang, que se ha aliado con el enemigo. Y entre tanto batiburrillo de idas y venidas, surge alguna escena de acción descafeinada, algún romance adolescente y una batallita que, en el trailer, parecía que iba a dar mucho más de sí. Cierto es que es un producto diseñado, sobretodo, para los más pequeños. Pero no por ello hay que dejar de exigir un mínimo de ganas en sus responsables.


Lo primero que percibimos en Airbender es que su director parece haber desaparecido. Pese a que la fotografía es sensacional, al igual que la banda sonora del habitual James Newton Howard, los planos ya no tienen el mismo interés, la misma vida. A la media hora todo huele a prefabricado, a estar dirigido sin ganas y lo más rápido posible para estrenar en salas. La dirección de actores infantiles, algo que hasta ahora se le había dado de maravilla (sacar a un niño una buena interpretación, y además hacer que no resulte repelente, es motivo de aplauso) aquí se ha descuidado por completo. Todos y cada uno de los interpretes pequeños o adolescentes están horriblemente sobreactuados (mención especial al, se suponía, prometedor Dev Patel). El guión, punto de fuerte en sus primeras películas, brilla por su ausencia. No hay sentido de la narración ni del ritmo, por lo que gran parte del metraje se siente aburrido y, al menos en lo que a mí respecta, no fui capaz de entrar en la trama en sus noventa minutos. Como único aliciente, además de la fotografía o la banda sonora, tenemos unos efectos especiales que cumplen sin estridencias, aunque Shyamalan es más un director de sugerencias y suspense, que de espectáculo y acción. Y se nota. Esperemos que con su nueva película como director, que parece le devolverá a lo que mejor saber hacer, así como su historia para la prometedora Devil, aquel cineasta de los comienzos vuelva a recibir los halagos que se merece. Hasta entonces, nos quedamos con la decepción.

Valoración (0 a 5): 1,5

lunes, 2 de agosto de 2010

El equipo A (The A Team, 2010)


El equipo A, que recuerdos. Cuando aún no sabia que nos salía pelo en las zonas intimas, series como aquella, El coche fantástico o Los vigilantes de la playa amenizaban las sobremesas aburridas, mientras esperaba que algún amiguete llamase al portero para bajar a jugar a las chapas. Eran series malillas, pero nos lo hacían pasar en grande. En aquellos tiempos no analizábamos todo tanto. No poníamos puntuaciones, ni decidíamos si el guión nos parecía bueno o mediocre. Tan solo, lo pasábamos bien. Con esa idea en mente parece haber sido concebida esta adaptación a la gran pantalla. Y aunque ahora si analicemos más, si pongamos puntuaciones y también nos demos cuenta cuando el guión es barullo escrito en dos días, siempre podemos desconectar por dos horas si la ocasión lo merece. Esa, amigos, es la única forma de enfrentarnos a El equipo A, la película, y salir de la sala tarareando el tema de la banda sonora. Eso y que, aunque se trate de un producto “para todos los públicos”, tal como era la serie, nos devuelve por momentos lo mejor de ese cine de acción de los ochenta, amenizado con efectos especiales del siglo XXI. Que algo como El equipo A funcione tiene como factor imprescindible no ser tomada en serio, ni por sus responsables ni por nosotros. Los primeros minutos son toda una declaración de intenciones (de esas de “esto es lo que hay, si no te gusta ya no pintas nada aquí”). La película abre con una set piece de super acción ruidosa, espectacular y…muy bien realizada. Por suerte su director, el eficaz Joe Carnahan, sabe lo que quiere vender y no se anda con tonterías. Y ya puestos, tampoco nos vuelve loca la cabeza con planos de dos segundos dentro de un montaje epiléptico.


La presentación de los personajes es brutal. A la vieja usanza. Vale con tres o cuatro minutos para cada uno, mientras nos presentan su sarcasmo dentro de situaciones casi suicidas (herencia del mejor Bruce Willis, que no por nada estuvo tanteado para uno de los personajes), y todo se cierra con una persecución de helicópteros que poco tiene que envidiar a los trapecistas del mejor circo. Si hemos entrado en el juego, lo que viene después, sin necesidad de sorprendernos o dejar de resultar de lo más previsible, nos lo hará pasar tan bien como cuando éramos niños y jugábamos a los pistoleros en la hora del recreo. Aquí hay tanques que vuelan, planes de fuga rocambolescos (atención al que tiene que ver con una nostálgica película en tres dimensiones), contenedores gigantes que vuelan por los aires en docenas, y entre medias un grupo de tipos duros con uno de esos sentidos patrióticos que en la vida real a muchos resultarían grotescos, reaccionarios y hasta pueriles, pero que vistos en la ficción, más concretamente en la ficción cafre y sin prejuicios propia de, como dije, el cine de acción ochentro, nos hacen olvidar moralidades y política para centrarnos en la diversión. Por todo ello, y aunque haya diálogos sonrojantes cada segundo, aunque los protagonistas se lo pasen pipa más que interpretar, y aunque el guión tenga menos trama que un garabato, me lo he pasado tan bien con el nuevo Equipo A que no puedo menos que agradecer a Carnahan y sus compis haberme devuelto a aquellos tiempos en los que analizar sesudamente el (digno) entretenimiento era cosa de críticos amargados y sin vida sexual.

Valoración (0 a 5): 3

miércoles, 12 de mayo de 2010

The Burrowers (2008)


Raro es ver actualmente una película que se desarrolle en el salvaje oeste. Pero más raro todavía es que el género de terror se mezcle con el western. Salvo algún que otro subproducto de nulo interés, poca cosa ha salido no ya en los últimos años, sino en la historia del celuloide. Tal vez por ello, una película como The Burrowers haya llamado la atención más de la cuenta en diversos festivales especializados. Y digo más de la cuenta, porque el resultado, al menos desde el punto de vista del aquí firmante, queda lejos de las altas valoraciones obtenidas en su paso por dichos certámenes. El guión parte de una idea interesante: meter en un entorno de pistoleros, indios y vaqueros, a unas criaturas con hambre de carne de humana. Así, contemplamos, aunque de forma rutinaria y más lenta de lo deseable, la odisea que lleva a los vaqueros a hacer un viaje buscando respuestas a ciertos ataques que sufrieron en sus tierras. Por supuesto, piensan que los causantes fueron sus enemigos, los indios, lo que causará los previsibles y sanguinarios mal entendidos entre ambas culturas mientras que los monstruos de marras (que se ocultan bajo tierra) continúan su caza.


El problema de The Burrowers no es el guión en sí. La trama tiene interés, pero la puesta en escena de su director, J.T. Petty, también guionista y director de la serie televisiva en la que se basa la película, es demasiado plana y sosa, además de carecer de ritmo, oscureciendo las ventajas que podría dar una historia, a priori, original. Los actores no están mal, los efectos especiales y de maquillaje cumplen (aunque las criaturas aparecen casi siempre en la oscuridad y con un montaje un tanto epiléptico), pero sus noventa minutos se hacen tan y tan largos, que más de una vez empiezas a hablar con la almohada. Por cierto, el tal Petty, también ha dirigido Mimic 3 (Mimic: Sentinel, 2003) y parece especializado en guiones para videojuegos, entre ellos algunos de Batman y conocidas sagas como Splinter Cell.

Valoración (0 a 5): 1,5



Leer critica The burrowers en Muchocine.net

lunes, 14 de septiembre de 2009

Dragonball Evolution (2009)


Tras morir su abuelo y maestro, Goku coge su testigo para defender una bola de dragón. Se trata de una de las siete que hay esparcidas por el mundo. El poder que otorga poseer dichas bolas es perseguido por Piccolo, un ser con oscuros planes para el mundo.

Puede que Dragonball: Evolution sea la película peor criticada pero, sin embargo, más vista de los últimos años. No hay casi nadie que la defienda, pero, aunque sea para insultarla, la han visto millones y millones de personas. Parece, por tanto, que estemos hablando de un gran éxito de taquilla, pero tampoco. La mayoría de la gente que la ha visto, a juzgar por las pobres cifras que ha recaudado, se la han bajado de Internet antes o después del estreno en cines. Es curioso, porque puede que se termine convirtiendo en uno de esos clásicos del culto más trash (aunque sea una producción supuestamente A), de esos que nadie se quiere perder pese a su olor a churro. Tiempo al tiempo. Actualmente vemos este extraño subproducto como lo que es: un fallido intento de crear una franquicia cinematografía basándose, solo por encima, en los famosos personajes que fliparon a toda una generación. Ese intento de evitar ser fieles al espíritu de la saga, para, de este modo, hacer una película familiar que pueda ver cualquiera aunque nunca haya oído hablar de la obra precedente, huele a podrido desde el primer fotograma. Pero vayamos por partes.

Bola de dragón (Dragon Ball) es un manga creado, en 1984, por Akira Toriyama. Sus personajes adquirieron verdadera fama al ser traspasados a la televisión, a lo largo de dos series que dieron pie a diversos programas televisivos, una interminable lista de videojuegos, alguna que otra película que no tuvo demasiada suerte y más cómics. El clamor popular pedía desde hace años una buena adaptación a la gran pantalla, y los nombres para hacerse cargo de ella han abarcado una lista bastante amplia. Se llegó a tantear a directores como Robert Rodríguez, los hermanos Wachowski o Roland Emmerich, pero, no se sabe muy bien porqué, se decantaron por James Wong, conocido por ser responsable de Destino final (Final Destination, 2000) o El único (The One, 2001). El tema del presupuesto también causó más de un quebradero de cabeza. Se llegó a afirmar que se trataba de una superproducción de más de 100 millones de dólares. Cuando, al estrenarse, sonó el fiasco, se apresuraron a corregir esos rumores y decir que tan solo costó 45 millones. Viendo el resultado, es mucho más creíble esto último, aunque vete a saber que ha hecho con el dinero esta gente.

Nunca he sido fan de la saga. A decir verdad, solo he visto, sin continuidad, algunos episodios de las series, he jugado a varios videojuegos y tengo en casa cogiendo polvo una de las películas chungas (no oficiales, supongo) que hicieron. No obstante, comprendo la irritación de pelotas de muchos fans. Vista como una película a parte, no sembraría tanto desprecio, pues, aunque mala, no me parece algo insultante. Ahora bien, estar basada en una las más populares obras del manga es lo que tiene. Incluso sus responsables estarían al tanto de la que les caería encima, pero buscaron al caballero Don Dinero de forma errónea. Los efectos especiales son de tercera, los interpretes, a parte de estar mal escogidos, resultan mediocres, y tanto el guión como la dirección son meramente funcionales. No se han esforzado en ningún aspecto, como si la hubiesen hecho de carrerilla para intentar solucionar dudosos problemas económicos. No es peor que un Mortal Kombat (1995) o un Dead or Alive (DOA, 2006), pero se esperaba como uno de los blockbusters punteros de los últimos años, y finalmente ha sido un producto que podría haber firmado Uwe Boll sin miedo a despeinarse.

Lo mejor: Solo dura setenta minutos (sin contar los créditos finales), por lo que no se pierde mucho el tiempo. Aburrir no aburre, e incluso puede ser una gran peli-birra para ver con los colegas.

Lo peor: A parte de que, en su conjunto, es mala sin discusión, el contraste de las expectativas con lo que finalmente vemos es abrumador.

Valoración (0 a 10): 3,5

Trailer



Leer critica Dragonball Evolution en Muchocine.net

lunes, 25 de mayo de 2009

Star Trek (2009)


De adolescentes, James Tiberius Kirk y Spock, en principio enemigos, oponentes con ganas de tener el mando de la nave espacial Enterprise, comienzan su viaje por el espacio. Junto a la tripulación, deberán enfrentarse a un temible romulano llamado Nero, un ser diabólico en busca de una equivocada venganza. La particular misión de Nero consiste en ir borrando planetas de la galaxia.

Star Trek es uno de los casos más curiosos e interesantes de analizar del mundo televisivo. Nunca una serie emitida con más pena que gloria a nivel de audiencias había conseguido un masivo culto y éxito posterior como el de ésta producción. El universo de Star Trek fue creado por Gene Roddenberry, un tipo que venia de luchar en la Segunda Guerra Mundial y había trabajado como policía. De su mente surgió una historia en la cual el mundo aún conservaba la esperanza de paz, el optimismo, al contrario de lo que sucedía en el que nos toca vivir. Los tripulantes del Enterprise, una sofisticada nave espacial, se dedicaban a viajar por el espacio encontrando nuevos planetas y viviendo aventuras y enredos personales. Aunque la serie no triunfó en números de share, la cantidad de fanáticos fue tan grande que, pese a la cancelación, la historia de Star Trek no había hecho más que comenzar. No solo se emitieron siete series más a lo largo de la historia (incluida una de animación), sino que se convirtió en una exitosa franquicia cinematográfica. Y de esto hace más de cuarenta años.

El aquí firmante nunca ha sentido ningún entusiasmo por esas series, ni esas películas. Siempre me ha dado pereza adentrarme en todo esto. Lo poco que he visto, me ha parecido un somnífero. Pero coño, algo tendrá cuando se ha tirado en antena, salvando obstáculos, desde los sesenta, y casi todas sus películas han sido grandes éxitos comerciales (sobretodo en Estados Unidos). Eso mismo debió pensar J.J. Abrams cuando le ofrecieron dirigir la película que nos ocupa. Abrams ha confesado en numerosas entrevistas que nunca ha sido fan de la saga. Aunque con tales comentarios parezca extraño que le den 150 millones de dólares para hacer la película, todo cobra sentido una vez vista. Es una elección acertada porque, a parte de ser un director y productor de probada eficacia comercial y artística, el creador de Perdidos (Lost, 2004-¿?) y director de Misión: Imposible 3 (Mission: Impossible III, 2006) esta capacitado para devolver la franquicia al publico general, tanto joven como adulto, y no solo a los llamados trekkies. Para quien no lo sepa, los trekkies son los (muy) fanáticos del universo Star Trek. Tienen hobbies como aprender el idioma de sus personajes, saludarse con la mano abierta y dedos separados (ver la película para entenderlo) y ser vírgenes (¡!). Tranquilos, para disfrutar de éste reboot no hace falta estudiar otras lenguas ni practicar el onanismo eterno.

Abrams se encuentra más cómodo emulando a George Lucas y a Steven Spielberg que siguiendo el camino iniciado por Roddenberry. Por ello, no hay tanta (supuesta) profundidad. Encontramos una película de aventuras bien realizada, a ratos espectacular, a ratos épica. Los efectos especiales son excelentes, así como la banda sonora, y hay varias set pieces que dejan en ridículo lo visto anteriormente en la franquicia. Sin embargo, Star Trek no es tan buena como muchos la pintan. El entusiasmo que ha despertado, tanto en crítica como en público, es desmesurado. Otro de esos casos de mucho ruido y algunas nueces, que se dan debido a la poco afortunada media de calidad del blockbuster actual. La realidad es que, después de un vertiginoso comienzo, y previo a un clímax final de altura, contémplanos un nudo menos interesante de lo pretendido. Hay situaciones un tanto forzadas (más agujeros negros en el guión que en el espacio exterior) y algún que otro personaje alienígena que pretende hacer competencia, en ñoño, al terrible Jar Jar Binks.

Lo mejor: Los primeros cuarenta y cinco minutos son magníficos. Algunos actores defienden bastante bien su mítico personaje, como Zachary Quinto en el rol de Spock, pero sobretodo Eric Bana como el maléfico romulano Nero. Abrams dirige con soltura y sentido del espectaculo las escenas de acción, y la banda sonora, sin ser fiel al original, cumple en todo momento.

Lo peor: Aquello de mucho ruido y solo varias nueces. Parecía un acontecimiento, ya fueras trekkie o iniciado, pero es tan fácil de ver como de olvidar.

Valoración (0 a 10): 6,5

Trailer

lunes, 10 de noviembre de 2008

Speed Racer (2008)

Tras la muerte de su hermano, Rex, legendario piloto de carreras de coches, el joven Speed Racer se propone alcanzar el sueño de ambos, logrando salvar, al mismo tiempo, el negocio familiar, el corrupto mundo de las carreras automovilísticas, y por ultimo alzarse como vencedor de la gran carrera del país conocido como The Crucible, en la que murió Rex. El único obstáculo entre Speed y dichos sueños es Empresas Royalton, competencia de su familia en el mundo automovilístico, que tras ser rechazados por Speed para trabajar con ellos, harán todo lo posible para que no consiga sus objetivos.


Speed Racer fácilmente será recordada como la película maldita de los hermanos Wachowsky. Y quien sabe si quizás por ese motivo, al igual que sucedió con una película de características similares, Tron (Tron, 1982), con el tiempo surja un culto alrededor de ella. Después del gran éxito de la trilogía que comenzó con Matrix (Matrix, 1999) y que continuó con las decepcionantes Matrix Reloaded (Matrix Reloaded, 2003) y Matrix Revolutions (Matrix Revolutions, 2003), estos dos hermanos estaban a prueba para su próximo proyecto tras las cámaras, y saltándose todas las previsiones, decidieron dar un giro a su carrera y meterse de lleno en el cine familiar. Eso si, sin olvidarse de su megalomanía visual, contemplada sobretodo en la citada trilogía. De echo, en Speed Racer juegan continuamente al “más difícil todavía” en cuestiones técnicas. Como resultado, nos ofrecen un espectáculo tan abrumador, exagerado y pretendidamente épico (por grande, y en cierto modo, largo) que su mayor virtud consiste precisamente en dejar a poca indiferente, ya sea para bien, o para mal.

Speed Racer es la adaptación de la popular serie de animación japonesa, aquí conocida como Meteoro, y que estuvo en antena entre 1.967 y 1.968, con un total de 52 episodios. Más tarde se crearon secuelas como Speed Racer X o Las nuevas aventuras de Meteoro, que no terminaron de cuajar entre el publico. Esta adaptación en live action, aunque anunciada a bombo y platillo como uno de los platos fuertes del año, terminó convirtiéndose en uno de los fiascos comerciales del mismo, recaudando tan solo 84 millones de dólares alrededor del mundo, con un presupuesto de 120. Por ello, la idea de los Wachowsky sobre crear una franquicia quedó empañada demasiado pronto. Así mismo, mucha gente no tragó con la propuesta. ¿Adelantada a su tiempo? No creo. El problema de Speed Racer es que no sabe muy bien hacia que lugar ir. Al igual que la citada Tron, pone su mira en el mercado familiar, y en los niños principalmente, pero, a lo largo de sus excesivos 135 minutos, apabullan de tal forma con tanta información visual que los propios niños no entenderán un carajo y terminarán con dolor de cabeza. Y en el caso de los adultos, la ñoñeria y el pastel son tan agudos en no pocos momentos que, muchos, dejaran de prestar atención tras los primeros treinta minutos.

Opiniones del resto a parte, lo que el aquí firmante puede decir de su experiencia con Speed Racer es que, probablemente, dadas las mínimas expectativas que tenia antes del visionado, pienso que no hay para escupirla de ese modo. De acuerdo, la sobran treinta minutos. De acuerdo, satura demasiado con un espectáculo que, por otro lado, resulta monótono en sus escenas de acción. Pero el caso es que esta película tiene algo que me hace no poder ser severo con la reseña. Puede ser su apartado visual, que, con todo, se queda en la retina bastante tiempo después de haberla visto. Puede que sea la labor, siempre excelente, de intérpretes como Susan Sarandon, John Goodman o incluso Matthew Fox, o puede que simplemente sea porque, durante algunas escenas, he disfrutado como un niño. Haciendo la suma de estas cosas, Speed Racer sigue sin llegar a ser del todo destacable, pero sin duda puede ser recordado como un intento curioso, arriesgado, y quien si sabe si muy interesante dentro de una década, de crear un nuevo modelo de blockbuster para todos los públicos.

Lo mejor: Se la han trabajado mucho en el apartado visual, ofreciéndonos por momentos una autentica experiencia.

Lo peor: Que se alargue más de la cuenta, que se pase de ñoñerias y utilice demasiados recursos humorísticos tan facilotes y pasados de rosca al mismo tiempo (¡!) que terminen por quedar en ridículo en lugar de provocar la sonrisa cómplice.

Valoración (0 a 10): 6

Trailer