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jueves, 2 de diciembre de 2010

Skyline (2010)


Caen del cielo luces azules. Aparecen decenas de naves alienígenas. La gente no puede evitar mirar al cielo, y miles de personas empiezan a ser absorbidas. Entre tanto, los pocos supervivientes que quedan en un edificio de lujo inmerso en la pesadilla, tienen que arreglárselas para escapar con vida, lo que no les será fácil puesto que de las naves han ido saliendo unos ocupantes bastante agresivos y de gran tamaño.

Cuando ofrecieron el primer trailer de Skyline, muchos pensaron que se trataría de un bombazo para los próximos meses. El siguiente trailer, más largo y explicito, rebajó un poco esas expectativas. No obstante, incluso antes de dichos avances, se comentaba que podríamos estar ante el District 9 (2009) de este año. Es decir, que una nueva película de ciencia ficción con alienígenas y presupuesto reducido iba a dar la sorpresa. Al final, la cosa ha quedado en bien poco. Por un lado, las cifras en taquilla están siendo mediocres, aunque en ningún caso se puede considerar un fiasco, pues el presupuesto, aunque parezca mentira, ha sido de sólo diez millones de dólares. Por otro lado, y a fin de cuentas el más importante para nosotros, las críticas y opiniones del público están siendo terribles. Los hay que la adjudican el titulo de la peor película de 2010. ¿Y qué piensa el aquí firmante de todo este lío? Pues que Skyline es mala, pero no llega a ser terrible, y tampoco lo peor de este año.

Los hermanos Strause, unos expertos en efectos especiales que incluso tienen su propia empresa al respecto, se iniciaron en esto de la dirección con Alien vs. Predator 2 (2007). Sobra decir que aquella no fue una buena carta de presentación para los aficionados en general, y mucho menos para los fans de las sagas que tocaba. Para su siguiente película querían contar una historia de invasiones alienígenas teniendo el mando de absolutamente todo lo que rodease al proyecto. La única forma de conseguir esa libertad “creativa” fue rascándose los bolsillos, llevando el rodaje casi literalmente a su propia casa y encargándose ellos mismos de los efectos especiales. Así hicieron. Tanto que, como apuntaba en el anterior párrafo, con diez millones de dólares, una cantidad irrisoria para este tipo de producciones, contrataron a unos cuantos actores y actrices de esos que “suenan” pero cuyo caché es poco elevado, se los llevaron al propio edificio donde viven y tienen su estudio de efectos especiales, escribieron un guión de tres folios y dieron comienzo al rodaje.

Hay dos cosas que chocan cuando uno ve Skyline. Lo primero, su penosa fotografía. A no ser que el proyector del cine al que fui estuviese en mal estado, la fotografía es, en ocasiones, demasiado oscura incluso en las escenas diurnas. La segunda cosa es buena; los efectos especiales. Hay momentos en los que cuesta creer que su presupuesto sea tan reducido. No quiero decir con esto que aparente ser una superproducción (en ocasiones las maquetas se notan demasiado, como en el caso de los aviones de combate), pero sí resulta más espectacular y creíble que muchos directos a video club con un presupuesto similar.

El problema es que se queda en eso. El único logro que se la puede adjudicar es la eficacia de los Strause a la hora de crear los trucajes visuales y ponerlos en convivencia con los personajes y escenarios reales. El guión es un monótono alud de plagios demasiado evidentes y sin gracia de éxitos modernos; desde La guerra de los mundos (War of the Worlds, 2005) hasta Independence Day (1996), pasando por Monstruoso (Cloverfield, 2008) y unas cuantas más. Los personajes son planos hasta la extenuación, por lo que en ningún momento uno siente inquietud por su devenir. Tanto te da si mueren aplastados, poseídos por las luces alienígenas o se van a tomar una copa mientras ven la televisión.

Tampoco puedo decir que me haya aburrido a lo largo de sus escuetos noventa minutos. Efectivamente, es monótona, simple, y carente de garra en sus situaciones dramáticas; pero vista sin expectativas (la expectación creada ha sido su principal lastre), más allá de pasar el rato con un intrascendente sci-fi de rebajas con buenos efectos especiales y alguna escena de acción bastante decente, puede ser tomada a broma y resultar, incluso, entretenida. Tal vez, si la viésemos con quince años, alucinaríamos con escenas como la muy publicitada absorción de humanos, los ataques de gigantescos aliens o la mini batalla aérea, olvidándonos del resto. Lastima que a estas alturas no sea suficiente para aplaudir algo que, sin duda, podría haber llegado a más (mucho más) en mejores manos que las de los hermanos de marras.

martes, 19 de octubre de 2010

Monsters (2010)


Hace seis años, la NASA descubrió la posibilidad de vida extraterrestre. Envió una sonda al espacio para recoger muestras, aunque de regreso a la Tierra hubo un accidente y las muestras, al poco convertidas en criaturas de gran tamaño, quedaron esparcidas por México, poco antes de la frontera con Estados Unidos. En México se encuentra atrapada una ciudadana estadounidense, hija del millonario jefe de un periódico. Este manda a un empleado, un fotógrafo, para encontrarla y llevarla de vuelta. Al principio todo parece sencillo, pues con el dinero son capaces de comprar billetes para volver a Estados Unidos de un modo seguro; pero, debido al robo de los billetes poco antes de embarcar, se verán obligados a viajar por la zona infectada.

El subgénero de monstruos gigantes ha sido maltratado sin piedad. Desde que conociese una edad de oro en la década de los cincuenta y parte de los sesenta, la caspa fue ganando terreno y muchos cineastas de segunda (o tercera) división querían su trozo del pastel. En los últimos años no hemos conocido mes en el que varios de estos subproductos llegasen a las estanterías del video club; pero, una vez más, generalizar es malo. Tanto, que dentro de la escasa producción de calidad relativa al subgénero, algunos rompedores cineastas se las han apañado para actualizarlo y, de paso, venderlo al publico masivo de los múltiplex, sin dejar de contentar a los típicos críticos amargados. Las dos propuestas más conocidas y validas dentro de esa tendencia vienen a ser las notables The Host (Gwoemul, 2006) y Monstruoso (Cloverfield, 2008).

Cine de autor. Eso es, en gran medida, lo que diferencia las dos películas citadas de tantas otras que se quedan en el limbo. Aunque, ojo, cine de autor bien entendido; no de ese que provoca migrañas o somnolencia aguda. La acertada mezcla de intereses artísticos, serios, casi poéticos (en el caso de la primera) o experimentales (en el de la segunda) con la habilidad para hacer llegar el invento al mayor número posible de espectadores.

Cuando pude ver el primer trailer de Monsters, me ocupó cierta sensación de deja vu. Todo parecía indicar una nueva Monstruoso con ínfulas de la genial Distritito 9 (District 9, 2009). Nada más lejos de la realidad. Precisamente, la sorpresa que supone, durante su visionado, Monsters, será lo que a más de uno le saque de la película. No hay a penas acción, las influencias son mucho más dispersas de lo que parecía, y las apariciones de los monstruos que advierte el titulo son escasas, aunque muy bien realizadas. Más que una película de monstruos alienígenas, se trata de una película sobre monstruos humanos, pues los primeros llegan aquí “llamados” por nuestros gobiernos, para luego darles la bienvenida a ritmo de disparos y misiles -“ellos solo se ponen nerviosos cuando aparecen los aviones americanos”-

Más que una película de acción, aventuras y / o terror, parece un Lost in Translation (2003) pasado por el filtro del cine de género y la denuncia social. Habrá quien se sorprenda igual que yo, pero también quien se aburra y quede decepcionado; los personajes, pese a no estar descritos a grandes rasgos, son presentados a lo largo de cuarenta y cinco minutos. Se toman su tiempo para que nos creamos la historia de amor que ira surgiendo a posteriori, y para, al fin y al cabo, comprender el propósito de fabula moral que tiene el relato en cuanto a las motivaciones y destinos de los dos protagonistas.

Monsters es la opera prima de Gareth Edwards, que había dado sus primeros pasos en la televisión. Su labor tras las cámaras es una de las principales bazas, sobretodo en los momentos puntuales en los que aparecen las criaturas (algo así como unas sepias gigantes); con muy pocos recursos económicos consigue que todo sea creíble y no exento de tensión, pese a la marcada sutileza y los obvios trucos para evitar que se note la falta de presupuesto (los “ataques” siempre suceden con muy poca luz y se basan más en el detalle que en lo explicito). Pero, como dije, no busquéis una monster movie al uso, ni un producto de ocio de rápida digestión. Aún con sus limitaciones, y a falta de darle algún visionado más, podría constituirse sin problemas como un referente indie para el subgénero.

Su periplo comenzó meses atrás en varios festivales, cosechando buenas críticas. Estos días ha estado dándose a conocer en tierras españolas a través del Festival Internacional de Cine de Sitges, aunque su distribución comercial es, en principio, dudosa. Una lastima, pues es otro ejemplo de que el cine de género sigue creciendo y actualizándose, con directores jóvenes y con talento que proponen ideas (más o menos) innovadoras y reclaman su sitio en una industria de secuelas, remakes, precuelas y adaptaciones varias. Esperemos que tenga su oportunidad.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Resident Evil: Ultratumba (Resident Evil: Afterlife, 2010)


En un mundo cada vez más desolado y con menos supervivientes, Alice continua su viaje buscando a los que aún son seres humanos entre una mayoría de muertos vivientes, y luchando contra la poderosa corporación Umbrella, causante de tal devastación. El viaje ésta vez la lleva hasta Los Ángeles, donde un grupo de personas sobrevive como puede escondiéndose en una prisión abandonada. El exterior es dominio de los zombis, y la única esperanza reside en un lugar llamado Arcaida, del que llegan mensajes por radio alentando a los vivos para llegar hasta él.

Ante películas como Resident Evil: Ultratumba, los términos buenos o malos pasan a un segundo plano. Es decir, ¿realmente alguien va a verla, y más aún conociendo las tres anteriores, esperando una buena o mala película? Eso, al menos, no es la opción más sensata. No me considero fanático de la saga de videojuegos en que se basa (aunque me he pasado varios), por lo que mi visión de la otra saga, la del celuloide, no entra en detalles como la obvia libertad que se toma respecto a ellos o si los personajes se parecen en mayor o menor medida. Me da un poco igual, aunque, en parte, entiendo a los que les llegue a cabrear la facilidad de su director, Paul W. Anderson, para rehacer, a su modo, clásicos u obras de culto ya sean del cine o los videojuegos. Lo entiendo porque a mí, como fanático de aliens y depredadores, me cabreó su Alien vs. Predator (2005). Hablando de Anderson, por muchos considerado como un Uwe Boll de clase A o B, en mi opinión es un director con potencial que prefiere tirar por lo fácil. Solo hay que comprobar dicho potencial en la infravaloradísima Horizonte final (Event Horizon, 1996), una de las mejores películas de ciencia ficción y terror de los noventa que pasó injustamente  desapercibida. Y en cuanto al primer Resident Evil (2002) que, junto a Ultratumba, es la única de la franquicia que ha dirigido, se trató de la más decente película basada en un videojuego hasta la fecha. No obstante, la competencia de calidad anda escasa.


En esta cuarta entrega (o primera de una nueva saga), el guión, definitivamente, es lo de menos. Los personajes también. Porque Ultratumba es en lo básico una golosina en formato de espectáculo, que se traduce en escenas enganchadas unas tras otras para probar, y que el publico predispuesto lo disfrute, las archicomentadas tres dimensiones “al estilo James Cameron”. La promoción se ha basado en que su 3d es real y no la mierda fabricada en post producción de Furia de titanes (Clash of the Titans, 2010) o Airbender, el ultimo guerrero (The Last Airbender, 2010). Y en esto tampoco engañan a nadie. Las (buenas) 3d de RE:U son el gran aliciente para disfrutarla, pues unas cuantas escenas, en 2d, serán realmente cutres. Las apariciones de zombis son puntuales, aunque tiene algún plano impresionante (el acoso de miles de zombis a la prisión donde se esconden los supervivientes). Las escenas de acción priman, una vez más, sobre el terror. Más si cabe en esta ocasión, pues Anderson ha decidido hacer un mix de bullet times, ralentis y acrobacias aderezados con música electrónica y nu-metalera a todo volumen, copiando lo más superficial que ya funcionó de otras como Blade (1998) o Matrix (1999). Y todo para ofrecernos dos horas que se pasan con la misma velocidad que se olvidan después. La conclusión es simple: los que pasaron un buen rato con las anteriores (entre los que me incluyo) lo pasarán mejor si cabe con ésta, mientras que los detractores de la saga lo menos lógico que pueden hacer es pagar la entrada.




miércoles, 7 de julio de 2010

El libro de Eli (The Book of Eli, 2010)


Los hermanos Hughes son un caso curioso. Se nota que saben, y muy bien, como dirigir una película. Resumiendo, hay mucho talento en ellos. Sin embargo, no consiguen un guión con el que, unido a su talento tras las cámaras, surja una gran obra. No me malinterpreten. Ni Desde el infierno (From Hell, 2001) ni El libro de Eli son malas. Al contrario. Pero no pasan de ser buenas, y punto. No hay nada que exceda en calidad más allá de lo digno, lo bien hecho. En definitiva, de un buen trabajo. En otro caso esto sería más que suficiente, pero, como dije, se ve que hay más talento del que, por así decirlo, les han dejado mostrar. Han tardado nueve años en estrenar su nueva película. Según ellos, porque eligen muy meticulosamente lo quieren hacer. Si esto es así, ¿no había mejores guiones que el de El libro de Eli? Al fin y al cabo, se trata de un vehiculo de lucimiento para Denzel Whasington, gran actor que se luce una vez más. Su interpretación junto a la del villano de la función, unos esplendido Gary Oldman, son lo mejor de las casi dos horas del relato. Sin olvidar, obviamente, la labor de los Hughes, que dirigen las escenas de acción (pocas, pero efectivas) con una nitidez, un mimo y una exquisita planificación que se empiezan a echar de menos con tanto montaje epiléptico. La fotografia, la banda sonora, la dirección artística, el montaje…todo encaja a la perfección.


Ahora bien, ¿qué pasa con el guión? Pues pasa que, de un punto de partida interesante, va perdiéndose en el camino hasta confirmar las sospechas. Estamos, ni más ni menos, que ante un panfleto católico disfrazado de vistosa película de acción y ciencia ficción. Lo mismo que se le criticó a Travolta y su nefasta Campo de batalla: La tierra (Battlefield Earth, 2000) por ser un panfleto de la cienciología, podría decirse de las tramposas virguerías argumentales de El libro de Eli. La diferencia está en que aquella era mala, aburrida, hortera y desfasada, y la que nos ocupa es tan bonita, técnicamente hablando, tiene tan buenas interpretaciones, tan buena dirección, que uno piensa menos en el entramado. No obstante, esto es algo subjetivo, pues  los católicos, practicantes y todo eso, seguro que ven en el guión un alarde de genialidad. Cada uno a su rollo. Por mi parte, es de los pocos “peros” que le puedo poner a una película que en ningún momento puede tildarse de mediocre. Eso sí, la “chica de la peli”, Mila Kunis, es muy guapa, pero como actriz aún debe dar un par de clases.

Valoración (0 a 5): 3



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domingo, 20 de junio de 2010

The Crazies (2010)


George A. Romero puede estar orgulloso. Aunque determinados especimenes han mancillado el nombre de alguna de sus mejores obras - ese putrefacto Day of the Dead (2008) - existe una persona, Zack Snyder, que logró no solo un remake a la altura, sino también superior, como fue Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead, 2004), que ya de por sí contaba con un notable original a versionar. No era precisamente notable The Crazies (1973), una parcialmente interesante, pero también parcialmente mediocre, curiosidad de ciencia ficción y terror que Romero se sacó de la manga poco después de su gran éxito con La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), y que no consiguió colmar las expectativas depositadas en él. A decir verdad, muchas de sus películas posteriores no han colmado dichas expectativas. Sea como sea, hacer un remake de aquel The Crazies no era una de esas malas ideas que tanto rondan por Hollywood. Era un producto menor. Así, con un director eficiente, nuevas tecnologías y un guión un poco más pulido, podría ser mejorada sin problemas. El director elegido, a priori, no parecía ser la mejor opción. Y es que Breck Eisner solo era conocido, en cine, por haber dirigido una cosa como Sahara (2004), pese a que en televisión hizo sus pinitos en el género con un interesante episodio para Terror en estado puro (Fear Itself, 2008). Para sorpresa de muchos, Eisner ha sido un director no solo eficaz, sino que además ha aportado fuerza en su puesta en escena y un buen pulso narrativo que, pese a no se acrcarse a lo que Snyder hizo con la citada Amanecer de los muertos,  ha servido para ofrecernos una obra potente, digna y, salta a la vista, mejor que su modelo a “imitar”.



No es que el guión, firmado por Ray Wright y Scott Kosar, sea, ni de lejos, magistral. Tampoco hace falta. Cierto es que se abusa en ocasiones del recurso del susto fácil, aquel que juega con la subida del volumen. También es cierto que, aunque los personajes estén mejor dibujados que en la media de películas de este tipo, algunas situaciones y reacciones huelen a forzadas. Pero, valorando el conjunto, la cosa avanza fluida, dosificando bien las situaciones tensas y de impacto - que pena que en el trailer te muestren todas- y resultando siempre entretenido. Ayudan las buenas interpretaciones, no tanto de sus personajes principales, pero si de los secundarios infectados por la inquietante epidemia invisible que azota el pequeño pueblo. La historia es básicamente la misma que la original, pero se ha prestado menos atención a la crítica al ejercito y sus métodos dudosos para experimentar y llevar la situación. Es de sobra conocido que Romero, dentro de sus limitaciones, siempre ha sido un realizador comprometido con temas sociales en sus historias de terror. Su trilogía zombi es el ejemplo más claro, y The Crazies seguía una línea similar. Igual que en Amanecer de los muertos no fue necesario mantener, al cien por cien, el dedo en la yaga, en el nuevo The Crazies no supone inconveniente haber resumido tal carga critica. Al contrario, dentro de las pretensiones del producto -un filme con más terror y acción que su modelo, y también menos denso, pero no por ello menos gratificante- es un punto a favor. Tal vez no sea tan buena como muchos han querido ver, pero desde luego han conseguido crear un remake necesario, y ya es bastante.

Valoración (0 a 5): 3



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viernes, 11 de junio de 2010

3 días (2008)


Creo poder imaginar como surgió la idea para el guión de 3 días. Pongamos que el guionista (F. Javier Gutierrez, también director) estaba viendo Armageddon (1998) y pensó que carajo pasaría si Bruce Willis no completase correctamente su salchichero acto heroico del final. Es decir, qué pasaría si al mundo le quedasen tres día de existencia, los gobiernos por fin diesen la cara en los medios para avisar a los seres humanos de a píe, y pudiésemos ver, concretamente, lo que sucede en un pequeño pueblo típico español. Sin duda, esa visión del Apocalipsis no tendría los medios de las mega-producciones de Hollywood, por lo que se elimina el factor espectáculo y el tremendismo a favor de un desarrollo mayor de personajes y diálogos. De las situaciones comunes que, al fin y al cabo, acontecerían esos últimos días con nuestros seres queridos en una recóndita cabaña alejada de las grandes ciudades. Si luego, en dicho guión, metemos una amenaza asesina como lo pudieran ser los alienígenas de Señales (Signs, 2002) dentro del mismo entorno cerrado mientras acaba nuestro mundo, pues ya tenemos una mezcla de referencias mainstream que llevar al terreno independiente. Aunque en este caso, la amenaza no son alienígenas, sino un psicópata un tanto inquietante que irrumpe de pronto en escena.


De esa mezcla de géneros e inquietudes surge la película que nos ocupa. Pero lo más sorprendente es que se trate de una producción española y que, además, consiguiese distribución en salas. Tal vez ese sea el motivo de que la veamos como algo realmente original, influencias a parte. Es de agradecer que se apoyen en España propuestas como ésta. Ahora bien, también es cierto que dado lo extraño que resulta verlas, cuando surge una corremos el riesgo de sobrevalorarla. Un poco fue el caso de 3 días. Al menos en diversos festivales su acogida fue bastante buena, y no voy a decir que no tenga merito su creación. No obstante, analizándola fríamente, no hay nada que destaque en concreto. La trama, como ya dije, es una visión patria y minimalista de los apocalipsis, ya sea desde el espacio o terrenales, que hemos visto en otras ocasiones. Con acento andaluz, eso sí. Las interpretaciones rayan en lo correcto, a veces algo sobreactuadas, sobresaliendo en plan secundario Eduard Fernández, en el rol del asesino. La puesta en escena sorprende en momentos puntuales que aquí será mejor no detallar. Hay algunas tonterías en el guión (la forzada, y pequeña, presencia de una guapa muchacha, o los comportamientos un tanto incoherentes de algunos personajes), pero en general no hace daño lo que se ve en pantalla, salvo que pueda resultar demasiado lento en ocasiones.


Con películas como 3 días es cuando se puede utilizar ese adjetivo tan de agradecer que es “fallido”. No es mala. Incluso se podría decir que es una más que correcta película. Pero algo falla. Algo hace que esos defectos mencionados en otras propuestas se pasen más por alto, mientras que aquí pesan más de la cuenta hasta el punto de generar el adjetivo de marras. Puede que sea por las altas expectativas creadas, por la idea de ver, por fin, una gran película de ciencia ficción apocalíptica producida en el país de los toros y el flamenco. Puede que sea porque el punto de partida y el primer tercio apuntaban más alto de lo que se llega. Incluso, puede que sea porque ser trascendente no implica ser a veces aburrido, así como ser pausado no debe significar ser lento. Pero no voy a liarme más. ¿Me gustó 3 días?, dependiendo de lo que veamos en los próximos años dentro de esto genero en España, si es que vemos más de dos o tres obras, podré decir si esto era un nivel alto al que aspirar o se le podía haber pedido mucho más. Por cierto, el plano final es buenísimo.

Valoración (0 a 5): 2,5



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domingo, 30 de mayo de 2010

La Horde (2009)


Hubo un tiempo en el que el cine de terror americano era el máximo exponente. En los noventa, salvo notables excepciones, se fue agotando a pasos agigantados. Fue entonces cuando muchos vieron, o quisieron ver, el relevo de ideas y talentos con el cine oriental. Ese cine, aunque nos haya ofrecido algunas joyitas del género, ha terminado por adentrarse en los caminos de la sobrevaloración y la repetición. Ya en el siglo XXI los que han marcado el camino, no solo en sus países sino emigrando a la meca del cine, son los europeos. Dentro de ese amplio mercado, los franceses se están llevando los mayores elogios. Más concretamente, la nueva marca de la casa que les ha diferenciado dentro del terror más hardcore. Algo que comenzó, o al menos se dio más a conocer, con la magnifica Alta tensión (Haute Tension, 2003). Más recientemente llegaron (aunque en España, de no ser por la red, no las hubiésemos olido) las no menos geniales, y muy polemicas, A L Interieour (2007) y Martyrs (2008) o aquel torture porn tópico pero muy disfrutable titulado Frontiere (s) (2007). Lo que se había visto poco en está nueva ola de terror francés era el subgénero de zombis o, como marca la moda, infectados.


La Horde llegó creando altas expectativas en los festivales especializados. De nuevo unos directores novatos, Yannick Dahan y Benjamin Rocher, ponían en pantalla una carta de presentación, a priori, salvaje y estimulante. Una vez vista, queda claro que sus responsables serán carne de Hollywood como lo fue, aunque con buenos resultados, Alexander Aja, u otros como Xavier Gens y próximamente Pascal Laugier y los compis Alexander Bustillo y Julien Maury. Ahora bien ¿está La Horde, en líneas generales, a la altura de sus respectivos trabajos?, desde luego que no. Lo que no quiere decir que se trate de una mala película, de una decepción o de un proyecto fallido. Tan solo quiere decir que la película de Dahan y Rocher va por otros derroteros. Pese a la seriedad y brutalidad que se apodera del relato en varios momentos, siempre hay un aura de producto desenfadado, de entretenimiento de sesión golfa confeccionado cien por cien para los amantes del gore, los desvaríos y la violencia por la violencia (en ficción, claro). No hay mensajes, ni planos filosóficos (aunque si alguno que otro muy currado), ni interpretaciones desgarradoras. Es lo que es: diversión de serie B con zombis locos luchando contra humanos aún más locos. Algo así como una zombie movie comercial de Hollywood pasada por un filtro bizarro que exagera todo sin miedo de caer en el ridículo.


No hay mucha explicación sobre lo que pasa y porqué pasa. Una historia de venganza, la de unos policías que se meten en un bloque de pisos buscando a unos delincuentes, en cosa de quince minutos se transforma en una carrera de tiros, detalles apocalípticos y desmembramientos variados contra unos zombis híper vitaminados. No hay personajes buenos. El que no es un asesino, es un corrupto, el que no un tarao con bajos instintos. Pese a la aparente complicidad que se establece entre ambos bandos, al principio enfrentados por la venganza, para superar el embrollo, siempre está la sensación de que ninguno es de fiar. La Horde no es una película nada optimista, ni contiene happy ends metidos con calzador, y los actos heroicos son puramente efectistas y no emocionantes. Al final queda la sensación de que podría haber sido mejor, pero tampoco creo que sus responsables lo pretendieran. Como dije, una serie B entretenida, bien rodada, en la que no se puede, ni se debe, buscar demasiada trascendencia.

Valoración (0 a 5): 3



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viernes, 30 de abril de 2010

Bienvenidos a Zombieland (Zombieland, 2009)


Cuando un género o subgénero es tan explotado, y muchas veces mal, como en este caso el de los zombis, las parodias no tardan en llegar. A lo largo de los años se han creado unas cuantas que han pasado al olvido, aunque siempre recordaremos los buenos momentos que aportaron El regreso de los muertos vivientes (Return of the Living the Dead, 1985) y su primera secuela, La divertida noche de los zombis (Return of the Living Dead: Part II, 1988), pero sobretodo esa obra maestra que es Braindead, tu madre se ha comido a mi perro (Braindead, 1992)  Hasta el nuevo siglo, éstas películas, al menos para el aficionado, estaban consideradas como los principales exponentes de parodia zombi. Pero, allá por 2004, un joven director ingles llamado Edgar Wright se sacó de la manga no solo la mejor parodia sobre zombis (con permiso de Braindead) que el aquí firmante conozca, sino también una de las mejores aportaciones al tema, ya sea en serio o en broma. Su (horripilante) titulo en España fue Zombis Party, aunque prefiero olvidarlo y quedarme con el original Shaun of the Dead. Parece que con Zombieland los americanos buscaron una respuesta, igual de talentosa y sin dejar de respetar al aficionado, a la de Wright. Si lo han conseguido o no, es cuestión de perspectivas personales. Y es que Zombieland ha sido aplaudida desde su estreno, y ya se ha creado un pequeño culto. En lo que a mí respecta, anticipo que, aún tratándose de una buena y digna aproximación, no hay comparación con la citada Shaun of the Dead. No obstante, tampoco hay que andar con odiosas comparativas.


Zombieland es una de esas películas con humor grueso que, sin embargo, siempre se siente como calculado e inteligente. Los diálogos funcionan. Es buena idea, y también es buena su plasmación en pantalla, lo de enumerar las reglas de supervivencia. En cierto modo recuerda al famoso libro Manual de supervivencia zombie. La dirección de Ruben Fleischer es fresca y dinámica, manejando a su antojo las imágenes sin por ello resultar pretencioso. Claro que el guión no sería igual de eficaz en pantalla si no fuese por el casting elegido. Un recuperado Woody Harrelson se encarga de un personaje ya de por si agradecido. Y bueno, Jesse Eisenberg no cae mal, y Emma Stone aporta el concepto “tía buena”, pero juntos tienen menos química que una patata asada con kétchup. También tenemos por ahí a la niñita Abigail Breslin, revelación de Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006). En cuanto al reparto, ninguno de ellos puede hacer nada ante la sublime aparición de un Bill Murray colosal. Su aparición especial deja claro que, no sé que coño tendrá este actor, pero sin apenas gesticular y soltando dos o tres frases, consigue los mejores minutos de la película.


El que Zombieland no sea redonda se debe a que funciona más como película de gags que en conjunto. Muchos momentos resultan simpáticos, entretenidos, pero solo hay tres que demuestran el potencial que tenía de base: la escena del supermercado, la citada aparición estelar y el loco clímax final en el parque de atracciones, valen por sí solos el visionado. El resto se ve con agrado pero, y vuelvo por un segundo a las comparaciones, con menos entusiasmo que los excepcionales noventa minutos de su rival más directo, Shaun of the Dead.
Asi que, mientras Fleischer y los suyos preparan la secuela, nos quedamos con los consejos de la primera en caso de que en 2012 los zombis se hagan con el mundo: hacer ejercicio, no seais racanos con las balas y nada de haceros el héroe…a no ser que la ocasión lo merezca.

Valoración (0 a 5): 3

sábado, 3 de abril de 2010

Survival of the Dead (2009)



Para escribir una introducción sobre George A. Romero no hay que preocuparse mucho, pues se entiende que el aficionado, más o menos entendido, sabe todo lo que hay que saber. Ahora bien, siempre hay que citar, para luego hacer la comparación odiosa, que este tipo fue quien dirigió la magnifica “trilogía zombi”, formada por La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968), Zombie (Dawn of the Dead, 1978) y El día de los muertos (Day of the Dead, 1985). Más tarde, la trilogía se convirtió en tetralogía con La tierra de los muertos vivientes (The Land of the Living Dead, 2006), algo que, viendo los resultados de aquella, nunca debió haber sucedido. Al menos, no dentro de su mítica saga. El nuevo rumbo que se ha marcado Romero desde entonces hace buena la teoría del cangrejo. Su recuperación del genero que él invento, los zombis caníbales, ha ido hacia atrás con cada nueva propuesta. Si ya La tierra de los muertos vivientes, pese a contar aún con cierta autoria de su responsable, no pasaba de ser un producto artesanal, funcional, entretenido, pero que podría haber dirigido cualquiera, la siguiente El diario de los muertos (Diary of the Dead, 2008), alejada de la citada tetralogía, no supuso más que la curiosidad de ver a su director manejando un nuevo formato: el falso documental. No obstante, lo peor estaría por llegar con la película que nos ocupa.


Anunciada a bombo y platillo, la finalmente titulada Survival of the Dead ha pasado, encontrado diversidad de opiniones, por varios festivales. Al principio, se dijo que podría tratarse de una continuación de El diario de los muertos, pero, salvo algún que otro guiño (el equipo militar que robaba a sus protagonistas), puede considerarse una nueva aproximación, a parte, al tema zombie. Lo que si queda es la evolución de la “especie” que ya empezó a apuntar años atrás. De hecho, en Survival of the Dead los zombis saben nadar e incluso hay algún genio de la hípica. Continuando con similitudes argumentales, hay en ésta un recuerdo al comienzo de Zombie, en cuanto a que los caníbales resucitados son protegidos por determinados personajes que pueblan la isla del titulo. Mal por su parte, obvio. Este acontecimiento es el que conduce al arranque de la trama, pues un grupo de personas empeñadas en cargarse a los “infectados”, “transformados”, se encuentra con la negación por parte de otras personas (muy católicas y bastante trastornadas) que busca defender sus derechos. Aunque más tarde comprobaremos, y aquí la critica social siempre presente en el cine zombi de Romero, que el “jefe” de los defensores, es un loco con el poder subido a la cabeza más de la cuenta, y que se contradice (como hacen muchos religiosos radicales) en sus creencias y solo busca manipular y conseguir sus fines bastante dudosos.


Desde el comienzo de Survival of the Dead, comprobamos que algo ha cambiado. La forma en la que Romero mata a sus nuevos zombis dista de la de antaño. Al menos, técnicamente hablando. Los zombis mugrientos han pasado a ser parodias de si mismos, e incluso hay un momento en el que uno es ejecutado, previa succión de gas y fuego, ordenador cantoso al poder, mientras uno de los protagonistas le despacha imitando a un Blade cualquiera. Algo ha cambiado. No me importa que los directores evolucionen, inventen. Al contrario. Pero a Romero no le queda bien. Puede que no sepa hacerlo bien. A él le van las escenas de acción lentas, los zombis mugrientos y sanguinolentos, la seriedad del conjunto sin descartar algún toque de humor negro, acido, pero nunca “modernillo”. Después de ver Survival of the Dead uno no sabe que buscaba el director con su nuevo trabajo. Sin llegar a ser insultante, el humor fácil y a veces ridículo la hace perder enteros (el forzado personaje del chico joven y rebelde, o algunas ejecuciones de zombis como la antes citada), aunque también nos depara algún buen momento como el extraño y “bonito” plano final. La supuesta agilidad que Romero intenta imponer en ciertas partes de la trama termina siendo más tediosa que los momentos pausados. Algo que siempre ha manejado mejor, y debería ceñirse a ello: la pausa sobre la acción. Por tanto, el conjunto, con más errores que alegrías, y con un molesto tufo a película menor, hace pensar que nos estamos quedando sin George, que sus mejores tiempos han pasado, tal como pasaron los de Hooper, Craven e incluso, en menor medida, Carpenter. Se nos ha hecho realmente mayor, y ahora le preocupa más terminar el “producto” a tiempo, sin pasarse del presupuesto y poner un George A. Romero al lado del titulo para captar, al menos, la atención de los fans optimistas.

Valoración (0 a 5): 1,5



sábado, 20 de marzo de 2010

Desastres entrañables: Hoy toca Independence Day (1997)


Inicio esta nueva sección con uno de los títulos que mejor simboliza su nombre. No solo porque puede considerarse dentro del cine de "catástrofes” o “desastres” sino porque la película en sí es uno, aunque entrañable. Tal vez porque la fui a ver al cine siendo aún imberbe, y ya se sabe que por aquel entonces todo lo vemos mejor, más grande y más emocionante. Lo cierto es que las películas de su director, Roland Emmerich, a partir de la boñiga que nos ocupa, han sido igual de terribles, solo que ninguna ha conseguido tener la simpatía y efecto nostálgico de ésta. Independence Day, que a partir de ahora llamaré ID, podría irritar a los bienpensantes que no les gusta que con millones de dólares que podrían servir para ayudar al mundo, lo que hagan sus responsables sea destruirlo (en ficción) y destruirnos a nosotros (las neuronas) de paso. Pero coño, a diferencia de la destrucción neuronal y moral que suponen los subproductos que se fabrican aquí mismo, en España, el dinero que se invierte en ID no parte de ninguna subvención con nuestros impuestos. Así que, si esto es el capricho de los cineastas y magnates detrás de ellos, pues cojonudo. Empecemos.


Para no parecer tan patrioteros, nos cargaremos esta maqueta de la Casa Blanca

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando veo una película sobre invasiones extraterrestres, o cualquier otro desastre que destruye el mundo, es ¿por qué huevos, si se sabe que en breve estamos condenados a los gusanos, la gente se pone a robar televisiones, móviles o coches? Supongo que es algo que no dista mucho de lo que pasaría en realidad (así somos los humanos, el único tonto no es Roland Emmerich o sus guionistas) pero mi pregunta sigue sin respuesta. ¿A caso quieren una televisión para seguir viendo en el cielo la intelectual programación con la que nos cuidan las cadenas? ¿A caso piensan que en el cielo habrá cobertura? ¿A caso creen que robando un coche más rápido escaparán del fin del mundo? Luego, en estas películas suele haber dos tipos de seres humanos: a. la muchedumbre y b. los héroes. Los primeros son pequeñas cosas que corretean de un lado a otro esperando a que algo se les caiga encima, o se tropiezan y algo se les cae encima, o se meten en un sitio que se les cae encima. Los segundos, son capaces de evitar la muerte decenas de veces, e incluso cuando, por lógica, uno piensa que se ha dado una situación tan CHUNGA que han tenido que morir, de algún modo aparecen en la escena siguiente con una gran sonrisa, acompañados de música de victoria. La conclusión es que la muchedumbre no vale un carajo (incluso, normalmente, valen más los perros o gatos, que suelen tener destinos esperanzadores similares al de los héroes), y solo están en la película para que veamos que en el fin del mundo alguien tiene que morir. ID sigue varios de estos tópicos (o teorías comprobadas) a rajatabla.



Se trata de una obra políticamente incorrecta. Si no ¿en qué otra peli habéis visto a Will Smith fumando?

Los héroes son tres: Un científico de metro noventa y cinco centímetros (Jeff Goldblum) que viaja montado en bici (ahora sería el orgullo de Al Gore mientras mira la película en su avión privado), un piloto del ejercito (Will Smith) y un surrealista presiente de los Estados Unidos, no sólo porque sea jovencito (ahora, dentro lo que cabe, Obama también lo es) sino porque, se dice, se comenta, que hace poco fue un valiente héroe de guerra. Los tres tienen sus historias sentimentales: el científico fue abandonado por su mujer, que ahora trabaja muy cerquita del joven presidente, y éste quiere recuperarla para no pensar que es otra Monica Levinski; el piloto de combate está saliendo, o está casado (no recuerdo, pero da lo mismo) con una bonita mujer que, sin que nadie sepa muy bien por qué, trabaja haciendo bailes del amor en un club de camioneros. Debe ser que el gobierno paga mal a sus pilotos; El presidente, pues está con la Primera Dama, vaya obviedad, pero a ésta le quedan dos telediarios, pues cuando comience la invasión queda echa mierda y, cosas de la vida (mensajes de parvulitos, se dice) la bailarina de locales sórdidos es la que la ayuda en sus últimos momentos. Las otras dos creo que terminaban vivas, pero esto da igual porque aquí lo que importa son los héroes, que ya comentaré luego como salen vivos de este tinglao.


El de Star Trek. Una mezcla de drogata, un heavy y John Carpenter.

ID empieza bien. Durante el primer tercio somos testigos, en versión extendida, de los momentos de destrucción que ya habíamos visto resumidos en el trailer. En ellos muere toda la muchedumbre, y ya solo quedan unos cuantos junto a los héroes para terminar la función. Tras esto, Will Smith le da un puñetazo a un extraterrestre y luego se fuma un puro. La cosa se estanca un poco durante la visita de los héroes a una de esas bases súper-secretas del gobierno donde esconden aliens sodomizados y naves robadas. Bueno, la cosa es que Will Smith lleva al espécimen que ha dejado gilipollas con su puño de acero, y una vez allí conocemos al que lo va a examinar: uno que salía o dirigió, o algo, bodrios de Star Trek. El tipo es un científico con pinta de drogata (eso, o que el actor fue drogado al rodaje y se produce dicho aspecto) Hace tiempo que en la peli no pasa nada, así que se sabe que está a punto de ocurrir algo chungo. Para esto tengo una sencilla formula:


Tenemos en pantalla


A ) Will Smith (héroe)

B ) Bill Pullman (héroe)

C ) Jeff Goldblum (héroe)

D) El de Star Trek (científico drogadicto)


Tiene que morir alguien por huevos ¿Quién será?


A) Alguno de los héroes

B) Todos los héroes

C) El de Star Trek


Efectivamente, se le acabaron sus diez minutos de fama.



El jefe alien en su puesto, con sus ordenas, pensando que en breve se apoderarán de la Tierra…

Después de un rato más que sin que pasa nada, por fin el presidente sale en busca de guerreros para la batalla final. Claro que hay poco donde elegir, o al menos es lo que parece a juzgar por los candidatos: nada menos que una panda de borrachos que dicen ser veteranos de guerra, y entre los que se encuentra un nuevo heroe que añadir al club. Se trata de un borracho (de los de verdad, no un borrachillo cualquiera) que va por ahí vagabundeando y bebiéndose su orín. Aún así, tiene un gran sentimiento patriótico, y esta decidido a acabar con los aliens que, según él, le petaron el culo hace años con sus sondas anales (o tal vez, conociendo su estado, fue su mujer completando uno de sus sueños eróticos, o algún otro vagabundo al que confundió con su mujer). Así, tras un discurso MEGA patriótico que les suelta el presi, los borrachos se montan en los aviones desafiando las advertencias de la DGT. No obstante, los misiles no le hacen nada a la nave alienígena, pues tiene un escudo bastante jodido. Las esperanzas se difuminan, los borrachos-muchedumbre van dando sus últimos tragos antes de criar malvas, y no parece que haya solución para el fin de la humanidad.


…hasta que descubre que con un puto virus informático se les va el plan por el retrete. Y eso que todavía no sabe como se les ocurrió a los humanos.

¿Pero de verdad alguien pensaba que se acabaría el mundo en ID? No, y como no hay formas normales de resolverlo, los guionistas acuden al bochorno. Para los que no hayan visto la peli de marras, que conste que lo que voy a decir a continuación no está exagerado para buscar un efecto humorístico:  En esto que están el científico y su padre de charla, y el primero estornuda. El padre le dice algo como “ten cuidado, que te vas a resfriar” y de pronto, le llega la inspiración. “¿Qué has dicho papá? ¡ He dicho que tengas cuidado o te resfriaras!… ¡Padre, eres un genio! Y con estas, el tipo crea un virus informático para viajar con una de las naves alienígenas secuestradas (que obviamente Will Smith sabe manejar a la velocidad que Neo aprende Kung Fu) y con un ordenador portátil les meten por el culo el bichejo y acaban con su escudo, con su planeta y con sus antepasados. Cuando ya no hay escudo, el borracho heroico consuma su venganza estrellándose a modo kamikaze con la nave especial. Pero aún queda algo… ¿con tal explosión mega-atómica que produce el virus, como saldrán con vida los otros dos? Pues no lo sé, ni el guionista lo sabe, ni nadie tiene la solución, pero aparecen en el desierto, donde ya les están esperando sus familiares, parejas y amigos, y se fuman un puro. Y colorín, colorado, esta boñiga se ha acabado…pero bien que te lo pasas antes de tirar de la cadena.

viernes, 22 de enero de 2010

The Signal (2007)



La primera duda que te asalta al leer la premisa de The Signal, es si se trata de una adaptación encubierta de Cell, la novela de Stephen King. Según avanza la trama, aunque su tono desconecta de la narración del famoso autor, la influencia es evidente. No obstante, estamos una película inclasificable, tanto en género como en intenciones. Tal vez ahí reside su principal interés. Mezcla ciencia ficción apocalíptica, terror, humor negro y drama romántico, entre otras cosas. Juega con elementos como psicópatas, individuos similares al concepto infectado/zombie o descomposición del modelo de vida familiar. Unas extrañas señales comienzan a aparecer en todas las televisiones o teléfonos móviles. El resultado es que todas las personas que atienden a dichas señales entran en un estado perpetuo de locura. No sólo confunden a otras personas o imaginan conversaciones, sino que sienten el deseo de asesinar. A partir de esto, la trama se divide en tres capítulos: Transmisión I, II y III.



La primera parte, la más corta, es una simple pero muy efectiva presentación de los dos personajes aparentemente principales. Digo aparente, puesto que en la segunda parte el protagonismo pasa de forma inesperada a otros personajes, así como el tono cambia hacia un extraño humor macabro. Es aquí donde la locura de los personajes, y la transmitida al espectador a modo de una necesaria confusión narrativa, hacen mayor acto de presencia. Llegados al último acto, centrado en un largo clímax final, uno no sabe si a los guionistas se les ha ido la pinza o por el contrario saben perfectamente lo que se hacen. El conjunto, pese a irregular, guarda suficientes buenos momentos y alicientes como para significar una digna carta de presentación de sus responsables, David Brukner, Dan Bush y Jacob Gentr, directores y guionistas (se supone, cada uno de las respectivas partes) que realizan con ésta su opera prima.

jueves, 14 de enero de 2010

Infectados (Carriers, 2009)



Los hermanos Pastor, Alex y David, son un caso extraño, aunque creciente, dentro de nuestros cineastas. Al igual que Jaume Collet-Serra, su carrera como directores ha empezado en Estados Unidos, y también dentro del cine de género. Una muestra más de que otros países están dispuestos a fichar jóvenes realizadores españoles con nuevas visiones dentro del fantástico y el terror. En España, aunque hayamos avanzado estos últimos años, la cosa sigue escasa en cuanto a dicho cine. Se dan pocas oportunidades, y menos aún si conllevan riesgo. De ahí que otros prometedores cineastas como Juan Carlos Fresnadillo, J.A. Bayona, Jaume Balagueró y Paco Plaza, ya han dado el salto o están a punto de hacerlo. Aquí nos quedaremos, para variar, con los Almodóvar y Garci de turno y sus respectivas defecaciones. La película que nos toca ha contado también con el guión de los hermanos, un añadido más de cara a la libertad de trabajo que, se nota, han disfrutado. No obstante, Infectados es muy mejorable.



Al igual que sucedía con el citado Collet-Serra en su opera primera, La casa de cera (House of Wax, 2006), los hermanos Pastor demuestran un notable hacer detrás de las cámaras. Ahora bien, ese buen hacer queda algo ensombrecido debido al guión. Y es que el material del que disponen, como premisa, da para mucho más. Pero el problema ya no es ese. Digamos que hay una irregularidad bastante notoria, con momentos de indiscutible calidad e incluso sorpresa, pero otros demasiado fáciles y hasta arriba de diálogos ridículos. No obstante, los buenos momentos pesan lo suficiente para hacer el conjunto llevadero. Destacar también el pesimismo que imprimen a la narración, alejado de los happy end y situaciones heroicas de otras propuestas apocalipticas recientes. Con sus fallos, Infectados supone un correcto lanzamiento para los Pastor, a los que habrá que seguir de cerca en sus próximos proyectos.


viernes, 8 de enero de 2010

Número 9 (9, 2009)



La mayoría de películas de animación occidentales que han tratado de ponerse serias, han terminado en hondos pozos. Ya no en calidad (que a veces también) sino en lo comercial. Lo más cercano a un cine animado adulto y de calidad lo propone cada año Pixar. El resto, moñadas con ínfulas más bien juveniles. Es difícil que un estudio se arriesgue a que su película sea calificada con un PG13 por pringarse un poco más de lo normal. Tim Burton, en asociación en la producción con Timur Bekmambetov, que para quién no le suene su ultima película fue la correcta (aunque descafeinada en comparación con el grandioso cómic en que se basa) Se busca (Wanted, 2007), llegaron al acuerdo de “resucitar” ese cine de animación más adulto. El resultado, éste Numero 9, es, efectivamente, un ejercicio de ciencia ficción sombrío y adulto (con algunas licencias infantiles, obvio), pero lleva consigo un problema. Y es que, ahora que se ha conseguido crear una obra animada de verdad oscura y pesimista, ha contado con un guión bastante vacío. La sensación es que no han querido mojarse más de la cuenta, y para contrarrestar el tono se han metido con calzador numerosas escenas de acción y aventura. Bien resueltas, eso sí.



Tenemos a un grupo de muñecos que malviven en un mundo asolado por la guerra. Dicha guerra, enfrentó a humanos y maquinas, siendo éstas las que se han apoderado de la situación. La llegada de otro muñeco, el número nueve del titulo, y un aparato que porta y utiliza erróneamente, les traerá aún más problemas. A cambio, obtendrán inesperadas respuestas al porqué de su existencia. La base de la trama es algo que ya hemos visto otras veces, y mejor expuesto, en por ejemplo Terminator (1984) o Matrix (1999). La aventura, como apunté, está invadida de continuas escenas de acción, logradas pero en ocasiones intrascendentes. Lo que realmente destacada es el apartado visual. La animación resulta sublime teniendo en cuenta su presupuesto (30 millones de dólares, aunque cueste creerlo). Además, han tenido el acierto de no alargarla más de setenta minutos sin contar los créditos. Es la razón principal por la que Número 9 se salva de resultar aburrida y ya entonces del todo fallida.


Leer critica Número 9 en Muchocine.net

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Day of the Dead 2: Contagium (2005)



Lo que El día de los muertos (Day of the Dead, 1987), posiblemente la mejor película de zombis de Romero (y una de las mejores de la historia) ha tenido que aguantar en los últimos años es, como mínimo, indescriptible. El primer latigazo llegó con la que nos ocupa, una supuesta secuela (por supuesto, no oficial) sacada de la manga de unos tipejos que no deben sentir mucho amor por el subgénero. Sin haberse curado las heridas, El día de los muertos volvió a ser sodomizada sin compasión por El día de los muertos (Day of the Dead, 2008) un presunto remake que nada tenía que ver con el original, no ya, obvio, en calidad, sino tampoco en argumento. La razón por la cual veo estos engendros, aún sabiendo que van quitarme años de vida, es algo que no consigo entender. Puede ser curiosidad, o puede ser que necesite escribir mal sobre algo para relajar el estrés. Quién sabe. El caso es que Day of the Dead 2: Contagium es el típico “parece mierda, huele a mierda…es mierda”.



Comenzamos a sufrir con la batalla campal desatada en un psiquiátrico. En un bando tenemos al ejército (o algo así) y en otro los zombis. Después de un ratito de acción, tiros y sangre, podéis ir tranquilamente al baño, a echar una partida a la consola, a leer, o a sacar al perro. En más de una hora de película no pasa absolutamente nada. Tan sólo vemos (ocho meses antes de lo sucedido) a un grupo de personajes ridículos, tanto los actores como los personajes que interpretan, que se despellejan (debido a un virus) como si hubiesen llegado de la playa, mantienen conversaciones absurdas y aburridas y, para colmo.. intentan ser filosóficos. No es sólo terrible, sino también pretenciosa. El resultado de tal mezcla nauseabunda es una de las peores películas jamás creadas, un insulto a los fans del cine de zombis y un posible ataque al corazón para Romero. Esperemos que no la vea, pues no tiene edad para esto.

Los dos minutos menos malolientes

lunes, 23 de noviembre de 2009

2012 (2009)


Los mayas, hace siglos, pronosticaron que el fin del mundo llegaría en el 2012. En el año actual, un científico de la Casa Blanca es alertado, durante un viaje a la India, de que el interior de la Tierra está cambiando bruscamente, y solo nos quedan tres años para esperar lo inevitable.

El amigo Roland Emmerich no puede sorprender ni decepcionar a nadie a fecha de hoy. Desde que hiciera su primer blockbuster, Independence Day (1996), ha sido coherente con lo que ésta predicaba. Su cine-espectáculo antepone los efectos especiales a los personajes, la destrucción al guión. Es el cine de palomitas en su máximo esplendor, para bien o para mal. Podemos pensar que simplemente con desconectar las neuronas es fácil disfrutar de sus películas. No tanto. El problema de Emmerich, y lo arrastra en toda su filmografía central, es que no sabe distribuir las dosis de espectáculo y las dosis de “calma”. De este modo, cuando la palabrería hace acto de presencia, los personajes son tan planos y las situaciones tan ridículas, que no hacemos más que pensar en una nueva secuencia de destrucción. Sucedió, por ejemplo, con El día de mañana (The Day After Tomorrow, 2004), que nos impactaba con una primera mitad sublime, en cuanto a espectáculo, para luego dormir al más despierto con las relaciones de los personajes. Por esa razón, 2012, sin ser gran cosa, es lo mejor que ha hecho su director desde…Stargate (1994).


Aunque, a priori, la citada El día de mañana y 2012 puedan parecer similares, una vez sentados en el cine encontramos una gran ventaja. A diferencia de aquel bodrio, aquí no se andan con demasiadas pretensiones filosóficas sobre el planeta. Alguna hay, pero poca cosa. Desde que empieza hasta que acaba demuestra una mayor honestidad en cuanto a lo que Emmerich sabe hacer. Es obvio que no sabe dirigir actores, por lo que deja a John Cusack, Amanda Peet, Oliver Platt o un divertido Woody Harrelson, entre otros, que se lo pasen bien hasta que cobren sus respectivos cheques. Lo suyo no es meditar a cerca de los comportamientos humanos, por lo que aquí todo se reduce al esperable muestrario rápido de clichés. Lo que este tipo sabe hacer, y a veces bastante bien, es (junto a la segunda unidad, claro) regalarnos set pieces impresionantes. La honestidad de 2012 es que, si quieres destrucción mundial, monumentos cayendo, protagonistas escapando de la muerte en el último segundo, o sonido y efectos especiales de última generación, es lo que te va a ofrecer por el precio de la entrada. Ni más ni menos. Yo creo que viendo los traileres y la orgullosa frase promocional “Del director de Independence Day y El día de mañana”, nadie se pueda llevar a engaños.


Fabricada para ser “la madre de todas las películas de catástrofes”, podemos ver en 2012 un cúmulo de momentos de puro clímax. Lo que en otras películas, como por ejemplo en la terrible Deep Impact (1998), tienes que esperar cien minutos hasta que, al final, el espectáculo de verdad haga entrada, lo tienes aquí desde el minuto veinte y casi sin pausa. No pasan otros diez minutos hasta que se destruye algún monumento famoso o se desintegra una gran ciudad. Llegados al desenlace, la trama se torna en un remedo de La aventura del Poseidón (The Poseidon Adventure, 1972), que sería más intenso de no ser porque ya suponemos (y probablemente acertaremos) quien va a sobrevivir y quien no.

En resumidas cuentas: Pasable

jueves, 30 de julio de 2009

A ciegas (Blindness, 2008)


Sin razón aparente, un grupo de personas se queda ciego. Su enfermedad es descrita como una extraña ceguera blanca, nunca vista anteriormente. Tal ceguera resulta ser infecciosa, y pronto decenas de personas se unirán a ellos en un centro de cuarentena. Ante la imparable epidemia, las calles quedan desoladas, el gobierno toma medidas drásticas, y los propios afectados comienzan a regirse por los instintos más primarios y salvajes de supervivencia.

A ciegas tiene todos los elementos para crear enormes expectativas. Está basada en Ensayo sobre la ceguera, una de las más reconocidas novelas del prestigioso José Saramago. La dirige el aclamado Fernando Meirelles, responsable de Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2003) y El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2005). Y en el elenco de intérpretes encontramos, entre otros, a Julian Moore, Mark Ruffalo y Gael García Bernal. Por si fuera poco, la premisa de la historia es harto interesante. Todo está dispuesto para que se convirtiese en una de las mejores y más perturbadoras películas de está década. Lastima que no haya podido ser. Lo que no quita que estemos ante una buena película. A ciegas tiene momentos extraordinarios, aunque mayormente en el aspecto visual. Si hablamos del factor humano, decisivo en ésta historia, nos quedamos a medias. Demasiado distante en casi todo momento, el guión, escrito por Don McKellar, no concreta realmente ninguna de las situaciones agónicas que necesita el relato.

Si pese a lo citado considero a ésta una buena película es por otros motivos. La realización de Meirelles demuestra de nuevo su talento y madurez, aunque gran parte de los logros visuales sean gracias a la excepcional fotografía de César Charlone. En el apartado interpretativo curiosamente no destacan los citados Moore, Ruffalo y Bernal, que no están mal, sino la pareja japonesa, Yusuke Iseya y Yoshino Kimura, y también el últimamente recuperado en roles secundarios Danny Glover. La primera hora, hasta que se empieza a cocer el peligro dentro del cerco de cuarentena, es genial. Luego la cosa va decreciendo, aunque sin perder el interés. Un interés justito, eso si. Como dije en el párrafo anterior el problema de A ciegas es que no termina de impactar, se queda a medias a la hora de mostrarnos la gravedad de la situación. Podría haber sido una obra maestra de la ciencia ficción apocalíptica, pero tendremos que conformarnos con un loable intento, fascinante solo en ocasiones.

Lo mejor: La realización de Meirelles, apoyada en la magnifica fotografía de César Charlone. Y sobretodo la primera mitad del relato.

Lo peor: Al guión le falta garra cuando es más necesaria. Aunque la historia se siga con interés, nunca llega a involucrar realmente en una situación bastante jodida.

Valoración (0 a 10): 7

Trailer



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