miércoles, 19 de enero de 2011
La otra hija (The New Daughter, 2010)
lunes, 1 de noviembre de 2010
Los niños no deben jugar con cosas muertas (Children Shouldn´t Play with Dead Things, 1972)
martes, 31 de agosto de 2010
Mini reseñas: Solomon Kane (2009), The Collector (2009), Miedos 3d (The Hole, 2009)
miércoles, 14 de abril de 2010
Despedazator (Slime City, 1987)
Valoración (0 a 5): 1,5
sábado, 16 de enero de 2010
Sherlock Holmes (2009)
domingo, 18 de octubre de 2009
Troll 2 (1990)
Una familia se muda, mediante un intercambio, a una granja situada en un pequeño pueblo. El hijo pequeño recibe visitas de su abuelo fallecido. En dichas visitas, es avisado del peligro que corren en el pueblo, pues sus habitantes son trolls camuflados bajo apariencia humana.
El fenómeno que acompaña tan casposa película para muchos es inexplicable. Para mí también. Troll 2, orgullosa de ostentar el titulo de “la peor película de la historia”, se ha convertido en Estados Unidos en un “espectáculo” de sesión golfa. Aunque hayan pasado unos cuantos años desde su estreno, es ahora cuando se la está dando tanta presunta importancia. Pero creerme, no hay para tanto, ni para bien ni para mal. Al igual que sucedió con una de las cult movies por excelencia, The Rocky Horror Picture Show (1975), grupos de frikis bastante extremos se unen, a modo de fiesta, para echarse unas risas y sentirse orgullos de su condición. Los acompañantes para la función son líquidos y alimentos verdosos, como los que vemos en la película, y también están los que se disfrazan de troll y tonterías similares. Lo que llevan haciendo los fanáticos de La guerra de las galaxias durante décadas, aunque en plan cutre.
Troll 2 es más mala que hacer tragar excrementos a tu mejor amigo, pero aún así, las hay peores, muchas. El fenómeno no ha surgido porque sea insufrible, sino porque es considerada una buena mala película como pocas. Aquí también discrepo. Precisamente, diversión no hay mucha. No tiene gracia. Incluso me atrevo a decir que, aunque también sea un cagarro, la primera es mejor y más divertida como mala película. No obstante, las cosas como son, Troll 2 tiene una de las escenas más míticas del trash. El momento en el que uno de los personajes grita, al saber que los trolls tienen intenciones de comérselo después de convertirle en planta (¡!). El gritito, largo y falso, es una de las cumbres del bochorno cinematográfico. Y lo es precisamente porque no está preparado, no es malo a posta. No es como las defecaciones para mongoles del también escaso de neuronas Pedro Temboury -el de Karate a muerte en Torremolinos (2003)-. Al menos en este sentido cabe tener cierta simpatía a la película. Bueno, ya puestos, reconozco que la macabra “sorpresa” final (en la que contemplamos otro risible grito sobreactuado) es cojonuda. La inesperada trascendencia de la película ha sido capaz de hacer que alguien dedique su tiempo a hacer un documental sobre ella. Se trata de Best Worst Movie (2009), en la que hacen acto de presencia muchos de los que tuvieron que ver con el engendro. Algunos se habrán dedicado al cine porno, otros recogerán cartones, y otros darán conferencias para esos fans que comen alimentos verdes. La verdad es que no dudo que tal documental sea más interesante, y posiblemente entretenide, que la película en cuestión. De hecho, escribiendo esto me han entrado ganas de verlo. Espero, si es que lo encuentro y me atrevo a verlo, no transformarme en una ladilla verdosa, o peor, en una planta dispuesta para ser devorada por los malvados enanos del bosque.
Mítico y bochornoso grito
viernes, 16 de octubre de 2009
The Black Door (2003)
Un estudiante estuvo meses preparando una tesis. En ella, investigaba las imágenes de un antiguo ritual satánico. Dicha investigación le llevó a adentrarse en oscuros lugares que nunca habría imaginado. El estado en que se encuentra en la actualidad dicho estudiante, postrado en la cama de un hospital y con pocos días de vida, es grabado por unos periodistas, hasta el final, conociendo el misterio que rodea el extraño caso. Los festivales de cine a veces resultan engañosos. El ambiente que procura la sala llena de fans dispuestos a pasarlo bien, puede hacer que sumemos más puntos de lo debido a alguna que otra película. Así mismo, algunos jurados parecen querer premiar propuestas solo por hecho de resultar diferentes o por el efecto “impacto” que puedan tener esos días. Que una película como The Black Door se alzase con el premio a la mejor película en la “semana de terror de Malaga” se adhiere a dichas posibilidades. No fueron pocos los que hablaban de la, supuesta, mejor película de terror satánico desde El exorcista (The Exorcist, 1973). Nada de eso. Aunque también es cierto que, salvo contadas excepciones, no es un subgénero que haya dado demasiadas alegrías. The Black Door está rodada en formato de falso documental, una posible garantía de cara a crear morbo y facilitar la predisposición del espectador en las escenas de terror. Pero solo funciona en algunos momentos. La conseguida estructura del guión se divide entre entrevistas, una antigua filmación en la que se realiza un ritual satánico y otra, moderna, en la que la descubrimos que le sucedió a la victima del relato para llegar al moribundo estado actual. Como apunté, dicha estructura está conseguida, pero solo desde el punto de vista de la premisa, pues el conjunto se resiente de irregularidad.
La parte de las entrevistas se debate entre situaciones mediocres (la sobreactuación del cura) o perturbadoras (el monologo del miembro de la secta); los puntos álgidos, el ritual y la visita del joven, cámara en mano, a la casa maldita, inquietan en determinados momentos. No obstante, queda la sensación de que sus responsables se han quedado a medias, sin querer, o sin saber, explotar con toda su fuerza el buen material que tenían entre manos. Por esta razón, The Black Door, es una película que llega a inquietar, pero no a aterrar. Intenta sorprender, aunque su loable intento no obtiene los resultados esperados. Sus noventa minutos se mueven en un tira y afloja de arranque y freno que, llegados al desenlace pierden su sentido hiperrealista por culpa de un final-parche del todo innecesario y reiterativo. Más allá del primer visionado, puede que se trate de una buena película Fast Foward, es decir, de recuperar sus buenos momentos (que los tiene) pero alejarse del poco aliciente que supone el resto.
Lo mejor: La entrevista al miembro de la secta.
Lo peor: La irregularidad del conjunto.
Valoración (0 a 10): 5,5
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domingo, 23 de agosto de 2009
El reino prohibido (The Forbidden Kingdom, 2008)
Un adolescente, fantástico del cine de artes marciales, asiste a la muerte de un anciano, dueño de una tienda de material asiático al que es asiduo. Antes de morir, el anciano le entrega un amuleto que, dice, guarda una leyenda. Pronto, el joven se verá viajando, sin pretenderlo, a una época diferente.Curioso. El año pasado fue elegido por cuatro de los actores más populares y aclamados, cada uno a su modo, para unirse por primera vez en una pantalla tras largos años de respectivas carreras. Por un lado, tuvimos el tandem formado por Al Pacino y Robert DeNiro en Asesinato justo (Righteous Hill). Aunque ya habían compartido créditos en otras películas, aquí compartían planos por primera vez. También tuvimos el de la propuesta que nos ocupa, con las dos estrellas (vivas) de artes marciales más populares, Jackie Chan y Jet Li. Y es curioso no solo porque decidieran juntase por fin, sino porque las películas elegidas para tal unión no son nada del otro jueves. Todo esto le lleva a uno a preguntarse el porqué de tales decisiones ahora y no antes, con la de guiones, seguro que varios mejores, que han tenido que pasar por sus manos. Pero las cosas están así, y lo cierto es que El reino prohibido no es una película que haga daño a la vista, pero no es merecedora de constar en la historia como el pedazo de celuloide que junto a las dos estrellas de artes marciales de finales del siglo XX y principios del XXI.
En El reino prohibido se funde el wuxia propio del cine oriental, consecuentemente aderezado y estilizado de cara a su visión occidental, con el cine de aventuras juvenil made in Hollywood. El resultado es decepcionante por encontrarse protagonizada por Chan y Li, aunque, de no tener nada que ver con ellos, estaríamos hablando de una entretenida fantasía de artes marciales, que cumple sin problemas su cometido de hacernos pasar el rato. Con todo, habría que añadir que quince minutos menos ayudarían al conjunto. No hay mucho que contar, por lo que, una vez puestas las cartas sobre la mesa, lo único que devuelve nuestros ojos a la pantalla son las escenas de acción, bien coreografiadas y efectivas, pero carentes de originalidad. El resto no tiene demasiado interés, pese a que tan solo ocupe un veinte por ciento de la trama. El reino prohibido está dirigida con labor de artesano por Rob Minkoff, que ahí donde le veis fue el director de una de las mejores y más exitosas películas de animación de la historia, El rey león (The Lion King, 1994).
Lo mejor: Ver a Jackie Chan y Jet Li unidos en pantalla, y peleando en una escena (pero con cables). Y bueno, quitando algunos momentos, es entretenida.
Lo peor: A parte de que se podía haber sacado mucho más provecho de la propuesta, el chaval protagonista es un tanto repelente.
Valoración (0 a 10): 5
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sábado, 8 de agosto de 2009
Arrástrame al infierno (Drag Me to Hell, 2009)

Ante todo, debemos ser cautelosos a la hora de valorar una película como Arrástrame al infierno. En el territorio del espectador fan se pueden encontrar dos ramas opuestas, pero igual de propensas al equivoco: los seguidores de su director, Sam Raimi, que buscan en ésta su regreso al terror con unas expectativas desmesuradas, y los que, por el contrario, se dejan llevar por la complicidad de su retorno. De nuevo, ante todo, hay que ser cuidadosos con el material con el que juega Raimi. Ya no es el director independiente que rodaba con colegas y presupuestos ínfimos. Ahora se encuentra en el rollo mainstream, y el presupuesto pasa de unos cuantos miles de dólares a treinta millones. Por tanto, no se puede pedir lo mismo, pues el cine, para el que no lo sepa, además de arte es negocio. Encarar Arrástrame al infierno como una nueva Posesión infernal (Evil Dead, 1978), tan sangrienta, macarra, y rompedora en cuanto a originalidad, es tarea (casi) imposible. Raimi, consciente de ello, y ya sea por divertirse un rato sin complicarse o por la (meritoria) labor de auto homenajearse lo mejor posible sin caer en el esperpento o la prepotencia, ha diseñado un divertimento más soft de lo que algunos esperan, pero también más nostálgico, referencial a su propia obra y con mala leche de lo que podría haber sido.


He leído por ahí ciertos comentarios que tachan de racista la película. Por aquello de que los “malos” no son estadounidenses. Tenemos a la anciana que echa la maldición a la protagonista, que es gitana. El compañero del banco, competencia para ascender al ansiado puesto de subdirector, recae en un asiático, pelota, traicionero y falso. Pero querer ver en esto racismo es del todo absurdo y síntoma de no ver más allá de lo básico. En realidad, en Arrástrame al infierno, casi todos los personajes son malas personas. La misma protagonista recibe su castigo tras portarse de forma egoísta y trepa con la anciana y negarla el crédito de la hipoteca. Prefiere dejar a una vieja en la calle y quedar bien, tanto con su jefe, un director de banco arrogante, y los padres de su novio, más interesados en la situación económica de ella que en su valor como persona y pareja de su hijo. Es de este modo poco sutil como Sam Raimi enfoca su crítica hacia la egoísta y avariciosa sociedad actual, una sociedad capitalista que prefiere el papel verde y el bienestar propio, sin pensar en las consecuencias colaterales que ello traerá.

Arrástrame al infierno es, siendo cuidadosos como apunté al principio, una buena película. No es igual, ni mejor, que su trilogía terrorífica. En cambio, si que es mejor, y bastante, que muchas de las películas comerciales del género que se han estrenado en cines desde entonces. Supongo que esto de hacer cine, al igual que montar en bici, no se olvida. Por mucho que echemos de menos más hemoglobina, algo más de gamberrismo y, que coño, un cameo de Bruce Campbell, Arrástrame al infierno sigue siendo Raimi. Citar al respecto tres momentos: el encuentro y posterior lucha en el parking entre la protagonista y la gitana; la visita al cementerio y, sobretodo, la sesión de espiritismo. Es aquí donde el nervio del director se detecta sin problemas. Tenemos fantasmas soltando tacos mientras sus pies se levantan del suelo, litros de pus y otras sustancias poco recomendables yendo a parar a la cara más próxima, sobresaltos cargados de humor negro, y en general un agradecido sabor a cine de los setenta y ochenta. La magnifica banda sonora de Christopher Young, a medio camino entre el terror y la fabula, hace el resto.
No todo son flores en el camino. El guión, firmado por el propio director con la ayuda de su hermano, Ivan Raimi (al que podemos ver interpretando al director del banco), alarga demasiado algunas escenas que, bien planteadas, hubiesen sido redondas (la cena con los suegros, la indecisión ante a quien dar el botón). La utilización de (flojos) efectos especiales creados por ordenador resta efectividad a momentos que deberían causar impacto y/o mayor simpatía (los ojos “saltones”, la cabra siendo poseída durante el ritual). Errores menores a lo largo de cien minutos con más pros que contras, más aciertos que intentos loables. Seguro que Sam Raimi puede currárselo más y ofrecer nuevas obras maestras, aún sin ser original. En este sentido, para algunos (fans con expectativas por las nubes), Arrástrame al infierno podría será un regreso con halo de decepción, pero para los que creemos que no solo de obras maestras o de superarse a si mismo viven el cine y un director, respectivamente, seguro que se trata de una de las propuestas más frescas, hasta cierto punto atrevidas, y coherentes tanto con la evolución de un cineasta como con la de un género, que han llegado a las pantallas en unos cuantos años.
Lo mejor: La acertada cohesión entre el terror y el humor negro, sin que ninguno se sobreponga al otro. De este modo, tenemos una película que inquieta, pero que a la vez se puede tomar a cachondeo sin que se pierda respeto así misma. Los momentos más Raimi son de aplauso, tanto por la buena realización como por la nostalgia que despiertan. Y el desenlace, que no revelaré, la suma un punto más.
Lo peor: Un guión que, pese a tener grandes aciertos, también deviene por momentos en la reiteración. El uso de efectos digitales se antoja fallido, y, algo que para nada esperaba, se recurre demasiado al truco de subir el volumen hasta dejar sordo para producir sobresaltos.
Valoración (0 a 10): 7,5
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Leer critica Arrástrame al Infierno (Drag me to Hell) en Muchocine.net
sábado, 30 de mayo de 2009
Art of the Devil 3 (Long khong 2, 2008)
Precuela de la segunda entrega, en la que la joven adicta a la magia negra vuelve a torturar a ingenuos que se adentraron en ese oscuro mundo pidiendo un deseo mediante un ritual.Debo ser masoca. Después de sufrir la terrible Art of the Devil (Khon Ien khong, 2004), me atreví con la segunda parte, Art of the Devil 2 (Long khong, 2005). Para mi sorpresa, sin ser nada del otro jueves, al menos resultaba correcta. Es por ello que decidí darle una oportunidad a Art of the Devil 3. Sin llegar a los extremos de aburrimiento e idiotez de la primera, lo que nos propone está especie de precuela de la segunda (¡!) es un bodriete con más verborrea sin interés que momentos de impacto. Al menos hasta llegados a unos últimos veinte minutos que, aunque no sean suficientes para hacernos olvidar el tedio anterior, al menos nos hacen sentirnos menos idiotas por perder el tiempo. Y es que esto del thai-horror más comercial es lo que tiene. La formula está agotada.
Cierto que la formula de, por ejemplo, el body count tipo Viernes 13 (Fridat the 13th, 1980) también lo está hace años. Pero, sin embargo, al menos esas películas, mejores o peores, suelen entretener al que guste del tema. El terror oriental, o parte de él, comete siempre el mismo error: el ritmo. Culturas distintas, supongo. Pero eso no quita que joyas como la japonesa Kairo (Kiyoshi Kurosawa, 2001) o la surcoreana Dos hermanas (Janghwa Hongryeon, 2003), pese a tener un ritmo más pausado que la que nos ocupa o tantas otras de dicha moda, sean siempre interesantes, sugestivas e incluso a veces terroríficas. De Art of the Devil 3 lo único que podemos sacar en claro son algunos momentos gore currados. En el clímax final se suceden varias torturas bastante crueles y explicitas, que superan a lo visto en la segunda entrega. Por lo demás, tedio, guión confuso y la sensación de que estoy tan loco que me tragare una cuarta si terminan haciéndola.
Lo mejor: Los últimos veinte minutos.
Lo peor: Lo anterior.
Valoración (0 a 10): 3,5
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miércoles, 3 de septiembre de 2008
Zombie Nation (2004)
“Un policía corrupto secuestra chicas jóvenes y guapas, y después de mirarlas los dientes y ponerlas una inyección, se pone a ver la tele. El caso es que después las chicas resucitan gracias a la brujería, pero ya no son humanas, sino zombis en busca de venganza”.
No hay nada, absolutamente nada, que hasta los últimos diez minutos nos haga pensar que ésto se trata de una película de zombis, más allá de que su titulo sea el poco sutil Zombie Nation, y que en su trailer aparezcan esos diez minutos resumidos en dos. La cosa es muy chunga amigos. No sé que tiene que hacer la gente para ir a estos castings, ni quiero pensarlo, ni tampoco quiero pensar a qué se dedican los responsables del engendro en su tiempo libre, aunque dudo que sea a ayudar a la Cruz Roja. Entre desvaríos de estar por casa (atención al homenaje/plagio de Marathon Man que se marcan en una escena realmente estúpida), terminamos por acceder (el que haya aguantado…yo lo hice porque soy masoca) a un clímax final destrozacerebros en el que ante nuestros ojos acontece una hilarante venganza zombi amenizada por música dance de gasolinera (¡!). Una cosa es una mala película, otra es Zombie Nation. Por cierto, el cartel mola, pero no tiene nada que ver con la película.Lo mejor: Nada.
Lo peor: Todo.
Valoración (0 a 10): 0
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martes, 26 de agosto de 2008
Q: The Winged Serpent (Q, la serpiente voladora) (1982)
"Una serie de crímenes brutales se están sucediendo sin descanso en el corazón de una gran ciudad. Un delincuente de tres al cuarto, en su huida tras un robo, se encuentra con un gigantesco nido en lo alto de un rascacielos. La policía confiara en el, muy a su pesar, para dar con el gigantesco monstruo que según parece está creando el terror en las calles”.
La serpiente voladora es lo que yo llamo “una serie B de video club del montón, pero con encanto”. Esto viene a ser, un producto que bien visto puede ser igual de prescindible que cualquier chorrada de direct to dvd moderna que impregnan las estanterías de los video club, pero a diferencia de estas, posee un espíritu más sano, quizás más ingenuo y menos prefabricado, que la hace ser mucho más visible y por supuesto nostálgica. Y sobretodo hay que agradecer ese encanto a los efectos especiales magníficos de David Allen, artesano del stop motion recordado por sus efectos para Aullidos, o por trabajar para la Full Moon. Por lo demás, un poco de trama policiaca por aquí, un poco de humor negro por allá, un poco de sangre por otro lado, un poco de emulo a King Kong por otro (en lo referente al clímax final, aunque el bicho éste es bastante más malvado que el monito), lo que viene a ser igual a una pequeña película para pasar el rato sin pedir mucho, pero sin tampoco perder el tiempo si te van las monster movies.Lo mejor: Las escenas de ataque de la serpiente alada por vía Stop Motion, sin duda.
Lo peor: Hay una pérdida de ritmo durante el desarrollo, el cual la serpiente aparece menos y se centran más en algo sobreactuado personaje de Michael Moriaty y sus paranoias.
Valoración (0 a 10): 5,5
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lunes, 7 de julio de 2008
Art of the Devil 2 (2005)
“Un grupo de jóvenes se junta de nuevo tras dos años para hacer un viaje. Antes de su anterior despedida, habían cometido una venganza mediante brujería hacia un profesor pervertido que se encargaba constantemente de joderles la vida. En su viaje se darán cuenta de que aquella venganza y algunas cosas más que no se han confesado, terminaran pasándoles factura.”
Hace cuatro años Art of the Devil se convirtió en éxito comercial del nuevo cine de terror tailandés. Aunque dicho éxito no pasó de sus fronteras (a España llegó directamente en formato domestico) fue el suficiente para dar luz verde a una inmediata secuela, que llegaría tan solo un año después. La cosa es que el primer Art of the Devil, lejos de proporcionar lo que prometía su trailer (gore a borbotones) se trataba de un aburrido thriller de terror tópico que explotaba el ya cansino esquema de los malvados espíritus orientales de largas melenas oscuras, y en el cual el gore brillaba por su ausencia salvo en los (magníficos) carteles promociónales, el ya citado trailer o, lejos del engaño, alguna que otra escena malsana de la propia película. Con todo, la tomadura de pelo no consiguió quitarme las ganas de hacerme con la secuela (que dudo si ha llegado de alguna forma a nuestro país). El trailer de Art of the Devil 2 desvelaba imágenes mucho más cruentas y bien realizadas que su predecesora, y varios comentarios positivos por la red me hicieron calmar el cabreo y depositar alguna expectativa en la propuesta.
Hoy, tras tanto tiempo, he podido ver de una vez la dichosa secuela. Y no se puede negar que mejora sin problemas lo visto en la primera entrega, a parte de tener algo más de gore. El problema es que, una vez más, por mucho que la cosa mejore, me siento engañado. Y es que ni la película es tan brutal como parece (salvo varios momentos donde ojos o uñas son apartados del cuerpo de las victimas, o una tortura bastante sádica durante el clímax final), ni la trama es tan entretenida y ágil como un horror porn/survival adolescente de este tipo necesita. Sin llegar a las cotas de sopor de la primera entrega, la acción de Art of the Devil 2 no comienza de verdad hasta pasado de largo la mitad del metraje. Mientras tanto, presenciamos una innecesariamente confusa trama de brujería y decepciones personales alineada con una sosa historia de amor teen que parece que no llevan a ninguna parte. Cuando la relativa calma desaparece, los treinta minutos que quedan contienen algunas secuencias que al menos justifican perder la hora y media total durante una tarde o noche aburrida. Por cierto, hay una tercera entrega, a modo de precuela, la cual supongo que terminare viendo.
Lo mejor: Cuando el gore aparece en escena resulta bastante efectiva.
Lo peor: El guión se toma demasiado tiempo dando vueltas sobre sub tramas de forma confusa, sin entrar de verdad en lo que interesa hasta pasada casi una hora.
Valoración (0 a 10): 6
Trailer
viernes, 27 de junio de 2008
Malefíque (2002)
“En una siniestra prision en la que encuentran alojados cuatro presos de la más diversa índole, aparece un libro con inquietantes escritos. El libro parece ser el legado de otro preso que cumplió condena en esa misma prision, y que mediante sus textos consiguió escapar sin ningun tipo de plan. Pronto, los cuatro presos comprenderán que leer lo que en él está escrito les conducirá a una libertad muy diferente de la que pensaban”.
El director Eric Valette se dio a conocer en los circuitos del terror mainstream con el fracasado (e innecesario) remake de la película japonesa Llamada perdida, que en su día fue dirigida por el inclasificable Takeshi Miike. Pero unos años antes de ser fichado por Hollywood, éste cineasta francés estuvo tras las cámaras de Malefíque, el mojón que hoy nos ocupa, que sin embargo ha sido tomada como objeto de culto por algunos aficionados. La cosa no hay por donde cogerla, pero su premisa y algunos detalles de la trama dejan con la sensación que de este tinglado podría haber salido un estimulante ejercicio de horror claustrofóbico. Obviamente, no ha sido así. De influencias (y aspiraciones) Lovecraftianas, lo que en realidad propone Malfíque es un aburrido pseudo horror porn, sin la suficiente sangre y acción como para ser entretenida, ni la suficiente calidad artística para resultar interesante.
Tras un comienzo prometedor, con una ambientación malsana y gore explicito, asistimos después a una larga hora y media de diálogos tediosos, con un guión absurdo que no impregna ritmo en ningun momento o una dirección vacía con pretensiones autorales. Pese a todo, durante el nudo de la historia podemos encontrar algunos momentos destacables (una de las muertes, espectacularmente retorcida) o el clímax, en el que, dentro de un surrealismo prácticamente onírico, los personajes se encuentran con situaciones harto curiosas. Digamos que el giro final, dentro de lo ridículo que pueda parecer, tiene su gracia.
Lo mejor: Momentos aislados, como alguna que otra muerte de lo más sádica o los curiosos últimos minutos.
Lo peor: La historia es aburrida, y está contada sin sentido alguno del ritmo.
Valoración (0 a 10): 2
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