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domingo, 4 de julio de 2010

La saga Crepúsculo: Eclipse (The Twilight Saga: Elipse, 2010)


La saga Crepúsculo se ha convertido, sobretodo con sus, hasta le fecha, dos secuelas, en un poderoso fenómeno social. No obstante, el traspaso al celuloide de las exitosas novelas de Stephenie Meyer despierta tantas pasiones como odios. Pasiones que despierta, a fin de cuentas, en el publico mayoritario al que van dirigidas: adolescentes, preferiblemente del sexo femenino. Ellas han respondido de forma espectacular a las tres películas, dejando ingentes cantidades de dinero en las taquillas. Por mucho que en cualquier rincón de Internet se puedan leer muchas opiniones negativas sobre éstas adaptaciones (y también sobre los libros), la realidad es que Crepúsculo (Twilight, 2008) gustó bastante a sus fans. De ahí que los 392 millones de dólares que amasó, alrededor del mundo, la primera entrega, se pasó a los, atención, 709 millones de la segunda, La saga Crepúsculo: Luna Nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009). Lejos de agotarse el fenómeno, la nueva entrega que nos ocupa ya se ha hecho, en sólo cuatro días en Estados Unidos, con 171 millones. Y aún queda por estrenarse la ultima parte, que llegará dividida en dos volúmenes y que se estrenarán con varios meses de diferencia y, posiblemente, en tres dimensiones. El triunfo comercial es más grande aún si se compara con sus presupuestos. Y es que, pese a que sus responsables sabían que contaban con un éxito en potencia, decidieron invertir exiguas cantidades de dinero en su producción: La primera costó tan solo 35 millones, que subieron a 50 millones en la segunda y, se estima, cerca de 65 millones en la tercera.


Para el aficionado al cine de vampiros “de verdad”, está claro que la saga Crepúsculo no causa ninguna expectación. Ahora bien, hay que intentar ampliar las miras. Más allá de que el relato se centre en amoríos imposibles y un tanto cursis entre vampiros, humanos, y ahora también hombres lobo, es un fenómeno dentro del género fantástico, el que atañe en este blog, que merece al menos el visionado para poder opinar con criterio. Curiosidad, también. No deja de ser la enésima versión camuflada del Romeo y Julieta de William Shakespeare, añadiendo elementos de género soft y algunas variantes como un triangulo amoroso. El porqué ha causado tanto jaleo esta historia se debe al mismo interés que siempre han suscitado en el espectador las historias de amor imposible llevadas a entornos épicos, o más o menos épicos. Ahí están, a parte del citado Romeo y Julieta, películas como Titanic (1997) o Avatar (2009), ambas curiosamente de James Cameron, y ambas taquillazos casi sin precedentes. La historia de amor que nos cuentan en Crepúsculo es ñoña, por momentos demasiado cursi y empalagosa para el que tenga cierta alergia al edulcorante, pero funciona en su justa medida. Cuando vi, sin esperar casi nada, la primera entrega, no puedo decir que me sorprendiera por ser una buena película, pues no lo es, pero si me resultó más amena y funcional de lo que creía. Aguanté sus dos horas sin problemas, y no me pareció insultante como muchas comedias y / o dramas románticos con adolescentes cursis de hoy en día.


La segunda parte pecaba de no tener nada que contar. Tan solo se encargaba de presentar a los hombres lobo, intuidos en la primera, y al personaje principal que saldrá de ellos. Mientras, la joven Bella sigue enamorada del vampiro Edward, e intentando controlar sus hormonas cuando ve al cachas Jacob (el hombre lobo). La dirección pasó de la mediocre Catherine Hardwike al mediocre Chris Weitz, por lo que, en ese sentido, la puesta en escena no notó mejoría alguna, aunque los efectos especiales, sin ser gran cosa, si mejoraron debido al leve aumento de presupuesto. La tercera, sin salirse de los esquelas manidos planteados en las otras dos, es algo mejor. La elección de David Slade cómo director es un acierto, aunque el responsable de Hard Candy (2005) y 30 días de oscuridad (30 days of night, 2007) se ha visto cohibido por los productores a la hora de soltarse y dirigir libremente. Una lastima, pues Eclipse contiene momentos más violentos y oscuros que las otras dos, pero no terminan de explotar. Siempre son los suficientemente light para no “herir sensibilidades”. Un personaje nuevo, el vampiro neófito que lidera un ejercito de, valga la redundancia, vampiros neófitos, podría haber sido un personaje de gran interés, aunque debido a la delicadeza con que se presenta no causa temor alguno. No obstante, es más interesante que los tres personajes principales, o al menos que los sosos Bella y Edward. Esa sosez hace que los innecesariamente largos diálogos románticos que tienen entre ellos resulten intrascendentes por aburridos. Aunque a las fans de los libros supongo que les sabrán al mejor caviar. En lo que mejora Eclipse, a parte de una mayor agilidad en el tempo narrativo a causa de un guión más climático (y no anticlimático, que es lo que sucedía tanto en Crepúsculo como en Luna nueva), es en la aportación de un humor a veces auto parodico, en la mayor presencia de unos secundarios muy correctos, poco utilizados antes, y en la puesta en escena de Slade en escenas puntuales. Sigue siendo insuficiente para calificarla como una buena película, pero es un “comienzo” apropiado para ver que puede hacer el nuevo director, Bill Condon, con las dos que quedan por estrenarse.

Valoración (0 a 5): 2



Leer critica Eclipse en Muchocine.net

miércoles, 17 de febrero de 2010

El hombre lobo (The Wolfman, 2010)


El mito del hombre lobo lleva existiendo siglos dentro de la cultura popular. En general es una figura puramente fantástica, aunque hay unos cuantos que creen en su existencia. En ese sentido, más bien deberíamos hablar del licántropo. Se suelen confundir los términos, cuando éste último puede ser un hombre que no ha sufrido ningún cambio físico, encontrándose la condición en su propia psiquis trastornada. El hombre lobo, el mito fantástico, es un ser monstruoso cuya fuerza y agresividad superan las de cualquier ser humano, aunque en parte siga siéndolo. El cine empezó a tratar al personaje en Werewolf in London (1935), aunque no fue hasta El hombro lobo (The Wolf Man, 1941), producida por la Universal, cuando fuera visto en su perfil más reconocible actualmente. A partir de ahí, decenas de películas han puesto, mejor o mayormente peor, su granito de arena al tema. Desde clásicos como Aullidos (The Howling), Un hombre lobo americano en Londres (An American Werewolf in London), curiosamente ambas estrenadas el mismo año, en 1981, hasta los blandengues (y digitales) referentes modernos de Van Helsing (2004) o Luna nueva (New Moon, 2009), pasando por el licántropo español encarnado en numerosas ocasiones por el recientemente fallecido Paul Naschy.


La película que nos ocupa viene a actualizar la obra de 1941. Su protagonista y productor, Benicio del Toro, se ha declarado incontables veces fan absoluto del personaje, su mitología y el cine de terror clásico. Ahora bien, Nicolas Cage también es un devorador de todo lo relacionado con el motorista fantasma, tatuaje incluido. Pese a ello, quien haya sido torturado con la adaptación que protagonizó para la gran pantalla sabrá que su afición no es motivo para que las cosas salgan bien. No os asustéis. El hombre lobo dista mucho, para bien, de tan magna obra de arte con un motorista diabólico que “bebe” vasos de lacasitos. Aún así, la sensación que deja éste moderno hombre lobo es la que muchos han descrito desde la primera sesión. No es una mala película, pero tampoco lo suficientemente buena. Es superior a varias de las cosas que hemos visto en años recientes dentro del subgénero, pero la falta un hervor, o varios, para ser el adecuado representante para nuevas generaciones de aficionados. Esa era la motivación de sus responsables si nos fiamos de sus entrevistas: crear para los jóvenes de hoy una película que significase lo mismo que la de 1941 para sus respectivos espectadores.



A decir verdad, no se puede negar que sea entretenida. Se ve sin problemas, aunque el problema, valga la redundancia, llega cuando al rato de salir de la sala a penas recuerdas dos o tres escenas. Una golosina visual que podría haber sido una gran película. Ahí están las buenas interpretaciones de su acertado casting, con Benicio del Toro, Hugo Weaving y un Anthony Hopkins esperando a cobrar el cheque y, pese a ello, dando otro recital de cómo actuar de forma convincente, a la cabeza. Tenemos también una atmosfera notable, unos efectos efectos especiales casi siempre correctos y buenas dosis de cuerpos desmembrados. Entonces, una de dos, o lo que falla es un guión poco desarrollado del otras veces muy eficiente Andrew Kevin Walker, o el problema ha sido su complicado rodaje y la aún más conflictiva post producción. Y es que, aunque lo hayan intentado camuflar, se nota en varias ocasiones que se les fue de las manos lo que tenían pensado. Aquí es donde podría entrar su director, el poco apropiado Joe Johnston, que ya demostró en Parque jurasico 3 (Jurassic Park 3, 2001) que lo suyo no es manejar presupuestos holgados (el de El hombre lobo ronda los 100 y 150 millones de dólares, según la fuente).


Leer critica El hombre lobo en Muchocine.net

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La saga Crepúsculo: Luna nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009)




No sé si cuando hicieron Crepúsculo (Twilight, 2008) tenían idea de que iba a tratarse de tal fenómeno de masas. Y eso que los libros en los que se basa son auténticas maquinas de hacer dinero. El caso es que aquella película costó unos míseros 35 millones de dólares, algo que, en pantalla, se notó para mal. Aunque ojo, pese a ello, después de tragarme mis prejuicios, me resultó más entretenida y resultona de lo esperado. Es por ello que, dado el mayor fenómeno en el que se ha convertido la segunda entrega, lo mejor es ver para opinar con criterio sobre lo que empuja a tanta gente a seguir apasionadamente tanto los libros como las películas. La conclusión es obvia, pues, al igual que Titanic (1997) se convirtió en la película más taquillera de la historia (sin ajustar la inflación) gracias a su historia de amor imposible llevada a un entorno épico, ésta saga cumple, dentro del género fantástico, las mismas normas. Incluso si vamos más atrás, comprobaremos que la película que es realmente la más vista en cines de la historia, Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939), nos muestra otro amor de final incierto dentro de una situación extraordinaria. Extrapolando todo al contexto adolescente, con vampiros y licántropos de por medio, tenemos la enésima reencarnación de todos esos romances, convenientemente actualizada y con los suficientes añadidos para hacerla una obra “nueva”.

Luna nueva es igual de eficaz y, no buena sino, repito, resultona, que su antecesora. Se nota que hay un mayor trabajo en la fotografía, en la labor de algunos intérpretes, y sobretodo en los efectos especiales. Estos siguen sin ser nada del otro jueves, pero la recreación de los licántropos, la novedad de la secuela, al menos no daña a la vista. No obstante, el presupuesto sigue sin ser holgado (55 millones), por lo que, parece, sus responsables tienen claro que lo que los fans quieren ver, prioritariamente, es la relación entre los personajes principales, sus amores y desamores, y por ello dejan en un segundo plano los aspectos más técnicos. Los diálogos siguen siendo de novela rosa magnificada, pero hay una aproximación certera al “terror” de desamor en la adolescencia, a la locura que puede despertar, en algunos casos, perder ese amor que, por aquel entonces, se piensa eterno. La problemática directora de la primera, Catherine Hardwicke, ha sido sustituida por el más tranquilo Chris Weitz, uno de esos “artesanos” que te hace Un niño grande (About a Boy, 2002) como La brújula dorada (The Golden Compass, 2007). Como era de esperar, el toque indie de Hardwicke se pierde aquí en pro de una dirección más “clasica”. Todo puesto en escena de forma correcta, sin excesos pero de forma competente, sabiendo desde la concepción del proyecto de que está destinado a arrasar hagan lo que hagan.

En resumidas cuentas: Pasable

martes, 2 de septiembre de 2008

Underworld: Evolution (2006)


“En su lucha, la guerrera vampira Selene debe afrontar un nuevo enemigo, pues el que creía el primer inmortal verdadero no es Marcus, el rey de los vampiros, sino Alexander, padre de éste. Alexander planea liberal a su hermano William, un licántropo, para juntos dominar el mundo”.

Esto es otra cosa. Cuando hace ya cinco años se estrenó Underworld y entré en el cine con unas expectativas moderadamente altas para ver una espectacular lucha entre vampiros y hombres lobo, no me imaginaba que esa película me iba ocasionar pasar dos de las horas más aburridas que recuerdo en una sala de cine. Esa fue razón suficiente para que, tres años después, no se me pasase por la cabeza pagar de nuevo la entrada por ver Underworld: Evolution. Y no ha sido hasta ahora, en casita y debido a un repentino venazo, que me dio por ver dicha secuela, la cual estaba cogiendo polvo en la colección de descargas. Sin fiarme un pelo di al play y me reservé los prejuicios para comprobar si esta vez la cosa había cambiado y sus responsables se habían puesto las pilas para ofrecer lo que ya debía tener la primera: más acción (y mejor realizada), más enfrentamientos entre los dos mitos del cine de terror, y por supuesto, más ritmo y menos tedio. Para mi sorpresa, Underworld: Evolution es todo eso. El argumento vuelve a importar un carajo, algo que suponía, pero consigues olvidar ese detalle con un ritmo incesante, efectos visuales mucho más trabajados, y cinco o seis escenas de acción bastante dignas.

Al igual que en la primera, Len Wiseman se pone tras las cámaras, poco antes de saltar definitivamente al estrellato de los nuevos directores americanos con la entretenida cuarta entrega de Jungla de cristal. También tenemos a la guapísima Kate Beckinsale como vampira guerrera. No es buena actriz, pero su rostro en primer plano vale más en una película así que muchas grandes interpretaciones. Tampoco hace gran cosa artísticamente su compi de aventuras, el hibrido entre vampiro y hombre lobo Scott Speedman, y aquí ya no entro a debatir si su rostro en primer plano ofrece algún otro aliciente. También sigue Wiseman con la fotografía azulada que utilizó en la anterior entrega, y que en parte también añadió como prueba de autoría en La jungla 4.0. Lo demás, como dije antes, se completa con mucha acción (no me fije en el reloj, pero me da que a penas pasaban diez minutos entre una set piece y otra), efectos visuales notables (las transformaciones de los licántropos siguen resintiéndose de desasido CIG, pero a cambio, cuando estos ya están transformados, el diseño es muy potente) y cine de evasión que no engaña a nadie.

Lo mejor: Las escenas de acción, en su mayoría bien realizadas, algunos efectos visuales, y la presencia física de Kate Beckinsale.

Lo peor: Que el argumento no importa, por lo que, aunque sean pocos momentos, todo lo que no tiene que ver con el espectáculo resulta entupido y totalmente vacío.

Valoración (0 a 10): 7

Trailer