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Luna nueva es igual de eficaz y, no buena sino, repito, resultona, que su antecesora. Se nota que hay un mayor trabajo en la fotografía, en la labor de algunos intérpretes, y sobretodo en los efectos especiales. Estos siguen sin ser nada del otro jueves, pero la recreación de los licántropos, la novedad de la secuela, al menos no daña a la vista. No obstante, el presupuesto sigue sin ser holgado (55 millones), por lo que, parece, sus responsables tienen claro que lo que los fans quieren ver, prioritariamente, es la relación entre los personajes principales, sus amores y desamores, y por ello dejan en un segundo plano los aspectos más técnicos. Los diálogos siguen siendo de novela rosa magnificada, pero hay una aproximación certera al “terror” de desamor en la adolescencia, a la locura que puede despertar, en algunos casos, perder ese amor que, por aquel entonces, se piensa eterno. La problemática directora de la primera, Catherine Hardwicke, ha sido sustituida por el más tranquilo Chris Weitz, uno de esos “artesanos” que te hace Un niño grande (About a Boy, 2002) como La brújula dorada (The Golden Compass, 2007). Como era de esperar, el toque indie de Hardwicke se pierde aquí en pro de una dirección más “clasica”. Todo puesto en escena de forma correcta, sin excesos pero de forma competente, sabiendo desde la concepción del proyecto de que está destinado a arrasar hagan lo que hagan.
“En su lucha, la guerrera vampira Selene debe afrontar un nuevo enemigo, pues el que creía el primer inmortal verdadero no es Marcus, el rey de los vampiros, sino Alexander, padre de éste. Alexander planea liberal a su hermano William, un licántropo, para juntos dominar el mundo”.
Al igual que en la primera, Len Wiseman se pone tras las cámaras, poco antes de saltar definitivamente al estrellato de los nuevos directores americanos con la entretenida cuarta entrega de Jungla de cristal. También tenemos a la guapísima Kate Beckinsale como vampira guerrera. No es buena actriz, pero su rostro en primer plano vale más en una película así que muchas grandes interpretaciones. Tampoco hace gran cosa artísticamente su compi de aventuras, el hibrido entre vampiro y hombre lobo Scott Speedman, y aquí ya no entro a debatir si su rostro en primer plano ofrece algún otro aliciente. También sigue Wiseman con la fotografía azulada que utilizó en la anterior entrega, y que en parte también añadió como prueba de autoría en La jungla 4.0. Lo demás, como dije antes, se completa con mucha acción (no me fije en el reloj, pero me da que a penas pasaban diez minutos entre una set piece y otra), efectos visuales notables (las transformaciones de los licántropos siguen resintiéndose de desasido CIG, pero a cambio, cuando estos ya están transformados, el diseño es muy potente) y cine de evasión que no engaña a nadie.
Lo mejor: Las escenas de acción, en su mayoría bien realizadas, algunos efectos visuales, y la presencia física de Kate Beckinsale.
Lo peor: Que el argumento no importa, por lo que, aunque sean pocos momentos, todo lo que no tiene que ver con el espectáculo resulta entupido y totalmente vacío.
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