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martes, 31 de agosto de 2010

Mini reseñas: Solomon Kane (2009), The Collector (2009), Miedos 3d (The Hole, 2009)


El género de espada y brujería no está siendo muy utilizado en los últimos años. Tal vez por ello, cuando una producción de cierta enjundia se aproxima a las pantallas, muchos aficionados se crean unas expectativas altas. Por las ganas de ver algo nuevo, supongo. Si la propuesta es, además, una adaptación de Solomon Kane, clásico de Robert E. Howard, creador nada menos que de Conan, pues ya está todo dicho. Dentro de esas expectativas es donde no funciona la película que nos ocupa. Y no lo hace porque no está concebida con el espero necesario, sino con el justo, correcto, para cumplir en lo mínimo y volver a casa. De este modo, Solomon Kane, la película, tiene una atmosfera cuidada, un buen protagonista (James Purefoy no lo hace nada mal como Solomon), pero ya está. El guión titubea de un lado a otro creando un conjunto irregular, pese a que en parte consigue captar la esencia de la obra de Howard, pero solo en parte. De ahí que haya momentos interesantes y visualmente muy conseguidos, y justo después otros más planos y aburridos. También habría que destacar, en lo malo, que a un villano tan llamativo como el enmascarado se le preste poca atención y su final se resuelva de forma tan precipitada. Supongo que el director, Michael J. Bassett, firmante de otra “medio entretenida”, Deathwatch (2002) no es John Millius, aunque dentro de lo que cabe tampoco lo haga mal, pues quedan escenas potentes como el citado prologo, el descubrimiento de los “zombis” en la cabaña o la crucifixión de Solomon. Pero no es suficiente para llegar a ser buena, y menos, tan buena como querrian los fans de Howard. Valoración (0 a 5): 2,5
 

The Collector es una de esas películas que veía colgadas en la red y nunca preste demasiada atención. Su estreno poco publicitado en Estados Unidos tuvo lugar el año pasado, y en España no se ha sabido nada de ella, como empieza a ser tristemente habitual con cierto tipo de cine de terror. Pero, como decía, gracias a la red podemos echarla un vistazo. Y una vez más, la red es nuestra amiga. Gracias a ella he podido sorprenderme con uno de los mejores body count de lo que llevamos de siglo XXI. Vale que el nivel no esté por las nubes, pero aquí hay calidad. Mirando los créditos, me encuentro con que el director, Marcus Dunstan, ha sido guionista de las ultimas cuatro entregas de la saga Saw (incluido en ellas que la que está a punto de estrenarse, es decir, la séptima), lo cual se deja entrever en el contenido de la que es su opera prima (juega de nuevo con personajes dentro de un entorno de trampas macabras y psicópata rondándoles) . Lo gracioso es que, de lejos, The Collector es mejor que cualquier entrega de tan popular y taquillera saga. Principalmente, porque sin prescindir del mismo gore que aquellas, se las han arreglado para crear un suspense de lo más efectivo durante sus noventa minutos. Siempre pasa algo que te hace estar pendiente, las trampas en lugar de estar dosificadas como único interés de la trama, son parte de ella, y las interpretaciones (sorprendente Josh Stewart en rol principal) cumplen por encima de la media en este tipo de productos. Así, The Collector se convierte en una de las mejores muestras del denominado toture porn moderno. Valoración (0 a 5): 3,5
 

Los buenos tiempos parecen haber pasado para los viejos del fantástico y el terror. George A. Romero, Wes Craven o Tobe Hooper (la única excepción, aunque no del todo, sería John Carpenter) no pasan por sus mejores momentos. Lo mismo se podría decir de Joe Dante tras ver este Miedos 3d. Pese a que el director de Aullidos (The Howling, 1981) o Gremlins (1984) fue de los que más salvo la papeleta en el irregular invento televisivo Maestros del terror (Masters of horror, 2005-¿?) , su regreso a la pantalla grande deja un sabor agridulce. Por un lado, recupera parte de la esencia de ese cine de terror infantil y juvenil que tanto nos gustaba de los ochenta. Aunque por momentos se pierde y recuerda más a los telefilmes de la Disney Channel. Tampoco hay que olvidar que Miedos 3d es un producto, desde su concepción, menor. Un encargo, vaya. Con todo, sus personajes adolescentes no caen mal y la trama, aunque no entusiasme en ningún momento, tampoco hace daño. Al fin y al cabo, es lo de siempre: unos chavales descubren una puerta a otro mundo (o algo) en el sótano de su casa, y ésta desencadena sus miedos personales, que terminan por ser un muñeco con mala leche (tal vez lo más destacable de la función, aunque se le podría haber dado más juego), una niña fantasma que quiere decir sus ultimas palabras y otra cosa que, como se supone que es “sorpresa final“, pues no lo cuento. Eso sí, hay que agradecer que, con pocos medios, hayan conseguido un uso efectivo del 3d, que sirve para meter en la historia (atención a los últimos quince minutos, o las escenas que nos sitúan en la perspectiva del “agujero” del sótano) más que para introducir aburridos efectismos. Valoración (0 a 5): 2,5

miércoles, 18 de agosto de 2010

Mini reseñas: Madman (1981), Anochecer rojo (Revenge of the Red Baron, 1984), La casa de la abuela (Grandma´s House, 1989)

Típico body count de los ochenta. Su peculiaridad consiste en una atmosfera sorprendentemente conseguida según sus pretensiones de subproducto. Un viejo le cuenta una historia de terror a unos jóvenes durante una noche en el bosque. Es la historia del hombre loco del titulo, al cual, si le llamas repetidas veces, aparecerá para hacerte trocitos nauseabundos. Pues, como siempre, hay un listillo en el grupo (como los canis actuales que van a los cines y se tiran un eructo para demostrar que no les da miedo la película) que se quiere hacer el guay repitiendo su nombre. Y claro, al poco aparecerá un tipo muy grande y melenudo con un hacha de considerable tamaño. No se sabe muy bien porque, el chaval listillo lo ve pero se queda en el bosque siguiéndole la pista con cara descompuesta. Los demás se van a la casa de campo para lo que suelen hacer los jóvenes en estas películas. El anciano que cuenta la historia se marcha insistiendo, con cara de interesante, “no tengais miedo de Madman”. El resto es historia. O al menos, historia serán los chavales a manos del susodicho. Pese a que, como dije, sorprende la cuidada ambientación, el resto es una sarta de tópicos mal expuestos. Además, se hace demasiado lenta y repetitiva. Lo peor es que nuestras ganas de que se carguen al futuro cani maleducado se truncan cuando no le vemos aparecer hasta el ultimo minuto y suelta una frase sobreactuada. Una lastima, podría haber sido mucho mejor. Valoración (0 a 5): 1

Si queréis saber que es lo que tienen que hacer antiguas estrellas cinematográficas para poder pagar las facturas, aquí tenéis una muestra. Un Mickey Rooney bastante quemado protagoniza junto a un jovencísimo Tobey Maguire (que por aquel entonces, rodando esta cosa, dudo que se imaginase que llegaría a ser el Spider-Man más taquillero) esta ¿comedia? ¿película de terror? ¿broma? ¿insulto? ¿obra maestra trash? sobre un muñeco asesino que viaja a lomos de una avioneta de juguete a la cual nunca se le acaban las balas. Y lo mejor es que la produjo Roger Corman, en plan ¿homenaje? de su mítica El barón rojo (The Red Baron, 1971). El muñeco es el citado barón rojo, un peligroso piloto de combate alemán que derribó muchos aviones de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Se supone que un chaval yankee (el personaje de Mickey Rooney décadas atrás) le consiguió vencer y acabar así con su maldición. Claro que, el barón dice que regresará como sea para vengarse, y como es un hombre de palabra, un día cae un rayo o algo y se reencarna en el muñeco en miniatura del barón junto a su avioneta que guarda el ya abuelo Ronney. Lo que viene después son muchos chistes malos, muertes de mentirijillas y resoluciones de momentos cumbre (atención al acto heroico final) que de tan ridículos y cutres nos lo hacen pasar muy bien si andamos etílicos. Valoración (0 a 5): 1,5

Extraño producto de finales los ochenta que no se sabe muy bien por donde quiere tirar. Al menos, hacernos la picha un lío durante su primera mitad es lo que mantiene el interés y no hace que cerremos los ojos. Lo que parece un slasher con asesinos de la tercera edad, va tomando ritmo de lo que parece ser un thriller sobrenatural, para más tarde convertirse en un correcalles con giro argumental curioso. Desde luego, dentro de lo mala que pueda ser, resulta gratificante la peculiaridad de la propuesta. Dos hermanos son acogidos por sus abuelos tras quedar huérfanos, pero los abuelos no dan ninguna confianza. Él porque parece que siempre va hasta las cejas de algo (¿viagra?) y ella porque…no sé, porque me daba mal rollo. El niño pronto descubre que su abuelo guarda en el frigorífico fruta, batidos, pescado y…una cabeza. Pero ¡esperar! Solo era una pesadilla del chaval. O no, porque luego vuelve a pasar, pero no se porque, hay una explicación (¿?), y entre tanto la figura de una mujer que se parece “misteriosamente” a la madre fallecida de los dos hermanos, va apareciéndose por ciertos lugares. Se que no os estáis enterando de nada, y lo cierto es que los agujeros del guión son tan grandes que interfieren en la sinopsis. No obstante, como dije, resulta curiosa de ver dentro de sus limitaciones, y tiene algún que momento de interes. Valoración (0 a 5): 1,5

martes, 3 de agosto de 2010

Triloquist (2008)


Tengo que admitir que guardo a Leprechaun (1993) como uno de esos placeres culpables que todos tenemos. Aquella roñosa comedia de terror con un duende malvado persiguiendo a una adolescente Jennifer Aniston tiene, para mí, algo extraño, algo especial. Su director, Mark Jones, poco se ha prodigado después tras las cámaras. Volvió a esto de los duendes asesinos con otra carroña llamada Rupeltinskin (1995) y poca cosa más. Como guionista es otro asunto, pues ha participado en varias series de éxito y, bueno, también en secuelas de la citada Leprechaun. Pero vayamos al grano. El subgénero de muñecos asesinos siempre ha sido uno de mis predilectos, pese a que la cantidad de películas realmente decentes sea escasa. Por tanto, lo que uno intenta buscar en este tipo de, normalmente, subproductos, es algo que por lo menos salga de la media en cuanto a originalidad. Cuando empezó este Triloquist, que significa el regreso al cine, aunque sea directo a video club, de Mark Jones, pensé que podría sonar la campana. Tenía ganas de ver si me ofrecía otra basurilla tan simpática como su primera película. Lo cierto es que en los primeros minutos la cosa promete. Original parece.


Tenemos a dos hermanos que han quedado huérfanos tras el suicido de su madre, una famosa ventrílocua venida a menos. Lo único que llevan con ellos es el muñeco con el que trabajaba su madre. Un muñeco del que, ya desde el principio, conocemos que tiene vida e instinto criminal. Narrado con la voz en off del propio muñeco, vemos como los niños van a vivir con su tío, el cual abusa de la niña…hasta que el muñeco se lo carga. Despues de un fundido en negro, en el que se supone que han pasado los niños su vida en un orfanato o algo hasta ser mayores de edad, los vemos de nuevo acompañados, como no, de su muñeco. La niña ahora es una jovencita buenorra de pocos escrúpulos, y su hermano un tipo raro que, al parecer, no puede hablar. Y bueno, de lo que trata la historia es como, a modo a de road movie, matan gente, escapan de la policía y secuestran a una chica para que el hermanito tenga un hijo con ella y prosiga con el negocio familiar de ventriloquia. Hombre, como dije, algo original es. No la trama en sí, sino la forma de exponerla, la mezcla de géneros y lo ambiguo de las pretensiones.


Pero, ¿esto hace de Triloquist una película más remarcable que la media? Pues no. Al final, sigue siendo una tontería, y por la muestra indiscriminada de carnaza joven, me da que Mark Jones, que ya es un viejecito, quería grabar a chicas sin la parte de arriba más que centrarse en seguir con ritmo una historia, por cutre que sea. Las interpretaciones, pues no están mal para el producto que es, incluso el chaval está gracioso con sus andares y demás. Tampoco hay que buscar mucho gore. En ese sentido es una propuesta bastante soft (por mucho que produzca Dimension Extreme). Se tratan varios géneros pero ninguno queda claro. Como película de terror es ridícula, como comedia descafeinada, como road movie tonta, y como drama (si, a veces parece que Jones quería hacer un drama, o eso creo) aburrido. Así que, nada más, un intento perdido de haber hecho algo interesante en un subgénero tan devaluado como, mal que me pese, adictivo.

Valoración (0 a 5): 1,5

sábado, 31 de julio de 2010

Ghosthouse (1987)


Umberto Lenzi ya de por sí no es buen director en lo que mejor sabe hacer. Imaginaos entonces en lo que no sabe. Para la ocasión, decidió alejarse de sus zombis purulentos y sus caníbales selváticos para adentrarse en el subgénero de las casas encantadas. Este Ghosthouse, que, se supone, es una tercera parte de algo que no conozco (y no me voy a poner a buscar información, pues bastante he tenido con la película) no empieza nada mal. Hasta parece que a Lenzi le va a salir bien la jugada. Nada más lejos de la realidad. El prologo, situado en una casa veinte años antes del resto de la acción, nos muestra a una misteriosa niña, portadora de un muñeco (un payaso de esos que no dan buena espina) que es castigada a pasar la noche a oscuras en el sótano. Una musiquita  inquietante hace acto de presencia, y contemplamos la muerte de su familia entre lo sobrenatural y lo gore. La cosa, como dije, no parece ir mal. Pasamos la trama a la actualidad con la típica presentación de una pareja de jóvenes cuya parte masculina es repelente hasta la gonorrea. Se empieza a joder el asunto. El tipo es radioaficionado, y es testigo de unos gritos mortales que llegan de algún lugar en una emisora cercana. Pasa de policía, así que, junto a su novia, marchan a investigar el supuesto crimen a la casa. Como es lógico, la casa donde sucedió es la misma que la del prologo.


Allí se encuentran a otro grupo de jóvenes pijillos que se disponían a habitar la casa. Y lo curioso es que la presunta victima, se deduce por su voz, está entre ellos. Vamos, que la va a palmar por la noche y todo fue un aviso y esas cosas. El resto pues una sucesión de tópicos expuestos sin gracia (el anciano huraño que conoce el pasado del lugar, el espiritista que da la charla sobre la vida después de la muerte), aburrimiento, alguna que otra escena gore, más aburrimiento, y locuras varias de guión buscando sorprender entre, una vez más, el aburrimiento. Por resultar tedioso, hasta la melodía tan currada del prologo se repite tantas veces que pone dolor de estomago. El reparto es tan malo que ni en IMDB tienen foto en su perfil, y lo único salvable termina siendo la presencia de la niña con su payaso, personajes, ambos, que podrían haber dado mucho más de sí. Por el contrario, se ven relegados a la sucesión de ladrillos que nos brinda un Lenzi que siempre será, al menos, más entretenido con sus costras de infraseres hambrientos de carne humana.

Valoración (0 a 5): 1

jueves, 28 de enero de 2010

Muñecos infernales (The Devil Doll, 1936)



Cuatro año después de estrenar su máximo icono cinematográfico, La parada de los monstruos (Freaks, 1932), Tod Browling fabricó otro clásico, menos mitificado, pero que rallaba a un nivel de calidad similar. Muñecos infernales, aunque clasificada dentro del género de terror, en realidad se trata de una fantasía, con toques de ciencia ficción paranoica, que conjuga sus elementos a groso modo con una historia de venganza y amor. La venganza es la que entabla un antiguo banquero, presidiario huido de la cárcel junto a un mad doctor. En casa del segundo, a la que llegan con la policía pisándoles los talones, descubre los experimentos de dudosa moral que éste, junto a su mujer, igual de desquiciada, lleva años completando. Su trabajo consiste en hacer diminutos, a modo de juguetes, a todo animal, incluso persona, que les viene en gana. Tras la muerte del mad doctor a causa de infarto, el banquero ve la posibilidad de vengarse de los que le metieron injustamente en la carcel, ayudado de la mujer y sus extraños conocimientos. Así, de viaje a Paris, éstos comenzarán, cada uno por sus motivos, las malas jugadas a determinadas personas. Y también es una historia de amor, pues el verdadero propósito del protagonista, más que la venganza por odio, es que su nombre quede limpio y su hija, residente en Paris, pueda perdonarle por fin.


Muñecos infernales cuenta con una notable interpretación de Lionel Barrymore (pésimo doblaje en español, para los que opten por dicha opción), que juega al despiste disfrazándose de una anciana que vende los temibles muñecos vivientes. Al igual que en la citada La parada de los monstruos, Browling es fiel a su modo narrativo y convicciones personales. La línea que separa el bien del mal siempre se muestra difusa, con personajes que no llegan al blanco ni se hunden en el negro. La escala de grises es elevada y, además, muy interesante de analizar. La idea de la venganza, que triunfa ante todo y, como he dicho, bastante difusa en su sentido moral, es algo que a lo que también recurría con sus freaks menospreciados por los que se creían mejores que ellos. Destacable, entre otras cosas, es el trabajo realizado para los efectos especiales, teniendo en cuenta que han pasado más de setenta años desde su realización. La unión en el mismo plano de personajes de tamaño real y personajes minimizados (aunque a veces los actores no saben muy bien donde mirar) es excelente.


Aunque Muñecos infernales esta basada en la novela Arde, bruja, arde, de Abraham Merrit, los parecidos se difuminan en el guión firmado por Garret Frot, autor del libreto de Drácula (1931), así como con el tono que le da Browling, que inyecta esa tipica atmosfera propia de patetismo romántico y aroma de tragedia, igual que la ya comentada difusa moral en los actos de los personajes. Todo se mezcla perfectamente en algo más de setenta minutos de gran cine clásico, de cine de género minimalista y añejo, que recuerda la ingenuidad de ciertos tiempos, pero también la importancia de la narrativa y los actores, del uso de efectos digitales como eficaz comparsa de un desarrollo siempre interesante y no carente de diversas lecturas más allá de lo evidente.

Valoración (0 a 5): 3