Mostrando entradas con la etiqueta Suspense. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Suspense. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de febrero de 2011

Rare Exports: A Christmas Tale (2010)


Una compañía norteamericana lleva a cabo unas excavaciones en Finlandia. Su intención, ni más ni menos, que encontrar el cuerpo de Santa Claus. Cuando lo encuentren, el caos comenzará a imponerse en la zona. Un niño, obsesionado con las leyendas siniestras que hablan de un Santa Claus poco bondadoso, avisa de la situación y nadie le cree. Sin embargo, la realidad, aunque difícil de creer, irá asemejandose a dichas leyendas.

Para la mayoría de la gente, Papá Noel, o Santa Claus, es un gordinflón bondadoso que, montado en su trineo volador comandado por renos, reparte regalos a los niños buenos. Luego, tendríamos las variopintas historias que han llevado a este bonachón hasta donde está actualmente. Tenemos aquella, la más popular, en la que vive junto a la señora Claus en el Polo Norte, rodeado de duendes navideños que le ayudan para fabricar los juguetes. En realidad, el personaje debe su existencia a un obispo cristiano de origen griego, llamado Nicolás de Bari. Se dice, que el tal Nicolás tenía buenas relaciones con los niños (no penséis mal…o vete tú a saber), y que, al saber que varios habían sido acuchillados, rezó por ellos, dando como resultado la curación casi inmediata de sus heridas mortales (¿?). Otros cuentan que solía obsequiar a los niños con regalos, y ayudaba a las familias escasas de dinero para que sus hijos pudieran casarse (…). Hay más historias, como aquella de la Coca Cola, pero la más interesante, al menos para el que suscribe, y sobretodo en materia cinematográfica, es la que nos cuenta Rare Exports: A Christmas Tale.

En Finlandia, pues de allí es la película que nos ocupa, hay una mitología oscura en torno al personaje. Conocido como Joulupukki, el aspecto que algunos le otorgan es de lo más temible. Algo así como un monstruo con una cornamenta y mirada asesina, que iba vestido con pieles varias. No sentía el aprecio por los niños que se le adjudica, sino que castigaba duramente a los que se portaban mal. Se paseaba casa por casa, exigiendo regalos, en lugar de dejarlos en la chimenea. Vamos, que era violento y gorrón a partes iguales. Pues bien, a partir de esa particular leyenda, el joven director Jalmari Helander, un tipo que tiene mucho que decir en esto del cine, se las ha apañado para crear una fantasía juvenil de tono sombrío, cercano al terror, que guarda más de un punto en común, tanto formal como mágico, con las entrañables producciones del estilo que se fabricaban como churros en los ochenta. Si, esas como Los Goonies (The Goonies, 1985), Exploradores (Explorers, 1985), Noche de miedo (Fright Night, 1985) o Una pandilla alucinante (The Monster Squad, 1987), por citar sólo unas pocas y de variado pelaje.

Con lo de magia me refiero a esa esencia ya prácticamente perdida en el cine comercial, y en el cine en general. Esa esencia que, aún hoy, es capaz de llevarnos a los talluditos hasta aquellos años en los que lo pasábamos en grande una y otra vez con películas con tenían un toque especial. Un toque, que tal vez fue cosa de décadas pasadas y ahora queda anclado en una irreparable nostalgia. Pero, aunque no sea del todo igual, es algo que por momentos consigue Rare Exports.

La trama está vista desde los ojos de su joven protagonista. Un niño que, como es habitual en este tipo de producciones, acabará convertido en un improvisado action hero, con soluciones para todo y actuaciones rallando en lo suicida. Como también es habitual, las preguntas son lo que menos hay que hacerse; es una de esas aventuras fantásticas que se disfruta en mayor medida según la inocencia y/o desprejuicio que quede en el espectador. Lo que podría venir a decir que, si no te has convertido en un pútrido gafapasta de tres al cuarto, es posible que te lo pases genial con ella, igual que antaño lo pasabas genial con las películas citadas.

Las cosas ocurren rápido (no por nada, su duración apenas supera los ochenta minutos), y no hay tiempo para respuestas; Santa Claus ha vuelto de la tumba, es malo y está dispuesto a sembrar el caos. Nuestros protagonistas adultos, también inesperados héroes, le harán frente. Y no, no se sorprenden mucho de que exista Santa Claus, ni de que éste sea todo lo contrario a la creencia popular. No se sorprenden de que los duendes no sean sonrientes hombrecillos, sino viejos de aspecto tortuoso y un malsano símil con la villana final de Rec (2007). Se entra en acción. Punto. Y si además pueden sacar pasta con secuestros, mejor.

La excepcional banda sonora es uno de los principales elementos que nos llevan a aquellos añorados ochenta. Cualquiera diría que la ha compuesto un John Williams de aquella etapa. La factura es sobresaliente, pues se trata de unas de las producciones punteras del mercado finlandés del pasado año. Un gran éxito que, como viene siendo habitual, dudo que podamos ver en las salas de nuestro querido país, pues ya han pasado las navidades y no hay señal de distribución. Tampoco en formato domestico. Eso sí, quejarse de las descargas se les da de lujo.

Pese a que, en general, es una de esas película que, sin ser obras maestras y puede que tampoco notables, es difícil, por su simpatía, honestidad e incluso originalidad, sacarlas fallos, lo cierto es que el ritmo cojea un poco en la primera mitad. Para ser un montaje de a penas ochenta minutos, Rare Exports no dosifica la suficiente carga de alicientes para mantener netamente el interés tras su excelente prologo. Se sigue la trama, en todo caso, siendo ya conocer del asunto, esperando que lo mejor esté por llegar en cualquier momento. Y llega, claro que llega. La segunda mitad es un non-stop de suspense (el encuentro con el presunto Santa Claus), acción y aventura (toda la parte del helicóptero), que no se olvida de dejarnos varios planos visualmente poderosos y, en los últimos tres minutos, una trabajada broma a juego con lo es, ni más ni menos, este Rare Exports; cine de consumo construido sobre la base del talento y las ganas. Sobretodo, ganas de hacer algo nuevo y diferente, sin olvidar el aroma de los clásicos.

viernes, 21 de enero de 2011

Splice: Experimento mortal (Splice, 2009)


Los brillantes ingenieros genéticos Clive y Elsa, se especializan en combinar ADN de diferentes animales para crear nuevos híbridos sorprendentes. Ahora quieren utilizar ADN humano en un hibrido que podría revolucionar la ciencia y la medicina. Cuando la empresa que financia su investigación se lo prohíbe, Clive y Elsa deciden actuar por su cuenta. El resultado es una criatura que en un principio supera todas sus expectativas, aunque no tardará en ponerles en serios aprietos, así como hacerles dudar sobre la moralidad de su creación.

Splice, que algún idiota re-tituló en España como Experimento mortal, tiene una ficha técnica de las que no necesitan presentación; Vincenzo Natali (director y co-guionista), Guillermo del Toro (productor ejecutivo), Adrien Brody y Sarah Polley (protagonistas), o Gregory Nicoreto, Howard Berger y el resto del gran equipo de la KNB (efectos especiales y maquillaje). Además, está adscrita a la ciencia ficción, género en el que Natali se maneja sin problemas y con el que nos ha ofrecido más de una joyita, aunque su película más redonda siga siendo Cube (1997), sorprendente opera prima. Lo malo de tener un equipo así es que las expectativas son crecientes a medida que avanza el proyecto. De este modo, al llegar a las salas puede darse que la diversidad de opiniones y el nivel de decepciones es, cuanto menos, radical. Esa es la situación que vivió Splice, y no fue del todo justa.

Ante todo, podemos considerar que se trate de la película más comercial de su director. Esto no quiere decir que se trate de un producto mainstream al uso, sino que debido a un presupuesto (30 millones de dólares) mayor a lo acostumbrado, se permite mayores concesiones y un tono en parte más asequible para el gran público que en la citada Cube u otras como Cypher (2002) o Nothing (2003). De ahí que haya contado con una distribución masiva por primera vez en su carrera, y un estreno mundial sin escatimar en publicidad. Sin lugar a dudas, un arma de doble de filo, pues entendamos que, salvo por el clímax final y sin entrar en comparaciones con lo anterior de Natali, no deja de ser una propuesta (un poco) difícil. Por tanto, es preferible que el espectador poco asiduo a estos derroteros no se deje engañar por uno de los carteles que rezaba un típico “Hará lo que sea para conquistarte”, después de leer “Del director y los productores de El laberinto del Fauno y…Transformers”.

La historia obedece paso a paso, y con una diferencia bien marcada, los actos básicos:

* No hace falta confirmar que habrá algún SPOILER.

Comienzo: Concepción del experimento. Natali va al grano, y a poco del inicio nos presenta a la futura Dren; un trucaje digital realmente detallado y creíble (los chicos de KNB, premio en Sitges del pasado año, se han lucido) que vemos en movimiento por primera vez en una secuencia homenaje/plagio al famoso ataque de la cría alienígena a Nutz y Ripley en Aliens: El regreso (Aliens, 1986). También conocemos a los protagonistas humanos, y no sé si será porque la visioné doblada (pido disculpas) o si esa era la intención de su responsable, pero Brody y Polley resultan un poco cansinos y sobreactuados.

Nudo: Dren, que ha sido bautizada de ese modo dando la vuelta a Nerd (¡!), ha crecido. Lo que antes era un bebe cabezón con inmensos ojos, ahora es un atractivo (entiéndase, de cuerpo curvilíneo y apariencia extrañamente hipnótica, pero sigue siendo un bicho) ser de elevada estatura y facciones más humanas. Es aquí cuando toman forma debate y crítica al mundo de la clonación y experimentos con células de variada índole. Aquello del bien o el mal o de creerse Dios. El mensaje del filme, vaya. En esta parte, al ser Dren madura, empieza a experimentar el deseo (por Brody), y esto descarrila en una grotesca y surrealista escena de sexo que, desde ya, es para John Trent la más divertida y original que nos ha ofrecido el celuloide desde la del espejo en Instinto básico (Basic Instinct, 1992).

Desenlace: Es la parte más floja. La atmosfera intimista e incluso atrevida que rodeaba la película hasta el momento queda diluida por un clímax convencional. Supongo que la intención era contentar a un mayor número de espectadores metiendo un poco de acción y de correr para aquí y para allá. Algo que en otro tipo de película hubiese funcionado, pero no cuaja con lo que nos propuesto en la hora y media anterior. No obstante, dicho desenlace guarda de nuevo alguna situación con mala leche y unos efectos especiales notables.

La conclusión es que Splice está llena de errores y virtudes. Es tan entretenida como uno se muestre predispuesto a disfrutarla; o tan aburrida y ridícula como uno crea según sus expectativas anteriores o mala información. En lo personal, un producto de ciencia ficción digno, de factura visual arrebatadora, buenas ideas en ocasiones bien resueltas y con suficiente carga argumental nítida e interesante para el debate. Aunque sigo dándole vueltas al por qué dos buenos intérpretes como Brody y Polley se pasan media película haciendo gestitos.

miércoles, 19 de enero de 2011

La otra hija (The New Daughter, 2010)


Un padre divorciado al cargo de sus hijos, un niño, y una niña a las puertas de la pubertad, compra una casa en un pueblo alejado de la ciudad. La hija pre-adolescente, como suele pasar en esas edades, se la tiene jurada al padre por aquello de apartarla de sus amigos y de las discotecas light. Un problema menor, pues la verdadera pesadilla comenzará cuando ésta descubre un montículo cercano a la casa. Se dice, que en la zona habitaba una especie de seres malignos que, antes de enfrentarse a su extinción, hicieron unos cuantos rezos no precisamente cristianos.

Cuando se anunció que La otra hija no vería las salas comerciales de Estados Unidos, algo empezó a oler mal. No obstante, que una película que previamente ha creado cierta expectación, cuenta con presupuesto decente y una estrella en su reparto, quede relegada al mercado domestico no tiene que hacernos pensar en lo peor. Pudiera ser que, aún tratándose de un buen producto, genial incluso, no sea fácil de vender por su temática, su fondo, su forma o por todo a la vez. Nunca se sabe. Pero, fueron las primeras impresiones que vinieron de allá, y posteriormente de algunos festivales especializados, como el de Sitges, las que bajaron definitivamente las expectativas.

La otra hija sí consiguió llegar a los cines españoles, aunque su paso fue tan invisible y deprimente como la ausencia de los políticos en las colas del paro. Si antes hablaba de expectativas no era porque tengamos a Kevin Costner de protagonista, pues bastante acabado está el hombre, ni porque le acompañase la niña de El laberinto del Fauno (2006), Ivana Baquero. Las expectativas, al menos las mías, se debían a que Luis Berdejo, co-guionista de la magnifica Rec (2007) y director de algunos cortos bastante curiosos, se iniciaba en esto del largo.

El principal problema se empieza a notar a la media hora, y no es otra cosa que el guión. La puesta en escena no está mal (Berdejo compone algunos planos muy inteligentes, y se muestra sobrio casi siempre), la banda sonora tampoco, y las interpretaciones cumplen más o menos; pero el libreto, firmado por John Travis (adaptando, a su modo, una novela de John Connolly) por momentos deja de ser fumable. Más que un guión propiamente dicho, lo que tenemos es un cúmulo de ideas, convertidas en historias que, de algún modo, forman un nexo de unión en las casi dos horas de metraje. Aunque la historia en sí es la misma, la del padre que llega con sus dos hijos a una nueva casa de esas que “ocultan algo”, poco a poco el batiburrillo nos lleva por sitios variados; tenemos un thriller con hija psicópata, rollo La huérfana (Orphan, 2009); o también un típico filme de casas malditas; o también una de terror con bichejos; y todo con un poco de drama por allí, un poco de brujería por allá, o un poco de “¡parar esto ya…coño!”, en los que nosotros nos concierne. No es que el aquí firmante no sea capaz de aguantar variedad de géneros y temas insertados en la misma película (nada más lejos de la realidad), sino que le jode que un guión escrito de forma descuidada le ponga dolor de cabeza.

Berdejo pone en imágenes dicha trama, o tramas, con un acertado gusto por la narración clásica del género de terror. No se olvida de algún susto fácil, pero, en general, el suspense creado, sea más o menos efectivo, lo basa en el movimiento de cámara y los elementos de los que dispone en pantalla; el ataque a la niñera por parte de los “seres malignos” se resuelve dejando la acción al otro lado de una puerta, con el ruido y el movimiento del pomo como indicadores de la gravedad de la situación; y sobretodo magnifico, planificación heredada del mejor Shyamalan, es el plano que cierra la película.

Lastima que, como ya comenté, La otra hija se resienta de un guión flojo y mucho más confuso que complejo, más aburrido que intrigante. Tampoco faltan elementos inconclusos (el presunto romance de Costner con la profesora que interpreta Samantha Mathis) y otros no se desarrollan lo suficiente (el personaje del científico y su visita al pueblo). No sabe a decepción, pues a estas alturas poco se esperaba de ella, pero nos quedamos con ganas de ver el verdadero talento que, a priori, puede plasmar en pantalla su director.

jueves, 13 de enero de 2011

Altitude (2010)


Un grupo de amigos se reúne para hacer un viaje en avioneta. Una vez circulando por las alturas, la tranquilidad queda truncada cuando, de pronto, el cielo oscurece y comienza un nuevo rumbo a lo desconocido. Con el combustible bajo mínimos y sin poder comprender lo que sucede, la cosa se complicará todavía más cuando un gigantesco monstruo haga acto de presencia.

Recuerdo, valga la rima, aquella sensación de inmersión que sentía de niño cuando, delante del televisor y con las luces de la habitación apagadas, me disponía a ver series como En los límites de la realidad (Twilight Zone, 1959-1964) o Cuentos asombrosos (Amazing Histories, 1985-1987). La magia, unas veces malévola y otras inofensiva, que desprendían sus imágenes, sus bandas sonoras, sus carismáticos interpretes o en ocasiones sus moralejas sociales eran platos fuertes de una parrilla televisiva que, desgraciadamente, hoy en día se ha convertido en lo más parecido a un montón de excrementos apilados.

No es que me haya dado la vena nostálgica; pero viendo Altitude me vinieron a la mente esas imágenes. Con esto, aunque adelante mucho los acontecimientos, no pretendo decir que estemos ante una gran película. Lo que sí tengo claro es que su director, Kaare Andrews, cortometrajista y reputado escritor y dibujante de cómics, que ahora se inicia en el largo, es fan de aquellas series y de niño tenía las mismas sensaciones al sentarse frente a la pequeña pantalla. O puede que sea su guionista, un tal Paul A. Birkett, quien fuese fan de una de las mejores porciones televisivas de la historia (he dicho); aquel episodio de En los limites de la realidad en el que un hombre con pánico a volar contemplaba histérico como un pequeño monstruo, situado en un ala del avión en el que viaja, amenaza con derribarlo.

Con esas influencias y con alguna más a los textos de Lovecraft, cualquiera estaría dispuesto a crearse altas expectativas. Pero, amigos, no vayamos tan deprisa. Como dije, no es una gran película. Catalogarla como buena o mala depende un poco de la predisposición de cada uno; está claro que Andrews no ha conseguido plasmar al cien por cien, puede que ni al cincuenta por cien, la magia de la fantasía y la ciencia ficción añeja, ni tampoco el alucinante universo de Lovecraft, con el que juega sobretodo a través de la presencia, muy efectiva en los (pocos) minutos que le dan cancha, de un monstruo de grandes tentáculos que convive con los protagonistas en una especie de dimensión paralela; o esos apuntes de cómic-realidad con homenaje incluido a los Vault of Horror.

Altitude resulta entretenida y decente en todo momento. Sorprende que sus jóvenes y guapos protagonistas no lo hagan nada mal, y nos consigan involucrar en los acontecimientos. Sorprende también la cuidada atmosfera de pesadilla y, en general, la factura que desprende un producto que ha sido creado para la distribución en video. Por tanto, la cosa no anda mal; el problema llega si dejamos de ser conscientes de que estamos en el 2011 (desgraciadamente, hay cosas que ya no se hacen y puede que no se hagan nunca más) y esto, en realidad, no es más que un nuevo producto para adolescentes. Aunque ojo, en varios apartados se encuentra por encima de la media de los productos que les suelen destinar.

La trama se digiere sin problema. No hay momentos de entusiasmo, pero tampoco bajones de interés. En varias ocasiones es mejor poner la mente en blanco y dejarse llevar. Básicamente, entrar en un juego onírico que termina por escapar de cualquier lógica narrativa, hasta llevarnos a un clímax final que trae consigo varios “finales sorpresa” que no resultan dañinos, pero tampoco sorprendentes. Y a fin de cuentas eso es Altitude, una fantasía teenager de consumo rápido y sin efectos secundarios, que demuestra una vez más como el mercado domestico, sin necesidad de causar estragos, puede ofrecer simpáticas propuestas bien realizadas y con unos medios más que aceptables.

domingo, 12 de diciembre de 2010

The Reef (2010)


Dos parejas y el amigo de uno de ellos comienzan lo que deberían ser unas vacaciones de placer viajando en un pequeño barco. Una vez adentrados en lo basto del océano, su barco sufre un accidente y vuelca. Consiguen salir a la superficie y sentarse en lo poco que queda aún a flote. El problema es que la marea los aleja cada vez más y la ayuda no parece que vaya a llegar. Las dos parejas deciden ir nadando varias horas hasta la isla que, presuntamente, conoce uno de implicados, mientras el amigo prefiere quedarse en el trozo flotante, pues según afirma, en esas aguas hay tiburones.

El éxito de Open Water (2003) le vino muy bien a un australiano llamado Andrew Traucki. Su opera prima, la interesante Black Water (2007), de la que también escribió el libreto, situaba a los personajes, igual que en aquella, en un contexto de desesperación y supervivencia contra la naturaleza, y más concretamente contra uno de sus feroces habitantes. Si en Open Water una pareja quedaba perdida en el océano frente a sus inclemencias y, peor, frente a tiburones, Black Water tenía como temible cazador a los tan populares cocodrilos que pueblan diversas zonas de su país. Sin embargo, ha sido en su siguiente trabajo como realizador y guionista, The Reef, en el que ha dado rienda suelta, cuasi mimética, a su “adoración” por aquel sleeper del terror acuático.

The Reef comienza con aquello del “basado en hechos reales”. Los personajes sufren el accidente y sin dejar pasar mucho tiempo nos envuelve en la tensión que domina la situación. En este caso, a diferencia de Open Water, Traucki va al grano sin detenerse a grabar imágenes de animales exóticos, cambios medioambientales, etc. No se las ingenia para rellenar el metraje hasta llegar a la duración estándar; siempre suceden cosas, siempre hay un peligro. No se para tanto a mostrar, o intentar mostrar, el terror a la soledad de la situación, sino a emplearse en la “aventura” y la tensión. Y por supuesto, a dar más presencia a los ataques de tiburones (rodados con muy poco presupuesto, por lo que a veces canta demasiado la sobreposición de las imágenes).

Podría ser mejorable en varios aspectos del guión; hay situaciones realmente absurdas (uno de los personajes, a sabiendas de que los tiburones les rondan, decide apartarse del grupo para coger un trozo de tabla, o cuando en plena noche se quedan TODOS dormidos, pese a haber sido atacados previamente). No obstante, varios de sus momentos de tensión funcionan mejor de lo esperado (la búsqueda de material en la parte hundida del barco, el primer ataque, el clímax final). El director, al igual que en su anterior trabajo, sabe como manejar el suspense; sitúa la cámara en puntos clave y deja ver lo justo. No necesita de acción intensa o grandes subidas de volumen para, a ratos, apretarnos el culo al asiento.

En el lado interpretativo, la verdad es que hay que reconocer dedicación por parte de las dos parejas implicadas; en casi todo momento hacen creíble su desesperación y te meten en la trama. Ahora bien, pese a su buena labor, también hay que aceptar que su tópica presentación, llena de estereotipos, deja poco lugar a las apuestas sobre quién (o quienes) será capaz de llegar a la meta. El quinto personaje en discordia, el que se queda viéndolas venir en lo que resta sin hundirse del barco, es olvidado por Traucki, que prefiere centrarse en la odisea del resto. Un error, hasta cierto punto, pues lo poco que nos dejan ver de su situación pudiera haber dado paso a una subtrama de lo más inquietante. Casi, casi, para un spin-off. Lastima que no se vuelva a sabe de él hasta que aparecen los créditos.

Con sus errores y virtudes, The Reef supone una interesante aportación a un subgénero tan denostado como el de la amenaza animal, sobretodo cuando ésta tiene que ver con tiburones.

viernes, 29 de octubre de 2010

Buried (Enterrado, 2010)



Paul Conrroy, ciudadano americano, de profesión transportista, se encontraba en Irak transportando ciertos materiales. Recuerda que hubo disparos, que algunos de sus compañeros murieron, y acto seguido su fatal situación; está encerrado en un ataúd bajo tierra. Dispone de un mechero y de un móvil para buscar la forma de salir.

Rodrigo Cortés ya apuntaba manera cuando dirigió la correcta Concursante (2007). El guión, también escrito por él, pecaba de tener ciertas irregularidades en el ritmo, pero su impecable puesta en escena y gran dirección de actores conseguían tapar esos huecos para hacerla llamativa. Para, al fin de cuentas, seguir la pista de este joven cineasta. Han pasado tres años y Cortés regresa, por todo lo alto, con Buried. Lo curioso es que ambas son, en lo superficial, todo lo contrario, pero si leemos bien, muy similares en el fondo. En ambas hay un personaje principal omnipresente, más aún en la que nos ocupa, que vive una pesadilla, una encerrona, en la que se juntan los males de nuestra sociedad moderna. Unos males que nos hacen creer que estamos en una era de sobreinformación, de medios, de estadísticas, de fácil contacto con otras personas, y sin embargo cada vez estamos más solos y desatendidos. Ambas son thrillers de género envueltos en (buen) cine social. Un cine social que, sin entrar en terrenos mainstream, es mucho más interesante (y entretenido) que las basuras siempre sobrevaloradas de otros directores de renombre en círculos cinéfilos.

La pesadilla del “enterrado vivo” ha sido tratada en otras ocasiones, primero por la literatura y después por el cine. Richard Matheson o Edgar Allan Poe cultivaron dicha temática en alguno de sus relatos, traspasados al cine y la televisión en buenas obras como La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) o varios episodios de la serie Historias para no dormir (1964-1982). También en televisión, Quentin Tarantino dirigió para la serie CSI: Las Vegas, el último episodio de la tercera temporada, que basaba gran parte de su trama en un hombre enterrado vivo.

Lo que Cortés ha llevado a cabo en Buried va más allá de los ejemplos aquí expuestos. No solo porque, al menos bajo mi punto de vista, se trata de la mejor y más estimulante aproximación al tema, sino porque habla de ello de forma explicita, arriesgada, sin concesión alguna. Es una propuesta minimalista llevada a las últimas consecuencias. Durante noventa minutos nos enfrentamos, sin posibilidad de evasión, a la misma pesadilla que el protagonista. No existen otros rostros, ni otros lugares, que de vez en cuando nos alejen, aunque sea por unos minutos, de la tensión y claustrofobia de la caja de madera. El particular ataúd en el que se encuentra Paul Conrroy será nuestro alojamiento, y él nuestro compañero de viaje a lo largo del relato.

Y ahora habría que preguntarse, ¿cómo narices han conseguido que esto funcione y sea entretenido en todo momento? Pues bien, hay tres claves.

1. Chris Sparling, guión: Siempre absorbente, creíble. Consigue crear una montaña rusa en un espacio único y cerrado. Lo consigue a través de las sensaciones. Si somos capaces de entrar en la trama desde el primer minuto, experimentamos tristeza, esperanza, decepción, angustia, claustrofobia, alegría, de nuevo tristeza, luego emoción, y así sucesivamente. Cortés ha escrito un libreto prácticamente redondo, en el que no sobra ni falta nada.

2. Rodrigo Cortés, dirección: Ha sido capaz de crear algo parecido a una película de acción encerrándonos en cuatro estrechas paredes y sin a penas iluminación y con un solo personaje. Su cámara nunca es aburrida ni monótona. Se esconde en lugares recónditos, se aleja valiéndose de validas trampas de situación, siempre se encuentra en el lugar clave. Es un personaje más en la historia. Básicamente, es lo que nos hace a nosotros ser uno más dentro de ella, y tengamos sensación de movimiento. Incrementa el ritmo sin necesidad de sacarnos de la caja ni echar mano de efectismos.

3. Ryal Reynolds, actor: Muchos pensaban que este actor, casi siempre embutido en comedias o papeles cómicos de dudosa calidad, no daría el tipo interpretativo para un reto de este calibre. Nada más lejos de la realidad. Reynolds se come la pantalla. Gracias a él todo termina por funcionar, pues sin un actor que nos hiciese sentir, comprometernos con él, con su situación, los dos puntos anteriores hubiesen quedado en ejercicio fallido. Pero el tipo lo borda; nos hace elevarnos del asiento, soltar alguna lagrimilla e intentar llevar una mano hasta él para darle animo en los peores momentos.

Puede que no todos conecten con la propuesta. Pero, para los que conectemos con ella, os aseguro que Buried os ofrecerá algunos de los minutos más estimulantes de este 2010.

martes, 19 de octubre de 2010

Monsters (2010)


Hace seis años, la NASA descubrió la posibilidad de vida extraterrestre. Envió una sonda al espacio para recoger muestras, aunque de regreso a la Tierra hubo un accidente y las muestras, al poco convertidas en criaturas de gran tamaño, quedaron esparcidas por México, poco antes de la frontera con Estados Unidos. En México se encuentra atrapada una ciudadana estadounidense, hija del millonario jefe de un periódico. Este manda a un empleado, un fotógrafo, para encontrarla y llevarla de vuelta. Al principio todo parece sencillo, pues con el dinero son capaces de comprar billetes para volver a Estados Unidos de un modo seguro; pero, debido al robo de los billetes poco antes de embarcar, se verán obligados a viajar por la zona infectada.

El subgénero de monstruos gigantes ha sido maltratado sin piedad. Desde que conociese una edad de oro en la década de los cincuenta y parte de los sesenta, la caspa fue ganando terreno y muchos cineastas de segunda (o tercera) división querían su trozo del pastel. En los últimos años no hemos conocido mes en el que varios de estos subproductos llegasen a las estanterías del video club; pero, una vez más, generalizar es malo. Tanto, que dentro de la escasa producción de calidad relativa al subgénero, algunos rompedores cineastas se las han apañado para actualizarlo y, de paso, venderlo al publico masivo de los múltiplex, sin dejar de contentar a los típicos críticos amargados. Las dos propuestas más conocidas y validas dentro de esa tendencia vienen a ser las notables The Host (Gwoemul, 2006) y Monstruoso (Cloverfield, 2008).

Cine de autor. Eso es, en gran medida, lo que diferencia las dos películas citadas de tantas otras que se quedan en el limbo. Aunque, ojo, cine de autor bien entendido; no de ese que provoca migrañas o somnolencia aguda. La acertada mezcla de intereses artísticos, serios, casi poéticos (en el caso de la primera) o experimentales (en el de la segunda) con la habilidad para hacer llegar el invento al mayor número posible de espectadores.

Cuando pude ver el primer trailer de Monsters, me ocupó cierta sensación de deja vu. Todo parecía indicar una nueva Monstruoso con ínfulas de la genial Distritito 9 (District 9, 2009). Nada más lejos de la realidad. Precisamente, la sorpresa que supone, durante su visionado, Monsters, será lo que a más de uno le saque de la película. No hay a penas acción, las influencias son mucho más dispersas de lo que parecía, y las apariciones de los monstruos que advierte el titulo son escasas, aunque muy bien realizadas. Más que una película de monstruos alienígenas, se trata de una película sobre monstruos humanos, pues los primeros llegan aquí “llamados” por nuestros gobiernos, para luego darles la bienvenida a ritmo de disparos y misiles -“ellos solo se ponen nerviosos cuando aparecen los aviones americanos”-

Más que una película de acción, aventuras y / o terror, parece un Lost in Translation (2003) pasado por el filtro del cine de género y la denuncia social. Habrá quien se sorprenda igual que yo, pero también quien se aburra y quede decepcionado; los personajes, pese a no estar descritos a grandes rasgos, son presentados a lo largo de cuarenta y cinco minutos. Se toman su tiempo para que nos creamos la historia de amor que ira surgiendo a posteriori, y para, al fin y al cabo, comprender el propósito de fabula moral que tiene el relato en cuanto a las motivaciones y destinos de los dos protagonistas.

Monsters es la opera prima de Gareth Edwards, que había dado sus primeros pasos en la televisión. Su labor tras las cámaras es una de las principales bazas, sobretodo en los momentos puntuales en los que aparecen las criaturas (algo así como unas sepias gigantes); con muy pocos recursos económicos consigue que todo sea creíble y no exento de tensión, pese a la marcada sutileza y los obvios trucos para evitar que se note la falta de presupuesto (los “ataques” siempre suceden con muy poca luz y se basan más en el detalle que en lo explicito). Pero, como dije, no busquéis una monster movie al uso, ni un producto de ocio de rápida digestión. Aún con sus limitaciones, y a falta de darle algún visionado más, podría constituirse sin problemas como un referente indie para el subgénero.

Su periplo comenzó meses atrás en varios festivales, cosechando buenas críticas. Estos días ha estado dándose a conocer en tierras españolas a través del Festival Internacional de Cine de Sitges, aunque su distribución comercial es, en principio, dudosa. Una lastima, pues es otro ejemplo de que el cine de género sigue creciendo y actualizándose, con directores jóvenes y con talento que proponen ideas (más o menos) innovadoras y reclaman su sitio en una industria de secuelas, remakes, precuelas y adaptaciones varias. Esperemos que tenga su oportunidad.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Escuela de asesinos (Bang Bang You´re Dead, 2002), Repo! Genetic Opera (2008), The Canyon (2009)


Una grata sorpresa la que me llevé con esta película. La encontré circulando por la red y, no se muy bien porqué, la di una oportunidad pensando que sería otra de esos directos a video de jóvenes violentos y bandas dentro de un instituto. Pero me encontré con uno de los mejores telefilmes que he visto en años. En todo caso, eso no parece un gran merito, pues la calidad de esas producciones suele ser minima. De ahí la sorpresa. Buscando información después me enteré que se basa en una obra de teatro muy popular que ha sido representada durante años en medio mundo. Obra que es el centro de la trama de Escuela de asesinos, y que es representada (en resumen) al final de la propia película. Lo cierto es que aunque caiga en estereotipos exagerados y radicales en su generalización (todo el rollo de deportistas guaperas, chulos y malos que no estudian contra chavales del montón o feos que no hacen deporte, pero estudian y son buenas personas), tiene bastante frescura en sus interpretaciones (muy solvente un joven Ben Foster), un buen ritmo in crescendo y no es demasiado manipuladora con sus intenciones finales. Al contrario. El final resulta estimulante y emotivo sin caer en tonterías de ultima hora. Es, a fin de cuentas, un buen instrumento educativo, más allá de una notable película, para toda esa violencia y odio que se respira en determinadas aulas (en este caso estadounidenses).




Parece que Darren Lynn Bousman rodó las reguleras Saw II (2005), Saw III (2006) y Saw IV (2007) para ganar un “dinerillo” y poder llevar a cabo un proyecto que, dice, tenía en mente desde hace años. Repo! Genetic Opera, se basa en realidad en un cortometraje que él mismo dirigió antes de hacerse famoso con la archiconocida saga de Jigsaw. Y lo ha convertido en un musical que, guste más o menos, sea mejor o peor, hay que reconocerle el merito del riesgo y de intentar ser mínimamente original en los tiempos que corren. Supongo que lo que Bousman tenía en mente (y le dio todo el bombo necesario, aunque finalmente pasó desapercibida) era crear un nuevo The Rocky Horror Picture Show (1975). Lo que le ha salido es una opera rock con varias dosis de gore y un largo plantel de personajes grotescos (no por nada entre los interpretes están Paris Hilton o Paul Sorvino) que busca sin descanso no dejar a nadie indiferente. Aunque fallida para el que esto escribe (para otros seguro que ya es una obra de culto, aunque varias obras de culto precisamente tienen el halo de proyectos fallidos), contiene varios temas importantes en la banda sonora (otros decididamente aburridos) y una puesta en escena interesante. La historia es la del Repo Man del titulo, un hombre que trabaja recolectando los órganos adquiridos por personas que, más tarde, no pueden hacer frente al pago. Igualito que la posterior (y tampoco muy allá) Repo Men (2010), subtrama de venganza incluida. Pero con canciones y rollo cyber punk. Podría haber sido mejor, desde luego.




En Parque jurasico (Jurassic Park, 1993), el personaje que interpretaba Jeff Goldblum decía algo como “esta es la peor idea en la larga y triste historia de las malas ideas”. Esa debió ser la premisa del guionista de The Canyon a la hora de llevar a cabo el libreto. Los protagonistas, un pareja de recién casados, no demuestran mucha sesera a lo largo del metraje. Pero claro, si no fuesen tan idiotas en ciertas cosas se eliminaría parte de un suspense que, al menos, está bien resuelto. Estamos ante otro survival de los muchos que salen cada año (ya sea en cines o directos a video) que no destaca en nada en concreto, pero tampoco se encuentra entre los peores. El marco de la pesadilla es el Gran Cañón, en Arizona. Cuando no obtienen permiso por parte de las autoridades para ir, deciden fiarse de un tipo con pinta de beber más de la cuenta (muy correcto Will Patton) que se presta a hacerles de guía. Una vez allí, el tipo es mordido por una serpiente venenosa y la pareja queda perdida con la naturaleza y sus peligros. Obviamente, el tipo mintió con el permiso, por lo que nadie irá a buscarlos. La acción, a partir de la mitad, se centra sobretodo en la amenaza animal que suponen los lobos hambrientos de la zona, al igual que sucedía en la superior Frozen (2009). En general resulta llevadera y tiene algunos buenos momentos, aunque, como dije, a costa de forzar demasiado las supuestas pocas neuronas de la pareja protagonista. Y cuidado que ahora suelto un SPOILER: El giro dramático del final seria impactante si no fuese porque ya lo vimos hace poco, y más trabajado, en la genial La niebla (The Mist, 2008). Aunque eso también podría decirse de El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999) si uno vio anteriormente, por ejemplo, Muertos y enterrados (Dead and Buried, 1981).

jueves, 9 de septiembre de 2010

Dread (2009)


Un estudiante de filosofía, Quaid, se une a dos estudiantes de cine, Stephen y Cherryl, para llevar a cabo una tesis que estudie la raíz y costumbres del miedo en el ser humano. Quaid sufrió en la niñez un hecho terrible: vio como un psicópata descuartizaba a sus padres y, sin saber como, consiguió escapar. Sufre de fuertes pesadillas y contempla la tesis como algo más importante que una simple nota. En el desarrollo de la actividad llega a un punto en el que se destapa su lado sicótico. Su intención es experimentar su miedo en las propias carnes de sus compañeros, aunque para ello tenga que desafiar algunos limites.

Dread es la tercera adaptación de los relatos cortos de Clive Barker (que se guarda crédito como productor) incluidos en su míticos “libros de sangre”. Anteriormente, y con idéntica suerte en distribución paupérrima, tuvimos la interesante Mignight Meat Train (2008) que en España tuvieron los huevos de re-titularla El vagón de la muerte, o la más irregular Book of Blood (2008), la cual, que yo sepa, no ha conocido edición alguna por aquí. Las adaptaciones de obras de Barker no suelen llegar más allá de la corrección, cuando no directamente al descalabro. Es por ello que se agradece que, aunque mejorables, se hayan trabajado estos nuevos traspasos con un mínimo de respeto por la pluma del autor, captando parte de su espíritu y sin renunciar (salvando las distancias) a sus constantes: degradación, sexo sucio y violencia explicita. Dread sigue esa línea. Su director y guionista, Anthony DiBlasi, se estrena en dichas labores, aunque ya había sido productor ejecutivo, sin ir más lejos, de las citadas Midnight Meat Train y Book of Blood. DiBlasi tenía la difícil labor de desarrollar un largo de noventa minutos a partir de un magistral relato corto que, en todo caso, solo daría para un corto o un mediometraje. Su decisión fue usar una estructura similar a la de Audition (Odishon, 1999), la magnifica película de Takashi Miike.


La primera hora, con aislados elementos truculentos mostrados mediante sueños o alucinaciones, corresponde más bien a un melodrama juvenil. Si uno desconoce la sinopsis y / o la obra en que se basa, es fácil que crea que toda esa maraña de diálogos entre jovencitos y jovencitas, escenas de discoteca y discusiones por desacuerdos no lleve a ningún sitio. Es solo una larga presentación de personajes para que el desenlace irrumpa con fuerza pasados los sesenta minutos. Los treinta que nos quedan animan la función con dosificados momentos de impacto. No tan extremo como cabría esperar por la promoción y determinados comentarios en festivales (eso, o que uno se está insensibilizando demasiado en estos menesteres), pero sin lugar a dudas efectivo. Es ahí cuando el relato de Barker toda verdadera forma y sentido dentro de varias limitaciones cinematográficas. Entre tanto, unas interpretaciones no espectaculares pero al menos decentes –curioso ver a Jackson Rathbone en tan truculentas lindes, más conocido por ser uno de los vampiros buenos de la saga Crepúsculo (The Twilight Saga, 2008-¿?) o uno de los chavales de Airbender, el ultimo guerrero (The Last Airbender, 2010)- y una interesante selección de canciones en la banda sonora.

Valoración (0 a 5): 3,25

domingo, 5 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Hunger (2009), Blood Night: The Legend of Mary Hatchet (2009), Dark Country (2009)


¿Cuántas películas con personajes encerrados sin saber el motivo ni por quién, dentro de un lugar común, hemos visto en los últimos años? Sumar una más a la lista que tenéis en mente. En Hunger, sus responsables vuelven a usar el truco de juntar a unos pocos actores en un lugar cerrado y ponerlos en una situación tensa y / o terrorífica. Es un recurso muy utilizado por novatos que no disponen de recursos económicos para la producción, y si se hace bien, pueden salir grandes cosas. La trama que plantea éste nuevo intento dentro del, podríamos denominarlo subgénero a partir de ahora, como bien indica el titulo nos lleva a los derroteros del canibalismo. Un tipo raro pretende experimentar con dichas personas para ver hasta donde son capaces de llegar sin probar bocado. Su intención es ver si serían capaces de comerse entre ellos llegado el momento. Resulta interesante este punto de partida, aunque no esté desarrollado con el talento necesario. No impacta ni provoca demasiado en ningún momento, cuando esa es su intención. Tampoco ayuda lo poco creíble de la transformación física de los actores, pese a que sus interpretaciones en sí sean correctas. Básicamente, llevar medio mes sin comer significa que les salen ojeras. En todo caso, en conjunto resulta, al menos, correcta y entretenida, por momentos interesante. Valoración (0 a 5): 2,5


Los primeros quince minutos de Blood Night hacen presuponer algo bueno. Contienen una atmosfera malsana y un estilo similar a los de un crack como el Rob Zombie de La casa de mil cadáveres (House of 1.000 Corpses, 2003) o Los renegados del diablo (The Devil´s Rejects, 2005). De hecho, un personaje “importante” que aparece a lo largo de la trama está interpretado por Bill Moseley, que ya trabajó con Zombie en las dos citadas. Pero, a partir de ahí, todo pasa a ser una mierda. Nos tiramos casi una hora contemplando las típicas tonterías de una fiesta de adolescentes, y por mucho que metan cada dos segundos un desnudo femenino, el tedio prefiere quedarse. Ya cuando la cosa parece ponerse mejor en el final, también se queda a medias. Blood Night es una de esas historias de “chica con pasado oscuro que muere años atrás y su espíritu regresa en la actualidad para sembrar el caos”. Los recursos de producción son mínimos, aunque hay alguna escena gore divertida por lo exagerada (al director le va hacer saltar chorros de sangre y todo eso), pero poco más. Así que nada, uno de esos subproductos en los que te produce más curiosidad pensar que métodos poco ortodoxos habrán tenido que pasar algun@s de sus jóvenes protagonistas en los castings, que lo que está ocurriendo en pantalla. Valoración (0 a 5): 1,25



Curiosa, aunque fallida, opera prima del actor Thomas Jane. A medida que avanza se nota que ha basado toda la propuesta (tanto en guión como en puesta en escena) en numerosas influencias. Tenemos desde las historias de fantasía y terror de Historias de la cripta (Tales from the Crypt, 1989-1996) o En los limites de la realidad (Twilight Zone, 1959-1964), hasta el suspense contenido y repleto de trampas (aunque aquí menos conseguidas) de Alfred Hitchcock, pasando por el rollo neo noir de Sin City (2005). En realidad, todas estas influencias terminan por ser lo más destacable de Dark Country. Pero Thomas Jane no es Quentin Tarantino, por lo que no consigue hacer del batiburrillo de homenajes, plagios y referencias una película de gran interés. El problema lo podemos encontrar en el guión. Concretamente en su desarrollo. Da la sensación que, de haber sido un corto o incluso un mediometraje, estaríamos hablando de una joyita. Pero al alargar tal premisa (unos recién casados en Las Vegas, después de una fiesta de la que poco se acuerdan, emprenden un viaje en coche por la carretera del desierto, se pierden y encuentran a un tipo ensangrentado tras un accidente) y llevarla por lugares demasiado comunes y previsibles a estas alturas (no diré más porque cualquier cosa sería spoiler), el conjunto queda  irregular y, por momentos, aburrido. Por tanto, la necesidad de pillar al espectador en un giro final “sorpresa” será eficaz solo para los poco atentos o no muy duchos en la materia. No obstante, nos quedan varios planos bastante conseguidos y buenas interpretaciones –Jane, como ya demostró en la magnifica La niebla (The Mist, 2008), cuando quiere puede ser un actor notable, y también tenemos por ahí el siempre bienvenido Ron Perlman-. Valoración (0 a 5): 2

martes, 29 de junio de 2010

Shutter Island (2010)


Martin Scorsese es uno de esos pocos directores aún vivos a los que es imposible criticar una película alegando que es mala. Gustos hay para todo, y subjetividad también, pero, siendo objetivos, no se me ocurre un solo ejemplo. Incluso propuestas consideradas “menores” como Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), sobre la que, no obstante, siempre he tenido mucha simpatía, demuestran un amor por el cine en cada plano, en cada interpretación, en cada partitura de la banda sonora, que las alejan de la media de calidad en la cartelera de sus respectivos años de estreno. La nueva etapa de Scorsese, en la que ha estado unido como una lapa a Leonardo DiCapario, cumple lo escrito en estás líneas. Ni Gangs of New York (2002) ni El aviador (The Aviator, 2004) me resultaron grandes obras, pero tampoco las falta nada para poder ser consideradas, en mayor o menor medida, buenas películas. Con Infiltrados (The Departed, 2006) si consiguió un thriller potente y casi redondo, aunque al ser un remake de Juego sucio (Infernal Affairs, 2002), con no pocos momentos directamente calcados, pierde merito. Tras cuatro años, en los que rodó un documental sobre los Rolling Stone, Shine a Light (2008), y el episodio piloto para la inédita Boardwalk Empire, el cineasta ha vuelto a contar con DiCaprio para, además, dar cierto giro en su carrera. El resultado es Shutter Island.


A partir de una novela de Dennis Lehane, reputado escritor de novelas también adaptadas como Mistyc River (2003) o Adiós pequeña, adiós ( Gone Baby Gone, 2007), el director neoyorkino ha recurrido, por segunda vez en toda su filmografía, a un acercamiento nada disimulado a un cine de suspense que bordea el terror. La otra, con la notable El cabo del miedo (Cape Fear, 1991), solo estaba de paso. Shutter Island, sin embargo, es una completa pesadilla kafkiana, con elementos de terror gótico inclusive. Un relato, también de locura, pero mucho más complejo y estudiado. Tanto que es fácil considerar su nueva obra como la cumbre de su nueva etapa. Y es que, desde el primer minuto, todo aquel que tenga amor por el cine se sentirá envuelto por la apabullante factura y gusto por el detalle. Por la narración calmada pero sugestiva y por una dirección de actores brillante. Es más, por si todavía quedaban dudas (creo que no, pero siempre los hay quejicosos), DiCaprio ha alcanzado una madurez total como interprete. Irreconocible ya como ídolo de adolescentes, transformado a golpe de elegir buenos guiones, de trabajar con los mejores, y de, en definitiva, tomarse en serio su carrera. Su presencia no queda pequeña ante monstruos de la cámara como Max Von Sydow, Ben Kingsley, Patricia Clarkson, Elias Koteas, el cada vez mejor Mark Ruffalo y un impactante Jakie Earle Haley. Tampoco está nada mal Michelle Williams en un papel, el de la esposa de DiCapario, que, sin contar nada, se puede entender con el eje central del peso de la trama.


Precisamente, con eso de no contar nada, se ponen las cosas difíciles a la hora de hablar sobre Shutter Island. Cualquier cosa que diga o deje a la intuición puede desvelar alguna que otra sorpresa. No obstante, una vez empiezas a ver la película, hay que tener muy claro dos cosas: a) Nada es lo que parece...o puede que si. El caso es que el juego que propone el guión podrá parecer tramposo en algunos momentos, sobrecogedor en otros, confuso y / o complejo en otros tantos. Todo vale, probablemente, para lo que tiene en mente Scorsese: volvernos igual de locos que los personajes que pueblan las celdas en la isla, y b) Hay que evitar hacerse demasiadas preguntas en cuanto al raccord. Si, es cierto que hay cigarros que en una toma están recién encendidos y en la siguiente ni siquiera están; hay vasos de agua llenos y una toma después vacíos. Hay, de acuerdo, una oleada un tanto extraña de “fallos”. Pero, ¿de veras alguien cree que un perfeccionista como Scorsese, trabajando con los mejores script y montadores del Hollywood actual, sería capaz de permitir que tantos supuestos errores llegasen a la pantalla? ¿No tendrá que ver en todo ello el estado de paranoia, confusión y ambiguas realidades que supone el relato?

Valoración (0 a 5): 4



Leer critica Shutter island en Muchocine.net

lunes, 21 de junio de 2010

Exam (2009)


La idea de meter varios personajes en un lugar cerrado y crear un conflicto entre ellos admite muchas vertientes. Ya sea en los géneros que aquí nos ocupan u otros, es un elemento muy solicitado por cineastas, normalmente como carta de presentación. Se presupone en estos inventos que no es necesario poseer grandes medios económicos. Es más, cualquiera con una cámara, varios actores no necesariamente profesionales y un lugar en el que rodar, puede fabricarse algo del estilo. Ahora bien, aunque por poder, pueda hacerse, se necesita talento para que el resultado sea, al menos, decente. Y no son tantos los ejemplos que podemos dar en cuanto a buenos resultados. Pero haberlos, los hay. Sin ir más lejos, en los últimos años hemos visto como Vincenzo Natali con Cube (1997), James Wan con Saw (2004) o en nuestro cine, Luis Pedrahita y Rodrigo Sopeña con La habitación de Fermat (2007), conseguían buenos resultados, ingeniosos y frescos, partiendo de presupuestos reducidos pero buenas ideas tanto visuales como de guión. No obstante, si hay una película que provoca la comparación con la que nos ocupa, esa es otra española, El método (2005), dirigida por Marcelo Piñeiro adaptando la obra de teatro El método Gronhölm. Aquella magnifica película, además de cosechar un importante éxito comercial, demostró como una entrevista de trabajo en una sala cerrada puede consentirse en un oscuro thriller de suspense en la que sus personajes optan por comportamientos poco menos maquiavélicos que los del villano de turno de cualquier producto de terror.


No estoy seguro si los responsables de Exam se vieron varias veces aquella película, pero lo que nos cuenta, salvo las necesarias variaciones, es algo muy similar. Tenemos ocho personajes, cuatro hombres y cuatro mujeres, de distintos orígenes étnicos y preparación, reunidos en una inquietante sala. Tienen ochenta minutos para hacer su examen. Pero la cosa se complica cuando, al dar la vuelta al folio que cada uno tiene en su mesa, no hay nada escrito en él. No hay preguntas, pero deben encontrar respuestas. Y esas respuestas, como vamos viendo a lo largo de la trama, se encuentran dispensadas en el mismo entorno en el que se encuentran, aunque no a la vista. Como es de esperar, la lógica y la conversación entre ellos cederán a los nervios e incluso la violencia, cuando la desesperación y el estrés contra reloj hagan acto de presencia. En ese sentido, Exam va más allá de lo que vimos en El método. Se va convirtiendo en un thriller claustrofóbico dónde la vida de los personajes deja de tener valor. Cosas de la crisis, o tal vez algo que tiene que ver con el futuro de sus propias vidas. La mejor forma de disfrutar de una película como Exam es dejándose llevar, en ocasiones con paciencia.


La palabrería no siempre es interesante, aunque de vez en cuando irrumpe un giro argumental que sorprende, o casi. Pero, a medida que avanza, tememos una cosa: ¿La que están liando se corresponderá, en interés, con lo que los guionistas hayan pensado para el desenlace? ¿Las respuestas a los acertijos valdrán la pena? Ahí es dónde falla. Y es que, como sucede no pocas veces en propuestas de este tipo, el desenlace imaginado por sus responsables puede no ser el mismo, al menos en contundencia, que ha ido creciendo en nuestra mente. Puede, por tanto, decepcionar. Más aún si nos da la sensación de que, seguramente, no tenían ni idea de cómo poner la ultima pieza. El recurso de alargar el clímax final, dar más explicaciones de la cuenta (algo usual en la citada Saw y sus secuelas) y que todo termine en una trivialidad, no borra los elementos de interés previos del comienzo y el desarrollo, aunque deja sensación agridulce. Luego ya, quien quiera sacar conclusiones en cuanto a la critica social al capitalismo, al mundillo trepa, al egoísmo e individualismo de la sociedad y demás, pues que lo haga. Con todo, Exam es una buena carta de presentación para su director y guionista, el ingles Stuart Hazeldine, y otro ejemplo de que, con poco dinero, pocos actores (aunque bastante correctos) y poco espacio, se puede sacar, siempre con un poco de talento, algo decente.

Valoración (0 a 5): 3

jueves, 17 de junio de 2010

El retrato de Dorian Gray (Dorian Gray, 2009)


En 1890, Oscar Wilde publicó su novela El retrato de Dorian Gray. Esa primera versión tuvo modificaciones, de la pluma del propio Wilde, en años posteriores. En cualquier caso, la obra causó gran controversia en su día, y se puede considerar la última obra clásica del terror gótico. Tal éxito ha sido llevado al cine unas cuantas veces, oficialmente, y otras tantas partiendo de ella indirectamente. Lo que no se había hecho demasiado era adaptarla con la mirada puesta en el público adolescente. Más concretamente, en el publico adolescente moderno (que no es el mismo que el de hace varias décadas). Como algunos han definido, un Dorian Gray para los fans de la saga Crepúsculo (The Twilight Saga, 2008-¿?). Hombre, aunque en la nueva El retrato de Dorian Gray todo sea más o menos soft, si que hay alguna escena sangrienta, varias de sexo (incluidas una menor y su madre, o algunas orgías) y uso de drogas y/o tabaco (en tiempos tan políticamente correctos es difícil ver a los personajes de un filme comercial “adolescente” fumar cada diez minutos). Elementos que brillan por su ausencia en las blandengues aportaciones fílmicas de los citados vampiros. Pero, al estar dirigida, o eso se pretendían, a un publico masivo, los recortes son obvios y dejan a medias la dureza, morbo e incluso explicitud, que una adaptación de tal obra merece. Además, su estreno en Inglaterra, su país de producción, fue en septiembre del pasado año, y aunque tuvo pase en el festival de Sitges allá por octubre, a las salas comerciales españolas no ha llegado hasta ahora. Y esto, y más aún en época (junio) de acumulación de estrenos de segunda, no augura nada bueno.


La historia, a grandes rasgos, es la misma. Un joven apuesto llamado Dorian Gray es retratado en un cuadro prácticamente perfecto. Dorian se obsesiona con la belleza que refleja, aunque es consciente de que esa belleza de juventud, con los años, terminará. El deseo del joven, como si de un pacto con el diablo se tratase, es no cambiar nunca dicha imagen. Es entonces cuando entra en juego el lado fantástico del relato. Y es que el retrato de Dorian es el que envejece en su lugar. Pero, además de cumplir años, también expresa lo oscuro del alma en contraste con su bello rostro. En el devenir del protagonista tiene mucho que ver el hedonista Lord Henry, con el que entabla una extraña relación de amistad y de ese modo se inicia en los valores de vicio y depravación que parece promover. Los personajes son los mismos (también se desarrolla la relación con la joven Sybil, su suicido y el posterior intento de venganza por parte de su hermano, o con el artista Basil, sin olvidar las connotaciones homosexuales), con alguna excepción y mayor o menos desarrollo de varios.


La dirección fue cedida a Oliver Parker. Error. Aunque ya tiene cierta experiencia en adaptaciones de clásicos, en este caso del teatro – Othelo (1995)- o ha realizado otros productos con la estética “de época”, incluso adaptando a Oscar Wilde –La importancia de llamarse Ernesto (The Importance of Being Earnest, 2002)-, ninguno de ellos fue lo suficientemente estimulante como para otorgarle una adaptación tan exigente. Parker no es un gran director de actores. De ahí que en El retrato de Dorian Gray el único que esta realmente bien en su personaje es Colin Firth como Lord Henry, y eso no es merito del director sino de un actor de probada valía. Los demás andan correctos o inevitablemente perdidos, y Ben Barnes se esfuerza por ser un creíble Dorian, aunque le queda grande el papel. El guión, escrito por el debutante Toby Finlay, peca en, precisamente, ser poco cinematográfico. Una cosa es ser fiel en lo posible a una novela, y otra es meter en imagen cosas que podrían ser resumidas o incluso obviadas, pues restan tempo narrativo, pero enfatizar momentos que, contradictoriamente, la destrozan como adaptación. Por esta razón, aunque la primera mitad, sin ser notable tampoco resulta prescindible, a partir de la segunda hasta llegar a los títulos de crédito la trama se hace pesada, menos profunda y trascendente de lo pretendido. Tanto, que el ya conocido final de Dorian se contempla con cierta indiferencia. En lineas generales no es una mala película, al menos no tan mala como parecía. Pero tampoco es buena. Su irregularidad y su falta de verdadera garra convierten este Dorian Gray en un producto con algunas virtudes, aunque fallido.

Valoración (0 a 5): 2



Leer critica El retrato de Dorian gray en Muchocine.net

viernes, 11 de junio de 2010

3 días (2008)


Creo poder imaginar como surgió la idea para el guión de 3 días. Pongamos que el guionista (F. Javier Gutierrez, también director) estaba viendo Armageddon (1998) y pensó que carajo pasaría si Bruce Willis no completase correctamente su salchichero acto heroico del final. Es decir, qué pasaría si al mundo le quedasen tres día de existencia, los gobiernos por fin diesen la cara en los medios para avisar a los seres humanos de a píe, y pudiésemos ver, concretamente, lo que sucede en un pequeño pueblo típico español. Sin duda, esa visión del Apocalipsis no tendría los medios de las mega-producciones de Hollywood, por lo que se elimina el factor espectáculo y el tremendismo a favor de un desarrollo mayor de personajes y diálogos. De las situaciones comunes que, al fin y al cabo, acontecerían esos últimos días con nuestros seres queridos en una recóndita cabaña alejada de las grandes ciudades. Si luego, en dicho guión, metemos una amenaza asesina como lo pudieran ser los alienígenas de Señales (Signs, 2002) dentro del mismo entorno cerrado mientras acaba nuestro mundo, pues ya tenemos una mezcla de referencias mainstream que llevar al terreno independiente. Aunque en este caso, la amenaza no son alienígenas, sino un psicópata un tanto inquietante que irrumpe de pronto en escena.


De esa mezcla de géneros e inquietudes surge la película que nos ocupa. Pero lo más sorprendente es que se trate de una producción española y que, además, consiguiese distribución en salas. Tal vez ese sea el motivo de que la veamos como algo realmente original, influencias a parte. Es de agradecer que se apoyen en España propuestas como ésta. Ahora bien, también es cierto que dado lo extraño que resulta verlas, cuando surge una corremos el riesgo de sobrevalorarla. Un poco fue el caso de 3 días. Al menos en diversos festivales su acogida fue bastante buena, y no voy a decir que no tenga merito su creación. No obstante, analizándola fríamente, no hay nada que destaque en concreto. La trama, como ya dije, es una visión patria y minimalista de los apocalipsis, ya sea desde el espacio o terrenales, que hemos visto en otras ocasiones. Con acento andaluz, eso sí. Las interpretaciones rayan en lo correcto, a veces algo sobreactuadas, sobresaliendo en plan secundario Eduard Fernández, en el rol del asesino. La puesta en escena sorprende en momentos puntuales que aquí será mejor no detallar. Hay algunas tonterías en el guión (la forzada, y pequeña, presencia de una guapa muchacha, o los comportamientos un tanto incoherentes de algunos personajes), pero en general no hace daño lo que se ve en pantalla, salvo que pueda resultar demasiado lento en ocasiones.


Con películas como 3 días es cuando se puede utilizar ese adjetivo tan de agradecer que es “fallido”. No es mala. Incluso se podría decir que es una más que correcta película. Pero algo falla. Algo hace que esos defectos mencionados en otras propuestas se pasen más por alto, mientras que aquí pesan más de la cuenta hasta el punto de generar el adjetivo de marras. Puede que sea por las altas expectativas creadas, por la idea de ver, por fin, una gran película de ciencia ficción apocalíptica producida en el país de los toros y el flamenco. Puede que sea porque el punto de partida y el primer tercio apuntaban más alto de lo que se llega. Incluso, puede que sea porque ser trascendente no implica ser a veces aburrido, así como ser pausado no debe significar ser lento. Pero no voy a liarme más. ¿Me gustó 3 días?, dependiendo de lo que veamos en los próximos años dentro de esto genero en España, si es que vemos más de dos o tres obras, podré decir si esto era un nivel alto al que aspirar o se le podía haber pedido mucho más. Por cierto, el plano final es buenísimo.

Valoración (0 a 5): 2,5



Leer critica 3 Días en Muchocine.net