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lunes, 31 de enero de 2011

F (2010)


Un profesor de secundaria es agredido por un alumno. Divorciado, solitario y con el total desprecio por parte de su hija adolescente, de la cual también es profesor, está llegando al límite. Una noche en el instituto, acompañando a su hija en un castigo que él mismo la ha impuesto, unos extraños visitantes comienzan a acechar las aulas. El profesor, su hija, algunos empleados más del centro y otros alumnos que permanecían dentro, tendrán que intentar sobrevivir a unos despiadados psicópatas.

Diez años. Hace diez años, vuestro amigo John Trent terminó el instituto. Y hay algo que los de mi quinta y los de más atrás ya sabréis: esto ha cambiado mucho desde entonces. Me refiero a la educación de los chavales. Vale que servidor no era un ejemplo precisamente, y que también tenía sus comportamientos traviesos, hacía sus “pellas” y demás. Pero lo que sucede ahora tiene poco que ver con travesuras o no asistir algunos días a clase; aparte que esto último se ha masificado y transformado en un 31% de fracaso escolar en España. Ahora algunos institutos parecen una jungla, y la educación se ha ido perdiendo hasta rallar lo surrealista. Del extremo de que los profesores pusieran a los alumnos castigos incluso físicos, al extremo de que haya alumnos que se permitan pegar a sus profesores. Así es como empieza F.

Aunque no nos equivoquemos. F, que hace referencia a la nota más baja que puede obtener un alumno en Estados Unidos, no es un análisis concienzudo de la situación estudiantil. Más bien, se trata de un nuevo thriller con psicópatas juveniles de la vertiente “iniciada” con la genial Funny Games (1997), desarrollada bajo el prisma más comercial de cosas como Los extraños (The Strangers, 2008). Por tanto, las lecturas sociales, que están ahí, quedan reducidas a una idea más que a una resolución, pues ésta se debe a los estandartes del slasher adolescente (salvo ciertos detalles) más bien tópico.

No se trata, en ningún momento, de un slasher seminal. Ni de lejos. Lo que no quiere decir que se trate de un producto mediocre. Dentro de su irregularidad (altibajos de ritmo), su director, un tal Johannes Roberts, sabe crear tensión. La atmosfera invita a ello, aunque después surge un problema: los personajes no importan un carajo. Todo lo bueno de su puesta en escena (bastante superior a la media en estos directos a video), de su cuidado por el detalle, se echa a perder en no pocos momentos por unos personajes sin interés (los estudiantes-victima) y alguno risible (el vigilante de seguridad). Se salva el personaje del profesor, más que nada por la buena interpretación de David Schofield. Eso, la atmosfera, alguna escena gore (aunque son pocas) muy efectiva y un desenlace abrupto, y sin embargo acertado si lo miramos dentro del contexto pesimista e irracional que mueve la trama. Aunque también pudiera ser un desenlace abrupto porque su guionista no tenía idea de cómo cerrar la historia…

En ningún momento se explica porque sucede lo que sucede. No se trata de un error del guión. Está demostrado, o al menos es algo que suele funcionar, que en el cine de terror cuanto menos se sepa del asesino, mayor miedo produce. Ya sabemos que siempre hay y habrá gente que prefiere tragar todo bien masticadito, pero cualquier adepto y conocedor de la materia sabrá que, en general, se saca mejor partido a los villanos del slasher sin contar su vida en verso. Cuando se trata de psicópatas realistas (no los cuasi sobrenaturales tipo Michael Myers o Jason Vorhees), el contar poco o nada adquiere aún más sentido. Son esos crímenes sin logica aparente, desconociendo sus motivaciones, los que provocan mayor desasosiego. Los responsables de esto, supongo, valoran esta teoría, y es un acierto que sus locos encapuchados (nunca se les ve la cara) aparezcan en escena sin más y se pongan a recolectar cadáveres.

En definitiva, F no deja de ser una película modesta en resultados. Seguramente, más modesta aún si comparamos dichos resultados con las pretensiones del relato. Ahora bien, como alumno de la escuela Funny Games y derivados, quedando obviamente lejos del profesor, se encuentra a un nivel aceptable entre los alumnos. Podría haber sido mejor, pero sus setenta y cinco minutos (si, sólo dura eso) se dejan ver sin causar daño.

jueves, 23 de diciembre de 2010

I Saw the Devil (Akmareul boatda, 2010)


Kyung-chul es un retorcido psicópata que mata por placer. Sus victimas son desde mujeres hasta niñas. La última de sus victimas, la cual encuentran descuartizada, es la joven hija de un retirado jefe de policía, y se encontraba embarazada de su prometido, un agente secreto llamado Soo-hyn. Tras ver lo que queda de su amada, Soo-hyn jura hacer todo lo posible para vengarla, aún si eso conlleva a que él mismo se convierta en un monstruo.

En estos días de polémica por la llamada Ley Sinde, viene a huevo hacer la reseña de una película como I Saw the Devil. El motivo es sencillo; de no ser por lo que ellos llaman páginas de descargas ilegales, la mayoría de nosotros nunca podría ver la película en cuestión o muchas otras que, por cuestiones que solo deben saber nuestros ilustres distribuidores, el gobierno u otros seres del averno, no llegarán nunca a nuestros cines ni a la venta en tiendas. Y lo peor es que muchas de esas propuestas se encuentran entre lo mejor de cada año, haciendo caso omiso a las modas de generar precuelas, secuelas y remakes en cantidades industriales, y pasando también de aquellos mandatos que obligan a que el 90% de los estrenos anuales no entiendan que también se hace cine, y muy bueno, fuera de Estados Unidos.

El cine surcoreano es una de las cinematografías más pujantes y frescas de la actualidad, y para recordarlo sólo hay que ver el peliculón que se ha marcado Ji-woon Kim, director detrás, por dar un ejemplo estrenado aquí, de la muy interesante Dos hermanas (Janghwa, Hongryeon, 2003). Sin desviarse de su potente línea visual ni de su creciente poder narrativo, Kim ha construido un espectacular y malévolo vehículo de venganza, según el cual el psicópata no es más que un pelele en manos de un cabreado “hombre normal” que termina por sucederle en el trono del desvarío híper-violento.

Se podría decir que prácticamente todo encaja a la perfección en I Saw the Devil. El combate interpretativo entre el siempre grande Min-sik Choi y el sorprendente Byung-hun Lee, psicópata y justiciero, respectivamente, consigue momentos realmente apoteósicos (atención a su primer encuentro y al clímax final). La dirección de Kim, emulando en cierto modo a su genial compatriota Park Chan-wook, más bien recogiendo sus virtudes para crear una atmosfera propia, consigue que la poesía, lo bello, se mezclen con el mal rollo y la suciedad siempre presentes (los primeros diez minutos son una declaración de intenciones).

Tampoco faltan las dosis de brutalidad explicita. No hay concesión posible, ni un muestrario de heroicidades por parte del vengador. La inteligente estructura del guión invita a que presenciemos la película de justicieros propiamente dicha hasta poco antes de la primera hora. A partir de ahí, durante la hora y media restante, nos ofrecen algo distinto pero igual de estimulante; un puzzle cuyas piezas irán encajando, en el que se decidirá, por así decirlo, cual de los dos implicados tiene las pelotas mejor colocadas. Los fallos de uno se convertirán en aciertos de su enemigo, y mientras, la insensibilización del que hasta entonces era un tipo corriente irá en contraposición a los nuevos sentimientos que, hacía el final, arroparán mal que le pese al temible asesino. Al fin y al cabo, se trata de la historia de un hombre civilizado que se tiene que convertir en animal para que un animal entienda lo que siente un hombre civilizado.

En definitiva, estamos, junto a otra cuasi obra maestra como es la también inédita 7 Days (Les 7 jours du tailon, 2010), en un referente instantáneo del buen y coherente cine de venganza, el cual no necesita retroceder en su mensaje políticamente incorrecto, pero tampoco exponerlo a modo de espectáculo de manual. Y es que, en esto de las vendettas, cualquier extremo, si es llevado a cabo por cineastas de altura, siempre será bienvenido y venerado.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Dream Home (Wai dor lei ah yut ho, 2010)


Cheng Li-Seung es una joven que sobrevive como puede de pluriempleada, y cuyo sueño, desde niña, ha sido comprar un bonito apartamento frente a los muelles. El problema es que el precio de los pisos, así como las condiciones de los bancos, se ha disparado. No obstante, antes de contemplar el final de su sueño, decide tomar otras medidas; infiltrase en el complejo de apartamentos y urdir una masacre entre algunos de sus huéspedes.

El sobrevalorado precio de la vivienda y las eternas hipotecas a las que mucha gente tiene que hacer frente para ser propietario, es algo que, cada vez más, se está convirtiendo en uno de los peores males del siglo XXI. Los sueldos se congelan, los contratos de trabajo con estabilidad escasean. En España la cosa no anda bien, pero el mal de la vivienda es algo, en mayor o menor medida, cotidiano en el resto del mundo. En China, sin ir más lejos, la situación está bastante podrida, tal como nos explican en el prologo de Dream Home; para comprar una casa decente en Hong Kong hay que dejarse algo menos que el alma, y aún así seguirás endeudado con el banco toda tu vida. Todo esto, al igual que aquí (los tiempos de conceder hipotecas a lo loco pasaron, por suerte), siempre que seas apto para dicho préstamo, que hoy en día pocos lo son. La otra opción, la coherente de acuerdo a tus posibilidades, sería el alquiler; pero a la protagonista de nuestra historia no le agrada demasiado la idea.

Dream Home es, ante todo, una propuesta curiosa y original. Su director y guionista, Ho Cheung-Pang, sabe como mezclar variados géneros y registros. Construye, al mismo tiempo, una fabula social con sobrada (y acertada) carga crítica, una película de terror y ultragore, casi un nudity, y no se olvida del drama familiar o del thriller con afilado “giro final”. A la historia principal, se suma otra que se desarrolla a través de flashbacks, dosificada cada dos por tres con la sangrienta situación que vive la protagonista (una sensacional Josie Ho) en el presente. Sirven para que poco a poco vayamos conociéndola, entendiendo (o no) el motivo de sus terribles actos.

Los personajes que viven en los bonitos apartamentos en los que acontece la masacre son mostrados de forma repugnante, provocativa; no faltan los niñatos macarras pero con dinero para drogas y orgías, o esas mujeres visilleras (termino inventado en un foro sobre la burbuja inmobiliaria) casadas con hombres solventes que las engañan con otras, y sin embargo son felices conversando entre ellas dentro de la comodidad del hogar, que es algo así como su premio. Claro que tampoco se pretende en ningún momento, o eso creo, exculparla de sus actos, aunque sí hacernos de forma malévola cómplices por hora y media de sus vivencias. Ser cómplices, al fin y al cabo, de la psicópata de la función y de la frase final del prologo; “En una ciudad loca, para sobrevivir, uno debe tomar medidas aún más locas”.

En general, Dream Home funciona, pero lo hace mejor en la parte del presente que en los flashbacks. Y no digo con esto que pierda enteros en esos pasajes, sino que en ocasiones se alargan más de la cuenta o nos cuentan cosas que ya se dan por entendidas. Están, no obstante, muy bien rodados e interpretados. Nos invitan a ser pacientes y esperar el nuevo delirio teñido de rojo. Tenemos castraciones, destripamientos, bocas atravesadas por palos de considerable tamaño, hemorragias intermibables, disparos a bocajarro o largos cortes de cuchillo. Sin olvidarnos del sexo, claro. Un lujoso festín gore y exploit que al mismo tiempo puede, y debe, hacer pensar y recapacitar sobre una problemática real y creciente.

La película ha tenido problemas de distribución en su país, requiriendo visitas a la sala de montaje, y aún así, obteniendo un estreno poco amplio. Algo un tanto extraño en una cinematografía que abarca alegremente, sobretodo en los últimos años, una proeza cruenta tras otra, y con éxito. Me da que el problema viene de otro lado; hay algunos temas tabú con los que juega, ya no únicamente en sus escenas explicitas, sino el propio modo de tratar un tema social tan decadente pero beneficioso para unos cuantos; y no olvidemos que China es el país comunista más grande del planeta, y donde está el comunismo la libertad de expresión es exactamente la misma que en un país de ultra-derecha.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Cherry Tree Lane (2010)


Un matrimonio es atacado, en su propia casa, por un grupo de adolescentes con pocos escrúpulos. Su intención es esperar la llegada del hijo de la pareja, con el que tienen una cuenta pendiente por ser el culpable de la encarcelación del primo de uno de ellos.

Esto del torture porn tiene varias ramas. Efectivamente, incluso un género tan, a priori, simple, como el de las torturas puede dar de sí con variados cambios de registro. Uno de ellos es el que, creo, inventó Michael Haneke con su sensacional Funny Games (1997), que una década más tarde fue remakeada (y calcada) por él mismo. Hablamos de un torture porn de autor, pausado, con mayor interés en los tiempos muertos que en los cuerpos desmembrados. En cierto modo, al menos esas, dice, fueron sus intenciones, en un intento de devaluar la violencia haciendo al espectador responsable, al contrario de claras “apologías” de la (sana) diversión o (necesario) impacto, según el caso, con la violencia ficticia del celuloide. Ambos lados de la balanza pueden estar bien, pero el que nos ocupa, el de Cherry Tree Lane, sigue paso a paso a Haneke.

Cierto es que un caso, como el de Funny Games o en cierto modo el que nos ocupa, de dramatizar la violencia y la tortura de un modo tan realista y cercano, hace que pueda no ser calificable como torture porn. No obstante, creo que el fin sigue siendo el mismo; la violencia, física o psicológica, explicita o sugerida (aquí prima más lo segundo), viene a ser el centro del relato y posiblemente una de las motivaciones del espectador al enfrentarse a ella, aunque se da más importancia a los personajes.

Ya que estamos con las comparaciones con Funny Games, película que, seguro, gusta mucho al director de ésta, Paul Andrew Williams, director también de la entretenida The Cottage (2008), hablemos de sus diferencias; en realidad, lo que Haneke quería era hacer participe al espectador de la violencia cotidiana, mientras que aquí, Williams la muestra, la expone. Así mismo, se permite más (aunque pocas) concesiones. La principal, su descripción poco sutil y algo tópica de los verdugos. Estos son chavales inadaptados, “victimas” de una educación nula, sin ningún estudio (uno no sabe leer), con familias desestructuradas y todo eso. En la de Haneke, sin embargo, los psicópatas eran chicos normales, de buena vida, familias unidas. Al menos eso se intuía. No daba motivos para sus actos más allá del aburrimiento de una vida monótona no exenta de facilidades.

Cherry Tree Lane dura sólo setenta y cinco minutos, yendo al grano desde el comienzo. Aún así, se aprecia un desgaste a partir de la segunda mitad. La presentación de los personajes es correcta, algo a lo que ayudan unas interpretaciones muy decentes, y la puesta en escena está bastante calculada y resulta efectiva; pero llegados a la parte central, no hay un desarrollo claro. No hay situaciones que hagan crecer el interés y solo nos queda la espera, acompañando a los personajes y sus predecibles situaciones, hasta la llegada del rápido clímax final. En ese momento se opta por el camino de la venganza, como si de un rape & revenge se tratase.
Con sus errores y aciertos, Cherry Tree Lane es una propuesta interesante. No aporta nada novedoso a todo lo que ya hemos visto en estos derroteros ni será recordada dentro de unos años, pero es un decente trabajo minimalista, con medios cuasi nulos y gente entregada.

domingo, 24 de octubre de 2010

The Loved Ones (2009)


Se acerca la famosa noche de graduación. Una muchacha poco popular del instituto, Lola, está encaprichada de un muchacho, Brent, el cual no la hace caso. Tras ver como este no acepta la invitación para ser su compañera en el baile, lo secuestra junto a su padre para celebrar su particular noche de graduación casera.

The Loved Ones es otra de esas películas que, cada año, hacen furor en festivales especializados. Dentro de aquellas, pertenece a otro club, el de las películas que por mucho furor que causen en tales certámenes no consiguen distribución comercial en muchos países. En este caso se trata de una producción australiana, país que en los últimos años está dando alguna que otra agradable sorpresa en el género de terror. Más concretamente, en el subgénero de psicópatas, torturas y gore. Pero la que nos ocupa no es, o al menos no pretende ser, una más dentro de la temática. Con esto me refiero a que, según parece, su director y guionista, Sean Byrne, intenta, y a veces, consigue, desmarcarse un poco de los típicos torture porn que nos invaden mensualmente.

La primera variante es que la victima en esta ocasión es un chico a manos de una chica. Cierto que no es la primera vez que esto sucede, aunque hay muchos más ejemplos contrarios, o también otros en los que las victimas con chicas y chicos, hombres y mujeres, pero los verdugos exclusivamente hombres. Aquí la psicópata de marras es ayudada por su no menos sicótico padre, sin desviar las miradas hacia ella.

La segunda variante es la inyección de humor negro, a veces muy negro, incluso en los momentos más dramáticos. No obstante, cada cual puede tomarse dicho humor a su manera. Hay momentos de gran violencia y tortura, pese a que, dentro de lo que estamos acostumbrados, son bastante soportables.

Luego hay una tercera variante, o pseudo variante, que en este caso no funciona. Una vez comienza la acción en la casa de la lunática (previo secuestro del protagonista), ésta avanza mezclada con una subtrama un tanto innecesaria, o que al menos podría haberse resumido. Se trata de la otra “cita”, en la que los protagonistas son el amigo nerd del secuestrado y una heavy (o gótica, o lo que sea, pues hoy en día los términos y las apariencias se confunden demasiado) buenorra. En el tramo final tiene su sentido dentro de la trama, pero le resta impacto al conjunto y nos hace pensar que estamos ante una nueva comedia para frikis faltos de sexo como las del amigo Judd Appatow.

He de admitir que mis expectativas respecto a The Loved Ones eran altísimas. Esto es algo que siempre juega en contra de una película, por buena que sea. Estamos en la época de la (sobre) información, vaya. Pero, ya en frío, siendo coherentes y sin dejarnos llevar por las expectativas, hay que reconocer que funciona. Salvando los baches de ritmo que ocasiona la citada subtrama del amigo, el conjunto es potente; interpretaciones magnificas (muy por encima de la media en este tipo de productos), dirección dinámica y eficaz, puesta en escena y fotografía cuidadas, y varias escenas de violencia muy bien resueltas aunque no resulten originales.

jueves, 21 de octubre de 2010

Grotesque (Gurotesuku, 2009)


Una joven pareja es secuestrada por un psicópata. Su intención es excitarse por medio de la tortura y que éstos se demuestren lo que son capaces de hacer por amor, aunque el sufrimiento sea atroz. 

Lo que recientemente ha ocurrido, y por aquí he comentado, con A Serbian Film (2010) y los moralistas de una cadena de televisión, viene a huevo para preguntarnos de nuevo, ¿debemos poner limites al cine? Para el aquí firmante, y como ya expresé en aquel momento, no es necesario. Tenemos libertad para elegir lo que queremos ver, y también para informarnos sobre lo que vamos a ver. Si uno es menor de edad la cosa cambia, pero para un adulto debe haber libertad de decisión. Tengamos en cuenta siempre que hablamos de cine; una ficción con actores, maquillaje y efectos especiales. Por tanto, no se puede comparar en ningún caso (como si hacían los personajes del “debate” sobre A Serbian Film) con la realidad. Sepamos diferenciar ambas cosas.

Grotesque es, antes de leer entre líneas, pues tiene varias, una película snuff de ficción. Sobre el papel no es más que eso. En el Dvd que sacaron en Estados Unidos la promocionaban con una frase con dosis de verdad y engaño por igual:Saw y Hostel son sólo aperitivos”. Si bien es cierto que, en lo básico, las películas de la saga Saw (2003-¿?) o las de Hostel (2005-¿?) proporcionan algo similar, un torture porn en el cual la violencia y el sadismo son los principales reclamos, la línea que separa lo accesible, lo visible para un gran número de espectadores, queda traspasada con la que nos ocupa. Resumiendo, que al lado de esta pequeña obra perversa, cualquier producto comercial estadounidense, por fuete que parezcan al espectador medio, queda como un juego de niños.

No exagero si digo que, en el ámbito cinematográfico, Grotesque es lo más cruel, sucio y malsano que he visto. Y no lo dice alguien que ha visto poco. Es de esas películas que te cuesta, o más bien se te hace imposible, recomendar a alguien. La degradación moral que propone en determinados momentos (la vejación sexual bastante alargada) pone a prueba al más habituado a estos derroteros. En cuanto al gore, también es bastante dura en su explicitud, y sobretodo gracias a unos magníficos trucajes de maquillaje. La cuidada producción, fotografía, estética en general y buenas interpretaciones hacen el resto para crear el mayor impacto posible. Indiferente no dejará a nadie.

Pese a que, como ya comenté más arriba, no deja de ser un torture porn con apología de la violencia (dentro del cine, entendamos), su director y guionista, Kôji Shiraishi, habitual de estos menesteres, se las apaña para meter una historia de amor más emotiva y cargada de sustancia de lo que puede parecer. Al fin y al cabo, la debacle de torturas y humillaciones que se extienden a lo largo de unos cortos (pero muy largos) setenta minutos, se deben a la resistencia por amor de sus protagonistas. Y por otro lado, a la falta de amor y el exceso de soledad en el psicópata.

Grotesque, ante todo, consigue su propósito. Lejos de considerarla buena o mala, de decidir si nos parece moralmente aceptable o no, se llega al final exhausto, un poco más sucio que antes de comenzar el visionado. No solo por la dureza de las imágenes explicitas, sino también por la mala hostia que desprende Shirasishi, llevándonos, a mitad de la película, a un estado de relax repentino, para minutos después devolvernos a una pesadilla aún más cruenta. Psicológicamente, por tanto, también funciona. No es plato de buen gusto para todos, desde luego, pero para los seguidores del ultragore y las emociones fuertes podría llegar a ser obra de cabecera. Avisados quedan el resto.

viernes, 1 de octubre de 2010

Pesadilla en Elm Street: El origen (Nightmare on Elm Street, 2010)



Años atrás, Freddy Krueger fue un pederasta que abusó de varios niños en el pueblo de Elm Street. Los padres de dichos niños acordaron tomarse la justicia por su mano y lo quemaron vivo. Pero Freddy ha vuelto, a través los sueños de sus ahora adolescentes victimas, para que éstos vivan una nueva pesadilla. Si mueren en sus sueños, mueren también fuera de ellos.

Hasta ahora, Wes Craven había tenido suerte. Los remakes de La última casa a la izquierda (The Last House of the Left, 1972) y Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 1977), dos de sus mejores películas, no estuvieron nada mal. Tanto, que Las colinas tienen ojos (The Hills Have Eyes, 2006) superó sin inmutarse al original. Incluso la secuela de ésta, estrenada dos años después y ya sin su director, Alexander Aja, al frente del proyecto, siendo bastante floja no tuvo que hacer demasiado para ser más aceptable que la horripilante secuela que en su día (inexplicablemente) también dirigió Craven. Pero si dije hasta ahora, es por algo. Y es que con el remake de su obra más mítica, Pesadilla en Elm Street (Nightmare on Elm Street, 1984), nos hemos topado con la excepción.

Nada funciona en la nueva Pesadilla. Veamos, lo principal, lo más relevante de la saga original, siempre fueron el personaje de Freddy Krueger y las escenas oníricas. Siempre, por floja que fuese la entrega, Freddy (el imborrable Robert Englund) mantenía un carisma, una fuerte presencia que hacía suya la función. Aquí sus intervenciones son aburridas, repetitivas y ausentes tanto de gracia como, por otro lado, el impacto que pretendían proporcionarle al devolverle a sus orígenes más serios de la primera entrega. Tampoco funciona su maquillaje, que convierte a un gran actor (Jakie Earle Haley) en una careta sin expresión. Únicamente se salva por su particular e inquietante voz, en un emulo de su genial Rorschach para la no menos genial Watchmen (2009).

El principal problema ya se deja ver en los primeros minutos. Nos presentan al nuevo Freddy de sopetón, sin intriga alguna. Las escenas en las que participa atacando a sus jóvenes victimas carecen de originalidad o tensión. Tampoco estamos ante un remake propiamente dicho. De la original tan solo toma algunos nombres (recupera de algún modo el personaje de Nancy) y homenajea dos de sus momentos más recordados; la muerte de Tina levitando en la habitación y la garra de Freddy amenazando la entrepierna de Nancy en la bañera. Precisamente son esas dos situaciones “no originales” lo más apetecible y mejor rodado de la función. No obstante, si intentamos ver la nueva Pesadilla como lo que es, otra secuela que añadir a la saga, sigue sin funcionar. Incluso las más flojas- ¿la segunda?, ¿la sexta?- son, al menos, mucho más entretenidas.

El director del invento, Samuel Bayer –antes adscrito al mundo del videoclip- estuvo dando la brasa meses antes del estreno con la maravilla que estaban haciendo y lo que iba a sorprender a los fans del personaje. Si lo decía en serio y no era, como supongo, el típico bulo para vender la moto aún sabiendo que se está rodeado de mierda, produce más terror el tal Bayer que cada minuto de este infumable producto.

martes, 21 de septiembre de 2010

A Serbian Film (Srpski film, 2010)


Agobiado por no poder tener con su familia el nivel económico que poseía antes, una estrella porno retirada, Milos, accede a trabajar por una gran cantidad de dinero junto a un misterioso director del cual no sabe nada. Una vez dentro del proyecto, Milos descubre que no es una película porno común, sino que las intenciones de sus responsables son mucho más siniestras.

Como cada año, los festivales especializados en cine de género traen una película llamada a ser “la polémica”. Para ponernos en situación reciente: 2007 fue el año de A l ´ interieur; 2008 el de Martyrs; en 2009 Anticristo (Antichrist); y ahora, en 2010, la encargada de liarla en sus sesiones, hacer que la mitad de la sala se esfume durante la proyección y provocar ríos de tinta (y publicidad gratuita) es A Serbian Film. Con más razón si cable.  De echo, su andadura ya comenzó hace unos meses, llegando, sus responsables, a ser denunciados por asociaciones de esas que verán la guerra en los telediarios a la hora de comer. No solo denunciados, sino que se les intentó agredir físicamente. En el festival de Cannes causó aplausos por parte de los aficionados más valientes, pero también muchas (esperables) malas caras por aquellos que ya en su día escupían a Tarantino por su de cine de “violencia gratuita”. Y luego, pues las típicas historias que se repiten con cada nueva propuesta polémica por su crueldad: desmayos, vómitos, ambulancias situadas en las puertas de los cines, etc. No obstante, para el espectador curtido, aunque en éste caso más que las otras tres citadas, debe estar bastante curtido, A Serbian Film puede verse sin causar nauseas, ni creer que uno es un enfermo despojo de la sociedad por no abandonar la proyección. Más que nada, porque la propuesta si por algo crea tanto impacto es por meter menores de por medio. Pero si lo que pretenden es hablar (entre otras cosas) sobre la pedofilia, es necesario que haya niños que muestren el horror de esa practica y crueldad por parte de los que la llevan a cabo, así como para hablar de la crucifixión y torturas en La pasión de Cristo (The Passion of the Christ, 2004), su director, Mel Gibson, no escatimó en litros de sangre, latigazos, gritos y agonías varias. Y el resultado fueron cerca de 700 millones de dólares de recaudación mundial. Aunque también hay que aceptar que la película que nos ocupa llega a alcanzar ciertos limites de lo extremo en celuloide.


Pero, mientras que el sufrimiento de las últimas horas (literarias) de Cristo, o el sufrimiento de los judíos durante el Holocausto, expuesto de forma bastante cruda y necesaria en películas y documentales, por poner dos ejemplos, son casos de violencia y sadismo extremos universales, aceptados, la pedofilia sigue siendo un tema tabú que el cine o la literatura deben tocar con pies de plomo. Ahí es donde, tal vez intencionadamente, el director y guionista de A Serbian Film, Srdjam Spasojevic, acompañado en los créditos del libreto por Aleksandar Radivojevic, ha llegado al punto necesario para que su película se haga notar. Porque no nos engañemos: está muy bien dirigida, su guión tiene ritmo y variados aciertos, la fotografía es esplendida, la banda sonora simple pero efectiva, las interpretaciones, en general, más que correctas. ¿Pero el verdadero propósito para Spasojevic era hacer una buena película o ésta le ha salido de chiripa mientras intentaba provocar el mayor impacto posible? En eso aún tengo dudas. Sea como sea, gracias a ese buen trabajo en todos los apartados, el devenir de la trama se siente realista, los personajes te provocan emociones, para bien o para mal, y la sensación de estar inmerso en una pesadilla va creciendo hasta estallar en un largo clímax final (con una previsible “sorpresa” argumental) que da rienda suelta a lo peor del ser humano. Y lo triste, lo realmente perturbador, es que el ser humano fuera de las películas puede llegar a ser mucho peor.


Una de las escenas que ha causado más revuelo, y aquí va un SPOILER, es la violación del recién nacido. Para mí, escena innecesaria, pues en éste caso si se nota, o eso creo, que la única intención es provocar por provocar. Y ojo, me gusta que me provoquen, pero dentro de un contexto narrativo, no por el simple hecho de meter la escena con calzador previo monologo político que para nada sirve de excusa FIN DE SPOILER. En las entrevistas, el director no ha parado de repetir que su intención con A Serbian Film era retratar la opresión del pequeño pueblo serbio y las injusticias de su gobierno durante muchos años. Si es este el cometido de su trabajo, dudo que sea algo que vean la mayoría de los espectadores. Aunque, en caso de haber querido retratar la oscuridad latente del ser humano mediante sexo macabro, mutilaciones varias y otras depravaciones, lo ha conseguido. La sensación que te queda después de sus noventa minutos es de agotamiento, suciedad y desazón.
El mes que viene podrá verse en el festival de Sitges, y al estar seleccionada para competición, supongo que tendrá pases en la enorme pantalla del Auditori. Los que vayan es muy probable que en los últimos treinta minutos sean testigos de huidas en masa de la sala. Objetivo cumplido.




domingo, 19 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Cold Prey (Fritt vilt,2006), Cold Prey 2 (Fritt vilt 2, 2008), Acolytes (2008)


El slasher es un subgénero que ha tenido altibajos de fama y calidad. En los ochenta gozó de una etapa pletorica de producción y títulos que han marcado el género, cosa que no volvió a repetirse, salvando las distancias (sobretodo de calidad), hasta mediados de los noventa. Siempre ha sido Estados Unidos la principal fuente de propuestas, aunque, cosas de la globalización, otros países han ido siguiendo de cerca, de vez en cuando, su línea más genérica. La que nos toca viene de Noruega, un país del que poco vemos en nuestras tierras, y su base es, claramente, el slasher estadounidense más comercial. Pero ojo, porque basándose en dichos referentes, han conseguido sacar un producto bastante más digno de lo que viene siendo habitual en la mediocre cosecha yanqui (repito, dentro de los márgenes más típicos y mainstream). No hay nada innovador en Cold Prey, pero está dirigida con mucha eficacia por un tal Roar Uthaug, contiene una buena banda sonora -aunque algunos tracks son sospechosamente parecidos a la de Réquiem por un sueño (Requiem por a Dream, 2000)- y sobretodo una prometedora scream queen con carisma, además de ser buena actriz: Ingrid Bolso. El nivel de gore está bastante ajustado. En ese sentido se echa de menos un poco más de truculencia en los actos del psicópata de turno (un bicharraco bastante temible), pero tampoco llega a los limites insulsos de limpieza de cosas como Una noche para morir (Prom Night, 2008). Cold Prey sigue más la linea de body counts clásicos como La noche de Halloween (Halloween, 1978) o Viernes 13 (Friday the 13th, 1980), con un estilo más seco y directo, sin necesitar engañar al espectador con varios personajes de cara a un posible giro final (aunque el primer Viernes 13, en parte, tenía dicha estructura). En su país fue un considerable éxito comercial, gracias al cual surgió…






...Cold Prey 2. Una de esas pocas secuelas dentro del género de terror que consiguen superar al éxito original. Dirigida en este caso por Mats Stenberg (y atención porque a partir de ahora soltaré varios SPOILERS respecto a la primera), devuelve el protagonismo a la ésta vez más presente Ingrid Bolso y cuenta con un estilo definitivamente sacado de Halloween, más concretamente de su secuela. También se eleva un poco el nivel de gore y brutalidad en los actos del psicópata, que vuelve a ser el mismo tras una retorcida estrategia de guión (pero ya sabemos que en estás películas no debes dar por muerto al villano a no ser que le cortes la cabeza…y tampoco). Dirigida con más ritmo y con un guión que dosifica mejor las escenas de tensión, ahora básicamente un non-stop después de la primera media hora, Cold Prey 2 es la confirmación de una saga en plena forma dentro del nuevo slasher. La tercera parte está en camino, aunque en España recemos para que, como con ésta segunda, algún buen samaritano la cuelgue en la red. Y es que, pese a que Cold Prey consiguió distribución en Dvd por aquí, de la que nos ocupa no se sabe nada y ya han pasado dos años.





Más terror alejado de Estados Unidos. En este caso, procedente de Australia. Hablo de Acolytes, una pequeña producción bastante atípica que juega con las bases del cine de psycho killers desde una óptica, al menos, curiosa. De echo, podría haber sido una joyita de culto de no ser porque la trama se va estropeando, pretendiendo ser compleja (diferente) y sin embargo cayendo en la confusión. El montaje es el principal problema. Pero también contiene variados aciertos: las interpretaciones de los tres chavales protagonistas es muy convincente, pero sobretodo la del psicópata. Hay una buena selección de temas en la banda sonora y el clímax final se vuelve ciertamente perturbador. Ahora bien, se me hace difícil extenderme para hablar de Acolytes sin resultar demasiado obvio con su contenido, y lo mejor, para bien o para mal, es verla “virgen”. En lo básico, es una historia de venganza (mal) estudiada por parte de los chavales, que quieren quitar del medio a un ex preso que les violó de pequeños. Luego las cosas se van complicando con el atropello (que vemos al comienzo) de una muchacha y el presunto verdugo de ésta. Acolytes tampoco ha llegado a nuestro país de ningún modo, al menos que yo sepa, por lo que si queréis verla para opinar ya podéis ir tirando de otros procedimientos.


viernes, 17 de septiembre de 2010

Macabre (Darah, 2009)


Un grupo de amigos se apiadan de una joven autoestopista que dice haber sido robada. La llevan a su casa y, en señal de agradecimiento, les invita a entrar para conocer a su familia y cenar con ellos. Durante la cena son drogados y secuestrados, a la espera de servir para unos fines poco pacíficos.

Anoche me dí una de esas sesiones que seguro le gustan mucho a nuestro ministerio de cultura. Bromas a parte, lo cierto es que encadenar una pareja tan cruenta formada por la que nos ocupa, Macabre, y una barbaridad de la que hablaré dentro de unos días, Grotesque (Grotesku, 2009) es como una inyección de insensibilización para esto de la violencia en el cine. El terror extremo oriental, en este caso de Tailandia, ha demostrado varias veces que cuando se desata no hay quien les gane. No obstante, no se puede hablar de Macabre sin nombrar sus dos obvias influencias que está constantemente batiendo en una coctelera: La mataza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) y el nuevo cine de terror francés denominado Novelle horreur vague. Y de éstas últimas, A´l intérieur (2007) y Frontiere (s) (2007) de cabecera. A grandes rasgos, no es más que eso: una mezcolanza de influencias extranjeras hechas propias a partir de una vibrante dirección de los Mo Brothers, que se inician en esto de reventar cabezas. Lo bueno es que dicha mezcolanza es bastante entretenida, potente y está construida con tanta seguridad que finalmente no tiene tanto que envidiar a sus modelos. Pese que a los directores (también guionistas) les da meter en escena, por la mitad del relato, a una patrulla de policías idiotas a modo de remedo cómico... que no hace gracia. O salvo que las connotaciones sobrenaturales están un poco metidas con calzador y se podría pasar sin ellas.


Pero si uno ve Macabre con los ojos de un aficionado del gore y las emociones fuertes, sin hacerse demasiadas preguntas e intentar disfrutar predispuesto, la experiencia es grata. Muy grata. Tanto que los últimos treinta minutos hablan por sí mismos: una carnicería non-stop e in crescendo donde no faltan disparos a bocajarro, cortes de cuchillo, gritos histéricos, decapitaciones y desmembramientos varios. Rodados con un magnifico tempo de la acción que, en la hora anterior, sufría de ciertos altibajos. De todos modos, a diferencia por ejemplo de Grotesque, el salvajismo de Macabre es perfectamente asumible y disfrutable como divertimento. Es, al fin y al cabo, puro desvarío festivalero. Lo que no quita para sea un producto igualmente extremo. Las interpretaciones no son nada del otro jueves, aunque cabe destacar a la villana, con el pérfido y a la vez bonito rostro Shareefa Daanish, emulando, a su modo, a la sensacional Béatrice Dalle de la citada A´l intérieur. Por cierto, la película está basada en un corto igualmente poco sutil que dirigieron los MO en 2007. En lo que a mí respecta, espero impaciente su próximo proyecto.



domingo, 12 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Escuela de asesinos (Bang Bang You´re Dead, 2002), Repo! Genetic Opera (2008), The Canyon (2009)


Una grata sorpresa la que me llevé con esta película. La encontré circulando por la red y, no se muy bien porqué, la di una oportunidad pensando que sería otra de esos directos a video de jóvenes violentos y bandas dentro de un instituto. Pero me encontré con uno de los mejores telefilmes que he visto en años. En todo caso, eso no parece un gran merito, pues la calidad de esas producciones suele ser minima. De ahí la sorpresa. Buscando información después me enteré que se basa en una obra de teatro muy popular que ha sido representada durante años en medio mundo. Obra que es el centro de la trama de Escuela de asesinos, y que es representada (en resumen) al final de la propia película. Lo cierto es que aunque caiga en estereotipos exagerados y radicales en su generalización (todo el rollo de deportistas guaperas, chulos y malos que no estudian contra chavales del montón o feos que no hacen deporte, pero estudian y son buenas personas), tiene bastante frescura en sus interpretaciones (muy solvente un joven Ben Foster), un buen ritmo in crescendo y no es demasiado manipuladora con sus intenciones finales. Al contrario. El final resulta estimulante y emotivo sin caer en tonterías de ultima hora. Es, a fin de cuentas, un buen instrumento educativo, más allá de una notable película, para toda esa violencia y odio que se respira en determinadas aulas (en este caso estadounidenses).




Parece que Darren Lynn Bousman rodó las reguleras Saw II (2005), Saw III (2006) y Saw IV (2007) para ganar un “dinerillo” y poder llevar a cabo un proyecto que, dice, tenía en mente desde hace años. Repo! Genetic Opera, se basa en realidad en un cortometraje que él mismo dirigió antes de hacerse famoso con la archiconocida saga de Jigsaw. Y lo ha convertido en un musical que, guste más o menos, sea mejor o peor, hay que reconocerle el merito del riesgo y de intentar ser mínimamente original en los tiempos que corren. Supongo que lo que Bousman tenía en mente (y le dio todo el bombo necesario, aunque finalmente pasó desapercibida) era crear un nuevo The Rocky Horror Picture Show (1975). Lo que le ha salido es una opera rock con varias dosis de gore y un largo plantel de personajes grotescos (no por nada entre los interpretes están Paris Hilton o Paul Sorvino) que busca sin descanso no dejar a nadie indiferente. Aunque fallida para el que esto escribe (para otros seguro que ya es una obra de culto, aunque varias obras de culto precisamente tienen el halo de proyectos fallidos), contiene varios temas importantes en la banda sonora (otros decididamente aburridos) y una puesta en escena interesante. La historia es la del Repo Man del titulo, un hombre que trabaja recolectando los órganos adquiridos por personas que, más tarde, no pueden hacer frente al pago. Igualito que la posterior (y tampoco muy allá) Repo Men (2010), subtrama de venganza incluida. Pero con canciones y rollo cyber punk. Podría haber sido mejor, desde luego.




En Parque jurasico (Jurassic Park, 1993), el personaje que interpretaba Jeff Goldblum decía algo como “esta es la peor idea en la larga y triste historia de las malas ideas”. Esa debió ser la premisa del guionista de The Canyon a la hora de llevar a cabo el libreto. Los protagonistas, un pareja de recién casados, no demuestran mucha sesera a lo largo del metraje. Pero claro, si no fuesen tan idiotas en ciertas cosas se eliminaría parte de un suspense que, al menos, está bien resuelto. Estamos ante otro survival de los muchos que salen cada año (ya sea en cines o directos a video) que no destaca en nada en concreto, pero tampoco se encuentra entre los peores. El marco de la pesadilla es el Gran Cañón, en Arizona. Cuando no obtienen permiso por parte de las autoridades para ir, deciden fiarse de un tipo con pinta de beber más de la cuenta (muy correcto Will Patton) que se presta a hacerles de guía. Una vez allí, el tipo es mordido por una serpiente venenosa y la pareja queda perdida con la naturaleza y sus peligros. Obviamente, el tipo mintió con el permiso, por lo que nadie irá a buscarlos. La acción, a partir de la mitad, se centra sobretodo en la amenaza animal que suponen los lobos hambrientos de la zona, al igual que sucedía en la superior Frozen (2009). En general resulta llevadera y tiene algunos buenos momentos, aunque, como dije, a costa de forzar demasiado las supuestas pocas neuronas de la pareja protagonista. Y cuidado que ahora suelto un SPOILER: El giro dramático del final seria impactante si no fuese porque ya lo vimos hace poco, y más trabajado, en la genial La niebla (The Mist, 2008). Aunque eso también podría decirse de El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999) si uno vio anteriormente, por ejemplo, Muertos y enterrados (Dead and Buried, 1981).

jueves, 9 de septiembre de 2010

Dread (2009)


Un estudiante de filosofía, Quaid, se une a dos estudiantes de cine, Stephen y Cherryl, para llevar a cabo una tesis que estudie la raíz y costumbres del miedo en el ser humano. Quaid sufrió en la niñez un hecho terrible: vio como un psicópata descuartizaba a sus padres y, sin saber como, consiguió escapar. Sufre de fuertes pesadillas y contempla la tesis como algo más importante que una simple nota. En el desarrollo de la actividad llega a un punto en el que se destapa su lado sicótico. Su intención es experimentar su miedo en las propias carnes de sus compañeros, aunque para ello tenga que desafiar algunos limites.

Dread es la tercera adaptación de los relatos cortos de Clive Barker (que se guarda crédito como productor) incluidos en su míticos “libros de sangre”. Anteriormente, y con idéntica suerte en distribución paupérrima, tuvimos la interesante Mignight Meat Train (2008) que en España tuvieron los huevos de re-titularla El vagón de la muerte, o la más irregular Book of Blood (2008), la cual, que yo sepa, no ha conocido edición alguna por aquí. Las adaptaciones de obras de Barker no suelen llegar más allá de la corrección, cuando no directamente al descalabro. Es por ello que se agradece que, aunque mejorables, se hayan trabajado estos nuevos traspasos con un mínimo de respeto por la pluma del autor, captando parte de su espíritu y sin renunciar (salvando las distancias) a sus constantes: degradación, sexo sucio y violencia explicita. Dread sigue esa línea. Su director y guionista, Anthony DiBlasi, se estrena en dichas labores, aunque ya había sido productor ejecutivo, sin ir más lejos, de las citadas Midnight Meat Train y Book of Blood. DiBlasi tenía la difícil labor de desarrollar un largo de noventa minutos a partir de un magistral relato corto que, en todo caso, solo daría para un corto o un mediometraje. Su decisión fue usar una estructura similar a la de Audition (Odishon, 1999), la magnifica película de Takashi Miike.


La primera hora, con aislados elementos truculentos mostrados mediante sueños o alucinaciones, corresponde más bien a un melodrama juvenil. Si uno desconoce la sinopsis y / o la obra en que se basa, es fácil que crea que toda esa maraña de diálogos entre jovencitos y jovencitas, escenas de discoteca y discusiones por desacuerdos no lleve a ningún sitio. Es solo una larga presentación de personajes para que el desenlace irrumpa con fuerza pasados los sesenta minutos. Los treinta que nos quedan animan la función con dosificados momentos de impacto. No tan extremo como cabría esperar por la promoción y determinados comentarios en festivales (eso, o que uno se está insensibilizando demasiado en estos menesteres), pero sin lugar a dudas efectivo. Es ahí cuando el relato de Barker toda verdadera forma y sentido dentro de varias limitaciones cinematográficas. Entre tanto, unas interpretaciones no espectaculares pero al menos decentes –curioso ver a Jackson Rathbone en tan truculentas lindes, más conocido por ser uno de los vampiros buenos de la saga Crepúsculo (The Twilight Saga, 2008-¿?) o uno de los chavales de Airbender, el ultimo guerrero (The Last Airbender, 2010)- y una interesante selección de canciones en la banda sonora.

Valoración (0 a 5): 3,25

domingo, 5 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Hunger (2009), Blood Night: The Legend of Mary Hatchet (2009), Dark Country (2009)


¿Cuántas películas con personajes encerrados sin saber el motivo ni por quién, dentro de un lugar común, hemos visto en los últimos años? Sumar una más a la lista que tenéis en mente. En Hunger, sus responsables vuelven a usar el truco de juntar a unos pocos actores en un lugar cerrado y ponerlos en una situación tensa y / o terrorífica. Es un recurso muy utilizado por novatos que no disponen de recursos económicos para la producción, y si se hace bien, pueden salir grandes cosas. La trama que plantea éste nuevo intento dentro del, podríamos denominarlo subgénero a partir de ahora, como bien indica el titulo nos lleva a los derroteros del canibalismo. Un tipo raro pretende experimentar con dichas personas para ver hasta donde son capaces de llegar sin probar bocado. Su intención es ver si serían capaces de comerse entre ellos llegado el momento. Resulta interesante este punto de partida, aunque no esté desarrollado con el talento necesario. No impacta ni provoca demasiado en ningún momento, cuando esa es su intención. Tampoco ayuda lo poco creíble de la transformación física de los actores, pese a que sus interpretaciones en sí sean correctas. Básicamente, llevar medio mes sin comer significa que les salen ojeras. En todo caso, en conjunto resulta, al menos, correcta y entretenida, por momentos interesante. Valoración (0 a 5): 2,5


Los primeros quince minutos de Blood Night hacen presuponer algo bueno. Contienen una atmosfera malsana y un estilo similar a los de un crack como el Rob Zombie de La casa de mil cadáveres (House of 1.000 Corpses, 2003) o Los renegados del diablo (The Devil´s Rejects, 2005). De hecho, un personaje “importante” que aparece a lo largo de la trama está interpretado por Bill Moseley, que ya trabajó con Zombie en las dos citadas. Pero, a partir de ahí, todo pasa a ser una mierda. Nos tiramos casi una hora contemplando las típicas tonterías de una fiesta de adolescentes, y por mucho que metan cada dos segundos un desnudo femenino, el tedio prefiere quedarse. Ya cuando la cosa parece ponerse mejor en el final, también se queda a medias. Blood Night es una de esas historias de “chica con pasado oscuro que muere años atrás y su espíritu regresa en la actualidad para sembrar el caos”. Los recursos de producción son mínimos, aunque hay alguna escena gore divertida por lo exagerada (al director le va hacer saltar chorros de sangre y todo eso), pero poco más. Así que nada, uno de esos subproductos en los que te produce más curiosidad pensar que métodos poco ortodoxos habrán tenido que pasar algun@s de sus jóvenes protagonistas en los castings, que lo que está ocurriendo en pantalla. Valoración (0 a 5): 1,25



Curiosa, aunque fallida, opera prima del actor Thomas Jane. A medida que avanza se nota que ha basado toda la propuesta (tanto en guión como en puesta en escena) en numerosas influencias. Tenemos desde las historias de fantasía y terror de Historias de la cripta (Tales from the Crypt, 1989-1996) o En los limites de la realidad (Twilight Zone, 1959-1964), hasta el suspense contenido y repleto de trampas (aunque aquí menos conseguidas) de Alfred Hitchcock, pasando por el rollo neo noir de Sin City (2005). En realidad, todas estas influencias terminan por ser lo más destacable de Dark Country. Pero Thomas Jane no es Quentin Tarantino, por lo que no consigue hacer del batiburrillo de homenajes, plagios y referencias una película de gran interés. El problema lo podemos encontrar en el guión. Concretamente en su desarrollo. Da la sensación que, de haber sido un corto o incluso un mediometraje, estaríamos hablando de una joyita. Pero al alargar tal premisa (unos recién casados en Las Vegas, después de una fiesta de la que poco se acuerdan, emprenden un viaje en coche por la carretera del desierto, se pierden y encuentran a un tipo ensangrentado tras un accidente) y llevarla por lugares demasiado comunes y previsibles a estas alturas (no diré más porque cualquier cosa sería spoiler), el conjunto queda  irregular y, por momentos, aburrido. Por tanto, la necesidad de pillar al espectador en un giro final “sorpresa” será eficaz solo para los poco atentos o no muy duchos en la materia. No obstante, nos quedan varios planos bastante conseguidos y buenas interpretaciones –Jane, como ya demostró en la magnifica La niebla (The Mist, 2008), cuando quiere puede ser un actor notable, y también tenemos por ahí el siempre bienvenido Ron Perlman-. Valoración (0 a 5): 2

viernes, 3 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Storm Warning (2007), 4bia (See prang, 2008), Grace (2009)


Jamie Blanks tuvo unos años de éxito con mediocres slashers como Leyenda urbana (Urban Legend, 1998) y Un San Valentín de muerte (Valentine, 2001). Pero, justo cuando empezó a pasar la nueva fiebre del slasher adolescente surgido a raíz de Scream, vigila quien llama (Scream, 1996), Blanks también se esfumó. Pasaron seis años hasta que le dio por volver a la dirección con Storm Warning (no confundir con un telefilme de titulo similar, con alienígenas y bastante morro). Y lo hizo a la grande, sin duda. Se dejó de tonterías para púberes con violencia de garrafón, para ofrecer este survival con paletos psicópatas que resulta efectivo en todo momento. Claro que no hay nada que no hayamos visto ya decenas de veces, pues la trama no guarda sorpresas ni giros argumentales de impacto. Pero lo que ofrece, lo ofrece bien. Desde el primer momento va al grano y nos pone en situación con una conseguida atmosfera de terror. Aunque tenemos que asistir entre tanto a los diálogos de besugo de la pareja protagonista de marras, todo empieza a ir in crescendo cuando se topan con los locos redneck de la zona. Y sobretodo, cuando los aparentemente pacíficos burgueses tienen que optar por ser más duros que los paletos para salir de allí con vida. En escasos ochenta minutos consigue, sin demasiadas pretensiones (las escenas duras del final siempre tienen un halo más festivalero que dramático) un muy decente ejemplo de survival por encima de la media de estos años, junto a una genialidad (superior, eso sí) como fue Eden Lake (2008). Blanks realizó, poco después de Storm Warning, un remake (que reseñaré dentro de poco) de Largo fin de semana (Long Weekend, 1978). Valoración (0 a 5): 3,25


Aunque la han vendido como una reunión de talentos tailandeses dentro del cine de terror, 4bia no es tal. Sus cuatro directores (uno para cada historia) no han demostrado mucho hasta ahora: Banjong Pisantanhakum y Parkpoom Wongpoom han realizado las estimable Shutter (2004), para cuatro años más tarde revolverse en la mierda con su innecesario remake americano. De Paween Purikitpanya y Yongioot Thongkongtoon poco se sabe más allá de que el primero dirigiese la imposible de conseguir Body (2005) y el segundo comedias adolescentes. Pero que no sean exactamente maestros del terror no quiere decir que hayan hecho un mal trabajo. Los cuatro segmentos son interesantes y guardan una calidad heterogénea, algo que es poco usual en este tipo de propuestas. Pese a que se recurre a los tópicos del terror oriental moderno vistos mil veces. Las historias son independientes, aunque el hilo argumental, llevado a su modo por cada una, es el mismo: la venganza de los muertos. Así, en el primer segmento tenemos a una joven encerrada en casa que contacta con el móvil, vía sms, con un misterioso chico; la segunda es la parte más sangrienta y loca, con unos mini-adolescentes que sufrirán en sus carnes (nunca mejor dicho) la ira de un pardillo al que mataron por accidente; la tercera nos lleva a un bosque donde acampan otros adolescentes, que quedarán acojonados ante el inquietante regreso de uno de ellos que creían ahogado mientras hacían rafting; por ultimo, una azafata se las verá en pleno vuelo con el cadáver de una mujer cuyo marido le fue infiel con ella. Valoración (0 a 5): 3,25


Grace viene a ser una versión “menos fantástica” de aquel pequeño clásico titulado Estoy vivo (It´s Alive, 1974), que contó con un mediocre remake hace dos años. Aquí, una mujer también tiene a un bebe con instintos truculentos, pero no es un asesino en sí, sino que necesita beber sangre en lugar de leche materna. Tampoco es un bebe con aspecto de mutante con colmillos, ni salta de la cuna a matar a gente con una agilidad propia de atleta (que no se veía explícitamente, pero se daba a entender en el citado remake de Estoy vivo). De ahí que la propuesta resulte menos convencional, aunque no del todo satisfactoria: la trama a veces parece no ir a ninguna parte y el ritmo durante el desarrollo peca de lento en ocasiones. No obstante, su director, un joven por ahora desconocido llamado Paul Solet, se las arregla para dosificar los momentos de impacto (atención al parto en la bañera o cuando la madre despierta, tras quedar inconsciente, para comprobar que el bebe no está mamando leche precisamente) y hacer creíble la horrible situación, pese a que el guión (firmado por el propio Solet) meta entre medias algunas subtramas un tanto innecesarias por poco desarrolladas. Todo ello hace una película irregular, aunque curiosa de ver. Por cierto, Grace fue vista el año pasado en el festival de Sitges, pero no se ha conocido estreno comercial ni distribución alguna posterior en España. Valoración (0 a 5): 2,75

martes, 31 de agosto de 2010

Mini reseñas: Solomon Kane (2009), The Collector (2009), Miedos 3d (The Hole, 2009)


El género de espada y brujería no está siendo muy utilizado en los últimos años. Tal vez por ello, cuando una producción de cierta enjundia se aproxima a las pantallas, muchos aficionados se crean unas expectativas altas. Por las ganas de ver algo nuevo, supongo. Si la propuesta es, además, una adaptación de Solomon Kane, clásico de Robert E. Howard, creador nada menos que de Conan, pues ya está todo dicho. Dentro de esas expectativas es donde no funciona la película que nos ocupa. Y no lo hace porque no está concebida con el espero necesario, sino con el justo, correcto, para cumplir en lo mínimo y volver a casa. De este modo, Solomon Kane, la película, tiene una atmosfera cuidada, un buen protagonista (James Purefoy no lo hace nada mal como Solomon), pero ya está. El guión titubea de un lado a otro creando un conjunto irregular, pese a que en parte consigue captar la esencia de la obra de Howard, pero solo en parte. De ahí que haya momentos interesantes y visualmente muy conseguidos, y justo después otros más planos y aburridos. También habría que destacar, en lo malo, que a un villano tan llamativo como el enmascarado se le preste poca atención y su final se resuelva de forma tan precipitada. Supongo que el director, Michael J. Bassett, firmante de otra “medio entretenida”, Deathwatch (2002) no es John Millius, aunque dentro de lo que cabe tampoco lo haga mal, pues quedan escenas potentes como el citado prologo, el descubrimiento de los “zombis” en la cabaña o la crucifixión de Solomon. Pero no es suficiente para llegar a ser buena, y menos, tan buena como querrian los fans de Howard. Valoración (0 a 5): 2,5
 

The Collector es una de esas películas que veía colgadas en la red y nunca preste demasiada atención. Su estreno poco publicitado en Estados Unidos tuvo lugar el año pasado, y en España no se ha sabido nada de ella, como empieza a ser tristemente habitual con cierto tipo de cine de terror. Pero, como decía, gracias a la red podemos echarla un vistazo. Y una vez más, la red es nuestra amiga. Gracias a ella he podido sorprenderme con uno de los mejores body count de lo que llevamos de siglo XXI. Vale que el nivel no esté por las nubes, pero aquí hay calidad. Mirando los créditos, me encuentro con que el director, Marcus Dunstan, ha sido guionista de las ultimas cuatro entregas de la saga Saw (incluido en ellas que la que está a punto de estrenarse, es decir, la séptima), lo cual se deja entrever en el contenido de la que es su opera prima (juega de nuevo con personajes dentro de un entorno de trampas macabras y psicópata rondándoles) . Lo gracioso es que, de lejos, The Collector es mejor que cualquier entrega de tan popular y taquillera saga. Principalmente, porque sin prescindir del mismo gore que aquellas, se las han arreglado para crear un suspense de lo más efectivo durante sus noventa minutos. Siempre pasa algo que te hace estar pendiente, las trampas en lugar de estar dosificadas como único interés de la trama, son parte de ella, y las interpretaciones (sorprendente Josh Stewart en rol principal) cumplen por encima de la media en este tipo de productos. Así, The Collector se convierte en una de las mejores muestras del denominado toture porn moderno. Valoración (0 a 5): 3,5
 

Los buenos tiempos parecen haber pasado para los viejos del fantástico y el terror. George A. Romero, Wes Craven o Tobe Hooper (la única excepción, aunque no del todo, sería John Carpenter) no pasan por sus mejores momentos. Lo mismo se podría decir de Joe Dante tras ver este Miedos 3d. Pese a que el director de Aullidos (The Howling, 1981) o Gremlins (1984) fue de los que más salvo la papeleta en el irregular invento televisivo Maestros del terror (Masters of horror, 2005-¿?) , su regreso a la pantalla grande deja un sabor agridulce. Por un lado, recupera parte de la esencia de ese cine de terror infantil y juvenil que tanto nos gustaba de los ochenta. Aunque por momentos se pierde y recuerda más a los telefilmes de la Disney Channel. Tampoco hay que olvidar que Miedos 3d es un producto, desde su concepción, menor. Un encargo, vaya. Con todo, sus personajes adolescentes no caen mal y la trama, aunque no entusiasme en ningún momento, tampoco hace daño. Al fin y al cabo, es lo de siempre: unos chavales descubren una puerta a otro mundo (o algo) en el sótano de su casa, y ésta desencadena sus miedos personales, que terminan por ser un muñeco con mala leche (tal vez lo más destacable de la función, aunque se le podría haber dado más juego), una niña fantasma que quiere decir sus ultimas palabras y otra cosa que, como se supone que es “sorpresa final“, pues no lo cuento. Eso sí, hay que agradecer que, con pocos medios, hayan conseguido un uso efectivo del 3d, que sirve para meter en la historia (atención a los últimos quince minutos, o las escenas que nos sitúan en la perspectiva del “agujero” del sótano) más que para introducir aburridos efectismos. Valoración (0 a 5): 2,5