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viernes, 21 de enero de 2011

Splice: Experimento mortal (Splice, 2009)


Los brillantes ingenieros genéticos Clive y Elsa, se especializan en combinar ADN de diferentes animales para crear nuevos híbridos sorprendentes. Ahora quieren utilizar ADN humano en un hibrido que podría revolucionar la ciencia y la medicina. Cuando la empresa que financia su investigación se lo prohíbe, Clive y Elsa deciden actuar por su cuenta. El resultado es una criatura que en un principio supera todas sus expectativas, aunque no tardará en ponerles en serios aprietos, así como hacerles dudar sobre la moralidad de su creación.

Splice, que algún idiota re-tituló en España como Experimento mortal, tiene una ficha técnica de las que no necesitan presentación; Vincenzo Natali (director y co-guionista), Guillermo del Toro (productor ejecutivo), Adrien Brody y Sarah Polley (protagonistas), o Gregory Nicoreto, Howard Berger y el resto del gran equipo de la KNB (efectos especiales y maquillaje). Además, está adscrita a la ciencia ficción, género en el que Natali se maneja sin problemas y con el que nos ha ofrecido más de una joyita, aunque su película más redonda siga siendo Cube (1997), sorprendente opera prima. Lo malo de tener un equipo así es que las expectativas son crecientes a medida que avanza el proyecto. De este modo, al llegar a las salas puede darse que la diversidad de opiniones y el nivel de decepciones es, cuanto menos, radical. Esa es la situación que vivió Splice, y no fue del todo justa.

Ante todo, podemos considerar que se trate de la película más comercial de su director. Esto no quiere decir que se trate de un producto mainstream al uso, sino que debido a un presupuesto (30 millones de dólares) mayor a lo acostumbrado, se permite mayores concesiones y un tono en parte más asequible para el gran público que en la citada Cube u otras como Cypher (2002) o Nothing (2003). De ahí que haya contado con una distribución masiva por primera vez en su carrera, y un estreno mundial sin escatimar en publicidad. Sin lugar a dudas, un arma de doble de filo, pues entendamos que, salvo por el clímax final y sin entrar en comparaciones con lo anterior de Natali, no deja de ser una propuesta (un poco) difícil. Por tanto, es preferible que el espectador poco asiduo a estos derroteros no se deje engañar por uno de los carteles que rezaba un típico “Hará lo que sea para conquistarte”, después de leer “Del director y los productores de El laberinto del Fauno y…Transformers”.

La historia obedece paso a paso, y con una diferencia bien marcada, los actos básicos:

* No hace falta confirmar que habrá algún SPOILER.

Comienzo: Concepción del experimento. Natali va al grano, y a poco del inicio nos presenta a la futura Dren; un trucaje digital realmente detallado y creíble (los chicos de KNB, premio en Sitges del pasado año, se han lucido) que vemos en movimiento por primera vez en una secuencia homenaje/plagio al famoso ataque de la cría alienígena a Nutz y Ripley en Aliens: El regreso (Aliens, 1986). También conocemos a los protagonistas humanos, y no sé si será porque la visioné doblada (pido disculpas) o si esa era la intención de su responsable, pero Brody y Polley resultan un poco cansinos y sobreactuados.

Nudo: Dren, que ha sido bautizada de ese modo dando la vuelta a Nerd (¡!), ha crecido. Lo que antes era un bebe cabezón con inmensos ojos, ahora es un atractivo (entiéndase, de cuerpo curvilíneo y apariencia extrañamente hipnótica, pero sigue siendo un bicho) ser de elevada estatura y facciones más humanas. Es aquí cuando toman forma debate y crítica al mundo de la clonación y experimentos con células de variada índole. Aquello del bien o el mal o de creerse Dios. El mensaje del filme, vaya. En esta parte, al ser Dren madura, empieza a experimentar el deseo (por Brody), y esto descarrila en una grotesca y surrealista escena de sexo que, desde ya, es para John Trent la más divertida y original que nos ha ofrecido el celuloide desde la del espejo en Instinto básico (Basic Instinct, 1992).

Desenlace: Es la parte más floja. La atmosfera intimista e incluso atrevida que rodeaba la película hasta el momento queda diluida por un clímax convencional. Supongo que la intención era contentar a un mayor número de espectadores metiendo un poco de acción y de correr para aquí y para allá. Algo que en otro tipo de película hubiese funcionado, pero no cuaja con lo que nos propuesto en la hora y media anterior. No obstante, dicho desenlace guarda de nuevo alguna situación con mala leche y unos efectos especiales notables.

La conclusión es que Splice está llena de errores y virtudes. Es tan entretenida como uno se muestre predispuesto a disfrutarla; o tan aburrida y ridícula como uno crea según sus expectativas anteriores o mala información. En lo personal, un producto de ciencia ficción digno, de factura visual arrebatadora, buenas ideas en ocasiones bien resueltas y con suficiente carga argumental nítida e interesante para el debate. Aunque sigo dándole vueltas al por qué dos buenos intérpretes como Brody y Polley se pasan media película haciendo gestitos.

miércoles, 19 de enero de 2011

La otra hija (The New Daughter, 2010)


Un padre divorciado al cargo de sus hijos, un niño, y una niña a las puertas de la pubertad, compra una casa en un pueblo alejado de la ciudad. La hija pre-adolescente, como suele pasar en esas edades, se la tiene jurada al padre por aquello de apartarla de sus amigos y de las discotecas light. Un problema menor, pues la verdadera pesadilla comenzará cuando ésta descubre un montículo cercano a la casa. Se dice, que en la zona habitaba una especie de seres malignos que, antes de enfrentarse a su extinción, hicieron unos cuantos rezos no precisamente cristianos.

Cuando se anunció que La otra hija no vería las salas comerciales de Estados Unidos, algo empezó a oler mal. No obstante, que una película que previamente ha creado cierta expectación, cuenta con presupuesto decente y una estrella en su reparto, quede relegada al mercado domestico no tiene que hacernos pensar en lo peor. Pudiera ser que, aún tratándose de un buen producto, genial incluso, no sea fácil de vender por su temática, su fondo, su forma o por todo a la vez. Nunca se sabe. Pero, fueron las primeras impresiones que vinieron de allá, y posteriormente de algunos festivales especializados, como el de Sitges, las que bajaron definitivamente las expectativas.

La otra hija sí consiguió llegar a los cines españoles, aunque su paso fue tan invisible y deprimente como la ausencia de los políticos en las colas del paro. Si antes hablaba de expectativas no era porque tengamos a Kevin Costner de protagonista, pues bastante acabado está el hombre, ni porque le acompañase la niña de El laberinto del Fauno (2006), Ivana Baquero. Las expectativas, al menos las mías, se debían a que Luis Berdejo, co-guionista de la magnifica Rec (2007) y director de algunos cortos bastante curiosos, se iniciaba en esto del largo.

El principal problema se empieza a notar a la media hora, y no es otra cosa que el guión. La puesta en escena no está mal (Berdejo compone algunos planos muy inteligentes, y se muestra sobrio casi siempre), la banda sonora tampoco, y las interpretaciones cumplen más o menos; pero el libreto, firmado por John Travis (adaptando, a su modo, una novela de John Connolly) por momentos deja de ser fumable. Más que un guión propiamente dicho, lo que tenemos es un cúmulo de ideas, convertidas en historias que, de algún modo, forman un nexo de unión en las casi dos horas de metraje. Aunque la historia en sí es la misma, la del padre que llega con sus dos hijos a una nueva casa de esas que “ocultan algo”, poco a poco el batiburrillo nos lleva por sitios variados; tenemos un thriller con hija psicópata, rollo La huérfana (Orphan, 2009); o también un típico filme de casas malditas; o también una de terror con bichejos; y todo con un poco de drama por allí, un poco de brujería por allá, o un poco de “¡parar esto ya…coño!”, en los que nosotros nos concierne. No es que el aquí firmante no sea capaz de aguantar variedad de géneros y temas insertados en la misma película (nada más lejos de la realidad), sino que le jode que un guión escrito de forma descuidada le ponga dolor de cabeza.

Berdejo pone en imágenes dicha trama, o tramas, con un acertado gusto por la narración clásica del género de terror. No se olvida de algún susto fácil, pero, en general, el suspense creado, sea más o menos efectivo, lo basa en el movimiento de cámara y los elementos de los que dispone en pantalla; el ataque a la niñera por parte de los “seres malignos” se resuelve dejando la acción al otro lado de una puerta, con el ruido y el movimiento del pomo como indicadores de la gravedad de la situación; y sobretodo magnifico, planificación heredada del mejor Shyamalan, es el plano que cierra la película.

Lastima que, como ya comenté, La otra hija se resienta de un guión flojo y mucho más confuso que complejo, más aburrido que intrigante. Tampoco faltan elementos inconclusos (el presunto romance de Costner con la profesora que interpreta Samantha Mathis) y otros no se desarrollan lo suficiente (el personaje del científico y su visita al pueblo). No sabe a decepción, pues a estas alturas poco se esperaba de ella, pero nos quedamos con ganas de ver el verdadero talento que, a priori, puede plasmar en pantalla su director.

jueves, 23 de diciembre de 2010

I Saw the Devil (Akmareul boatda, 2010)


Kyung-chul es un retorcido psicópata que mata por placer. Sus victimas son desde mujeres hasta niñas. La última de sus victimas, la cual encuentran descuartizada, es la joven hija de un retirado jefe de policía, y se encontraba embarazada de su prometido, un agente secreto llamado Soo-hyn. Tras ver lo que queda de su amada, Soo-hyn jura hacer todo lo posible para vengarla, aún si eso conlleva a que él mismo se convierta en un monstruo.

En estos días de polémica por la llamada Ley Sinde, viene a huevo hacer la reseña de una película como I Saw the Devil. El motivo es sencillo; de no ser por lo que ellos llaman páginas de descargas ilegales, la mayoría de nosotros nunca podría ver la película en cuestión o muchas otras que, por cuestiones que solo deben saber nuestros ilustres distribuidores, el gobierno u otros seres del averno, no llegarán nunca a nuestros cines ni a la venta en tiendas. Y lo peor es que muchas de esas propuestas se encuentran entre lo mejor de cada año, haciendo caso omiso a las modas de generar precuelas, secuelas y remakes en cantidades industriales, y pasando también de aquellos mandatos que obligan a que el 90% de los estrenos anuales no entiendan que también se hace cine, y muy bueno, fuera de Estados Unidos.

El cine surcoreano es una de las cinematografías más pujantes y frescas de la actualidad, y para recordarlo sólo hay que ver el peliculón que se ha marcado Ji-woon Kim, director detrás, por dar un ejemplo estrenado aquí, de la muy interesante Dos hermanas (Janghwa, Hongryeon, 2003). Sin desviarse de su potente línea visual ni de su creciente poder narrativo, Kim ha construido un espectacular y malévolo vehículo de venganza, según el cual el psicópata no es más que un pelele en manos de un cabreado “hombre normal” que termina por sucederle en el trono del desvarío híper-violento.

Se podría decir que prácticamente todo encaja a la perfección en I Saw the Devil. El combate interpretativo entre el siempre grande Min-sik Choi y el sorprendente Byung-hun Lee, psicópata y justiciero, respectivamente, consigue momentos realmente apoteósicos (atención a su primer encuentro y al clímax final). La dirección de Kim, emulando en cierto modo a su genial compatriota Park Chan-wook, más bien recogiendo sus virtudes para crear una atmosfera propia, consigue que la poesía, lo bello, se mezclen con el mal rollo y la suciedad siempre presentes (los primeros diez minutos son una declaración de intenciones).

Tampoco faltan las dosis de brutalidad explicita. No hay concesión posible, ni un muestrario de heroicidades por parte del vengador. La inteligente estructura del guión invita a que presenciemos la película de justicieros propiamente dicha hasta poco antes de la primera hora. A partir de ahí, durante la hora y media restante, nos ofrecen algo distinto pero igual de estimulante; un puzzle cuyas piezas irán encajando, en el que se decidirá, por así decirlo, cual de los dos implicados tiene las pelotas mejor colocadas. Los fallos de uno se convertirán en aciertos de su enemigo, y mientras, la insensibilización del que hasta entonces era un tipo corriente irá en contraposición a los nuevos sentimientos que, hacía el final, arroparán mal que le pese al temible asesino. Al fin y al cabo, se trata de la historia de un hombre civilizado que se tiene que convertir en animal para que un animal entienda lo que siente un hombre civilizado.

En definitiva, estamos, junto a otra cuasi obra maestra como es la también inédita 7 Days (Les 7 jours du tailon, 2010), en un referente instantáneo del buen y coherente cine de venganza, el cual no necesita retroceder en su mensaje políticamente incorrecto, pero tampoco exponerlo a modo de espectáculo de manual. Y es que, en esto de las vendettas, cualquier extremo, si es llevado a cabo por cineastas de altura, siempre será bienvenido y venerado.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Dream Home (Wai dor lei ah yut ho, 2010)


Cheng Li-Seung es una joven que sobrevive como puede de pluriempleada, y cuyo sueño, desde niña, ha sido comprar un bonito apartamento frente a los muelles. El problema es que el precio de los pisos, así como las condiciones de los bancos, se ha disparado. No obstante, antes de contemplar el final de su sueño, decide tomar otras medidas; infiltrase en el complejo de apartamentos y urdir una masacre entre algunos de sus huéspedes.

El sobrevalorado precio de la vivienda y las eternas hipotecas a las que mucha gente tiene que hacer frente para ser propietario, es algo que, cada vez más, se está convirtiendo en uno de los peores males del siglo XXI. Los sueldos se congelan, los contratos de trabajo con estabilidad escasean. En España la cosa no anda bien, pero el mal de la vivienda es algo, en mayor o menor medida, cotidiano en el resto del mundo. En China, sin ir más lejos, la situación está bastante podrida, tal como nos explican en el prologo de Dream Home; para comprar una casa decente en Hong Kong hay que dejarse algo menos que el alma, y aún así seguirás endeudado con el banco toda tu vida. Todo esto, al igual que aquí (los tiempos de conceder hipotecas a lo loco pasaron, por suerte), siempre que seas apto para dicho préstamo, que hoy en día pocos lo son. La otra opción, la coherente de acuerdo a tus posibilidades, sería el alquiler; pero a la protagonista de nuestra historia no le agrada demasiado la idea.

Dream Home es, ante todo, una propuesta curiosa y original. Su director y guionista, Ho Cheung-Pang, sabe como mezclar variados géneros y registros. Construye, al mismo tiempo, una fabula social con sobrada (y acertada) carga crítica, una película de terror y ultragore, casi un nudity, y no se olvida del drama familiar o del thriller con afilado “giro final”. A la historia principal, se suma otra que se desarrolla a través de flashbacks, dosificada cada dos por tres con la sangrienta situación que vive la protagonista (una sensacional Josie Ho) en el presente. Sirven para que poco a poco vayamos conociéndola, entendiendo (o no) el motivo de sus terribles actos.

Los personajes que viven en los bonitos apartamentos en los que acontece la masacre son mostrados de forma repugnante, provocativa; no faltan los niñatos macarras pero con dinero para drogas y orgías, o esas mujeres visilleras (termino inventado en un foro sobre la burbuja inmobiliaria) casadas con hombres solventes que las engañan con otras, y sin embargo son felices conversando entre ellas dentro de la comodidad del hogar, que es algo así como su premio. Claro que tampoco se pretende en ningún momento, o eso creo, exculparla de sus actos, aunque sí hacernos de forma malévola cómplices por hora y media de sus vivencias. Ser cómplices, al fin y al cabo, de la psicópata de la función y de la frase final del prologo; “En una ciudad loca, para sobrevivir, uno debe tomar medidas aún más locas”.

En general, Dream Home funciona, pero lo hace mejor en la parte del presente que en los flashbacks. Y no digo con esto que pierda enteros en esos pasajes, sino que en ocasiones se alargan más de la cuenta o nos cuentan cosas que ya se dan por entendidas. Están, no obstante, muy bien rodados e interpretados. Nos invitan a ser pacientes y esperar el nuevo delirio teñido de rojo. Tenemos castraciones, destripamientos, bocas atravesadas por palos de considerable tamaño, hemorragias intermibables, disparos a bocajarro o largos cortes de cuchillo. Sin olvidarnos del sexo, claro. Un lujoso festín gore y exploit que al mismo tiempo puede, y debe, hacer pensar y recapacitar sobre una problemática real y creciente.

La película ha tenido problemas de distribución en su país, requiriendo visitas a la sala de montaje, y aún así, obteniendo un estreno poco amplio. Algo un tanto extraño en una cinematografía que abarca alegremente, sobretodo en los últimos años, una proeza cruenta tras otra, y con éxito. Me da que el problema viene de otro lado; hay algunos temas tabú con los que juega, ya no únicamente en sus escenas explicitas, sino el propio modo de tratar un tema social tan decadente pero beneficioso para unos cuantos; y no olvidemos que China es el país comunista más grande del planeta, y donde está el comunismo la libertad de expresión es exactamente la misma que en un país de ultra-derecha.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Ciudad de ladrones (The Town, 2010)


Doug, lidera una banda de atracadores, afincados en una ciudad de Boston en la que los robos se han convertido en una forma de vida. Tras el atraco a un banco, decide seguir la pista a Claire, la joven directora, pero termina enamorándose de ella. Mientras prepara nuevos trabajos, tendrá que lidiar con un agente del FBI que se les acerca demasiado, y con uno de sus compañeros de trabajo, el violento James, el cual no ve con buenos ojos su posible idea de abandonar el negocio y huir con la Claire.

A veces, la vida da sorpresas. O el cine, en este caso. Pudiera ser una mezcla de ambas, pues vienen inmediatamente encadenadas, y la razón del nexo de unión es un hombre llamado Ben Affleck. Su labor como interprete no era precisamente exquisita ya en sus comienzos, salvo, tal vez, su más esmerado personaje de Persiguiendo a Amy (Chasing Amy, 1997) o el secundario de El indomable Will Hunting (Good Will Hunting, 1997). Pese a recibir el estatus de estrella poco más tarde, su talento se ha mostrado cada vez más plano, y su carisma casi inexistente. La famosa relación con Jennifer López, con la que trabajó en dos películas de su “fase baja”, fue quizás el detonante para que Ben, a raíz de su ruptura, decidiese iniciar el camino de la resurrección artística o, al menos, el camino de su primera evolución realmente artística -sin olvidarnos, ojo, que él mismo junto a Matt Damon firmó el estupendo guión de la citada El indomable Will Hunting-.

Su nuevo perfil como director está dejando claro, al menos por ahora, que Ben sí tiene talento. Puede que no como actor, pero tras las cámaras, con sólo dos trabajos en curriculum, se la labrado un gran respeto entre crítica y público. Tanto es así que algunos, apresuradamente, le han puesto titulo de “El nuevo Clint Eastwood”. Esto sucede porque su estilo no difiere mucho de aquel; puesta en escena clásica sin resultar antigua, pulso firme en todos los apartados –dirección de actores perfeccionista, escenas de acción siempre digeribles por la vista, sin montajes frenéticos- y un gusto especial por aquellas historias de personajes de moral ambigua, de buenos y malos siempre entrecomillados. De hecho, su anterior trabajo, Adios pequeña, adios (Gone Baby Gone, 2007), adaptó la novela del reputado Dennis Lehane, cuyo material también sirvió a Eastwood en su estupenda Mystic River (2003).

Ciudad de ladrones es una película de acción de personajes. Esto es, la acción, en realidad poca pero muy eficaz, nunca se encuentra por encima de lo que realmente interesa al guión –escrito por Peter Craig, Aaron Stockard y el propio Affleck, adaptando la novela de Chuck Hogan- y a su director, que es elaborar un relato de relaciones personales. De ahí que la historia de amor entre Doug (Affleck) y Claire (Rebecca Hall) o la de relativa amistad entre Doug y su principal compañero de trabajos sucios, James (Jeremy Renner), sean el eje principal de las dos horas de metraje; así como la subtrama policial protagonizada por el agente del FBI (John Hamm) o la menos presente, pero al final igual de importante, historia con la cocainómana Krista (Blake Lavely).

La acción propiamente dicha se resume en tres escenas de atraco. Las tres están realizadas con un gusto fuera de toda duda y un impecable pulso por parte de Affleck; no tiene reparos a la hora de mostrar la violencia, ni se le va la mano con montajes de tres segundos por plano. Todo se entiende a la perfección, cada paso del atraco, cada rostro (o voz) involucrado, cada disparo que cuenta en el desenlace de los mismos. Es algo de lo que hoy deberían aprender muchos aspirantes a directores de acción. Affleck se muestra siempre partidario, y amante, de ese cine “de tiros” y persecuciones de los setenta, al estilo de Contra el imperio de la droga (French Connection, 1971), de William Friedkin, u otras tantas muestras de oficio de cineastas como John Frankenheimer o más recientemente Michael Mann.

Los actores están magníficos en general. Puede que Ben Affleck, que se auto-otorga el rol principal, quede descompensado al combatir con pesos pesados como Chris Cooper o Pete Postlethwaite –sus breves apariciones ponen los pelos como escarpias-, o con el ascendente talento de alguien como Jeremy Renner o el oficio de John Hamm, pero tampoco lo hace mal. En el lado femenino, Rebecca Hall está correcta, y Blake Lavely hace lo que puede, y muy bien, con un personaje poco definido.

Puede que sea pronto para alabar a Affleck en su nueva labor. Puede que haya que esperar a una confirmación vendiera, pero lo cierto es que con sus dos primeras películas, sobretodo la que nos ocupa, está apuntado suficientes maneras para dar una dignidad al cine de autor que no prescinde de elementos comerciales. Ciudad de ladrones es una película fácil de vender y que a la vez respeta y puede complacer, sin caer en moralidades (aunque algunas tiene) ni vacías concesiones, a un amplio abanico de espectadores y crítica. Desde luego, un cine que debería primar.

lunes, 8 de noviembre de 2010

The Tortured (2010)


Una joven pareja se encuentra, de la noche a la mañana, con el secuestro y cruel asesinato de su pequeño hijo. Pese a que la policía da con el asesino, no le dan más de veinticinco años de prisión, que podrían ser reducibles por buena conducta. Ante la injusticia de no verle para siempre en prisión, o directamente no  verle muerto igual que su hijo, los padres deciden llevar a cabo un plan para secuestrarlo y hacerlo sufrir hasta la muerte.

Películas que giran sobre el mismo eje que The Tortured hay unas cuantas. Luego, dentro de dicho eje, a veces se sacan de la manga alguna variante para hacerla distinta, o al menos, no tan obvia. No obstante, ni resultar obvia y lineal tiene porque ser malo (algunas de las mejores películas de justicieros están desarrolladas y resueltas de ese modo), así como tampoco el querer, el intentar, ser más original, es excusa para que todo salga bien. La propuesta que nos ocupa, en parte, hace honor a lo último.

Estamos ante un nuevo torture porn que se vende bajo la frase “De los productores de Saw”. De ellos también salió, e injustamente pasó desapercibida, la notable The Collector (2009). En aquel caso, pese a no escatimar en torturas varias y gore, hacía hincapié en un excelente suspense y una eficaz tensión sostenida. The Tortured es otra cosa. De primeras, pese a que se promocione como tal, no se trata de una película de terror; es, ni más ni menos, un filme de venganza justiciera de toda la vida, con los métodos truculentos actuales, todo aderezado con momentos de lagrimeo familiar y un poco de thriller.

El trío protagonista se ve algo descompensado por el lado del marido, un sobreactuado Jesse Metcalfe. Sin embargo, su mujer, una muy correcta Erika Christensen, y el psicópata, después victima de ellos, un genial Bill Moseley, le suben algunos puntos en cuanto a credibilidad a la historia. Una historia que, por otro lado, se va desmoronando sin remedio en el tercio final, cambiándonos (para mal) la percepción que teníamos hasta el momento de la brutal (y merecida) venganza.

The Tortured sólo dura setenta y cinco minutos sin contar los créditos finales. Con sus primeros sesenta minutos y un final mejor pensado o, aún siendo el que es, resuelto de forma menos chapucera, podría haber sido un muy interesante producto dentro de la temática. Desde el principio va al grano, no se anda con demasiadas moralidades baratas y refleja bien, en sus personajes, el dolor y el odio que les lleva a convertirse en torturadores.

Recientemente hemos visto propuestas similares, con sus variaciones, pero superiores a ésta; La última casa a la izquierda (The Last House of the Left, 2009), correcto remake de la cult movie de Wes Craven, y sobretodo la sorprendente 7 Days (Les 7 jours du tailon, 2010). The Tortured, por su efecticismo, es más parecida al estilo de la primera, pese a que, como ya apunté, termina andando por caminos diferentes y no precisamente, al menos para el que esto firma, satisfactorios en su forma de estar resueltos.

viernes, 29 de octubre de 2010

Buried (Enterrado, 2010)



Paul Conrroy, ciudadano americano, de profesión transportista, se encontraba en Irak transportando ciertos materiales. Recuerda que hubo disparos, que algunos de sus compañeros murieron, y acto seguido su fatal situación; está encerrado en un ataúd bajo tierra. Dispone de un mechero y de un móvil para buscar la forma de salir.

Rodrigo Cortés ya apuntaba manera cuando dirigió la correcta Concursante (2007). El guión, también escrito por él, pecaba de tener ciertas irregularidades en el ritmo, pero su impecable puesta en escena y gran dirección de actores conseguían tapar esos huecos para hacerla llamativa. Para, al fin de cuentas, seguir la pista de este joven cineasta. Han pasado tres años y Cortés regresa, por todo lo alto, con Buried. Lo curioso es que ambas son, en lo superficial, todo lo contrario, pero si leemos bien, muy similares en el fondo. En ambas hay un personaje principal omnipresente, más aún en la que nos ocupa, que vive una pesadilla, una encerrona, en la que se juntan los males de nuestra sociedad moderna. Unos males que nos hacen creer que estamos en una era de sobreinformación, de medios, de estadísticas, de fácil contacto con otras personas, y sin embargo cada vez estamos más solos y desatendidos. Ambas son thrillers de género envueltos en (buen) cine social. Un cine social que, sin entrar en terrenos mainstream, es mucho más interesante (y entretenido) que las basuras siempre sobrevaloradas de otros directores de renombre en círculos cinéfilos.

La pesadilla del “enterrado vivo” ha sido tratada en otras ocasiones, primero por la literatura y después por el cine. Richard Matheson o Edgar Allan Poe cultivaron dicha temática en alguno de sus relatos, traspasados al cine y la televisión en buenas obras como La caída de la casa Usher (House of Usher, 1960) o varios episodios de la serie Historias para no dormir (1964-1982). También en televisión, Quentin Tarantino dirigió para la serie CSI: Las Vegas, el último episodio de la tercera temporada, que basaba gran parte de su trama en un hombre enterrado vivo.

Lo que Cortés ha llevado a cabo en Buried va más allá de los ejemplos aquí expuestos. No solo porque, al menos bajo mi punto de vista, se trata de la mejor y más estimulante aproximación al tema, sino porque habla de ello de forma explicita, arriesgada, sin concesión alguna. Es una propuesta minimalista llevada a las últimas consecuencias. Durante noventa minutos nos enfrentamos, sin posibilidad de evasión, a la misma pesadilla que el protagonista. No existen otros rostros, ni otros lugares, que de vez en cuando nos alejen, aunque sea por unos minutos, de la tensión y claustrofobia de la caja de madera. El particular ataúd en el que se encuentra Paul Conrroy será nuestro alojamiento, y él nuestro compañero de viaje a lo largo del relato.

Y ahora habría que preguntarse, ¿cómo narices han conseguido que esto funcione y sea entretenido en todo momento? Pues bien, hay tres claves.

1. Chris Sparling, guión: Siempre absorbente, creíble. Consigue crear una montaña rusa en un espacio único y cerrado. Lo consigue a través de las sensaciones. Si somos capaces de entrar en la trama desde el primer minuto, experimentamos tristeza, esperanza, decepción, angustia, claustrofobia, alegría, de nuevo tristeza, luego emoción, y así sucesivamente. Cortés ha escrito un libreto prácticamente redondo, en el que no sobra ni falta nada.

2. Rodrigo Cortés, dirección: Ha sido capaz de crear algo parecido a una película de acción encerrándonos en cuatro estrechas paredes y sin a penas iluminación y con un solo personaje. Su cámara nunca es aburrida ni monótona. Se esconde en lugares recónditos, se aleja valiéndose de validas trampas de situación, siempre se encuentra en el lugar clave. Es un personaje más en la historia. Básicamente, es lo que nos hace a nosotros ser uno más dentro de ella, y tengamos sensación de movimiento. Incrementa el ritmo sin necesidad de sacarnos de la caja ni echar mano de efectismos.

3. Ryal Reynolds, actor: Muchos pensaban que este actor, casi siempre embutido en comedias o papeles cómicos de dudosa calidad, no daría el tipo interpretativo para un reto de este calibre. Nada más lejos de la realidad. Reynolds se come la pantalla. Gracias a él todo termina por funcionar, pues sin un actor que nos hiciese sentir, comprometernos con él, con su situación, los dos puntos anteriores hubiesen quedado en ejercicio fallido. Pero el tipo lo borda; nos hace elevarnos del asiento, soltar alguna lagrimilla e intentar llevar una mano hasta él para darle animo en los peores momentos.

Puede que no todos conecten con la propuesta. Pero, para los que conectemos con ella, os aseguro que Buried os ofrecerá algunos de los minutos más estimulantes de este 2010.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Dread (2009)


Un estudiante de filosofía, Quaid, se une a dos estudiantes de cine, Stephen y Cherryl, para llevar a cabo una tesis que estudie la raíz y costumbres del miedo en el ser humano. Quaid sufrió en la niñez un hecho terrible: vio como un psicópata descuartizaba a sus padres y, sin saber como, consiguió escapar. Sufre de fuertes pesadillas y contempla la tesis como algo más importante que una simple nota. En el desarrollo de la actividad llega a un punto en el que se destapa su lado sicótico. Su intención es experimentar su miedo en las propias carnes de sus compañeros, aunque para ello tenga que desafiar algunos limites.

Dread es la tercera adaptación de los relatos cortos de Clive Barker (que se guarda crédito como productor) incluidos en su míticos “libros de sangre”. Anteriormente, y con idéntica suerte en distribución paupérrima, tuvimos la interesante Mignight Meat Train (2008) que en España tuvieron los huevos de re-titularla El vagón de la muerte, o la más irregular Book of Blood (2008), la cual, que yo sepa, no ha conocido edición alguna por aquí. Las adaptaciones de obras de Barker no suelen llegar más allá de la corrección, cuando no directamente al descalabro. Es por ello que se agradece que, aunque mejorables, se hayan trabajado estos nuevos traspasos con un mínimo de respeto por la pluma del autor, captando parte de su espíritu y sin renunciar (salvando las distancias) a sus constantes: degradación, sexo sucio y violencia explicita. Dread sigue esa línea. Su director y guionista, Anthony DiBlasi, se estrena en dichas labores, aunque ya había sido productor ejecutivo, sin ir más lejos, de las citadas Midnight Meat Train y Book of Blood. DiBlasi tenía la difícil labor de desarrollar un largo de noventa minutos a partir de un magistral relato corto que, en todo caso, solo daría para un corto o un mediometraje. Su decisión fue usar una estructura similar a la de Audition (Odishon, 1999), la magnifica película de Takashi Miike.


La primera hora, con aislados elementos truculentos mostrados mediante sueños o alucinaciones, corresponde más bien a un melodrama juvenil. Si uno desconoce la sinopsis y / o la obra en que se basa, es fácil que crea que toda esa maraña de diálogos entre jovencitos y jovencitas, escenas de discoteca y discusiones por desacuerdos no lleve a ningún sitio. Es solo una larga presentación de personajes para que el desenlace irrumpa con fuerza pasados los sesenta minutos. Los treinta que nos quedan animan la función con dosificados momentos de impacto. No tan extremo como cabría esperar por la promoción y determinados comentarios en festivales (eso, o que uno se está insensibilizando demasiado en estos menesteres), pero sin lugar a dudas efectivo. Es ahí cuando el relato de Barker toda verdadera forma y sentido dentro de varias limitaciones cinematográficas. Entre tanto, unas interpretaciones no espectaculares pero al menos decentes –curioso ver a Jackson Rathbone en tan truculentas lindes, más conocido por ser uno de los vampiros buenos de la saga Crepúsculo (The Twilight Saga, 2008-¿?) o uno de los chavales de Airbender, el ultimo guerrero (The Last Airbender, 2010)- y una interesante selección de canciones en la banda sonora.

Valoración (0 a 5): 3,25

martes, 7 de septiembre de 2010

7 Days (Les 7 jours du talion, 2010)


Lo normal sería acompañar a la pequeña Jasmine al colegio. Pero esta vez, acostumbrados a que en la zona nunca suceda nada extraño, sus padres, Bruno y Sylvie, deciden dejarla ir sola y aprovechar la ocasión para tener intimidad. Pasadas varias horas, una llamada a la puerta irrumpe en la tranquilidad. Un niño, compañero de Jasmine, la lleva a casa los deberes, pues ésta no se ha presentado en clase. Los padres acuden a la policía y tras una búsqueda en un bosque de los alrededores, descubren a la pequeña muerta, con signos de asfixia y violación. La policía encuentra al asesino, pero los abogados cifran su pena de cárcel en quince o veinticinco años. La desesperación y la irá que siente Bruno le harán ir más lejos de lo que jamás, como hombre pacifico, hubiese imaginado. Trazará un plan para secuestrar al asesino en su traslado y, durante siete días, torturarlo como venganza por sus actos.

Queda demostrado, una vez más, que los distribuidores, el gobierno o un ente malvado que quiere acabar con el cine, la tiene tomada con el cine de género de calidad. Al menos, en lo que respecta a que lo veamos los españoles. Si no fuese por Internet posiblemente nunca hubiese podido conocer la joya que nos ocupa. Y es que esta producción francesa, adaptación de la novela del muy popular por allá Patrick Senécal (que también se ha encargado de escribir el guión), es una de las mejores películas de este 2010. Lo es porque, tratando un tema tan usado como la venganza de un padre por el asesinato de su hija, llega mucho más lejos, tanto con nosotros, espectadores, como en lo puramente artístico. Su director, Daniel Grou, ha conseguido mezclar a la perfección lo macabro del torture porn extremo y el intimismo del cine de autor más reflexivo. El ritmo es siempre pausado. Obligadamente pausado. Grou no ha querido hacer de la venganza del padre un entretenimiento ni un espectáculo. No quiere que disfrutemos con ello, aunque estemos de acuerdo en que el asesino pedófilo debe pagar por lo que ha hecho. Lo que pretende, y consigue, es que la agonía de los personajes (todos, tanto el padre como la madre de la niña, el policía que lleva el caso y el propio pedófilo) sea nuestra durante casi dos horas. Hacernos, por ende, reflexionar con ella, hacernos preguntas. Al igual que el padre convertido en justiciero, contemplamos su causa con sentimientos cómplices, para, según avanza el relato, empezar a dudar sobre si sus actos hacen bien alguno a los que le rodean y siguen vivos. Y claro, a él mismo.


Grou se vale de silencios desesperanzadores para que nos hagamos esas y otras preguntas. Entre tanto, se recrea (algunos pensarán que de forma gratuita, aunque es totalmente necesario para comprender la violencia psíquica por la que pasa el personaje principal) en unas escenas de tortura bastante crudas y no aptas para cualquier espectador. Más extremas si cabe debido al hiperrealismo del conjunto y a la ausencia total de concesiones edulcoradas y “peliculeras”. En todo caso, mal hecho (a lo mejor no en el sentido comercial) por parte de la distribuidora el promocionarla con la mención de sagas como Saw (2004-¿?), pues esto no tiene absolutamente nada que ver. Es justo lo contrario, pues como ya comenté, aquí la violencia no es mostrada para disfrutar a modo de divertimento (que no es nada malo, pero siempre dentro de su contexto como obra) sino para sacar conclusiones. Y de paso, llevarte una buena patada en los huevos. Así es como se siente 7 days con la acertada ausencia de banda sonora, una dirección planeada al milímetro y unas brutales interpretaciones. Destacar a Claude Legault encarnando al padre (atención cuando descubre el cadáver de la hija o cuando se reencuentra con ella en una alucinación). Lo dicho, de lo mejor del año.

Valoración (0 a 5): 4,25

domingo, 5 de septiembre de 2010

Mini reseñas: Hunger (2009), Blood Night: The Legend of Mary Hatchet (2009), Dark Country (2009)


¿Cuántas películas con personajes encerrados sin saber el motivo ni por quién, dentro de un lugar común, hemos visto en los últimos años? Sumar una más a la lista que tenéis en mente. En Hunger, sus responsables vuelven a usar el truco de juntar a unos pocos actores en un lugar cerrado y ponerlos en una situación tensa y / o terrorífica. Es un recurso muy utilizado por novatos que no disponen de recursos económicos para la producción, y si se hace bien, pueden salir grandes cosas. La trama que plantea éste nuevo intento dentro del, podríamos denominarlo subgénero a partir de ahora, como bien indica el titulo nos lleva a los derroteros del canibalismo. Un tipo raro pretende experimentar con dichas personas para ver hasta donde son capaces de llegar sin probar bocado. Su intención es ver si serían capaces de comerse entre ellos llegado el momento. Resulta interesante este punto de partida, aunque no esté desarrollado con el talento necesario. No impacta ni provoca demasiado en ningún momento, cuando esa es su intención. Tampoco ayuda lo poco creíble de la transformación física de los actores, pese a que sus interpretaciones en sí sean correctas. Básicamente, llevar medio mes sin comer significa que les salen ojeras. En todo caso, en conjunto resulta, al menos, correcta y entretenida, por momentos interesante. Valoración (0 a 5): 2,5


Los primeros quince minutos de Blood Night hacen presuponer algo bueno. Contienen una atmosfera malsana y un estilo similar a los de un crack como el Rob Zombie de La casa de mil cadáveres (House of 1.000 Corpses, 2003) o Los renegados del diablo (The Devil´s Rejects, 2005). De hecho, un personaje “importante” que aparece a lo largo de la trama está interpretado por Bill Moseley, que ya trabajó con Zombie en las dos citadas. Pero, a partir de ahí, todo pasa a ser una mierda. Nos tiramos casi una hora contemplando las típicas tonterías de una fiesta de adolescentes, y por mucho que metan cada dos segundos un desnudo femenino, el tedio prefiere quedarse. Ya cuando la cosa parece ponerse mejor en el final, también se queda a medias. Blood Night es una de esas historias de “chica con pasado oscuro que muere años atrás y su espíritu regresa en la actualidad para sembrar el caos”. Los recursos de producción son mínimos, aunque hay alguna escena gore divertida por lo exagerada (al director le va hacer saltar chorros de sangre y todo eso), pero poco más. Así que nada, uno de esos subproductos en los que te produce más curiosidad pensar que métodos poco ortodoxos habrán tenido que pasar algun@s de sus jóvenes protagonistas en los castings, que lo que está ocurriendo en pantalla. Valoración (0 a 5): 1,25



Curiosa, aunque fallida, opera prima del actor Thomas Jane. A medida que avanza se nota que ha basado toda la propuesta (tanto en guión como en puesta en escena) en numerosas influencias. Tenemos desde las historias de fantasía y terror de Historias de la cripta (Tales from the Crypt, 1989-1996) o En los limites de la realidad (Twilight Zone, 1959-1964), hasta el suspense contenido y repleto de trampas (aunque aquí menos conseguidas) de Alfred Hitchcock, pasando por el rollo neo noir de Sin City (2005). En realidad, todas estas influencias terminan por ser lo más destacable de Dark Country. Pero Thomas Jane no es Quentin Tarantino, por lo que no consigue hacer del batiburrillo de homenajes, plagios y referencias una película de gran interés. El problema lo podemos encontrar en el guión. Concretamente en su desarrollo. Da la sensación que, de haber sido un corto o incluso un mediometraje, estaríamos hablando de una joyita. Pero al alargar tal premisa (unos recién casados en Las Vegas, después de una fiesta de la que poco se acuerdan, emprenden un viaje en coche por la carretera del desierto, se pierden y encuentran a un tipo ensangrentado tras un accidente) y llevarla por lugares demasiado comunes y previsibles a estas alturas (no diré más porque cualquier cosa sería spoiler), el conjunto queda  irregular y, por momentos, aburrido. Por tanto, la necesidad de pillar al espectador en un giro final “sorpresa” será eficaz solo para los poco atentos o no muy duchos en la materia. No obstante, nos quedan varios planos bastante conseguidos y buenas interpretaciones –Jane, como ya demostró en la magnifica La niebla (The Mist, 2008), cuando quiere puede ser un actor notable, y también tenemos por ahí el siempre bienvenido Ron Perlman-. Valoración (0 a 5): 2

lunes, 9 de agosto de 2010

Origen (Inception, 2010)


Lleva meses siendo vendida como una de las mejores películas del año. Antes incluso de que alguien pudiese verla para valorar tal afirmación. Su director, Christopher Nolan, afirmó en las entrevistas que se trata de su película más grande y ambiciosa. Su proyecto más épico y, a la vez, más personal. En el Hollywood actual tales afirmaciones suelen caer en agua de borrajas. Más aún cuando se quiere mezclar un universo intimo, personal y complejo, con cine de acción y necesidad de llegar a las masas. Llegado su estreno, las palabras se han convertido en hechos. Origen lleva amasados en todo el mundo cerca de 500 millones de dólares, con mucha cuerda por delante, y lejos de quedarse en fenómeno del primer fin de semana, ha tenido uno de los mejores boca a boca de los últimos años. En la mayoría de webs más visitadas está recibiendo calificaciones desorbitadas, tanto por público como por crítica. Muchos aseguran que se trata de la mejor película del director, de un nuevo clásico del cine y de una nueva cumbre de la ciencia ficción. ¿Será realmente para tanto o el llamado hype ha sido creador de exagerado entusiasmo? En realidad, ni una cosa ni la otra. En tiempos en los que es tan fácil dejarse llevar por los extremos (aquello de “es una obra maestra o es una basura”), y también en tiempos en los que las verdaderas grandes obras escasean, la llegada de Origen encuentra un lugar de honor. Es original en la forma de estar contada. No es una secuela, ni un remake, ni una precuela, ni una adaptación. Además, está dirigida con mano de maestro, interpretada con solvencia y cuenta con una banda sonora que eriza los pelos. Pero, como dije, ni tanto ni tan poco.

Christopher Nolan que estás en los cielos


Christopher Nolan es uno de los pocos directores del Hollywood actual capaz de ser autor a la vez que artesano. De impregnar sus películas de un toque adulto y personal, y a la vez llenar las salas de espectadores. De hecho, su labor ha sido casi siempre endiosada por un abultado número de cinéfilos. Algo así como si fuese, junto a algunos más, un salvador del séptimo arte en tiempos de mediocridad dentro del cine comercial. Vamos a ver, tampoco exageremos. Por lo que respecta al que esto escribe, Memento (2000) fue un notable thriller con un gran guión y magnifico montaje. Pero, después, me topé con el bodrio de Insomnia (2002) en el que la frialdad del director se pasaba de rosca hasta concretar un thriller “con asesino” de buena factura, visualmente intocable, pero tedioso, muy tedioso. El truco final (The Prestige, 2006), aunque mejor que aquella, tampoco me ayudó a volver a creer en él. Tenía parte de los aciertos de Memento, aunque también parte de los errores de Imsomnia, y un gran reparto bastante desaprovechado. Pero Nolan poco antes se había metido de lleno en el universo del hombre murciélago con intención de resucitarlo. Con haber hecho algo mejor que la funesta Batman y Robin (1997) hubiese servido para volver a sonreír. En cambio, no sólo mejoró la saga precedente, sino que nos proporcionó la mejor, más inteligente, compleja, reflexiva y adulta adaptación del justiciero de Gotham. No obstante, Batman Begins (2005) era el aviso de lo que estaba por llegar: El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008. A parte de seguir siendo un respetado autor, consiguió el titulo de “revienta taquillas”. Pero había que esperar dos años más para saber si su nuevo proyecto podía mantener ese estatus sin bajar su calidad artística ni prescindir al regocijo del publico masivo.

Buscando cumbres muy elevadas

Ante todo, hay que ser coherentes a la hora de valorar Origen. Tanto para bien como para mal. Se trata de una película que necesita de más un visionado, ya sea para captar su grandeza o para desenmascarar sus debilidades. En mi caso, creo, más bien para lo primero. Aún así, haré la valoración intentando ser lo más objetivo posible y no dejarme llevar por el entusiasmo “post visionado” ni nada similar. Que Origen es una buena película es indudable. Su experiencia en la gran pantalla se siente hipnótica por momentos. Esto se consigue gracias a un guión que trata al espectador de tú a tú, sin menospreciarle, exigiéndole entrar en la experiencia y formar parte de ella. Y, sorpresa, todo su entramado argumental, todas sus capas y subtramas, llegados al final quedan bastante bien explicados. Valor añadido, por tanto, que hayan sido capaces de liarnos la cabeza durante dos horas y media pero, a la vez, no dejen de ser profesionales para simplificarlo como algo digerible sin dejar de ser inteligente. Que dicho guión no es del todo original es obvio. No hay a penas algo original hoy en día. Sin pensar mucho, me vienen a la cabeza películas como Desafío total (Total Recall, 1990), Abre los ojos (1997) o Matrix (1997), pese a que esta ultima, a su vez, ya tomaba prestado de otras tantas. Pero lo importante no es tanto el que cuenta y de donde lo saque, sino como lo cuenta. Si nos guiamos por lo ultimo, desde luego es una de las más originales propuestas en...¿los últimos veinte años?


Ahora bien, si ya he citado que Origen contiene cuarenta y cinco minutos finales de impresión, al igual que un arranque (presentación de los personajes y puesta en movimiento de la premisa) impecable, tenemos una hora entre medias un tanto desmedida. Para nada floja. Tan solo que, conocida ya la trama y a la espera de acontecimientos mayores, el guión divaga en los planteamientos de forma demasiado densa. Los personajes secundarios no terminan de ser explotados en todo su potencial (que es mucho) y parece que el nivel de calidad exhibido con anterioridad es difícil que vuelva a ser correspondido. Nada que luego no solucione lo que nos tiene preparado. Se podría tachar de innecesariamente larga, un poco como le sucedía a El caballero oscuro. Pero, en realidad, puestos a usar la lógica, resulta difícil imaginar la resolución certera de todo lo que aquí se plantea con tan solo dos horas. Todo ello dentro de un conjunto que se siente contundente y difícil de olvidar tras el visionado. De esas películas que les das vueltas después de varios días, y sigues recordando escenas, temas de la banda sonora o la sensación que deja a la conclusión. Sea como sea, tal como apunté con anterioridad, lo mejor es dejarla posar tiempo, volver a verla y sacar nuevas conclusiones. Solo entonces sabremos si terminará siendo un nuevo clásico de la ciencia ficción o fue motivo de furor desmedido (Matrix) por la novedad y las expectativas. Por mi parte, me quedo en un setenta por cien con la opción más optimista.

Valoración (0 a 5): 4

sábado, 7 de agosto de 2010

Repo Men (2010)


A Jude Law debe gustarle aquello de ser “veneno para la taquilla”. Y yo aplaudo el riesgo del hombre, porque además es buen actor. Incluso tratándose de películas comerciales, cuando le ha dado por adentrarse el la ciencia ficción lo ha hecho con todos los riesgos al alcance. De ahí que interpretarse al robot gigolo de esa incomprendida obra maestra que es Inteligencia artificial (AI, 2001). Ahora le ha dado por uno de los productos de acción futurista más desconcertantes del Hollywood reciente. Al menos, como dije, dentro de lo que llamamos mainstream. Y es que la película que nos ocupa, adaptación (a su modo) de la novela de culto Repossession Mambo, podrá ser mejor o peor, concretamente regular, pero desde luego sus responsables se han arriesgado. Partiendo de una historia muy similar a la de otro salto al vacío reciente, aquel Repo! The Genetic Opera (2008) que se le encaprichó a Darren Lynn Bousman, Repo Men nos cuenta las hazañas de un currela cualquiera. Claro que, el trabajo que desempeña es el de recolectar corazones, hígados o riñones a aquellas personas que les fueron transplantados previo pago y ahora no pueden hacer frente a la deuda. Tal como nos explican al principio: “Si no puedes pagar tu casa, el banco te la quita”. Pues, si no puedes pagar tus órganos, ídem. Y lo hace desde una crítica social y la presentación de personajes de lo más ambiguos moralmente. Nunca se decanta por un género concreto. A veces es una comedia negra, otras una de acción, otras un drama, otras un thriller. Todo ello envuelto en un entorno futurista aderezado con gore sin ningún tipo de prejuicios.


Repo Men, que ha dirigido con algo (pero no mucho) de estilo el novato Miguel Sapocknich, nos presenta, ante todo, un curioso juego moral con los personajes. Al que vemos como presunto héroe (Jude Law) es, en realidad, un asesino de la compañía que saca los órganos sin cortarse un pelo. Cuando su particular mundo se vuelve contra él (se la transplanta un corazón que luego, efectivamente, no puede pagar) cambian los registros y lo contemplamos como “el bueno” en lucha contra sus antiguos socios de trabajo. Y digo “el bueno” porque sus intenciones son bondadosas: salvar a una mujer, acabar con la compañía y, de paso, claro, salvarse así mismo. Es, por tanto, bastante ambiguo su calidad de héroe, o más bien antihéroe, pero ahí reside uno de los principales puntos de interés y riesgo del relato. Le acompaña un divertido Forrest Withaker como compañero de fatigas, y una poco acertada Alice Braga como mujer a salvar. Y bueno, entre tanto sale Liev Shreiber esperando a cobrar el cheque. Lo malo de Repo Men, lo que hace que no llegue a ser lo buena que podría haber sido, es su falta de ritmo en algunos pasajes y la sensación de que la interesante premisa no se encuentra en ningún momento bien desarrollada. A cambio nos regalan al principio y al final algunas escenas de acción bien resueltas y llenas de hemoglobina. Para el resto de dilemas más profundos mejor leer el libro o esperar otra adaptación.

Valoración (0 a 5): 2,5

domingo, 1 de agosto de 2010

Paparazzi (2004)


Seguro que más de uno hemos deseado alguna vez que la tierra se trague a los paparazzis y demás gentuza sobrante de la prensa del corazón. Al menos, que engrosen en las listas del paro y dejen de joder al personal. Porque, no nos equivoquemos, aunque en España tengamos muchos famosetes que vivan del cuento gracias a esta escoria, también hay mucha gente famosa que no quiere ni necesita nada de ellos. Sin embargo, por algún vacío legal, o varios, hacen lo que les place y resultan intocables. Luego, millones de personas complementan sus vidas vacías viendo esos programas y leyendo esas revistas, en las que el tema más interesante es ver si el famoso de turno se ha echado una amante, o si su mujer ha salido en la playa sin la parte de arriba. Debe ser que Mel Gibson no traga a estos personajes, por lo que se decidió a producir este particular capricho llamado Paparazzi. La historia es la de un tipo que se hace famoso al encarnar al nuevo héroe de acción cinematográfico. Su recién estrenada fama le trae alegrías, pero también unas penas que no se ha buscado: los paparazzis. Estos parásitos, dispuestos a todo por conseguir una foto y, de paso, trastocar la información e inventar morbosas mentiras, comienzan un acoso exagerado contra el actor y su familia, hasta el punto de provocar un accidente del que su hijo queda en coma. Ante tal situación, la respuesta será la venganza.


El guión de Paparazzi no pretende innovar ni ser una apuesta realista. Podemos entender la película como un tirón de orejas, a su modo, de algunos actores (tenemos cameos cómplices de Vince Vaughn, Chris Rock, Mathew Mconauguey o el propio Mel Gibson) para con esa lacra. Una crítica transformada en vehículo de acción justiciera que, si bien es cierto que se pone muy radical con el perfil de los “fotógrafos”, consigue con ello crear simpatía hacia el personaje principal y lo que se propone hacer. Personalmente, a mi no me hace falta que exagere caracteres para tener una excusa en la venganza. Esto es ficción, y como tal, Paparazzi muestra lo que nos gusta ver en este tipo de cine. El protagonista, interpretado correctamente por Cole Hauser, actúa sin piedad, sin remordimientos. Sabe que no esta mal lo que hace, pues los malos se lo merecen. Es la idea básica que tiene que transmitir toda película de justicieros directa que se precie. Lo malo es que es una producción PG13, por lo que la violencia queda reducida respecto a otras duras visiones del heroe urbano.


No hay que buscar mucho más allá, ni tomársela estrictamente en serio. Es un divertimento eficaz, realizado con presupuesto ajustado (se nota su función de serie B de video club, pese a ser estrenada en cines) y dirigido de forma funcional y sin personalidad por el televisivo Paul Abascal, un tipo que, no obstante, tiene larga carrera en el departamento de maquillaje de películas como Arma letal (Letal Weapon, 1987), La jungla de cristal (Die Hard, 1988) o El ultimo Boy Scout (The Last Boy Scout, 1991). Sube puntos su reparto, con secundarios de carácter como Tom Sizemore, Dennis Farina o un Daniel Baldwin con un aspecto deplorable, no muy diferente de su situación real. Y, como diría un cerdito, eso es todo amigos. Para los que disfrutamos de este tipo de películas sin crearnos debates morales ni progresistas, Paparazzi supone un producto aceptable aunque algo descafeinado en los momentos que necesita ser más potente. A pesar de ello, muy entretenida.

Valoración (0 a 5): 3

martes, 29 de junio de 2010

Shutter Island (2010)


Martin Scorsese es uno de esos pocos directores aún vivos a los que es imposible criticar una película alegando que es mala. Gustos hay para todo, y subjetividad también, pero, siendo objetivos, no se me ocurre un solo ejemplo. Incluso propuestas consideradas “menores” como Al límite (Bringing Out the Dead, 1999), sobre la que, no obstante, siempre he tenido mucha simpatía, demuestran un amor por el cine en cada plano, en cada interpretación, en cada partitura de la banda sonora, que las alejan de la media de calidad en la cartelera de sus respectivos años de estreno. La nueva etapa de Scorsese, en la que ha estado unido como una lapa a Leonardo DiCapario, cumple lo escrito en estás líneas. Ni Gangs of New York (2002) ni El aviador (The Aviator, 2004) me resultaron grandes obras, pero tampoco las falta nada para poder ser consideradas, en mayor o menor medida, buenas películas. Con Infiltrados (The Departed, 2006) si consiguió un thriller potente y casi redondo, aunque al ser un remake de Juego sucio (Infernal Affairs, 2002), con no pocos momentos directamente calcados, pierde merito. Tras cuatro años, en los que rodó un documental sobre los Rolling Stone, Shine a Light (2008), y el episodio piloto para la inédita Boardwalk Empire, el cineasta ha vuelto a contar con DiCaprio para, además, dar cierto giro en su carrera. El resultado es Shutter Island.


A partir de una novela de Dennis Lehane, reputado escritor de novelas también adaptadas como Mistyc River (2003) o Adiós pequeña, adiós ( Gone Baby Gone, 2007), el director neoyorkino ha recurrido, por segunda vez en toda su filmografía, a un acercamiento nada disimulado a un cine de suspense que bordea el terror. La otra, con la notable El cabo del miedo (Cape Fear, 1991), solo estaba de paso. Shutter Island, sin embargo, es una completa pesadilla kafkiana, con elementos de terror gótico inclusive. Un relato, también de locura, pero mucho más complejo y estudiado. Tanto que es fácil considerar su nueva obra como la cumbre de su nueva etapa. Y es que, desde el primer minuto, todo aquel que tenga amor por el cine se sentirá envuelto por la apabullante factura y gusto por el detalle. Por la narración calmada pero sugestiva y por una dirección de actores brillante. Es más, por si todavía quedaban dudas (creo que no, pero siempre los hay quejicosos), DiCaprio ha alcanzado una madurez total como interprete. Irreconocible ya como ídolo de adolescentes, transformado a golpe de elegir buenos guiones, de trabajar con los mejores, y de, en definitiva, tomarse en serio su carrera. Su presencia no queda pequeña ante monstruos de la cámara como Max Von Sydow, Ben Kingsley, Patricia Clarkson, Elias Koteas, el cada vez mejor Mark Ruffalo y un impactante Jakie Earle Haley. Tampoco está nada mal Michelle Williams en un papel, el de la esposa de DiCapario, que, sin contar nada, se puede entender con el eje central del peso de la trama.


Precisamente, con eso de no contar nada, se ponen las cosas difíciles a la hora de hablar sobre Shutter Island. Cualquier cosa que diga o deje a la intuición puede desvelar alguna que otra sorpresa. No obstante, una vez empiezas a ver la película, hay que tener muy claro dos cosas: a) Nada es lo que parece...o puede que si. El caso es que el juego que propone el guión podrá parecer tramposo en algunos momentos, sobrecogedor en otros, confuso y / o complejo en otros tantos. Todo vale, probablemente, para lo que tiene en mente Scorsese: volvernos igual de locos que los personajes que pueblan las celdas en la isla, y b) Hay que evitar hacerse demasiadas preguntas en cuanto al raccord. Si, es cierto que hay cigarros que en una toma están recién encendidos y en la siguiente ni siquiera están; hay vasos de agua llenos y una toma después vacíos. Hay, de acuerdo, una oleada un tanto extraña de “fallos”. Pero, ¿de veras alguien cree que un perfeccionista como Scorsese, trabajando con los mejores script y montadores del Hollywood actual, sería capaz de permitir que tantos supuestos errores llegasen a la pantalla? ¿No tendrá que ver en todo ello el estado de paranoia, confusión y ambiguas realidades que supone el relato?

Valoración (0 a 5): 4



Leer critica Shutter island en Muchocine.net

lunes, 21 de junio de 2010

Exam (2009)


La idea de meter varios personajes en un lugar cerrado y crear un conflicto entre ellos admite muchas vertientes. Ya sea en los géneros que aquí nos ocupan u otros, es un elemento muy solicitado por cineastas, normalmente como carta de presentación. Se presupone en estos inventos que no es necesario poseer grandes medios económicos. Es más, cualquiera con una cámara, varios actores no necesariamente profesionales y un lugar en el que rodar, puede fabricarse algo del estilo. Ahora bien, aunque por poder, pueda hacerse, se necesita talento para que el resultado sea, al menos, decente. Y no son tantos los ejemplos que podemos dar en cuanto a buenos resultados. Pero haberlos, los hay. Sin ir más lejos, en los últimos años hemos visto como Vincenzo Natali con Cube (1997), James Wan con Saw (2004) o en nuestro cine, Luis Pedrahita y Rodrigo Sopeña con La habitación de Fermat (2007), conseguían buenos resultados, ingeniosos y frescos, partiendo de presupuestos reducidos pero buenas ideas tanto visuales como de guión. No obstante, si hay una película que provoca la comparación con la que nos ocupa, esa es otra española, El método (2005), dirigida por Marcelo Piñeiro adaptando la obra de teatro El método Gronhölm. Aquella magnifica película, además de cosechar un importante éxito comercial, demostró como una entrevista de trabajo en una sala cerrada puede consentirse en un oscuro thriller de suspense en la que sus personajes optan por comportamientos poco menos maquiavélicos que los del villano de turno de cualquier producto de terror.


No estoy seguro si los responsables de Exam se vieron varias veces aquella película, pero lo que nos cuenta, salvo las necesarias variaciones, es algo muy similar. Tenemos ocho personajes, cuatro hombres y cuatro mujeres, de distintos orígenes étnicos y preparación, reunidos en una inquietante sala. Tienen ochenta minutos para hacer su examen. Pero la cosa se complica cuando, al dar la vuelta al folio que cada uno tiene en su mesa, no hay nada escrito en él. No hay preguntas, pero deben encontrar respuestas. Y esas respuestas, como vamos viendo a lo largo de la trama, se encuentran dispensadas en el mismo entorno en el que se encuentran, aunque no a la vista. Como es de esperar, la lógica y la conversación entre ellos cederán a los nervios e incluso la violencia, cuando la desesperación y el estrés contra reloj hagan acto de presencia. En ese sentido, Exam va más allá de lo que vimos en El método. Se va convirtiendo en un thriller claustrofóbico dónde la vida de los personajes deja de tener valor. Cosas de la crisis, o tal vez algo que tiene que ver con el futuro de sus propias vidas. La mejor forma de disfrutar de una película como Exam es dejándose llevar, en ocasiones con paciencia.


La palabrería no siempre es interesante, aunque de vez en cuando irrumpe un giro argumental que sorprende, o casi. Pero, a medida que avanza, tememos una cosa: ¿La que están liando se corresponderá, en interés, con lo que los guionistas hayan pensado para el desenlace? ¿Las respuestas a los acertijos valdrán la pena? Ahí es dónde falla. Y es que, como sucede no pocas veces en propuestas de este tipo, el desenlace imaginado por sus responsables puede no ser el mismo, al menos en contundencia, que ha ido creciendo en nuestra mente. Puede, por tanto, decepcionar. Más aún si nos da la sensación de que, seguramente, no tenían ni idea de cómo poner la ultima pieza. El recurso de alargar el clímax final, dar más explicaciones de la cuenta (algo usual en la citada Saw y sus secuelas) y que todo termine en una trivialidad, no borra los elementos de interés previos del comienzo y el desarrollo, aunque deja sensación agridulce. Luego ya, quien quiera sacar conclusiones en cuanto a la critica social al capitalismo, al mundillo trepa, al egoísmo e individualismo de la sociedad y demás, pues que lo haga. Con todo, Exam es una buena carta de presentación para su director y guionista, el ingles Stuart Hazeldine, y otro ejemplo de que, con poco dinero, pocos actores (aunque bastante correctos) y poco espacio, se puede sacar, siempre con un poco de talento, algo decente.

Valoración (0 a 5): 3